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21 de enero. Una manifestación de la oposición contra un proyecto que modifica la ley electoral para permitir el mantenimiento del presidente en el poder más allá de su mandato, fue violentamente reprimida.

Desde entonces, se extendieron a diversas ciudades acontecimientos insurreccionales como la ocupación de rutas, saqueos, incendios de delegaciones de la policía y de edificios oficiales, reflejando la revuelta de la población y de los estudiantes. Incluso la Iglesia pidió al gobierno que “no matase a sus conciudadanos” y revocase la ley electoral. Según investigaciones, la represión se habría cobrado entre 28 y 40 víctimas.

La razón de la revuelta

La situación de este gigantesco país del centro del África recuerda la reciente revolución en Burkina Faso, donde el pueblo, yendo a las calles, derribó al gobierno. Europa y los Estados Unidos, principales beneficiados con los saqueos de los recursos naturales de la República Democrática del Congo (RDC), se inquietan con la situación y claman por “un proceso electoral democrático y transparente”, pidiendo “a la clase dominante la responsabilidad política para mantener la estabilidad”.

Lo que desencadenó la reacción violenta de la población fue la adopción de la propuesta de enmienda a la ley electoral. Esta es una maniobra del régimen para mantenerse en el poder, más allá de 2016, sin alterar la Constitución. De hecho, luego de la Revolución en Burkina Faso, el propio imperialismo americano desaconsejó al presidente de intentar una maniobra de esa envergadura, temiendo una ola de revueltas. La táctica es la siguiente: realizar las elecciones solamente después del censo de población, lo que llevaría como mínimo tres años: el tiempo estimado para identificar, en circunstancias muy difíciles, una población de aproximadamente 66 millones de habitantes.

Finalmente, luego de la votación en la Cámara, el artículo sobre la alteración fue vetado por el Senado, que afirmó que “la actualización del padrón electoral con base en datos demográficos debe estar en conformidad con el plazo constitucional para la organización de las elecciones presidenciales”[1]. Este compromiso es una victoria temporaria de la movilización, pero no es una garantía contra futuras maniobras porque, de cualquier manera, parece imposible hacer un censo y al mismo tiempo mantener el cronograma previsto. De hecho, la RDC es una de las naciones más pobres del planeta, con una infraestructura deplorable y con una administración pública muy ineficiente. Un censo de población es una tarea gigantesca en un país con casi ochenta veces el tamaño de Bélgica.

Kabila: ¿un balance positivo para quién?

La prensa no se cansa de resaltar el trabajo positivo de Kabila, tal como Colette Braekman, que cuestiona: “¿Por qué tamaño descontento y tamaño deseo de cambio, ya que, desde la independencia, el gobierno actual sin duda es el que más trabajó por la reconstrucción y por la modernización del país?”[2]

Esta nación de 66 millones de habitantes está clasificada en 187°, de un total de 187 países mencionados en el Índice de Desarrollo Humano (IDH) de las Naciones Unidas[3]. La expectativa de vida es de 55 años, la tasa de mortalidad infantil es la 14° más alta del mundo, con 78 muertes por cada 100 nacimientos, y solamente 46% de la población tiene acceso al agua potable[4], 70% de la población vive por debajo de la línea de pobreza y el mismo porcentaje vive de la agricultura.

¿Qué hizo Joseph Kabila desde que fue electo? Firmó él mismo leyes escritas por el imperialismo: el código de minería, el código forestal y el código sobre las inversiones, que abren brutalmente el subsuelo del Congo a las multinacionales extranjeras. Todas estas reformas son impuestas por medio del mecanismo de la deuda, que determina la cancelación de la misma con la aplicación de programas ultra-liberales.

La apuesta es alta. Estos subsuelos son realmente ricos en metales preciosos: columbita-tantalita, cobalto, diamante y oro. La columbita-tantalita y el cobalto son utilizados en superuniones, resistentes a condiciones extremas. El tántalo, derivado de la columbita-tantalita es altamente resistente a la corrosión, y es utilizado no solo en electrónica sino en la industria aeroespacial y en la aeronáutica militar y civil. Es también utilizado en teléfonos celulares, computadores (especialmente en laptops) y en controles de Playstation. El niobio, extraído también del coltán (columbita-tantalita), es un metal esencial para ciertos sectores importantes, tales como el energético, el aeroespacial y el del transporte.

