Compartir

Las elecciones en la República Democrática del Congo se pospusieron en numerosas ocasiones, hecho que permitió que el dictador Kabila se mantuviera en el poder. Hace dos años ya deberían haberse realizado. Después de muchas movilizaciones y protestas, que se enfrentaron violentamente contra el gobierno, éste aceptó hacerlas este año (2018). Simbólicamente el último domingo, 30 de diciembre.

Escribe Américo Gomes [1]

Estaban convocadas para el 23, pero el gobierno de Kabila incluso hizo dos maniobras más. La primera de ellas, a tres días de las elecciones, la Comisión Electoral anunció su aplazamiento para el día 30, pues un incendio (sospechoso y sin explicación) destruyó varias máquinas de votación (8.000 urnas). La segunda fue el anuncio de que más de 1 millón de electores no podrían votar, en zonas consideradas de conflicto y áreas afectadas por el Ebola. En estos lugares las elecciones serán en marzo del 2019, alegándose problemas de seguridad y, por lo tanto, sus votos no serán contados para la elección del nuevo presidente, que debe asumir en enero.

Joseph Kabila

Son las regiones de Beni y Butembo (provincia del norte de Kivu) y Yumbi (provincia de Mai-Ndombe), coincidentemente baluartes de la oposición. Así son las jugadas fraudulentas de Joseph Kabila, de 47 años, que detenta el poder desde el 2001, cuando asumió el cargo luego del asesinato de su padre, Laurent, quien gobernó el país por medio de una dictadura durante años.

Las protestas volvieron el día 28 de diciembre, generando un muerto y más de cuatro heridos en Beni. El mismo día de las elecciones (30), voluntarios realizaron una colecta de votos en estas regiones, mostrando que sería posible realizarlas.

Durante el proceso electoral las fuerzas de seguridad reprimieron y entraron en enfrentamientos con los que luchaban contra la dictadura y por unas elecciones sin fraude. Varias personas fueron muertas. En la capital, Kinshasa, el gobierno prohibió campañas, nuevamente por razones de seguridad.

Dominación bañada en sangre

La República Democrática del Congo es el cuarto país africano más populoso (81 millones de habitantes), casi del mismo tamaño de Europa occidental. La rica vida selvática, densos bosques tropicales, diamantes, petróleo y otros recursos naturales hacen del país uno de los más ricos del continente, pero, al mismo tiempo, por causa de eso, hace de la población una de las más masacradas, por continuos gobernantes corruptos y sanguinarios, desde la colonización. Eso hace de este país un lugar lleno de epidemias y uno de los más pobres del mundo, con el rendimiento anual, per cápita, de cerca de 439 dólares.

Su historia política de violencia viene desde que el reino del Congo, y su región, perdieron un tercio de su población para el comercio de esclavos en Europa. Entre 1500 y el final del siglo XIX, Africa tropical perdió cerca de 18 millones de personas en el tráfico de esclavos.

Después, con la colonización hecha por Bélgica, las masacres continuaron. Solamente entre 1885 y 1905, bajo las órdenes del rey Leopoldo II, mataron 10 millones de congoleses, entre mujeres, hombres y niños, y cometieron atrocidades innumerables (flagelaciones, fusilamientos, mutilaciones y abusos de todos los tipos), para garantizar la extracción de marfil y la producción de caucho, que eran consideradas las “joya de la corona”.

En 1959, la radicalización de las manifestaciones forzó al reino belga a reconocer la independencia del Congo. Y el Estado Libre del Congo fue anunciado en 1960, teniendo a Patrice Émery Lumumba en el cargo de primer ministro.

Pero, la burguesía belga, a través de la alta cúpula militar, colonos, mercenarios belgas y de la empresa Unión Minera, apoyó y armó el proceso de ruptura de la rica provincia de Katanga que, luego, se transformó en un violento conflicto. Lumumba fue depuesto tres meses después, preso, secuestrado y llevado a Katanga y allá torturado y asesinado. Su cuerpo fue cortado con una sierra y metido en ácido sulfúrico, para apagar cualquier trazo de su existencia.

Lea también  Declaración de la LIT-CI - Cachemira

La ONU intervino en el país, y en 1965, Mobutu Joseph Désiré dio un golpe e instauró una dictadura que se mantuvo, con el apoyo del imperialismo, hasta 1997, sumergiendo al país en la miseria, en tanto acumulaba su fortuna personal, gastando millones de dólares en gastos extravagantes. Fue derrocado por una guerrilla, liderada por Laurent-Désiré Kabila y el país pasó a ser la República Democrática del Congo que, luego, hizo nuevos acuerdos con el imperialismo e instauró una nueva dictadura, que fue transferida a su hijo cuando Laurent fue asesinado en el 2001.

