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Muchos nunca oyeron hablar o poco saben. Otros no consiguen ni quieren olvidar. Son los sobrevivientes del 27 de mayo  de 1977. En ese día, el gobierno angoleño dirigido por Agostinho Neto, del MPLA, comenzó una masacre en Angola en la cual perdieron la vida miles de personas. La revolución angoleña, iniciada con la caída de la dictadura salazarista en Portugal, se encerró enun baño de sangre.

 

A partir del 25 de abril de 1974, cuando un golpe militar contra la dictadura liderada por Marcelo Caetano, desencadena en Portugal la Revolución de los Claveles[1], se abre en Angola una nueva situación política. La hasta entonces colonia portuguesa comenzará a vivir un levantamiento popular, semejante en muchos aspectos a lo que sucedía en la metrópolis. Ambos tendrán como base la cuestión colonial y la democracia y dará origen a modelos de auto-organización de la población.

Como los portugueses, los trabajadores de Angola, blancos y negros, comienzan a hacer huelgas y manifestaciones para exigir derechos. En la universidad y en las escuelas secundarias, los estudiantes crearon sus órganos de representación e intentan vincular su lucha al conjunto de la población.

En los musseques[2], sus habitantes, casi todos negros, expulsaron a los informantes de la PIDE-DGS[3], encubiertos como “comerciantes”, y organizaron comités para defenderse de las agresiones de la extrema-derecha blanca y garantizar el abastecimiento de artículos de primera necesidad. Se crean las Comisiones Populares de Barrios (CPB).

En los cuarteles, los soldados blancos rechazaban continuar participando en la guerra contra los movimientos de liberación, mientras los soldados negros van a exigir ser ellos la policía de los musseques, para proteger a sus hermanos africanos. La independencia de Angola comienza a ser defendida públicamente por amplios sectores de la población.

Lucha y organización obrera

En las empresas, las luchas se intensifican entre septiembre y noviembre de 1974. Una de las más importantes tuvo como escenario el Puerto de Luanda, donde miles de trabajadores portuarios y ferroviarios, organizaron una victoriosa huelga de seis días por aumentos salariales, reducción de la jornada de trabajo, asistencia médica y expulsión de los delatores de la PIDE. Esa lucha dará origen a la creación de un nuevo sindicato, esta vez independiente del Estado.

Hubo, incluso, la durísima huelga de más de dos meses de los pescadores por más derechos, parcialmente victoriosa. Se reaviva incluso la lucha en la Siderurgia Nacional, en la Industria de Fósforos de Angola y en la textil Textang. Toda esa inmensa movilización obrera será espontánea y dirigida por las Comisiones de Trabajadores independientes, elegidas en asambleas de base. Por primera vez, la joven clase obrera angoleña experimentaba esas nuevas formas de lucha y organización.

Una revolución con elementos de “doble poder”

Estábamos al inicio de un proceso revolucionario, cuyo epicentro fue Luanda, encuadrado en la ya clásica definición “leninista”, de “cuando los de abajo no quieren y los de arriba no pueden”, detonado por una “crisis nacional general” que afectó a explotadores y explotados. En este caso, la Revolución de los Claveles. Los “de abajo” eran la población negra y parte minoritaria de blancos, organizada en sus lugares de trabajo y vivienda, mientras los “de arriba”, durante todo 1974, fueron los representantes de la metrópolis portuguesa, cuyo proyecto[4] en relación a sus colonias africanas se fue alterando de acuerdo a cómo evolucionaba la situación política.

La revolución en Angola tuvo innumerables especificidades pero presentó una  característica más radicalizadas: la aparición, aunque en una fase embrionaria, de organismos de doble poder[5]. Cumplieron ese papel las comisiones de trabajadores y las comisiones populares de barrio, en un movimiento denominado por todos los intervinientes como Poder Popular.

La Batalla de Luanda

La llegada de los tres movimientos de liberación -Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA), Frente Nacional de Liberación de Angola (FNLA) y Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA)- a Luanda, en noviembre de 1974, después de haberse firmados los acuerdos de paz con el gobierno portugués, no tomó de inmediato el Poder Popular. Por el contrario, este demostró su fuerza durante la llamada Batalla de Luanda, enfrentamiento armado entre el MPLA y la UNITA, ocurrido entre marzo y agosto de 1975.

En tanto, estaba formalmente en funciones el Gobierno de Transición[6], las organizaciones lideradas por  Agostinho Neto y Holden Roberto se enfrentaron casi diariamente, en escaramuzas mortíferas que tuvieron por escenario la periferia de Luanda, más precisamente los musseques.

