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En su reportaje “Em Angola, a Odebrecht no espelho” [“En Angola, la Odebrecht en el espejo”], las periodistas de la Agencia Pública, Eliza Capai y Natalia Viana (http://apublica.org/2016/02/em-angola-a-oderbrecht-no-espelho/) cuentan cómo “la contratista brasileña se tornó sustento del régimen autoritario de José Eduardo dos Santos”. El 15 de octubre último, el periodista angoleño Rafael Marques de Morais (http://www.makaangola.org/) participó de una entrevista pública en Rio de Janeiro, convidado por la misma agencia, donde reforzó la denuncia de la participación de la contratista brasileña en negocios corruptos con el régimen del MPLA. Una participación iniciada en los últimos años de la dictadura militar [brasileña] y reforzada en los gobiernos del PT, con el patrocinio del BNDES.

Por: Cristina Ribeiro

Es muy posible que una parte importante de personas relativamente distraídas de lo que pasa en el mundo considere el régimen angoleño por lo menos progresista. Gobernada por el mítico MPLA [Movimiento Para la Liberación de Angola] desde su independencia de Portugal en noviembre de 1975, Angola engendró uno de los principales personajes de las guerras de liberación colonial en el África –Agostinho Neto–, el primer presidente de ese país. Apoyado por la ex URSS y por Cuba –así como todos los movimientos de liberación de las ex colonias portuguesas–, el MPLA se reivindicaba marxista leninista, y sus líderes se trataban de “camaradas”. Pura escenificación. Este régimen se reveló, desde el inicio, corrupto y complaciente con los privilegios de los dirigentes. La Odebrecht, al actuar en Angola desde 1984, tuvo un papel importante en la consolidación del aparato del MPLA y en la transformación de sus dirigentes políticos en empresarios casi exclusivos de un país miserable.

Como recordó el periodista, la relación entre la Odebrecht y José Eduardo dos Santos, presidente de Angola hace 37 años, comenzó aún durante la dictadura militar.

Una vieja complicidad

El historiador Pedro Campos, en Estranhas catedrais – as empreiteiras brasileiras e a ditadura civil-militar [“Extrañas catedrales – las contratistas brasileñas y la dictadura cívico-militar”], cuenta cómo los generales Ernesto Geisel y João Batista Figueredo apoyaron a la Odebrecht en su abertura de negocios en Angola. La empresa había conquistado la confianza de los generales durante la construcción de las usinas nucleares de Angra dos Reis, en la década de 1970. Fue la dictadura que liberó la financiación de la hidroeléctrica de Capanda, un emprendimiento mencionado en el comunicado conjunto brasileño-angoleño de enero de 1989, durante la visita del entonces presidente José Sarney a Angola. En ese mismo comunicado, los dos presidentes, Sarney y José Eduardo dos Santos, “se felicitaron por los resultados positivos alcanzados por las delegaciones del Brasil y de Angola durante las conversaciones habidas en 1988, referentes a la concesión de nuevas líneas de crédito del Banco do Brasil para el Banco Nacional de Angola (BNA)”.

“Brasil fue el primer país en reconocer la independencia de Angola e, independientemente del gobierno en el poder en el Brasil, esa relación con Angola siempre fue privilegiada y extremadamente corrupta. Es anterior a Lula”, dijo Rafael Marques. “Ocurre que en el período de Lula” –continuó– “hubo un boom económico en el Brasil, y de explotación y aumento de los precios del petróleo, y lo mismo ocurrió en Angola. Y fue esto que potenció los casos de corrupción, porque pasó a haber más dinero, más líneas de crédito del [Banco do] Brasil para las constructoras brasileñas”.

De acuerdo con el periodista, 76% de esas líneas de crédito fueron para obras hechas por la Odebrecht en Angola, en su mayor parte, represas. Represas estas que consumieron millones de dólares de los cofres del Estado angoleño, pero no consiguieron proveer electricidad a la mayoría de la población. Aún hoy, apenas 30% dispone de energía eléctrica.

Además de ineficientes, esas obras estuvieron envueltas en misterio. Las líneas de crédito que favorecieron a la Odebrecht en Angola –pero también en Cuba– se mantuvieron en una relativa opacidad durante un largo período, porque el gobierno brasileño prohibió su divulgación. En agosto de 2013, el entonces presidente del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), Luciano Coutinho, confirmó en audiencia en el Senado, que los financiamientos concedidos por el país a Angola y Cuba habrían sido clasificados como secretos en razón de un acuerdo hecho entre el Brasil y los dos países. En 2015, Marcelo Odebrecht, dijo al diario O Globo (15/6) que no habría nada de ilegal o inmoral en los préstamos de U$S 8.000 millones que el BNDES concediera a su empresa entre 2007 y 2014. Solo en 2015 el BNDES resolvió divulgar los datos de sus operaciones.

