Compartir

Si el Partido Bolchevique no hubiese existido o hubiese apoyado al gobierno provisorio, la Revolución Rusa no hubiese existido

Por: Nazareno Godeiro

A inicios del siglo XX había dos tipos de partidos obreros en Europa, el Partido Socialdemócrata Alemán y el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR). El partido ruso tenía, en su interior, dos fracciones: los mencheviques y los bolcheviques. Con el pasar de los años, en la práctica, los dos grupos actuaban como dos partidos independientes.

Con respecto al PSD alemán tenía su acción enfocada en las elecciones y el parlamento, los bolcheviques priorizaban la movilización revolucionaria. El PSD, montado sobre el gran crecimiento económico de Alemania, llegó a tener 50% de los votos en los centros urbanos y a elegir 110 diputados para el Congreso Nacional del país. Tenía un millón de afiliados, 43 diarios, escuelas y universidades.

Todo eso generó una ilusión sobre que el capitalismo podía mejorar la vida del pueblo. Se creía en que era posible llegar pacíficamente al socialismo, conquistando la mayoría del Congreso en las elecciones. Por eso, el PSD abandonó la idea de la revolución.

En Rusia, por el contrario, reinaba una feroz dictadura del zar. No había elecciones regulares ni sindicatos. Cualquier acción política conducía a la prisión, al exilio o a la muerte. Eso generó la construcción de un partido combativo, revolucionario, dispuesto a derrumbar la monarquía por medio de la acción de los trabajadores. No tenía un millón de afiliados, pero sí unos millares de militantes que daban la vida por la revolución.

El inicio de la Primera Guerra Mundial estranguló al PSD alemán que, en lugar de llamar a la unidad de la clase trabajadora contra la guerra y los gobiernos de Europa, defendió el conflicto que victimó, sobre todo, a los trabajadores en los campos de batalla. Ya el Partido Bolchevique, que siempre fue contra la guerra, vio ahí la oportunidad de hacer una revolución.

Pocos años después, el PSD montó un gobierno y salvó el capitalismo alemán, mientras que el Partido Bolchevique confiscaba la riqueza de la burguesía y entregaba el poder a la clase obrera.

La actualidad del pensamiento de Lenin

Lea también  Se lanza en Asunción el libro “La Guerra contra la Triple Alianza en debate”, de Ronald León Núñez

Pasados 100 años de la Revolución Rusa, el sistema capitalista no tiene más nada que ofrecer a la humanidad. Está llevando al mundo en el camino de la barbarie para enriquecer a un puñado de parásitos. Cada cinco segundos una persona muere de hambre.

Esa brutal explotación de la clase trabajadora mundial va generar revueltas en los cinco continentes. El partido revolucionario es más necesario que nunca. Sin él, todas las revoluciones serán derrotadas. Por eso, es importante estudiar cómo se construyó ese partido y cuáles eran sus características.

El principal teórico del partido revolucionario fue Lenin, líder de los bolcheviques. Sus enseñanzas son importantes hoy día. Por eso, veremos algunos principios organizativos del partido leninista.

  1. Organización para la revolución:

Para Lenin, el partido existía en función de la proximidad de la revolución. Era un partido que se preparaba durante los periodos de paz, o sea, de relativa estabilidad social, para la guerra entre las clases sociales. Era una organización que luchaba por la revolución socialista nacional e internacional. Una organización disciplinada para tomar el poder por la vía de una insurrección armada, pues la burguesía jamás entregaría el poder a los trabajadores. También era un partido donde no se mezclaban revolucionarios y reformistas.

  1. Presente en la lucha de clases

Era un partido diferente de todos los partidos existentes, ya que su actividad principal no era la participación en elecciones, aunque participase de ellas para divulgar su programa. Su prioridad era la lucha de clases, o sea, la lucha de los trabajadores contra sus patrones. El partido leninista estaba presente en todas las luchas de la clase obrera y del pueblo explotado y oprimido.

