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Ya van meses de revueltas revolucionarias en Cartun, que incluyen grandes movilizaciones de masas, crisis institucionales, deposición y prisión del brutal dictador Omar Hassan Ahmad al-Bashir, represión brutal, huelga general y cerco del cuartel general militar y presidencial, entre otros acontecimientos.

Por: Asdrúbal Barboza

Cuando el ministro de Defensa, Ahmad Awad Ibn Auf anunció el fin del gobierno de al-Bashir en abril, también anunció la formación del Consejo Militar de Transición (CMT) que asumiría el poder político por los próximos dos años, y solo entonces habría nuevas elecciones.

El general Abdul Fattah al-Bruhan asumió el comando del CMT, la archirreaccionaria constitución fue suspendida, pero impuso un Estado de emergencia por tres meses, con un toque de queda todas las noches a partir de las 22 horas.

Su adjunto pasó a ser el sanguinario general Addelfattah Mohamed Hamdan Dagalo, comandante de la célebre Fuerza de Acción Rápida (FAR – una tropa paramitar sucesora de los Janjaweed) que ahora actúa también en Yemen, al lado de Arabia Saudita, y que durante la guerra civil de Darfur dio cobertura a atrocidades y un verdadero genocidio.

Este anuncio fue presentado como una propuesta antirégimen dictatorial y una “transición pacífica” hechas por un alto comando militar que sirvió a al-Bashir por décadas y que ahora pretendía presentarse como amigo del pueblo, para recuperar el control y sofocar la revolución.

En respuesta, se organizaó una huelga general para el 28 de mayo, para conquistar un poder civil y un régimen democrático que pudiese sacar al Sudán de la grave crisis económica en la que se encuentra. Eso porque en el Sudán está en curso una revolución que noviliza a millones de trabajadores, campesinos, pobres urbanos y la clase media. Revolución que no está satisfecha con la renuncia de Omar al-Bashir y exige la caída de todo el régimen del Partido del Congreso Nacional (PCN), que fingió salir del poder.

Una revolución que se inició con el anuncio del aumento del precio del pan y de la gasolina, en un país con un desempleo inmenso, inflación en alza, hambre y miseria; donde cerca de 80% de la población vive con menos de U$S 1 por día y casi 2,5 millones de niños sufren de desnutrición severa. Situación económica que se agravó con la secesión del Sudán del Sur en 2011, que privó al país de tres cuartos de sus ingresos por petróleo y con un gobierno que direcciona cerca de 80% de los ingresos nacionales a la fuerzas de seguridad y las fuerzas armadas. Además de estar profundamente envuelto en una corrupción endémica.

Desde la década de 1980, el país vive un clima de varias guerras civiles, con conflictos en el Sur y en las provincias del Este. Un país de 27 millones de habitantes donde solo la represión a la rebelión, en el Sur, y el hambre causaron la muerte de 1,5 millones de personas, y provocaron el desplazamiento forzado de 5 millones. Un país donde hay lugares con trabajo esclavo de millares de personas, mayoritariamente mujeres y niños del Sur del país (provincias de Darfur y Kordofán), capturados, y llevados para el Norte.

Desde el iunicio de este proceso, las mujeres han cumpido un papel de vanguardia, principalmente las jóvenes. Simbolizadas por la figura de Alaa Salah, “la mujer encima de un automóvil” gritando “¡Thowra!”: ¡REVOLUCIÓN!

La primavera tardía

La revolución en el Sudán es una secuencia tardía de las «Primaveras Árabes» de 2011, parte de un proceso desigual y combinado que abarca toda el África y el Medio Oriente, de la misma manera que la «hirak» argelina.

La revolución no será pacífica

Los verdaderos revolucionarios sudaneses deben hacer un balance de lo que ocurrió con la Primavera Árabe en países como Túnez y Egipto, donde a pesar de toda la lucha, la represión contra soldados y manifestantes fue grande.

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En el Sudán, eso también ocurre simbólicamente en el aniversario de los treinta años de la masacre de Tiananmen, los militares sudaneses utilizaron la violencia y las muertes para acabar con el cerco a sus instituciones, y las manifestaciones por democracia. Realizaron un baño de sangre que mató a más de 100 personas, violó otras 70, y cerca de 500 quedaron heridas.

Para intentar sofocar las consecuencias de esta masacre, el gobierno cortó la internet de todo el país durante por lo menos una semana.

Incluso así, los miembros de Consejo Militar admitieron que se cometieron abusos, y prometieron investigarlos. Una mentira ya que la acción violenta fue encabezada por el grupo paramilitar Fuerzas de Acción Rápida (FAR), ligado al gobierno provisorio; grupos paramilitares y milicias armadas que operaban en las minas de oro y en las fábricas al servicio de las empresas transnacionales, para efectivar el trabajo esclavo forzado.