Mucha riqueza y mucha pobreza

Las exportaciones son dominadas por los diamantes (el país era el cuarto mayor productor en los años 1980), y cantidades abundantes de oro, plata, cobre, cobalto, cadmio, zinc, magnesio, estaño, germanio, uranio, radio, bauxita, hierro y carbón.

El imperialismo es el mayor beneficiado por toda esta riqueza y, por eso, mantiene misiones de la ONU, como la MONUSCO (Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en la República Democrática del Congo), con más de 20.000 soldados y a un costo de 1.2 billones de dólares. El argumento es “mantener la paz” pero, la verdad, es que están ahí para proteger el robo en gran escala que hacen, transformando al Congo en un país ocupado en tanto apoyan a su dictador de turno.

Con las elecciones, tardías, previstas para diciembre de este año, Kabila intentó recoger lo máximo posible de dinero en corto plazo.  Por eso firmó, el 11 de junio, el nuevo “Código de Minería”, que no contiene ningún cambio sustancial en otras áreas, a no ser garantizar un aumento del impuesto sobre ganancias y royalties, del 10%; sobre “sustancias estratégicas” dio un impuesto de “super-ganancias” del 50%. Todo para ir directo a sus bolsillos.

Hubo cierta reclamación de las grandes multinacionales, como Glencore (Suiza), Randgold (norteamericana), Ivanhoe (Canadá) y la china Zijin Mining. Sin embargo, como la tasa media de impuestos, en todo el sector en el Congo, era de apenas 13%, muy por debajo del 46% considerado razonable por el Banco Mundial, resolvieron aceptarla. No importa si el Congo aumenta su tasa de impuestos pues, para la mayoría de esas multinacionales, las ganancias de sus activos son tan grandes como para arriesgar perderlas.

Ni hablar de los problemas de evasión fiscal corporativa, practicada por estas empresas multinacionales, que recurren a técnicas de contabilidad jurídica para transferir sus ganancias para países donde pagan menos impuestos; con las empresas establecen relaciones comerciales con sus propias subsidiarias, negociando y haciendo transferencias entre ellas. Manipulan artificialmente los precios de bienes y servicios, que entran y salen de un país, llevando las ganancias para jurisdicciones de baja o ninguna tributación.

Glencore, por ejemplo, su subsidiaria congolesa Kamoto Copper Company (KCC), registró una pérdida de centenas de millones de dólares, por los años del 2009 al 2013 y, al mismo tiempo, en que su subsidiaria, registrada en Canadá (Katanga Mining Limited), obtuvo una ganancia líquida de más de US$ 400 millones de dólares. Eso resultó en una pérdida para el Estado congolés de más de US$ 150 millones dólares. Los impuestos cobrados de la minería, en el 2011-14, totalizaron apenas 6% de la fórmula total de la misma. Hasta incluso, el ex jefe de la misión del FMI, Norbet Toé, argumentó que el código de minería anterior, del Congo, era “muy generoso, tanto que el Estado se beneficiaba muy poco al final”.

Lea también  Congo: fraude confirmado

Pero, si por si acaso alguien quisiera tener en sus manos sus contratos en el Congo, las empresas chinas y rusas están prontas para comprar cualquier licencia de minería que esté disponibles.

Kabila no le importan mucho estos fraudes financieros, porque él, personalmente, gana mucho con estas negociaciones. No es un secreto que Glencore y Randgold negocian directamente con el presidente. Hay “una cultura de sigilo, acuerdos e informes”.

Glencore es responsable por más de un cuarto de la producción mundial de cobalto, la mayor parte extraída del Congo. El cobalto es un subproducto del cobre y el níquel, esencial en la producción de carros eléctricos, celulares, utilizados por Apple, BMW, Toyota, Dell, Fiat-Chrysler, GM, HP, Microsoft y Sony. Para eso, Glencore explota a 40 mil trabajadores infantiles en el Congo.

La marioneta de Kabila

Como no podría volver a candidatear, Joseph Kabila decidió nombrar a un heredero. Eso quiere decir que puede hasta ser que la República Democrática del Congo (RDC) tenga un nuevo presidente. Pero, si fuera Emmanuel Ramazani, no significará ningún cambio. El es ex-ministro del Interior que ya, hace tiempo, es una marioneta y capitán del monte del actual presidente y de su fallecido padre.

El propio Ramazani está bajo sanciones de la Unión Europea, por su papel en las represiones generalizadas de las protestas anti-Kabila desde el 2016. Es responsable por prisiones de activistas y miembros de la oposición y acusado de “uso desproporcional de la fuerza”. Ampliamente odiado por su papel en las represiones.

La burguesía congolesa está dividida

El problema es que, después de todo el desastre de Kabila en la administración del país, hay fracturas en la clase dominante, que son visibles en las candidaturas. La duda es si ésta crisis llegó a las Fuerzas Armadas que, de verdad, es la principal institución que manda en el país. Aparentemente Kabila continúa dirigiendo la “tropa”.

