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El 14 de octubre, una explosión con camión-bomba mató a 276 personas y dejó más de 300 heridos en la capital de Somalia, Mogadiscio, tratándose del ataque considerado uno de los más letales de la historia. Somalia integra la lista de los diez países más atacados por el terrorismo, contando con 75% de los atentados en el mundo, en razón, sobre todo, del combate entre el gobierno central y el grupo yihadista Al Shabab, ligado a Al-Qaeda.

Por: Maria Camargo y João Pedro Mendonça

El país vive una situación de guerra desde 1991, con la caída del dictador Siad Barre y desde entonces vemos un gran juego de fuerzas entre las potencias imperialistas que disputan entre sí para tener el máximo control sobre la región. Somalia es también el país que más sufre con el hambre y la sequía en el mundo. En febrero de este año decretó estado de catástrofe nacional pues el clima seco y la escasez de agua han masacrado a la población que, desamparada por su propio gobierno y olvidada por los aliados del país, acaba buscando fuentes contaminadas. Se estima que hasta el final de este año 950.000 niños con menos de cinco años estarán en situación de desnutrición grave, de los cuales 185.000 morirán si no reciben tratamiento médico.

El hecho es que la suma de la dilaceración del territorio africano, como consecuencia directa del juego de poder imperialista y de la presencia intervencionista que con uñas y dientes intenta hasta hoy controlar la región para su propio interés, devastó completamente las estructuras del país. Así como en Haití con la presencia de la Minustah, Somalia también tiene en su territorio una misión militar que actúa allá bajo el pretexto de reorganización del país luego del tsunami de 2004 y en el combate al avance de Al Shabab. Ese año, Trump aprovechó y envió más fuerzas militares para la región, incluyendo la autorización de ataques aéreos para una respuesta más “agresiva” contra el terrorismo.

El resultado de eso es una zona de guerra permanente que se ha intensificado en los últimos años, pero que la verdad ya dura más de dos décadas. Y con la reciente catástrofe terrorista vemos un silencio ensordecedor por parte de la prensa mundial y sus gobiernos, con un comportamiento completamente pasivo frente a todos esos ataques.

En 2015, en París, por ejemplo, el atentado al periódico “Charlie Hebdo” dejó once muertos; inmediatamente ganó amplia repercusión en los medios de todo el mundo, sensibilizando a la población en diversos países. Por otro lado, y el mismo día, un ataque en Nigeria victimizó 111 muertos y casi nada fue publicado al respecto. Hoy, la misma historia se repite con Somalia y con otros países del África diariamente.

Eso es fruto de una “naturalización” del sufrimiento y la fatalidad de los países africanos, alimentado por la burguesía imperialista racista. La selectividad del dolor y la conmoción es engendrada por la lógica de que hay países acostumbrados en el cotidiano de tamaña miseria, hambre y sufrimiento, pues “siempre vivieron de esa forma”. Esa es también la misma imagen estereotipada que se tiene de las personas negras, como la de un pueblo “acostumbrado” a sufrir, pues su historia está marcada por este signo en el mundo entero.

Esta ideología esconde al responsable en el pasado y en el presente, y provoca la desgracia del pueblo somalí y africano: el propio imperialismo europeo, que saqueó y esclavizó a los pueblos africanos, y les niega cualquier tipo de reparación histórica por los crímenes cometidos en el pasado. Así, la imagen eurocéntrica y racista subyuga a negros y negras con el único propósito de servir, mantener y justificar un sistema que gana mucho con la naturalización de las posiciones de “oprimidos” y “opresores”, y especialmente del genocidio negro para, así, garantizar su sobreexplotación.

La fácil aceptación del aniquilamiento del pueblo negro es sustentada también por políticas higienistas, segregacionistas y xenófobas que dejan a millares de inmigrantes y refugiados morir en su travesía por el mar Mediterráneo antes de que lleguen a tierras europeas; o que aun cuando consiguen llegar son excluidos, explotados y masacrados por aquellos que en primer lugar devastaron sus países y les sacaron todas las riquezas, hasta el punto de no dejarles otra salida sino abandonar sus casas, sus tierras y sus familias.

Es inaceptable, por lo tanto, que no nos manifestemos contra ese silencio asesino de la gran prensa y sus gobiernos frente a los ataques diarios a los somalíes, pero también a los diversos países del África. Debemos denunciar la pasividad con que es tratado el genocidio negro en sus más perversas formas, sea por los atentados invisibilizados, por las intervenciones militares imperialistas, o políticas de exterminio en los propios países y en los países que son destino principal de las peligrosas travesías por el Mediterráneo.

Referencias:

http://www.bbc.com/portuguese/internacional-40655023

https://g1.globo.com/mundo/noticia/fome-na-somalia-seca-jihadistas-e-instabilidade-politica-ameacam-vidas-de-milhoes.ghtml

https://www.globalresearch.ca/somalia-how-colonial-powers-drove-a-country-into-chaos/17549

http://www.aljazeera.com/news/2017/08/50-refugees-deliberately-drowned-yemen-170809204210883.html

http://www.aljazeera.com/focus/2010/07/201078183832601277.html

http://www.aljazeera.com/indepth/opinion/farmajo-betrayal-somali-people-170925083253104.html

http://www.aljazeera.com/news/2017/04/somalia-leader-declares-country-war-zone-170406131513405.html

http://www.aljazeera.com/news/2017/05/farmajo-calls-arms-embargo-defeat-al-shabab-170511134001952.html

Traducción: Natalia Estrada.