La utilización de violaciones en este ataque no fue un acto aleatorio, proque la participación femenina en el proceso revolucionario sudanés tiene mucho peso. Por eso, los grupos paramilitares quisieron castigarlas en particular, con la violencia sexual, buscando humillarlas y desmoralizarlas.

Los manifestantes habían llegado a este lugar en abril, donde muchos ya esperaban una represión brutal por la policía, el NISS (Servicio Nacional de Inteligencia y Seguridad), y la milicia FAR. Pero el ejército los dejó pasar hacia un área militar del Cuartel General. El gran apoyo popular dividió al ejército y creó simpatía entre los cuerpos militares de base.

La división fue principalmente entre oficiales subalternos, suboficiales y soldados que llegaron a defender a los manifestantes en los contraataques de las milicias y de los bandidos del NISS. Por eso, muchos oficiales fueron vistos mezclados entre los manifestantes y cargados en hombros, lo que indica la ligazón del ejército con la insurreción popular.

Eso demuestra que la única salida para los trabajadores del Sudán y de Argelia es seguir con el proceso revolucionario hasta el fin, quebrar los aparatos de represión y las instituciones del Estado. La primera tarea es derrocar la dictadura que se mantiene, aún más después de que el jefe de Estado Mayor de Ejército, Kamal Abdelmarouf, alertó: “No permitiremos que el Estado sudanés entre en colapso o caiga en el caos”. Lo que significa la total disposición de sofocar la revolución.

Tribunales vienen sentenciando a centenas de activistas a prisión, incluyendo a mujeres. Algunas de ellas castigadas hasta con latigazos. Los periódicos de la oposición están impedidos de publicar noticias de la revolución y casi cien periodistas ya fueron presos.

Hasta ahora, la represión no intimidó el movimiento. Millares continúan yendo a las calles, desfiando la represión y enfrentándose al régimen.

Apoyo de clase internacional

Los generales sudaneses cuentan con mucho apoyo de los gobiernos internacionales, desde los dictatoriales de Egipto, de Abdul Fatah al-Sissi, pasando por Mohammad Bin Salman, de Arabia Saudita (que pagó cerca de tres mil millones de dólares por 10.000 soldados sudaneses para que lucharan en su guerra contra Yemen), pero también Donald Trump, Vladimir Putin y Benjamin Netanyahu. Así como de la mayoría de los gobiernos de la Unión Europea, que apoyan el “Proceso de Cartun” que busca impedir que refugiados atraviesen el Mediterráneo, efectivados por el régimen sudanés[1].

El 16 de abril, la Unión Africana (UA) exigió la entrega del poder a los civiles, en el plazo de 15 días, so pena de exclusión del Sudán de la organización, pero el 23 de abril prorrogó el plazo por tres meses más.

Eso demuestra que solamente las organizaciones de la clase trabajadora y los movimientos sociales en todo el mundo podrán apoyar la revolución en el Sudán y exigir que sus gobiernos paren de apoyar un régimen militar en el país, respondiendo al llamado de los combatientes sudaneses: “¡Las balas no nos matan, el silencio sí!”

En este sentido, la presencia de los activistas sudaneses en el 4° Congreso de la CSP-Conlutas en el Brasil fue un momento importantísimo para concretar esta solidaridad internacional. La solidaridad internacional de la clase trabajadora es un elemento clave para la victoria revolucionaria.

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Seguir con la revolución

Los sectores más organizados de la oposición burguesa dicen que un “gobierno de especialistas patrióticos” acabaría aplicando un programa de conciliación con los interses del gran capital y del imperialismo extranjero, sin hablar de que mantendría impunes a los generales asesinos.

Los principales dirigentes del Partido del Congreso Sudanés (PCS) y del Partido Umma (PU) negocian con el Consejo Militar, anunciando que la revolución alcanzó sus objetivos y que todos deberían ir para casa. Miembros del Frente Nacional de Cambio (FNC) elogiaron a las Fuerzas Armadas y la decisión de liberar a los presos polítcos, pidiendo juicios justos a los corruptos y a aquellos que mataron revolucionarios.

Pero las organizaciones de la clase obrera y de la juventud (como la UPF, organización estudiantil de Darfur) y simpattizantes del Ejército de Liberación del Sudán, no aceptan esta conciliación.

Las clase trabajadora y los sectores más explotados de la sociedad deben responder y organizarse para enfrentar la represión y derribar definitivamente el régimen, que lucha por sobrevivir. Para eso, es fundamental la más amplia unidad de acción con todos los sectores de la sociedad que estén por derrocar el régimen, si es posible organizando y preparando una huelga general. También es fundamental buscar aliarse con los soldados, marineros y el personal de la furza aérea, para entrar en esta lucha uniéndose a las masas en las calles y trayendo sus armas para la autodefensa.