En la RDC, las rutas fueron construidas en los últimos años no para unir las aldeas a las escuelas y a los centros de salud sino para transportar los materiales para las fronteras y permitir el buen funcionamiento de este saqueo organizado.

La población está con rabia. Las administraciones públicas no funcionan; la violencia arbitraria de la policía, del ejército y de grupos armados es corriente y cotidiana. La justicia lidia con ataques regulares, y personas graduadas con encuentran empleo. La situación es catastrófica. Cuando uno de los países más ricos del mundo en minerales importa anualmente mil millones de dólares en géneros alimenticios, eso quiere decir que toda la riqueza producida no está dirigida al desarrollo del país.

Un país ocupado militarmente

El saqueo en larga escala del subsuelo congoleño es la razón principal de la presencia de la misión de la ONU en la RDC, ya que el país no es “seguro”. La MONUSCO es una de las mayores misiones de las Naciones Unidas, con 20.000 militares diseminados por el territorio. Kabila los autorizó a utilizar “todos los medios necesarios” para llevar a cabo su misión. He aquí la llamada “mantención de la paz”, ¿pero para quién? Las poblaciones civiles, víctimas de la violencia de los grupos armados, de la policía e incluso de la MONUSCO [Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en la República Democrática del Congo] no son beneficiadas por esta “paz”. Esta misión, que tiene un costo anual de 1,5 mil millones de dólares, sirve para “apoyar al gobierno de la RDC en sus esfuerzos de estabilización y de consolidación de la paz”[5]. En suma, sirve para garantizar un clima propicio a la extracción de las riquezas del Congo. La intervención de la ONU no es más que una intervención militar directa del imperialismo en un país estratégico que alimenta el mercado mundial y permite a las multinacionales ganar millones de dólares por año.

Europa está presente en el Congo a través de las misiones militares (EUSEC) y policiales (EUROPOL), con el objetivo no solo de formar el ejército nacional sino, igualmente, los batallones de la policía, que actualmente reprimen las manifestaciones con sangre.

Por detrás de la fachada democrática…

Kabila fue instituido en el poder por la “comunidad internacional” en 2001, luego del asesinato de su padre, Laurent Kabila, nacionalista que depuso al dictador Mobutu, con el apoyo de la población. En 2006, las elecciones fueron organizadas por la misma “comunidad internacional” para legitimar a Kabila en el poder. “La revolución democrática está en marcha en el Congo”, fue el título del editorial del Le Soir[6] en vísperas del primer turno de las elecciones presidenciales en la República Democrática del Congo. “En pocos días, una nueva legitimidad aparecerá en el Congo, basada en la voluntad popular”. Tipos de exclamaciones delirantes como esta inundan los medios cada vez que el imperialismo se dota de este método que denominamos “reacción democrática”, que consiste en aclamar la libertad de los “ciudadanos” para ir a las urnas, al mismo tiempo que intenta estabilizar un régimen semicolonial en un país rico en energía y recursos geológicos, o de interés estratégico, o las tres cosas juntas, como es el caso del Congo[7].

En 2011, disputando con la UDPS[8] y su dirigente histórico de oposición, Etienne Tshisekedi, Joseph Kabila organizó muchos fraudes para vencer las elecciones. En aquella época, los propios institutos occidentales de monitoreo reconocieron los fraudes. Según el informe de Humans Right Watch[9], la represión a las manifestaciones de la oposición que denunciaba el fraude, ocurrida el día siguiente a las elecciones, fue particularmente sangrienta, con más de 24 personas muertas y decenas de presos. La organización sospecha que el número de muertos es mayor, ya que los cuerpos habrían sido escondidos y por las instrucciones dadas a los hospitales para no revelar detalles de las admisiones de pacientes. Hubo evidencias de ejecuciones sumarias y casos de tortura (golpizas, golpes de bastón con clavos). Pero eso no impidió a Europa y a los Estados Unidos continuar apoyando a Kabila, un hombre fuerte, que garantiza los negocios.

… un régimen dictatorial 

Entonces, ¿cómo, en este clima, el régimen se mantiene? De hecho, los congoleños son conscientes de que la clase política congoleña, además de no darles nada, organiza el pillaje del país.

Todos los días se ven camiones llenos de minerales y de maderas preciosas dejar el Congo. Para responder a la cuestión planteada arriba, es preciso comenzar con una observación: la República Democrática del Congo no tienen nada de democrática.