Pero, sectores del imperialismo y aliados en los gobiernos del continente africano, ven al apoyo a Kabila bastante incómodo, y no lo ven más como la mejor garantía para la explotación tranquila del país y contra una implosión social en el corazón de África.

Grupos armados resurgieron en algunas regiones y el riesgo de conflicto transfronterizo aumentó. En lugares, como el Congo Central y el Sud-Ubangui, la situación está muy polarizada.

Por eso, algunos de estos sectores apoyan a Martin Fayulu, de la Coalición Lamuka (“Arise”), que las investigaciones, encomendadas por el Congo Research Group (CRG) de Nueva York, apuntan como favorito en las elecciones. Es el hombre directamente ligado al imperialismo, ex-gerente de Exxon Mobil, que hizo una rica y amplia campaña, incluso en las regiones del este, dominadas por Ebola.

Fayulu, representa los dos pesos-pesados de la burguesía congolesa –Jean-Pierre Bemba (un antiguo “señor de la guerra” y senador, que fue vice-presidente de Kabila) y Moise Katumbi (millonario, antiguo gobernador de Katanga), impedidos de concurrir leguleyas, consideradas absurdas.

Por esta investigación, Fayulu pasó del tercer lugar, en octubre, al primer lugar, con el 44% de los votos. Frente a él, está el ex-líder de la oposición Felix Tshisekedi, con el 23%, y del gobiernista, Emmanuel Ramazani Shadary, con el 18%.

Lo que es natural ya es que ninguno quiere más a Kabila en el gobierno, con su política corrupta, que causa desempleo endémico, proporciona vivienda indecente y de difícil acceso y pésimas condiciones de salud y educación.

La dictadura de Kabila sólo se mantiene por causa de su impresionante máquina de represión y un servicio secreto con la peor reputación de toda Africa.

Elecciones con fraude anunciado

Si el gobierno congolés consigue realizar las elecciones, va a organizarlas para ganarlas, con presión, fraude, intimidación y violencia, o sea, lo que fuera necesario para quedar en el poder. Las chances de elecciones libres y justas son nulas.

Lea también  Bolsonaro, marioneta de Trump, recibe a Guaidó después del fiasco de la “ayuda humanitaria”

Cerca de 30 millones de electores fueron a las urnas (de los 40 millones registrados). Además de las irregularidades, la lluvia también arruinó las elecciones, a pesar de que éstas se realizaron sin la violencia generalizada de las anteriores.

Las irregularidades fueron muchas, el mal funcionamiento de las máquinas de votación, electores que no consiguieron encontrar su nombre en las listas de votación, atrasos debido a la falta de máquinas de votación, con cerca de 20% de los puestos de votación no abiertos, y más de 800 mesas de votación colocadas en “lugares prohibidos”, como puestos policiales y militares.

Los resultados preliminares están previstos para el 6 de enero, y los oficiales para el 15 de enero. Incluso así, Ramazani Shadary, ya se declaró vencedor y Fayulu, “el hombre de los grandes”, menos impactante, anunció que “llega el fin de la dictadura de 18 años de Kabila”. Con eso, lo más probable es que los próximos días serán de tensión, incertidumbre y violencia en la RDC.

De cualquier manera, ninguno de los candidatos, ligados como son al imperialismo, van a resolver los problemas estructurales del Congo, entonces, después de las elecciones y, si hubiera la entrega del poder, la inestabilidad del Congo no terminará y las movilizaciones deben continuar.

Movimientos populares, como “La Lucha”, están a la vanguardia de la resistencia heroica del pueblo congolés, que continúa saliendo a las calles, incluso con toda la represión. “La Lucha” no apoyó a ninguno de los candidatos, pero sí el derecho a votar en todo el país. Por eso estuvo presente en las manifestaciones en ciudades como Ben y Butembo, contra la negación del derecho al voto y el aplazamiento de las elecciones, enfrentando una brutal represión.

Estos activistas, sobre todo jóvenes, son heroicos, porque la RDC es el tipo de país donde quien distribuye un panfleto contra el gobierno, corre el riesgo de ser apresado, torturado y, hasta incluso, asesinado.

Por eso, en este momento, en el Congo la tarea imprescindible es movilizar al pueblo y a esta juventud, contra la dictadura sanguinaria de Kabila y, con ellos, formar una organización revolucionaria que pueda llevar esta lucha hasta el resultado final.

Desde el punto de vista internacional, las organizaciones de los trabajadores y de defensa de los derechos humanos, deben apoyar y exigir la liberación de todos los presos políticos, la expulsión de la MONUSCO y el fin de la dictadura.

Las riquezas del Congo deben ser administradas por los trabajadores y el pueblo pobre del país y no por el imperialismo y sus representantes.

[1] Con el apoyo de compañeros del LCT de Bélgica

Traducción Laura Sánchez