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El pueblo argelino, de histórica y honrosa tradición de lucha, inició el 2019 realizando grandes manifestaciones contra el gobierno. Las protestas comenzaron en febrero, tuvieron su punto alto el 8 de marzo, y continuaron con una huelga general el 10 de marzo. Todo esto hizo que el régimen bonapartista de Buteflika diera su primer paso atrás.

Por: Américo Gomes

El 11 de marzo, Abdelaziz Buteflika anunció la renuncia a su candidatura para las elecciones que se celebrarían en abril, en la que concurriría a su quinto mandato. Antes había demostrado cinismo y desprecio por el sentimiento popular al afirmar que el pueblo solicitado “ardientemente” que él se quedara en el poder. Esto fue demasiado. Las masas fueron a las calles a mostrar «ardientemente» que no lo soportaban más. Junto con su renuncia anunció la suspensión de las elecciones presidenciales del 18 de abril y la dimisión del odiado primer ministro Ahmed Ouyahia.

No es poca cosa, Buteflika y su coalición, que tiene el Frente de Liberación Nacional -FLN- ​​en el comando, controlan totalmente el proceso electoral, y todas las televisiones públicas y privadas del país, con una oposición marginal y despreciable. Buteflika, ahora, se suma a los otros gobiernos africanos que entregaron los anillos con miedo de perder los dedos.

Aun así, Buteflika intenta mantener el control de la situación, buscando una salida para su gobierno y régimen. La primera de ellas es mantener el control del proceso electoral, ya que controla el Senado y el Consejo Constitucional y busca, a través de una «biónica» Conferencia Nacional, señalar una salida solo dentro de dos años.

El «reino» de Buteflika viene hace 20 años sometiendo al pueblo a impresionantes e incesantes escándalos: tráfico de cocaína, corrupción, dilapidación de dinero público, privatizaciones, involucrando a su familia y sus correligionarios.

Como los trabajadores y el pueblo protestaron en contra de todo esto, la respuesta del gobierno ha sido la represión: prohibiciones al derecho de huelga, cambios del Código del Trabajo en Código del Capital, detenciones arbitrarias de trabajadoras y trabajadores, activistas y periodistas; prohibición de las manifestaciones; detenciones de militantes, etc.

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El pueblo argelino tiene una tradición antiimperialista que obligó al gobierno a no aceptar bases militares extranjeras o instalaciones de centros de tránsito para migrantes en el país, pero el gobierno de Buteflika acepta cada vez más la relación con los regímenes dictatoriales y criminales sauditas. No se pronuncia contra Israel y no se opone a la multiplicación de las bases e intervenciones estadounidenses y francesas en la región, llegando incluso a enviar al ANP (Ejército argelino) para participar en maniobras militares, llamadas «Flintock 2019» en Burkina Faso y Mauritania, bajo supervisión de Africom.

Por todo esto, las manifestaciones continuaron. Millones de argelinos volvieron a las calles en Argel el viernes 15 de marzo, por cuarta vez consecutiva, contra la permanencia de Buteflika en el poder, así como en todas las principales ciudades de Argelia, ahora orientadas contra el presidente y todo su régimen.

El domingo 17 de marzo, las protestas y manifestaciones continuaron en las ciudades de Boumerdes y Annaba, con miles en las calles, y el mismo día con los petroleros de la empresa Sonatrach, que emplea a unos 120.000 trabajadores y es uno de los pilares de la economía de Argelia, en la ciudad de Hassi Rmel[1].

El régimen está ante un dilema nunca visto en 20 años: o Buteflika deja el poder, o será forzado a aplastar una rebelión.

Para evitar la divulgación de las protestas el gobierno no está concediendo visas a los medios de comunicación extranjeros, pero no logra impedir la divulgación de cientos de vídeos en las redes sociales, que muestran a los manifestantes en las principales ciudades del país.

Las protestas tienen en su vanguardia a estudiantes, profesores, periodistas, abogados e incluso jueces de tribunales de varios municipios. A los que se sumaron las hinchadas de los dos mayores y rivales equipos de fútbol: Usma y Mca, que decidieron boicotear el juego para evitar los partidos y no desviar la atención de las protestas.

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Miles de personas se dirigieron al centro en medio de la paralización de los medios de transporte público (autobús, metro y tranvía), con carteles como: «Usted prolonga el mandato, nosotros vamos al combate»; «La calle no será silenciosa»; «Mi ex no tiene que elegir a mi nuevo marido». Y en particular: «No hay alternativa designada por Francia» y «Ni Washington ni París. Nosotros elegimos al presidente», demostrando que muchos manifestantes identifican la injerencia francesa, y protestan contra ella y contra Macron.

Los trabajadores tienen que asumir la vanguardia

Los trabajadores argelinos, con sus organizaciones, deben continuar y asumir la vanguardia de esta lucha democrática, derrocar al gobierno de Buteflika y conseguir sus reivindicaciones.

No pueden aceptar solamente un cambio del gobierno o cambios paliativos del régimen, sino que deben exigir cambios radicales. Que además de un cambio de guardia haya cambios económicos que lleven la mejora de la vida para el conjunto de la población.

Un cambio en la política antisocial y antinacional que privilegia a la burguesía nacional oligarca y a las multinacionales con el saqueo de las riquezas nacionales. Con destaque para la injerencia francesa y norteamericana.

Por eso las manifestaciones y huelgas van a continuar, apuntando una perspectiva democrática, pero también social-antipatronal y nacional-antiimperialista.

Hoy los trabajadores en Argelia no creen en los partidos de oposición, que viven en crisis recurrentes, ni en los sindicatos. El islamismo radical, que había conseguido apoyo de masas en 1980-1990, ya no tiene el mismo prestigio, pero ninguna otra fuerza política ha ocupado el espacio dejado por él.

El primer paso fue conquistado cuando Buteflika anunció su dimisión, pero sigue en la presidencia. No hay fecha para su salida. No hay fecha para nuevas elecciones. No hay fecha para la nueva Constitución ni para la Segunda República.

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Las masas que entraron en movimiento, con los trabajadores a la vanguardia, con las mujeres y la juventud, no quieren ni pueden parar; se trata de derrocar a Buteflika, imponer una verdadera Asamblea Constituyente, con delegadas y delegados electos con base en esta movilización y en la autoorganización de la clase trabajadora que pueda realizarse.

Notas:

[1] https://www.europapress.es/internacional/noticia-continuan-protestas-manifestaciones-contra-buteflika-argelia-20190317152142.html