Reflexiones sobre las elecciones en Angola

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Son 15 años de paz en una Angola que lucha por exorcizar sus demonios: la pobreza de la mayor parte de la población, la ineficacia de los servicios de asistencia básica del Estado, la fragilidad de la economía, los criminales niveles de corrupción, y la bancarrota del MPLA, personificada en la figura del ya muy debilitado presidente José Eduardo dos Santos. De resto, este último ya anunció sus salida de escena al cabo de cerca de 40 años de ejercicio casi absoluto del poder. Cabe ahora a João Lourenço, el candidato del MPLA a la Presidencia de la República, asegurar la gestión corriente de los intereses particulares instalados en el aparato del Estado y en la cúpula del partido en el poder.

Por: Em Luta – Portugal

Ora es sobre este telón de fondo que partimos para una reflexión que se pretende colectiva sobre las elecciones generales del día 23. ¿João Lourenço traerá “el combate a la corrupción” y a los corruptos, cuya identidad no refiere? ¿El MPLA dejará de parasitar el Estado? ¿La economía angoleña diversificará sus fuentes de rendimiento, acabando de una vez con la dependencia de cara a las recetas del petróleo? ¿Qué planes existen para la Educación y cómo se pretende ejecutarlos? ¿Cómo pretende invertir los pésimos indicadores que persisten en el área de la Salud? ¿Qué balance hace el delfín de José Eduardo dos Santos sobre los 42 años de consulado del MPLA? Son preguntas que forzosamente tenemos que poner en el orden del día.

Una burguesía angoleña multimillonaria…

En los últimos 15 años de paz, hemos asistido al surgimiento y solidificación de una burguesía multimillonaria, que detenta auténticos imperios y goza de destacada salud financiera, en oposición a un país que vive en la miseria.

El gobierno de José Eduardo dos Santos y el régimen comandado por el MPLA están en las antípodas del socialismo y, en realidad, representan el capitalismo más brutal. A partir de su gobierno, crearon una burguesía parasitaria del Estado y de sus recursos, retirando de ahí beneficios y apoderándose de sectores económicos de primera importancia, como la banca, la minería y el petróleo. Lo hicieron incluso en estrecha ligazón con el imperialismo (y no en oposición o independiente de él), con los intereses del capital portugués y con relaciones privilegiadas con países como Brasil y China y sus empresas, con quienes desarrolló relaciones de corrupción.

El mayor símbolo de esto es el caso de Isabel dos Santos, hija mayor de José Eduardo dos Santos y una de las mujeres más ricas del mundo. Llamada por algunos “princesa Isabel”, es dueña de empresas de minería y cemento, bancos, acciones de la GALP, y conjuntos inmobiliarios. El año pasado fue nombrada para la presidencia de la petrolífera estatal Sonangol. Según a revista Forbes, la fortuna de Isabel dos Santos aumentó siete veces entre 2012 y 2014, pasando de 500 millones a 3,7 mil millones de dólares. También, recientemente, el hijo más joven de dos Santos, Eduane Danilo Lemos dos Santos, de 23 años, recibió como presente ¡un banco!

Por eso, la cleptocracia angoleña es una verdadera burguesía multimillonaria, construida a partir de las riquezas del Estado, que deberían ser de los trabajadores angoleños.

… y un país que continúa en la miseria

Mientras crecía la burguesía parasitaria del Estado, fue cayendo por tierra la promesa de que el crecimiento económico, cimentado en los lucros del negocio del petróleo controlado por la Sonangol, contribuiría para un futuro del pueblo, asentado en la modernización de las infraestructuras.

Lo mismo pasa con el capítulo de la Educación, visto que el régimen de Luanda se reveló incapaz de realizar una inversión significativa en el combate a las tasas de analfabetismo y de abandono escolar, que se cifra en un estruendoso porcentaje de 68,71%, si hablamos solamente de la enseñanza primaria.

El país real vive bajo el fardo de una inflación que amenaza con subir tornando el costo de vida en Angola un auténtico infierno, en un país en el que 43,4% de la población vive con cerca de un euro por día. El país real nunca vislumbró ese El Dorado que los medios de comunicación de la burguesía portuguesa pregonaron, tampoco los provechos de las inversiones hechas por el erario público angoleño para intervenir en empresas portuguesas quebradas.

Aún así, el régimen de José Eduardo dos Santos se ha granjeado un amplio apoyo de potencias externas y, en Portugal, la complicidad activa de un arco de silencio que se inicia en los partidos de la derecha, incluye al PS y se extiende al PCP.

Para los muchos millones de angoleños y angoleñas, este período de 15 años desde el fin de la Guerra Civil, más allá de la angustia y de una sensación de tremenda impotencia y frustración, más allá de las dificultades de subsistencia, confirmó una evidencia cristalina: ¡con el MPLA no se llega allá! Para sostener esta afirmación basta atentarse en la opinión de la juventud angoleña que no tienen ningún problema en demarcarse del nepotismo de Estado.