Sus habitantes no vacilaron en asumir posición al lado del MPLA. Además de eso, tuvieron un papel de vanguardia durante los seis meses de conflicto, bajo la dirección de las comisiones de auto-defensa de las CPB. Será el Poder Popular (que incluiría a los militantes de las varias tendencias políticas al interior del MPLA, la población de los musseques, bajo la dirección de las comisiones de auto-defensa, que los trabajadores organizados en las comisiones de trabajadores y la vanguardia estudiantil, integrada en el MPLA) que irá a asegurar la victoria de las Fuerzas Armadas Populares de Liberación de Angola (FAPLA), el ejército del MPLA, en la Batalla de Luanda.   

El marco del Poder Popular

Después de la expulsión de las fuerzas del FNLA y de UNITA de la capital angoleña, la guerra entre los movimientos de liberación proseguiría al interior del país. En Luanda, sin embargo, otro tipo de guerra tendría inicio, la guerra por el marco del Poder Popular. Esto es, por su control político por parte del nuevo gobierno formado en el país, con la exclusiva participación del MPLA.

El MPLA era el típico partido-ejército descrito por Nahuel Moreno: un partido guerrillero, centralizado y burocratizado, de inspiración “estalinista”, en elcual no había lugar para la democracia interna[7]. Al tomar el poder, intentó extender ese mismo método de funcionamiento al aparato del Estado y a la sociedad. La convivencia, por lo tanto, con un poder paralelo, espontáneo e irreverente como el Poder Popular de Luanda, cuyo control era compartido por varias organizaciones de izquierda, además de grupos y personas independientes, le era totalmente insoportable.

La domesticación del Poder Popular fue facilitada por la situación caótica en que estaba Luanda, luego de la batalla[8]. Al lado de la destrucción material de la ciudad,  de sus instalaciones físicas y de las redes de abastecimiento, transporte y salud, y  de las secuelas provocadas por la pérdida de vidas, existía el problema de la disminución de la población. No sólo los colonos, que proseguían el imparable éxodo a Portugal[9] sino  también miles de africanos huyendo de la guerra.

Es, justamente en ese escenario que comienza la lucha sorda entre los que pretendían un Poder Popular independiente del aparato del MPLA y del gobierno y los que intentaban controlarlo a partir del MPLA. Entre los primeros, estuvieron varias tendencias de izquierda que participaban del MPLA, como los Comités Amílcar Cabral (CAC), la Organización Comunista Angoleña (OCA) y la Revuelta Activa; los segundos eran lideraba Nito Alves, miembro del Buró Político del MPLA y antiguo guerrillero de la 1ª Región Militar de ese movimiento.

La primera ola de represión

 

Varios periódicos son cerrados y comienzan las primeras detenciones. La coronación de esa trayectoria de marco del Poder Popular, como una instancia del Estado comandada por el MPLA, es obtenida el 5 de febrero de 1976 con la promulgación de la Ley del Poder Popular. La ley definía, en su 1º artículo, que los órganos de poder popular “son aquellos a través de los cuales, las masas populares, bajo la orientación y control de su vanguardia revolucionaria, el MPLA, ejercen el poder político”.

 La otra cara de la política de cercenamiento de la libertad de expresión y organización tuvo como objetivo las Comisiones de Trabajadores en las empresas. La nueva consigna del gobierno (“Producir para resistir”) no podía admitir organismos de base independientes y siempre prontos a estimular las huelgas en pro de derechos. Paralizar el trabajo pasó a ser un crimen, punible con hasta un año de prisión, y las  comisiones y sindicatos que no lo denunciasen serían acusados de complicidad.

 Se realiza una campaña en todos los medios de comunicación controlados por el gobierno para estimular a los trabajadores a producir. Las comisiones de trabajadores son transformadas en órganos de vigilancia, cuya finalidad era disciplinar la producción, perdiendo su independencia y poder de decisión, y son incorporadas a la Unión Nacional de los Trabajadores Angoleños (UNTA), la central sindical del MPLA. Hubo resistencia por parte de los trabajadores a esa alteración pero, a finales de 1976, no había más Comisiones de Trabajadores.

La segunda ola contrarrevolucionaria

 Pero el núcleo dirigente del MPLA no se contentó con perseguir a los organismos independientes de los trabajadores en los barrios y en las empresas, y como a los grupos de izquierda y tendencias internas del propio MPLA. A partir del 27 de mayo de 1977, en respuesta a una supuesta tentativa de golpe de estado  dirigida por Nito Alves y José Van-Dúnem, días antes excluidos del Comité Central del MPLA, acusados de “fraccionalismo”, hubo una verdadera masacre en Luanda[10].

 El gobierno de Agostinho Neto, con el auxilio de las tropas cubanas estacionadas en el país, habría sido el responsable por la muerte de entre 15 a 80.000 muertos[11]. Las víctimas iban desde habitantes de los musseques hasta militantes y dirigentes del MPLA, entre las cuales estaba el propio Nito Alves.

