Compartir

El 22 de febrero es una referencia para la Revolución de Argelia, un año de protestas, manifestaciones y enfrentamientos.

Por Américo Gomes

Comenzó cuando Abdelaziz Buteflika anunció su candidatura a un quinto mandato presidencial. El constante proceso revolucionario derribó al dictador en abril, mandó a la cárcel a corruptos burgueses, puso en crisis procesos electorales y los aparatos de represión, sin embargo, no pudo acabar con el régimen dictatorial.

El pueblo argelino vivió este año manifestaciones que llegaron a tres millones de personas, como la del 1 de marzo de 2019, que provocó la caída de Buteflika el 2 de abril; suspendió las elecciones fraudulentas del 18 de abril; mandó a la cárcel a corruptos burgueses, como Said Buteflika, hermano del ex-presidente y el ex-jefe del servicio secreto general Mohamed Mediene (Toufik”) y al jefe del servicio de inteligencia Athman Tartag: el pueblo derribó al odiado primer ministro Ahmed Uyahia (que amenazó con transformar a Argelia en una Siria); impidió también las elecciones del 4 de julio; y vio la muerte (por infarto) del jefe del gobierno y nuevo dictador, general Ahmed Gaid Salah; recientemente, le restó legitimidad a las elecciones fraudulentas del 12 de diciembre no concurriendo a las urnas en la que, de acuerdo con algunas instituciones la participación fue de 8%.[1]

Durante este año la revolución argelina pasó por distintas coyunturas, de ascenso y de reflujo. Actualmente hay una represión brutal contra los manifestantes. Sus organizaciones reciben intimidaciones policiales y hay un sistemático encarcelamiento de activistas. Muchos son detenidos, juzgados y condenados. Durante los tres días posteriores a las elecciones, de 11 a 13 de diciembre, la policía detuvo a 1200 manifestantes. La censura a la prensa se mantiene, así como la prohibición de reuniones.

Aun así, el nuevo presidente, Abdelmadjid Tebbune, que asumió mediante elecciones fraudulentas, en las que la abstención oficial superó el 60%, no conquistó el apoyo popular. Lo sostiene el aparato militar y el imperialismo, principalmente el francés y directamente Emanuel Macron.[2] Por lo tanto no logra estabilizar el país.

Hay una grave crisis de dirección. Una coalición de organizaciones agrupada en el “Pacto de Alternativa Democrática (PAD)” se presenta como un proyecto alternativo para el país y prepara una “conferencia nacional independiente” en la que busca construir un programa democrático para la revolución en la perspectiva de un proceso constituyente soberano, que tendría el objetivo de “refundar el Estado y consagrar una República Democrática y Social”. Todo esto sin ninguna perspectiva de clase y en todo momento buscando una salida conciliatoria con la dictadura.

A lo largo de este año quedó demostrada una capacidad impresionante de resistencia y de movilización de las masas a través del “Hirak”; con una actuación vergonzosa y traidora de la dirección sindical y política de la clase trabajadora. Esto es lo que hizo que, a pesar de toda la movilización, los trabajadores no pudieran echar abajo a la dictadura y avanzar en el camino de una revolución socialista.

Tampoco el imperialismo, los militares y la burguesía – ya sea con violenta represión o con tentativas de apuntar a salidas democráticas, como elecciones presidenciales – lograron estabilizar la situación nacional ni las instituciones.

Según el historiador francés Benjamin Stora, autor del libro “El retorno de la historia, Argelia después de Buteflika”, el Hirak logró lo que ninguna lucha había alcanzado desde la independencia de Argelia.

La juventud precarizada es el motor del Hirak

Así como en Chile, Hong Kong y Barcelona la juventud precarizada de los barrios populares cumple un papel fundamental como vanguardia del proceso revolucionario en Argelia. Como en los demás países es una juventud “sin futuro”, esto determinado por los distintos planes de austeridad y la falta de perspectivas. Excluida no solo de las formas de decisión, sino también de trabajo, estudio y jubilación. Una juventud progresista sin muchos prejuicios en la que las mujeres tienen un papel destacado.

Una revolución socialista

Por más que surja contra una dictadura y que tenga consignas y objetivos democráticos, la revolución que protagonizan los trabajadores en Argelia encierra un objetivo socialista, pues únicamente los trabajadores podrán llevar esta lucha hasta el final y podrán hacer que esta revolución sea victoriosa. El Hirak continúa su lucha a favor de la emancipación política y social del pueblo argelino. El régimen dictatorial no acabó, el poder autoritario se mantiene, pero el pueblo y la clase trabajadora no se rinden y se niegan a aceptar cualquier fachada “democrática”.

Un año después de comenzada la revolución, es fundamental que los trabajadores tomen conciencia de ello y construyan sus propias organizaciones. El pueblo aspira a construir una verdadera democracia, pero no solo eso, la juventud quiere trabajo, salario, escuelas, vivienda, un sistema de salud gratuito y de calidad, y que las necesidades sociales de la población más pobre sean atendidas. Esto solo podrá ser construido con un gobierno que controle las riquezas del país y su producción, independiente de las potencias imperialistas; es decir, un gobierno socialista dos trabajadores.

Notas:

[1] Por ejemplo, Rally pela Cultura e Democracia

[2] Que protege descaradamente los interesses de la multinacional petroquímica Total

Traducción: Miriam Dolagaray