“¿Por qué se intentó tornar opacas esas operaciones?”, se preguntó Rafael Marques. “Brasil es un país que tiene una democracia, ¿por qué sancionaría un decreto para impedir que los periodistas, los ciudadanos, tuviesen acceso a esa información? Y hoy, cuando miramos para los fondos que se gastaron y cómo ellos fueron utilizados en obras en Angola, vemos cómo muchos de esos fondos acabaron en los bolsillos de los dirigentes angoleños y de sus socios brasileños”.

El pulpo brasileño

“¿Será que la Odebrecht es un brazo político del Brasil en Angola?”, preguntó uno de los presentes en la entrevista en la Agencia Pública. “¿O la política brasileña es un brazo de la Odebrecht?”, respondió, con otra pregunta, el periodista angoleño. Después de construir la hidroeléctrica de Capanda, la Odebrecht obtuvo las principales obras estratégicas del Estado angoleño, su segundo mayor cliente después del Brasil, tornándose la mayor empleadora privada del país, con 12.000 empleados. “Todos los años hay una noticia en los medios estatales sobre un encuentro entre el presidente angoleño y el presidente de la Odebrecht. No hay otra empresa, otra multinacional que tenga ese acceso privilegiado al presidente angoleño”.

“Si miramos los más de 30 años de la Odebrecht en Angola, hay una cuestión que salta a la vista: ¿cuántos angoleños formó la Odebrecht? No conozco a ningún angoleño que haya llegado a jefe de departamento de la Odebrecht. Es una empresa que tiene también una política bastante segregacionista, sobre todo en el África. Cuando la Odebrecht se vaya de Angola, ¿cuáles son las obras que dejará?”, cuestionó. En un país en el que 36% de la población vive por debajo de la línea de pobreza, ella construyó propiedades de lujo donde departamentos de tres o cuatro ambientes llegan a costar U$S 3 millones. Mientras en esos predios las calles son asfaltadas, en buena parte de Luanda ni siquiera hay calzadas o veredas para que las personas circulen con seguridad.

Además de hidroeléctricas y edificios, la Odebrecht construyó las principales carreteras de Luanda, y el precario sistema de saneamiento y distribución de agua de la capital; posee una red de supermercados y es una de las dueñas de la mayor operación diamantífera angoleña. Hasta el azúcar fabricado en el país cuenta con su participación, así como los barredores de calles del barrio de la Maianga, en el centro de Luanda, visten uniformes naranjas con su logotipo. La empresa integra, todavía, la Asamblea General y el Consejo Fiscal de la Fundación Eduardo dos Santos, la mayor Organización No Gubernamental (ONG) de Angola.

¿Una cuestión de coraje?

Por cuestionar el régimen angoleño y sus empresas de elección, como la Odebrecht, la vida del periodista Rafael Marques no ha sido fácil. En 1999 fue acusado de difamar al presidente del MPLA y de Angola, en el artículo “O batom da ditadura” [”El lápiz labial de la dictadura”], en el que responsabiliza a José Eduardo dos Santos por la “promoción de la incompetencia, del peculado y de la corrupción como valores sociales y políticos”. El periodista fue condenado a seis meses de prisión y al pago de una multa. El año pasado, nueva acusación, esta vez de calumnia, hecha por siete generales, entre ellos el ministro de Estado y el jefe de la Casa Militar del presidente, Hélder Vieira Dias Kopelipa. El móvil de la supuesta “calumnia” fue el libro Diamantes de sangue: tortura e corrupção em Angola [“Diamantes de sangre: tortura y corrupción en Angola”], publicado en Portugal en 2011 (es posible bajar el libro gratis en el site de la editorial Tinta-da-China: http://www.tintadachina.pt/pdfs/626c1154352f7b4f96324bf928831b86-inside.pdf), en el cual relata violaciones de derechos humanos cometidas por generales del Ejército y varias empresas en las minas de diamantes de Angola.

“Parte de mi trabajo ha sido contra el miedo”, dijo en la entrevista de la Agencia Pública. “Comprendí que cuánto más miedo tuviese más contribuiría para el autoritarismo en mi país, más contribuiría para que todo permaneciese igual. Tenemos un partido en el poder hace 40 años, y un presidente hace 37. Es preciso luchar contra el estatus quo. No es una cuestión de coraje, yo también tengo miedo. Es una cuestión de afirmación de la ciudadanía”.

Derechos humanos

Ciudadanía que la Odebrecht y el régimen no confieren al pueblo angoleño. En dos informes hechos por Rafael Marques sobre la presencia de la multinacional brasileña en el sector diamantífero fue revelado que los guardias de seguridad de la empresa llegaban al punto de torturar a miembros de la comunidad local con el objetivo de imponer sus normas, entre ellas la que prohibía a los ciudadanos utilizar el agua del río existente en las proximidades.