El estudio de la Sensus y las luchas en el país

En un estudio encomendado secretamente por el régimen angoleño a la empresa Sensus (no obstante, hecho público), queda claro que el sentimiento de descreimiento de cara al régimen de Zedú y sus comparsas es generalizado. Cuando cuestionados si “los gobernantes angoleños son corruptos”, 89% de los encuestados responde afirmativamente, 79% no está de acuerdo con la nominación de miembros de las familias de los gobernantes para cargos públicos, como son los casos de Isabel dos Santos como jefa de la Sonangol, y de Zenú (José Filomeno dos Santos) para la dirección del Fondo Soberano. Pero el descrédito del régimen entre los angoleños va más allá y, según el mismo estudio, 83% no cree que haya habido diversificación de la economía en el período entre 2012 y 2017.

Los problemas estructurales, que dejan a la clase trabajadora amputada en su vitalidad, ¡fuerzan a luchar! Como ya hicieron los 16+2, varios activistas encabezan luchas en las provincias, con destaque para la lucha contra el garimpo [terreno donde se explotan minerales preciosos] en la Lunda-Norte, que ha sido blanco de represión asesina por parte de las autoridades.

Este descontento se expresa también en las luchas de los trabajadores angoleños. Ejemplo de eso fue la lucha de los profesores en Luanda contra la bancarrota del sistema educativo, los salarios bajísimos –de aproximadamente 200 euros–, la sobrepoblación en las aulas, que llegan a tener entre 40 y 50 alumnos, así como la no efectivización de los docentes. Estas reivindicaciones encuentran eco en la lucha de los enfermeros contra la falta de pago de retroactivos, una exigencia que se remonta a 2012, y que, hasta el anuncio de huelga, no había recibido ninguna respuesta por parte de las autoridades. Señalemos que, en Angola, los enfermeros son puestos en zonas sin ningún médico. En este contexto, episodios como el brote de fiebre amarilla, que resultó en la muerte de más de 300 personas en 2016, pueden repetirse con consecuencias mucho más graves.

Una oposición que no es alternativa para los trabajadores

Si escribimos arriba que con el MPLA no se llega a ningún lado, es necesario agregar que no alimentamos ilusiones en los partidos de la oposición, incapaces de presentarse a los trabajadores angoleños como alternativa efectiva. Si tomamos como ejemplo el modo como la corrupción ha sido tratada por partidos como la UNITA o la CASACE, revelador de falta de estudio y de indiferencia, estamos llevados a concluir que no hay un verdadero interés en poner coto a este fenómeno. En realidad, estas organizaciones están distantes de una alternativa política sintonizada con los anhelos de los trabajadores y el pueblo angoleño. En el tope de su agenda está la mantención de la sumisión de la economía angoleña a los intereses imperialistas, en estrecha alianza con una clase explotadora local, lo que lleva a los trabajadores y el pueblo a la miseria.

Las elecciones del día 23

Es en este contexto que el pueblo angoleño es llamado a decidir su futuro. O para ser más rigurosos, a validar la elección del sucesor digitado por José Eduardo dos Santos, pues, de hecho, el acto electoral del día 23 fue diseñado para garantizar el cambio en la continuidad. Las denuncias de prácticas fraudulentas se suceden a un ritmo diario, lo que demuestra que la dictadura hasta ahora encabezada por José Eduardo dos Santos no va a escatimar medios para garantizar la mantención del estado a que esto llegó.

Exigimos, por eso, una demarcación de la denominada “comunidad internacional”, cómplice del régimen de Zedú y de otros dictadores africanos, que viven del robo del patrimonio de los Estados. Exigimos que los partidos burgueses se demarquen de forma vehemente del régimen de Luanda y de sus métodos dictatoriales y corruptos.

En Em Luta estamos por el fin de la dictadura de José Eduardo dos Santos y del MPLA. Denunciamos el clima de intimidación en que ocurre esta farsa electoral y sabemos que no habrá elecciones libres en un juego de cartas dadas. Por eso, consideramos que es necesario dar una señal clara de protesta en las elecciones votando nulo, como expresión de repudio al gobierno, el régimen represivo, el fraude electoral, y también la ausencia de una alternativa política para los trabajadores.

Es preciso una salida para los trabajadores y el pueblo angoleño

La salida para la actual situación vendrá no de las elecciones sino de las luchas de los trabajadores y de la juventud contra el actual régimen. Por eso, es preciso construir una alternativa política que dé voz a los trabajadores, a la juventud, a las mujeres, y a las culturas y sensibilidades oprimidas, y que solo puede ser construida a partir de las luchas que ya hoy contestan el régimen de Zedú.

Pero para conseguir libertades y derechos, es necesario ligar la lucha contra la dictadura angoleña a la lucha por librar el país de las potencias imperialistas (que continúan determinando los destinos de Angola) y de los nuevos explotadores y millonarios angoleños que, como buitres, continúan robando y sumiendo en la miseria y la represión a los trabajadores y el pueblo angoleño, quitándoles el derecho a los recursos de un país riquísimo y a una vida digna y libre. Es la lucha por una nueva revolución, que expropie a toda esta burguesía corrupta e instale un gobierno y un régimen verdaderamente de los trabajadores, al servicio de sus intereses. ¡La lucha por libertades y derechos es por eso indisociable de la lucha por una Segunda Independencia en Angola!

Traducción: Natalia Estrada.