Junto con eso, es fundamental que la clase construya sus propias organizaciones independientes, su partido político y sus organismos de lucha, que apunten la perspectiva de avanzar la revolución hasta la destrucción completa de los aparatos de represión del Estado y la expropiación de los grandes burgueses y de las multinacionales imperialistas.

La Liga Socialista Internacional (ISL) de Inglaterra y la Liga Internacional de los Trabajadores (LIT) apoyan la revolución en el Sudán y exigen que se pare inmediatamente el comercio del gobierno británico y los negocios del Reino Unido con la dictadura militar del Sudán.

Una historia despreciada

Por racismo, la cultura sudanesa siempre fue despreciada y subestimada. El periodista racista francés Christophe Ayad llegó a definir el país como «demasiado negro para ser árabe y demasiado árabe para ser africano», siguiendo la «Bilal al Sudán» (país de los negros, en árabe), así llamdo en el siglo XI.

El racismo de los colonizadores europeos en el siglo XIX hizo que considerasen a los negros demasiado salvajes y atrasados para tener una historia, eternizando el preconcepto.

Los sudaneses son descendientes del Reino de Cuxe, de la región del Núbia, localizado en los afluentes del Nilo Azul, Nilo Blanco y río Atbara, fruto de la desintegración del Imperio del Egipto antiguo. Su rey, Cáchita, invadió Egipto en el siglo VIII a. C., y los reyes cuxitas se ordenaron faraones de la 25° Dinastía del Egipto antes de ser derrocados y expulsados por los asirios. El Reino de Cuxe es mencionado en La Biblia como habiendo salvado a los israelíes de la ira de los asirios.

En 2003 fueron descubiertas pirámides y estatuas monumentales de faraones negros. Incluso así, la mayoría de los historiadores continúa considerando las influencias cultural y militar árabes como los elementos determinantes de la identidad sudanesa.

Las mujeres sudanesas mostraron lo contrario al asumir el nombre de «Kandakas», título de las reinas guerreras de Méroe[2], incluso con sus vestimentas, como la estudiante Alaa Salah, «icono de la revolución».

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El Sudán solo fue incorporado al mundo árabe en la expansión islámica del siglo VII. Entre 1820 y 1822 fue conquistado y unificado por Egipto y posteriormente dominado por el Reino Unido. En 1881 inició una revuelta nacionalista comandada por Maomé Amade, Mádi, que expulsó a los ingleses en 1885. Los británicos retomaron el Sudán en 1898 y los sudaneses obtuvieron la autonomía limitada en 1953 y la independencia total en 1956.

En 1964 fue palco de la primera revolución democrática árabe, con la primera mujer árabe electa diputada, Fátima Ibrahim (fallecida en 2017), que se reivindicaba feminista, mulsulmana y comunista, fundadora en 1952 de la Unión de las Mujeres Sudanesas.

El partido comunista sudanés fue fundado en 1946, fue el más influyente del mundo árabe y un actor central de la política sudanesa, incluso con sus capitulaciones y políticas frentepopulistas, y apoyo al régien militar de Gafar al Numeri, al que ayudaron a tomar el poder en 1969 y que ahorcó a sus principales dirigentes.

El Sudán, tuvo un poderoso movimiento sindical estructurado con los ferroviarios de Atbara, los estibadores de Port Sudan, y los trabajadores agrícolas de la planicie de El Gezirah, el mayor granero del Cuerno del África.

Del Sudán a la Revuelta de los Malés

Vinieron del Sudán la mayoría de los esclavos musulmanes en Bahia, en las últimas décadas del siglo XVII, influenciando en la configuración étnica de la población. Fueron cerca de 100 a 150.000 esclavos del Sudán Central los que cruzaron el Atlántico, entre Hauçás, Nupes, Bornos, Borgus y otros pueblos islamizados del Norte de la Yorubalandia, que llegaron masivamente al Brasil.

Como muchos eran guerreros, establecieron los padrones de resistencia a la esclavitud en Bahia, que culminaron en la revuelta de los Malés de 1835, como la tradición militar fundada en la solidaridad religiosa y en un compromiso con la Guerra Santa. Por eso, las revueltas bahianas siguieron un padrón que sugiere fuertes semejanzas con la yihad que se extendía por el Sudán Central en el mismo período.

Notas:

[1] Cerca de 115 millones de personas (Etiopía: 96,6 millones; Somalia: 15,4 millones; Eritrea: 6,4 millones; y Djibouti: 810.000) vivem en el área cubierta por este acuerdo. La Unión Europea da financiamientos para impedir la emigración por medio de la captura, detención y, en algunos casos, tortura de refugiados y otros migrantes por las autoridades libias y sudanesas.

[2] La más célebre fue Amanishakheto, que detuvo a las legiones de César Augusto y selló con él, en 24 a. C., el Tratado de Samos que dio origen a las relaciones comerciales entre los dos imperios.

Traducción: Natalia Estrada.