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El ciclón Idai, en el sudoeste africano, causó hasta ahora 446 muertos solo en Mozambique, y la estimación del presidente Filipe Nyusi es que hay cerca de 1.000 personas muertas, pero que aún esto no está confirmado. Cerca de dos millones de personas fueron afectadas, más de cien mil desamparados y noventa mil alumnos sin escuela.

Por: Marina Peres y Américo Gomes

En Mozambique, una vasta región continúa inundada, más de 2.000 km entre los ríos Pungue y Buzi. El gobierno estima que cien mil personas precisan ser rescatadas y que otras 600.000 fueron alcanzadas por las inundaciones, los deslizamientos y los deslaves. Una franja de 100 km de largo está totalmente inundada en Beira, el distrito más afectado, según el Ministerio de Medio Ambiente. En Buzi, Chibabava, Muanza, Mossurize y Sussudenga, distritos vecinos a Beira, millares de mozambiqueños continúan en los techos de las pocas viviendas que permanecieron en pie o en las copas de los árboles que resistieron la fuerza de los ríos Buzi y Pungue, que desde el sábado desbordaron y provocaron inundaciones en la región.

Los vehículos estuvieron muchos días sin funcionar. La red telefónica fue interrumpida. Tampoco hay electricidad. En cuanto a la salud, el caos es completo. Hay casos de diarrea, riesgo de cólera y de fiebre tifoidea. Hay protestas por agua, comida, refugio y remedios.

Después de destruir Beira, la segunda mayor ciudad de Mozambique, con vientos de 177 km/h seguidos de lluvias torrenciales, el ciclón siguió hacia los países vecinos, Zimbabue y Malawi.

En Zimbabue, cerca de doscientas personas, incluyendo treinta estudiantes, siguen desaparecidas. Los sobrevivientes continúan siendo buscados entre los escombros.

El Idai es considerada la peor tempestad tropical a alcanzar la región en las últimas décadas, y puede ser una de las peores a alcanzar el sudoeste del hemisferio sur, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Ciclón Idai, en el distrito de Buzi, en Beira, Mozambique, Marzo 21, 2019. REUTERS/Siphiwe Sibeko

Las responsabilidades de las multinacionales y de los países imperialistas en el África austral

La colonización europea en África, en el extremo sur oriental, hacia finales del siglo XIX era disputada entre la corona británica y el imperio alemán. La corona portuguesa, en Mozambique, ya cumplía un papel coadyuvante, poniendo sus fuerzas al servicio de los británicos y haciendo de tapón contra la expansión germánica.

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Los daños causados por el imperialismo en esta región, desde el punto de vista de la explotación de las riquezas naturales y la superexplotación de los pueblos, son la base de la miseria en que se encuentran las poblaciones de estas comunidades.

Tragedias como estas ocurren en otros países como Estados Unidos, solo que ellos están mejor preparados paras enfrentarlas. Incluso así, vemos que los trabajadores más pobres son los que más sufren, pero no en estas proporciones, pues esos países tienen mucho más dinero, y mucha más estructura que podría responder a estos desastres naturales.

Pero no es solo con relación al pasado; los gobiernos de los países imperialistas y las direcciones de las empresas multinacionales que más contribuyen para el calentamiento global deben responder por los estragos causados al planeta, sobre todo cuando alcanzan a los países que menos hicieron para eso, como Mozambique. Las empresas que controlan 66% del comercio mundial crean nuevas formas de división del trabajo y la producción que además de destruir el ambiente global inviabilizan cualquier forma de prevención nacional.

Explotación nacional

Además de eso, en África estas multinacionales ganan mucho con la explotación desenfrenada de los recursos naturales. Concretamente, en Mozambique hay un enorme potencial energético, por ejemplo, carbón mineral –cuyas reservas son estimadas en más de 20.000 millones de toneladas–, y de gas natural –estimada en 277 billones de pies cúbicos–, recursos hídricos cuyo potencial es de 18.000 MW. Todo eso posiblemente podría proporcionar condiciones favorables para la satisfacción no solo de sus necesidades domésticas sino también de las de la región austral.

Pero el bajo nivel industrial, la escasez de mano de obra calificada y la ganancia de las transnacionales hacen que estas exploten estas riquezas solamente buscando tener ganancias, creando un impacto negativo sobre la vida de las comunidades locales, las condiciones de trabajo y el medio ambiente. No hay un proyecto de uso sustentable y con perspectiva para la producción de tales recursos. Además, estas multinacionales están vinculadas al sistema de corrupción nacional y la verdadera industria de sobornos que existe en el país. Los salarios de los trabajadores son miserables, para decir lo mínimo, y sus condiciones de trabajo absolutamente precarias.

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Son ellas las que ganan millares de dólares y euros en Mozambique, de la misma manera que son las multinacionales norteamericanas y chinas las que ganan lucros inimaginables en Zimbabue, ambas vinculadas a burocracias burguesas ligadas a aparatos militares, totalmente corruptas y violentas.

Derrocar el régimen de los generales

En este momento de dolor por la muerte de nuestros hermanos y hermanas en el África negra, tenemos que tener mucha solidaridad y compañerismo de clase y ver cómo ayudarlos. Pero no podemos olvidar quiénes son los verdaderos responsables por estas tragedias, para realizar las verdaderas transformaciones para que estas no se repitan.

La clase trabajadora no puede confiar en ninguno de los bandos militares que gobiernan Zimbabue o Mozambique, ambos vienen de organizaciones con origen en la lucha armada anticolonial, como la Unión Nacional Africana de Zimbabue – Frente Patriótico (ZANU-PF) y el Frelimo, Frente de Liberación de Mozambique, hoy países gobernados por generales burócratas burgueses como Emerson “Cocodrilo” Mnangagwa y Filipe Jacinto Nyusi, que dirigen regímenes bonapartistas y antidemocráticos.

Construir una salida para los trabajadores del África austral

Los trabajadores deben construir su propio camino, con sus organizaciones y su proceso de movilización, para defender sus reivindicaciones.

Es necesario tener solidaridad con nuestros hermanos y hermanas trabajadores, pero no manifestar ningún apoyo a los gobiernos de Mnangagwa y Nyusi y exigir elecciones libres ya, para nuevos gobiernos, y una asamblea constituyente con la creación de nuevos partidos de la clase trabajadora, que pueda formar nuevas instituciones y nacionalizar la tierra, expropiando las propiedades de las cuadrillas gobernantes en una real reforma agraria, así como la nacionalización de toda la industria de minería bajo el control de los trabajadores.

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Solamente un gobierno de los trabajadores y del pueblo pobre puede asegurar que los recursos naturales no renovables sean explotados y usados de forma racional, y establecer reglas legislativas que regulen las actividades industriales al servicio de la comunidad y garanticen el desarrollo socioeconómico del país. Al mismo tiempo, que preserven el medio ambiente y garanticen que las futuras generaciones usufructúen de estos recursos, puedan satisfacer sus necesidades y continuar el desarrollo del país, teniendo en cuenta las mejoras en infraestructuras, el desarrollo del capital humano, y el combate a la pobreza.

Continuar la lucha anticolonial es exigir reparaciones por parte de las multinacionales y las industrias capitalistas. Así como el imperialismo alemán en Namibia y Tanzania, el imperialismo inglés debe reparaciones a Zimbabue y, juntamente con el portugués, a Mozambique.

Indemnizaciones por daños causados al pueblo y al medio ambiente, por la violencia aplicada contra los pueblos, por la devolución de las obras de arte, de las tierras ocupadas, y por las materias primas usurpadas.

Traducción: Natalia Estrada.