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El cocodrilo muestra los dientes

Emmerson Mnangagwa (conocido como ‘Ngwena’, que significa cocodrilo en la lengua Shona, jefe del grupo paramilitar Lacoste), realizó elecciones fraudulentas luego de la caída de Mugabe, para intentar impresionar a la comunidad internacional y al pueblo de su país, en el sentido de que todo cambió en Zimbabwe.

Por: Asdrúbal Barboza

No obstante, frente a las primeras protestas contra el aumento de los combustibles, de 150%, en medio de una profunda crisis económica, el régimen dictatorial mostró su verdadera cara, reprimiendo a los trabajadores y sus manifestaciones de manera violenta.

Entidades de los representantes de los trabajadores anunciaron que hubo cerca de 15 muertos y más de 70 personas heridas de bala. Centenas de personas fueron golpeadas y presas en las manifestaciones en la capital, Harare, y en la segunda ciudad del país, Bulawayo.

Las manifestaciones ocurrieron enseguida de la huelga de tres días convocada por el Congreso de Sindicatos de Zimbabwe (ZCTU) y ocurrieron solamente seis meses después de la posesión del nuevo gobierno, luego del golpe en noviembre de 2017.

El principal partido de la oposición, el Movimiento por el Cambio Democrático (MMD), que representa otra parte de la burguesía nacional, pidió calma y dijo que era “solidario con la acción pacífica de los ciudadanos en todo el país”.

Plataformas de medios, como WhatsApp, Facebook y Twitter fueron bloqueadas, por orden del gobierno, para impedir que las imágenes fuesen transmitidas alrededor del mundo.

Centenas de activistas continúan escondidos, huyendo de la operación policial que continúa incluso después de terminadas las protestas. Soldados y hombres armados, no identificados, conducen buscas de casa en casa en las áreas pobres de las ciudades, arrastrando a moradores para fuera de sus casas, para ser golpeados y detenidos.

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Muchos están detenidos sin acusación, en prisiones colmadas. Otros son acusados de ofensas al orden público. El pastor Evan Marawire, conocido activista de los medios sociales, es uno de ellos.

Crisis económica y corrupción generalizada

El país está en bancarrota y la inflación de 2017 exhibe el índice de 42%. Sin embargo, ningún dato es muy preciso en el país. El desempleo, de acuerdo con quien lo presenta, varía de 5% (Organización Internacional del Trabajo) a cerca de 90%, anunciados por la revista Forbes y la BBC. La verdad es que la pobreza y la miseria son generalizadas, mientras los generales y burgueses del ZANU-ZF viven como verdaderos “marajás” en casas lujosas y con carros importados.

Muchos zimbabwanos creen en las mentiras de Mnangagwa de revitalizar la economía y romper con la “Era Mugabe”, pero Zimbabwe continúa siendo una economía que solamente privilegia a los ricos que están en el poder.

El país abandonó su propia moneda en 2009, después de haber sido destruida por la hiperinflación, y adoptó el dólar y otras monedas, como la libra esterlina y el rand sudafricano. Pero no hay moneda suficiente para hacer back-up de más de diez mil millones de dólares en fondos electrónicos presos en cuentas bancarias, necesarios para pagos y depósitos.

El gobierno anunció que va a volver a tener un dinero nacional, lo que asustó aún más a la población, por el recuerdo del dólar zimbabwano, que se tornó inútil en la medida en que la inflación llegó a los 500.000 millones por ciento en 2008, la tasa más alta del mundo para un país que no está en guerra, aniquilando jubilaciones y ahorros.

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Las reservas externas de Zimbabwe ahora ofrecen menos de dos semanas de cobertura para las importaciones, según datos del Banco Central.

La huelga desenmascaró la visión de democracia que Mnangagwa quiso transmitir al mundo para recibir más dinero e inversiones de las potencias imperialistas, y está acabando con sus esfuerzos para juntarse a la comunidad internacional británica, luego de décadas como un paria. Incluso, para eso, Mnangagwa está viajando por Asia Central, Rusia y Europa, y pretende ir a Davos.

Dejó el comando del país al vicepresidente Constantino Chiwenga, culpado por el asesinato de seis civiles durante las protestas, días después de las elecciones. Tal vez para inventar una nueva mentira diciendo que todo no pasó de un malentendido.

Por más duro que sean los enfrentamientos, los trabajadores tienen que seguir con sus protestas, y es fundamental la solidaridad de los trabajadores de todo el mundo para apoyarlos.

Los zimbabwanos saben que precisan de esta ayuda, por eso realizaron esta semana actos en embajadas en otros países, como ocurrió en África del Sur, con apoyo de los partidos nacionales (como el Partido Socialista Revolucionario de los Trabajadores) e internacionales como la LIT-CI.

Este apoyo debe continuar para que la lucha por democracia y por los derechos de los trabajadores sea victoriosa.

Traducción: Natalia Estrada.