Durante las manifestaciones de estos últimos días, la policía disparó balas reales contra la multitud; la Agencia Nacional de Inteligencia (ANR) cortó Internet y las redes GSM; los partidos de oposición fueron cercados por la policía[10]. Los días siguientes fueron marcados por incursiones en los campus y en otros focos de oposición. Y se teme que estos militantes sean torturados o asesinados. Pero el discurso oficial, transmitido el 21 de enero en la RTBF, canal de televisión pública belga, proferido por el ministro de Comunicaciones, es que ¡los muertos son apenas saqueadores filmados por agentes de seguridad en propiedades privadas!

Para mantenerse en el poder, el gobierno puede contar con las instituciones represivas del Estado, dependientes directamente de la presidencia. Ella se vale de la Guardia Republicana del presidente (12.000 hombres), de la ANR, de la policía de intervención rápida (PIR) y de la dirección general de migraciones (control de desplazamientos internos y externos). “Según Amnistía Internacional, sus agentes [de la ANR] están entre los torturadores más temidos de la RDC. […] La oposición y los militantes de la sociedad civil, acusados de violar la seguridad del Estado, son particularmente observados. Los activistas son presos, mantenidos en condiciones crueles y deshumanas, sin comida o agua, en centros de detención secretos y sin acceso a asistencia jurídica”[11].

Este gobierno no tolera crítica alguna, a punto tal que llegó a expulsar, en octubre de 2014, al director adjunto del gabinete de los derechos humanos de las Naciones Unidas por haber “osado” denunciar en sus informes los abusos de la policía y del ejército en una operación de “seguridad” entre noviembre de 2013 y febrero de 2014[12].

Por una revolución congoleña

Las manifestaciones insurreccionales contra el poder son expresión de un profundo odio de la población para con sus dirigentes, que se tornan multimillonarios gracias a sus servicios prestados a las multinacionales imperialistas, mientras esa misma población vive en la miseria casi total. Estas movilizaciones siguen el ejemplo heroico del pueblo burkinense, que mostró que la movilización del pueblo es el único camino. En el Congo, también, la tarea de los trabajadores y la juventud para mejorar sus condiciones de vida ¡es librarse de Kabila y su bando!

Lo que el pueblo congoleño precisa no es de elecciones manipuladas y organizadas por el imperialismo, bajo ocupación militar, sino de verdaderas elecciones libres, bajo el control de los movimientos populares, como los movimientos organizados de la sociedad civil, los sindicatos, etc.

Es igualmente fundamental que los trabajadores belgas y europeos se movilicen para defender los derechos democráticos de sus hermanos de clase congoleños, ¡comenzando por denunciar la complicidad de sus gobiernos y de Europa para con el régimen dictatorial, que apunta tan solo a garantizar las ganancias de las multinacionales!

• ¡No a la prorrogación del mandato de Kabila! ¡Revocación de la modificación en la ley electoral!

• ¡Por elecciones libres, bajo control de las organizaciones populares!

• ¡Fuera las tropas de la ONU y de la Unión Europea del Congo!

• ¡Nacionalización del sector de minería! ¡No al saqueo de los recursos naturales del Congo! ¡No al pago de la deuda!

• ¡El Congo pertenece al pueblo congoleño, no a las multinacionales!

 

 Traducción: Natalia Estrada.

 

[1] Site de RFI, le 23/01/2015: http://www.rfi.fr/afrique/20150123-rdc-seant-adopte-article-8-loi-

[2] Blog de la periodista, del 21 de enero http://blog.lesoir.be/colette-braeckman/

[3] TREFON, T., La mascarade de l’aide au développement, éd. Academia, l’Harmattan, 2011, p. 178.

[4] http://planificationfamiliale-rdc.net/fiche-pays.php

[5] Site de la MONUSCO.

[6] Uno de los principales periódicos de Bélgica http://www.lesoir.be/

[7] Presse Internationale n°41, setiembre 2006 – http://www.lct-cwb.be/images/pdfs/PI/PI_41.pdf

[8] Union pour la démocratie et le progrès social [Unión por la Democracia y el Progreso Social].

[9] http://www.hrw.org/fr/news/2011/12/21/rd-congo-24-morts-depuis-l-annonce-du-r-sultat-de-l-lection-pr-sidentielle.

[10] Le Soir 20/01/2015.

[11] TREFON, T., La mascarade de l’aide au développement, éd. Academia, l’Harmattan, 2011, pp. 145-146.

[12] Centre d’actualité de l’ONU http://www.un.org