Algunas conclusiones

 El núcleo dirigente del MPLA (constituido por Agostinho Neto y su entorno, como Lucio Lara) no podía convivir con una especie de “doble poder” interno; es decir, con el sector del partido liderado por Nito Alves. En ese contexto que debe comprenderse el 27 de Mayo de 1977, cuando el “Termidor”[12] angoleño obtuvo su resultado.

 El “Termidor” angoleño, así como el soviético, significó la “victoria de la burocracia sobre las masas” (Trotsky). También, como en el caso soviético, la reacción del régimen de Agostinho Neto contra cualquier poder paralelo tuvo dos momentos: en el primero, un sector del aparato del MPLA fue utilizado como ariete contra el movimiento popular independiente; en el segundo, este propio sector fue sacrificado. Nito Alves, con su discurso atacando mestizos, pequeño-burgueses y la corrupción dentro del aparato de Estado, conquistará popularidad en los musseques. Es eso el poder angoleño inestable que el MPLA, amenazado por la guerra contra la UNITA y África del Sur y deseoso de usufructuar de los privilegios de los vencedores, no podía soportar.

 La victoria de la burocracia sobre las masas cobra su precio hasta hoy. Casi el 70% de la población de Angola vive con menos de 2 dólares por día sin conseguir comprar una canasta básica, que cuesta 50 dólares por semana. En cuanto a su burguesía y gobernantes, se apoderan de la riqueza generada por el petróleo, bajo las bendiciones de un gobierno despótico y corrupto.

 Traducción Laura Sánchez


[1]      Nombre por el cual fue conocida la revolución que derrocó a la dictadura del Estado Nuevo en Portugal, instauró la democracia y llegó a cuestionar las bases del sistema capitalista en el país.

[2]      Favelas con barracas construidas de arena donde vivían 400.000 africanos, en su mayoría trabajadores no especializados, con salarios de miseria y empleadas domésticas.

[3]      La Policía Internacional de Defensa del Estado – Dirección General de Seguridad (PIDE-DGS) fue la policía política del Estado Nuevo en Portugal y en sus colonias.

[4]      Había varios proyectos, desde el defendido por el general y presidente de los dos primeros gobiernos provisionales del pos 25 de abril, Antonio de Spínola, de mantener el dominio portugués con otras ropas; hasta lo que acabó por ser puesto en práctica: una transición hacia la independencia.

[5]      Según Trotsky, “el régimen de doble poder sólo surge en un conflicto irreductible de clases, sólo es posible, consecuentemente, en una época revolucionaria y constituye uno de sus elementos esenciales”.

[6]      El Acuerdo de Alvor, firmado el 15 de enero de 1975 por el MPLA, el FNLA, la UNITA y el gobierno portugués, determinó que, hasta la independencia, señalada para el 11 de noviembre de aquel mismo año, un Gobierno de Transición, compuesto por esos tres movimientos y un alto comisionado para representar a Portugal, gobernaría Angola. Al fin de cuentas, el único ítem cumplido del Acuerdo de Alvor sería la fecha de la independencia.

[7]      A pesar de haber negado, inicialmente, su vinculación a la entonces Unión Soviética y a las tesis de Stalin, Agostinho Neto perteneció al Partido Comunista Portugués, y al MPLA, y sus cuadros recibieron auxilio material y formación de aquel país.

[8]      La Revista de Angola (Nº 27, 15/8/1975) traza un cuadro dramático de la situación vivida en la capital: filas para comprar pan y ausencia de casi todos los productos de primera necesidad, calles sucias, amenaza de epidemias y servicios públicos paralizados por falta de personal.

[9]      En 1981, el Instituto Nacional de Estadística (INE) portugués concluyó que, de los cerca de medio millón de portugueses que emigraron de las ex-colonias portuguesas en África a Portugal, después del 25 de abril, el 61% eran oriundos de Angola, en su mayoría de nacionalidad portuguesa.

[10]     Las investigaciones sobre este acontecimiento fueron relatadas por varias obras, entre las cuales está Purga en Angola – Nito Alves, Sita Valles, Zé Van Dunem, el 27 de mayo de 1977, de Dalila Cabrita Mateus y Alvaro Mateus, y En nombre del pueblo – La masacre que Angola silenció de Lara Pawson.

[11]     «El MPLA siempre trató a los disidentes de la peor forma» – 27 de mayo de 1977, en Angola, 2ª parte de la entrevista con Dalila Mateus», Deutsche Welle (DW), visto el 10/10/2014, en: http://www.dw.de/o-mpla-sempre-tratou-os-dissidentes-da-pior-forma-27-de-maio-de-1977-em-angola-2%C2%AA-parte-da-entrevista-com-dalila-mateus/a-15924229.

[12]     Término utilizado por Trotsky en una analogía con el “Termidor” francés, cuando Robespierre y otros dirigentes jacobinos son derrocados. Explica el golpe de la burocracia estalinista sobre las masas y el Partido Bolchevique, para controlar el poder soviético.