En otro reportaje, esta vez sobre la principal morgue de Luanda, el periodista denunció la precariedad y la humillación a que son sometidos los familiares de los muertos. “Cada familia tiene que llevar su bidón de agua para lavar a su muerto al aire libre”. Irónicamente, la morgue está al lado de la nueva sede de la Asamblea Nacional que costó 350 millones de dólares a las arcas públicas.

“La población vive una situación de terror. Hice un trabajo hace pocas semanas en una zona de Luanda, en la periferia, donde en los últimos cinco meses la policía fusiló a más de 100 jóvenes, todos con un tiro en la cabeza, en pleno día, junto a un campo de fútbol con jóvenes jugando a la pelota y niños saliendo de la escuela”, contó. “Pero cuando denunciamos esos casos, somos acusados de estar al servicio de imperialismo, al servicio de fuerzas externas que detestan el país, que no quieren ver el desarrollo de Angola”.

El año pasado, fue bastante divulgado el proceso movido por el gobierno angoleño contra 17 activistas, conocidos como “revús” –abreviatura de “revolucionarios”–, condenados a penas de prisión de hasta ocho años y seis meses por, supuestamente, haber participado de “actos preparatorios de rebelión”. Entre los 17 estaba Laurinda Gouveia, estudiante de Filosofía y vendedora de churrasco [carne asada], que en 2014 fue presa por participar de manifestaciones y torturada por seis comandantes de la policía y del Servicio de Inteligencia y Seguridad del Estado. La represión a los jóvenes dio origen a un movimiento internacional de solidaridad, intensificado durante las huelgas de hambre realizadas por ellos. Para intentar disminuir la presión, el gobierno hizo aprobar en el parlamento, a las apuradas, una ley de amnistía que beneficiase a los activistas. “No se amnistían inocentes”, dijo Mbanza Hamza, uno de los activistas.

Partidos predadores

Uno de los participantes de la entrevista pública preguntó a Rafael Marques si en Angola había habido socialismo. El periodista fue categórico: “Durante muchos años las izquierdas, ya sea en el Brasil o en Angola, tuvieron una gran complacencia y encubrimiento de esos dos partidos [Frelimo, de Mozambique, y MPLA, de Angola] que lo largo de los años se transformaron en partidos predadores, sin ninguna ideología, excepto aquella del acceso a las riquezas para enriquecimiento exclusivo de sus dirigentes”. Con el desmoronamiento de los regímenes dichos socialistas en la ex URSS y en el Este europeo, el MPLA no dudó en desembarazarse de su ropaje de izquierda y adherir sin subterfugios a los juegos del mercado.

En discurso oficial en 2013, José Eduardo dos Santos dijo: “La acumulación primitiva del capital en los países occidentales ocurrió hace centenas de años y en esa altura sus reglas de juego eran otras. La acumulación primitiva de capital que tiene lugar hoy en el África debe ser adecuada a nuestra realidad”. No podría ser más claro: la acumulación primitiva significa transformar a la familia “Santos” y a la elite del MPLA en una burguesía sin competencia. Isabel dos Santos, la hija del presidente angoleño, es la mujer más rica del África, según la revista Forbes, con una fortuna evaluada en más de 3.000 millones de dólares. En junio pasado fue nombrada presidente del Consejo de Administración de la Sonangol, la petrolífera nacional, y también responsable por el plan de desarrollo de la ciudad capital. “En 2012” –contó Rafael Marques–“pasé nueve meses investigando la forma cómo ella se tornó multimillonaria, y fue una investigación simple: fui a buscar los decretos presidenciales que garantizaban la participación de la hija en varios negocios que involucraban al Estado angoleño. Por ejemplo, un día salió la noticia sobre la adquisición de 40% de las acciones de una cementera por el Estado angoleño; dos días después descubrí que esas acciones habían sido transferidas para la hija del presidente”.

Casi en el final del evento, alguien preguntó a Rafael Marques cómo él preveía que serían las nuevas relaciones que se establecerían entre Angola y el gobierno Michel Temer, y si él no temía un alejamiento entre los dos países. La respuesta: “Yo pienso que esas relaciones [con el gobierno Temer] acaban afectadas, pero afectadas porque no hay dinero, porque Angola en este momento está viviendo una crisis económica. Sobre Lula, él hizo mucho, pero eso no se tradujo en un intercambio entre las sociedades brasileña y angoleña. Esa relación fue más potenciada a nivel de los negocios, y negocios más en la construcción civil y en el área de servicios que propiamente en la industrialización. Es una relación que benefició más al PT que a los angoleños”.

En el segundo exportador de petróleo del África, la gran mayoría de las personas continúa viviendo con menos de 2 dólares por día y uno de cada seis niños muere antes de cumplir los cinco años.

¿Qué ocurrió con el MPLA y su proyecto de acabar con la explotación y la opresión en Angola? Este es un tema a ser desarrollado en futuros artículos.

Traducción: Natalia Estrada.