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“La humanidad tiene que ser juzgada por ese crimen, por ponernos como objetos en un estante. Sufrimos mucho. Es la tierra de nuestros abuelos, nuestros padres murieron con un gran vacío. ¿Quién va a devolver el orgullo vacío de nuestros padres? Mi tierra, mi tierra… si me dieran todo el mundo, no acepto, solo mi tierra… Palestina es un nombre y un cuerpo, una cosa amable que jamás se olvida. Palestina es diferente, si yo uso el mismo horno en otro lugar, el gusto es diferente. Todo en Palestina es lindo”. La intervención de Tawfiq Abder Rahim revela la rebelión con la injusticia cometida contra su pueblo, la identidad y la nostalgia en relación con la tierra de donde fue arrancado hace 71 años.

Por: Soraya Misleh

Él es uno de los sobrevivientes de la Nakba –término árabe que designa la catástrofe palestina representada por la creación del Estado de Israel el 15 de mayo de 1948. Vivía antes en la pequeña Qaqun, una de las cerca de 500 aldeas destruidas aquel año. Al lado de su familia, compone los 800.000 palestinos expulsados de sus tierras en el período –80% de los habitantes nativos en la época–, en función de la limpieza étnica planeada para la realización del proyecto sionista (de formación de un Estado homogéneo, exclusivamente judío). La sociedad fue enteramente fragmentada y tuvo inicio la cuestión de los refugiados palestinos, la más larga de la era contemporánea. Hoy, esos suman alrededor de cinco millones solamente en el mundo árabe.

Abder Rahim vive en uno de ellos –Baqaa, en Amman, Jordania–. El sentimiento expresado en sus palabras es común entre los refugiados. Un lugar de donde fueron arrancados, pero en el que quedaron sus raíces. Sentimiento que es pasado de generación en generación. En 1948, el proyecto sionista de creación de un Estado homogéneo exclusivamente judío en tierras palestinas no podía prever eso. “Los viejos morirán, los jóvenes olvidarán”, afirmó el primer ministro de Israel aquel año, uno los arquitectos de la limpieza étnica del pueblo palestino, David Ben Gurión. La resistencia palestina ha demostrado que él estaba equivocado.

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Resistencia que se da en un cotidiano marcado por el destierro y la ocupación, traducida en el acto de permanecer en la tierra o de negarse a olvidar y ser borrado de la historia. Resistencia en la afirmación de un niño que nace en campo de refugiados y sabe exactamente cuál es su lugar y su origen. “Es nuestra tierra, volveremos”, dice. Resistencia de las piedras contra los tanques, que han dado la vida por la libertad colectiva.

Es lo que se ve hoy en las calles de Palestina. Si por un lado Israel profundizó en estos 71 años la colonización y el apartheid, por otro, la juventud se levanta y desafía la ocupación. Hija de los tristemente célebres acuerdos de Oslo, firmados en 1993 entre la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) e Israel –que crearon la Autoridad Nacional Palestina (ANP) como gerente de la ocupación, incluso con acuerdos de cooperación de seguridad con Israel–, esa juventud se pone también contra sus dirigentes tradicionales.

Este 15 de mayo, de la resistencia en Palestina, en los campos, en la diáspora, y la solidaridad internacional, los 71 años de la Nakba son recordados en protestas que denuncian su continuidad y repudian la propuesta de “acuerdo del siglo” de Trump, una tentativa más de liquidar una causa cuya marca genuina es no doblarse jamás. A las amenazas de nuevas masacres y/o hambre de toda la población bajo ocupación caso los dirigentes palestinos no firmen esa sentencia de muerte, nuestra respuesta viene en los versos del poeta revolucionario Tawfiq Ziyad: “Cuando tengamos sed, exprimiremos las piedras. Y comeremos tierra cuando estemos hambrientos. Pero no nos iremos. Y no seremos avarientos con nuestra sangre. Aquí tenemos un pasado y un presente. Aquí está nuestro futuro”.

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A 71 años de la Nakba, nuestro homenaje a la resistencia heroica. Nuestro compromiso de hacernos eco permanentemente de sus acciones y voces, que desafían el proyecto sionista y claman por solidaridad internacional, levantando la bandera del BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones) a Israel. Voces que no silencian y luchan para un día entonar la canción de la libertad en tierras palestinas.

Traducción: Natalia Estrada.