La tarea principal de un partido de tipo leninista es elevar la conciencia de clase del proletariado sobre la necesidad de la revolución y el fin del capitalismo. Participaba de las luchas de resistencia de la clase trabajadora para fortalecer la transformación revolucionaria de la sociedad.

  1. Democracia y disciplina

El partido revolucionario está formado por militantes participativos. La formación de ese partido combativo se basaba en militantes activos, que dedicaban parte importante de sus vidas a la construcción del partido. Los militantes se educaban participando de las organizaciones partidarias y de la lucha de clases, defendiendo la orientación del partido, perteneciendo a un núcleo, reuniéndose regularmente, contribuyendo financieramente y divulgando la prensa partidaria.

Lea también  Se viene el 4° Congreso de la CSP-Conlutas

El partido revolucionario debe tener una amplia democracia para debatir todas sus diferentes visiones sobre la realidad, así como lo hicieron los bolcheviques en 1917, que discutían sus innumerables polémicas sobre los rumbos de la revolución. Después de eso, una vez votada la posición del partido, todos los militantes aplicaban la misma política, hasta los que defendían las posiciones derrotadas, teniendo una férrea centralización y disciplina.

Por tanto, la democracia en el partido debe ser vista siempre, en primer lugar, en función del colectivo, del partido, y no del individuo. Eso no es desvalorizar la libertad de los individuos, sino comprender que, en esta sociedad, el máximo de libertades que un individuo consciente puede alcanzar es asociarse libremente a un colectivo revolucionario para transformar la sociedad.

Esa unidad se apoya en una amplia democracia interna, en que todos los miembros del partido, en sus organismos, participan activamente de los debates y decisiones internas. Fue así que los bolcheviques consiguieron conquistar la clase obrera en toda Rusia para que ella, con sus aliados soldados y campesinos, tomara el poder.

  1. La clase obrera es internacional

El partido de Lenin hacía parte de la Internacional Comunista. La clase obrera es internacional por su propia naturaleza. Un partido nacional solo puede cumplir un papel revolucionario en su país si aprende con la experiencia de otros países.

El verdadero internacionalismo no es solo solidaridad internacional, sino también disposición de colocar toda su fuerza al servicio de la construcción de la Internacional.

El partido revolucionario es obrero por su ideología, por desarrollar su actividad principal entre obreros industriales, por sus militantes y sus dirigentes. Se construye con prioridad en la clase obrera industrial. También debe organizarse en los sectores más explotados y oprimidos del proletariado, como jóvenes obreros, negros, mujeres, entre otros, pues ellos no tienen nada que perder con el derrumbe del capitalismo.

  1. Defenderse de la represión
Lea también  Alteración en la legislación desmonta normas de salud y seguridad en el trabajo

El Partido Bolchevique estaba preparado para actuar y sobrevivir en la clandestinidad. Sabía que la democracia burguesa es una farsa, y que la represión contra activistas, la prisión de dirigentes y luchadores, el cierre de periódicos, son recursos que los capitalistas usan para derrotar a los trabajadores. Por eso, el partido tenía una política para preservarse de la acción represiva de la burguesía. Al mismo tiempo, realizaba un trabajo político entre soldados y militares para ganarlos para la revolución.

El mayor acierto de Lenin y de los bolcheviques fue comprender que solo la movilización de los trabajadores no era suficiente para vencer. Para vencer es imprescindible la existencia de un partido revolucionario. Sin partido y sin organismos de poder obrero, como fueron los sóviets, la clase obrera no avanza hasta el derrumbe de la burguesía. Eso se demostró recientemente en las revoluciones que ocurrieron en Argentina (2001), Ecuador (2000), Bolivia (2003) y en Venezuela, todas desviadas por la vía de las elecciones burguesas y por la esperanza en falsos gobiernos supuestamente de izquierda, como Cristina Kirchner (Argentina), Hugo Chávez (Venezuela), Evo Morales (Bolivia), Rafael Correa (Ecuador), Mujica (Uruguay) y Lula (Brasil).

Traducción: Cristian González