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El 17 de febrero de 2011 comienza una revolución democrática en Libia, que culmina con la caída del régimen y el desmantelamiento del Estado libio[1].

En 2014, Libia estaba dividida entre dos fuerzas: el GNC (Consejo General Nacional), con sede en Trípoli, y la HoR (Casa de Representantes), con sede en Tobruk, en la frontera con Egipto.

Por fuera estaba el LNA (Ejército Nacional Libio), liderado por Khalifa al-Haftar, que también operaba a partir de Bengasi y Tobruk, en el Oriente libio. Y hay milicias populares armadas en todas partes.

Las potencias imperialistas buscaron una solución basada en el acuerdo de Skhirat, de diciembre de 2015. Este acuerdo tenía cuatro grandes objetivos:

  1. retomar la producción y la exportación de petróleo y gas por la estatal NOC (Compañía Nacional de Petróleo) en asociación con multinacionales;
  2. unificar los parlamentos y formar un gobierno unificado proimperialista, denominado Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA);
  3. formar un ejército nacional unificado (con el consecuente desarme de las milicias populares); y,
  4. combatir las fuerzas ligadas a Al-Qaeda y el Daesh, que dominaban regiones petrolíferas en el centro del país, en ese momento.

Para el GNA hubo acuerdo en torno a Fayez al-Serrai, un integrante de HoR originario de Trípoli. No obstante, el acuerdo de Skirat fracasó.

A partir de su fracaso, surgió una nueva alternativa. Khalifa al-Haftar fue un general del antiguo régimen que, antes de la revolución, se refugió en los Estados Unidos, donde trabajaba con la CIA. Con el financiamiento de los Emiratos Árabes Unidos, el apoyo logístico de Egipto, armamento y mercenarios de Rusia, y también el apoyo de Francia, él reunió el apoyo del parlamento de Tobruk y de varias tribus al Este y el Sur de Libia, para formar el LNA (Ejército Nacional de Libia). Su plan es unificar el país manu militari e imponer una dictadura “laica” y proimperialista, siguiendo el modelo egipcio. El LNA está formado por algunos millares de mercenarios sudaneses, 1.200 mercenarios rusos de la empresa Wagner, y milicianos locales.

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En abril de 2019, el general Khalifa al-Haftar se lanzó a la conquista de la capital, Trípoli. No obstante, la resistencia de las milicias populares de la capital y de varias ciudades en la región occidental de Libia impidió la caída de Trípoli, que quedó sitiada. Luego del acuerdo con el gobierno turco, en enero de 2020[2], y el subsecuente envío de por los menos 5.000 combatientes sirios, millares de drones y misiles, las fuerzas ligadas al Gobierno de Acuerdo Nacional retomaron toda la franja litoral, desde la frontera con Túnez hasta Misrate, y el último 18 de mayo tomaron la estratégica base aérea de al-Watiya, 125 km al sur de la capital, rompiendo el cerco a Trípoli.

La próxima gran batalla será alrededor de la ciudad de Tarhouna, donde las milicias del LNA (lideradas por Khalifa al-Haftar) se organizan para la ofensiva a la capital.

A pesar de las victorias recientes, basadas en formación militar similar a la de un ejército, y con la avanzada tecnología de drones turcos, el futuro del país aún es incierto, ya que los simpatizantes de Khalifa al-Haftar tienden a ampliar su apoyo militar a fin de no perder posiciones en una futura negociación sobre el futuro de Libia.

Petróleo

La fuerza de la revolución libia interrumpió las exportaciones de petróleo y de gas, cuyos principales beneficiarios eran los imperialismos italiano y francés, y la familia Khadafi[3].

Una vez retomadas, 90% de las exportaciones de 1,3 millones de barriles fue interrumpida en enero por el LNA, que controla los puertos de las zonas de exportación en el centro del país[4].

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La economía nacional gira alrededor de la exportación de petróleo y gas. Recientemente, surgió otra actividad económica que es el control del tránsito de refugiados para Europa, operada por las mafias armadas.

Perspectivas

La crisis económica mundial, cuya fuerza fue ampliada por la pandemia de coronavirus, tiene un impacto devastador sobre los precios del petróleo, base de la economía nacional.

La posibilidad de reconstrucción de un Estado burgués unificado es pequeña en el corto plazo. Esa reconstrucción dependería de una victoria militar definitiva, sea del GNA o del LNA, o de un acuerdo entre ambos, o incluso de la emergencia de una tercera fuerza, sea esta nacional o extranjera.

Para el pueblo trabajador es necesario retomar la perspectiva de lucha por el poder para la construcción de un Estado obrero y socialista. El primer paso en esa dirección es su organización independiente frente a los dos campos burgueses y proimperialistas, sea el LNA o el GNA. Esa organización independiente tiene que ser social, política y militar.

Solo esa perspectiva puede unir a la población trabajadora de las ciudades y de los campos de petróleo a las tribus extendidas en todo el país y a las milicias populares, para construir un gobierno de los trabajadores que pueda reorganizar toda la economía del país sobre la base de la democracia obrera, romper con el imperialismo y vincularse a las luchas y revoluciones de los países vecinos, para caminar en dirección a una Federación de Países Árabes y/o Africanos Socialistas.

Notas:

[1] https://litci.org/es/menu/mundo/africa/libia/la-burguesia-trata-de-reconstruir-su-estado/

[2] Ese acuerdo es estratégico para Turquía, para la disputa de la producción de gas en el Mediterráneo Oriental, frente al “consorcio” entre Israel, Egipto, Grecia y Chipre. A cambio del apoyo del GNA libio, Turquía envió sólido apoyo militar, con brigadas integradas por lo menos con 5.000 soldados sirios, especialistas militares turcos, drones para fines militares, y misiles.

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[3] https://litci.org/es/menu/lit-ci-y-partidos/partidos/pdac-italia/los-intereses-del-imperialismo-italiano-en-libia-contra-la-guerra-imperialista-desde-una-perspectiva-de-clase/

[4] https://www.reuters.com/article/us-libya-oil/eastern-libya-halts-more-than-half-the-countrys-oil-output-idUSKBN1ZG2B5

Traducción: Natalia Estrada.