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Denominado como el proceso de dominación, explotación política y económica, por las potencias capitalistas e incluso por excolonias occidentales sobre regiones o naciones del África y del Asia, habiendo alcanzado su punto más alto hacia finales del siglo XIX y a lo largo del siglo XX, continúa hasta los días de hoy con cierto peso en el continente africano.

Por: João Silva

Viendo la cuestión de los flujos migratorios en dirección a Europa, el caso de África es emblemático. Es riquísima en materias primas: oro, platino, diamantes, uranio, coltán, cobre, petróleo, gas natural, maderas preciosas, cacao, café, y muchas otras. Estos recursos, explotados por el viejo colonialismo europeo con métodos de tipo esclavista, son hoy explotados por el neocolonialismo europeo apoyándose en elites africanas en el poder, una mano de obra local de bajo costo y un control de los mercados internos e internacionales. Más de cien empresas que cotizan en la Bolsa de Londres, británicas y otras, explotan en 37 países del África subsahariana recursos minerales por un valor de más de mil millares de millones de dólares.

Francia controla el sistema monetario de 14 excolonias africanas a través del Franco CFA (abreviatura original de “Colonias Francesas de África”, transformada en abreviatura de “Comunidad Financiera Africana”). Para conservar la paridad con el euro, esos 14 países africanos deben entregar al Tesoro francés la mitad de sus reservas monetarias. ¿Imaginan la audacia? Pero no para por ahí.

El Estado libio, que quería crear una moneda africana autónoma, fue demolido por la guerra en 2011. En Costa de Marfil (perteneciente al área CFA), empresas francesas controlan lo fundamental de la comercialización del cacao, del que el país es el primer productor mundial. Para los pequeños cultivadores sobran al costo 5% del valor del producto final, y su abrumadora mayoría vive en la pobreza. Estos son apenas algunos ejemplos de la explotación neocolonial en el continente africano.

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África, presentada como dependiente de la ayuda externa, proporciona al exterior una transferencia bruta anual de cerca de 58 millares de millones de dólares. Las consecuencias sociales son devastadoras. En el África subsahariana, donde 60% de la población está compuesta por niños y jóvenes hasta 24 años, cerca de dos tercios de los habitantes vive en la pobreza y, en toda África, cerca de 40% –o sea, cuatrocientos millones– viven en condiciones de pobreza extrema.

No es solo un cliché el que afirma que África es la cuna de la Humanidad, pues tenemos presentes las evidencias que sostienen esta afirmación. El neocolonialismo es la manifestación de la crisis de un sistema económico y social insostenible, en que un continente provee a las elites y el resto del mundo mientras su población poco consigue usufructuar de aquello que es abundante.

¿Habrá alguna forma de derrotar o ablandar el neocolonialismo?

Hay quien argumenta que el neocolonialismo hizo al continente africano muy dependiente de la ayuda externa, particularmente a través de la constante influencia de capital externo, del ajuste de precios de mercaderías, de la asistencia militar para su propia protección/cuestiones internas, o incluso cuestiones tecnológicas.

El objetivo sería que África se tornase independiente y que pudiese contar consigo misma y que sus pueblos nativos controlasen su economía y destino. Sin embargo, en un mundo marcado por una economía llena de dependencias, esto es poco probable.

Lo que realmente tiene que ocurrir es una alteración de fondo en el sistema económico que permita que el continente pueda diversificar su economía y disminuir su dependencia de cara a los bienes y servicios importados. Un continente con una economía asentada casi exclusivamente en la explotación intensiva de materias primas ha sido el garante de la mantención de la dominación neocolonial de la Unión Europea.

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Esto nos trae a otro punto: la necesidad de que los países africanos obtengan una segunda independencia que les garantice el control sobre sus materias primas y la producción de bienes y servicios que garanticen las necesidades de sus poblaciones. Los trabajadores africanos deben unirse en nombre de la expropiación de los medios de producción en manos de las grandes multinacionales y de las nuevas burguesías que emergieron en los nuevos países africanos después de las independencias.

Artículo publicado en https://emluta.net

Traducción: Natalia Estrada.