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Las mujeres en el partido bolchevique y la actualidad de las resoluciones de la Tercera Internacional

Por: Laura Sguazzabia

A pesar de las costumbres milenarias que ubicaron a la mujer en la pasividad y la obediencia, en Rusia el aporte del proletariado femenino a la revolución ha sido fuerte y determinante; esta activa participación se ha manifestado no solamente en papeles subalternos, sino sobre todo en el papel dirigente de muchas mujeres, como consecuencia de la inversión que el partido bolchevique hizo en términos de formación y propaganda entre las masas proletarias femeninas.

El partido bolchevique y la organización de las mujeres

Según la idea bolchevique, el trabajo por la emancipación femenina interesa a todo el partido ya que el tema de la opresión femenina no puede ser separado de la lucha más amplia por el socialismo, pero toca a las mujeres desarrollar el papel principal, de organizar, en sintonía con la vanguardia comunista del proletariado, las condiciones de la propia liberación: “Nosotros decimos que la emancipación de los obreras tiene que ser obra de las obreras mismas (…) Y a nosotros compete volver la política accesible a cada trabajadora” (Lenin, 1919), vale decir, devolverla a las trabajadoras, no solo a las trabajadoras miembros del partido sino también “a aquellas sin partido y menos conscientes”, protagonistas de la vida social y la política nueva.

Ya durante los hechos revolucionarios de 1905, numerosas mujeres bolcheviques comenzaron un trabajo en el movimiento femenino ruso, dejando al descubierto la discriminación de clase respecto del feminismo burgués. Del mismo modo, desde hacía tiempo la prensa del partido bolchevique dedicaba un espacio, siempre mayor, a las problemáticas femeninas.

En marzo de 1913 el esfuerzo del partido bolchevique por intensificar el trabajo entre las mujeres se concreta en la preparación de la primera celebración del Día de los Obreras.

En 1914 se decide destinarles a las proletarias, también por presión de Lenin, una publicación adecuada, llamada Rabotnitsa (La Trabajadora), cuyo primer número sale a pesar del arresto del inicial comité de redacción, a causa de la represión zarista. Ese mismo año, el comité central del partido bolchevique instituye un comité especial con la tarea de promover los encuentros por el día internacional de las mujeres: se organizan asambleas en las fábricas y en sedes públicas, donde se discuten los temas principales referidos a la opresión femenina; además, se eligen representantes con la tarea, dentro del nuevo comité, de profundizar las propuestas resultantes.

En 1917, el consenso alrededor de los bolcheviques está en crecimiento y también aumentan las solicitudes de adhesión al partido de parte de las mujeres: después de los episodios de febrero, estalla la huelga de las lavanderas, el estrato más retrasado de la clase trabajadora de entonces, que reivindica la nacionalización de las lavanderías bajo el control de las municipalidades locales, posición apoyada solo por los bolcheviques. Se hace cada vez meas central la propaganda del periódico Rabotnitsa, cuyo comité editorial cuenta con mujeres que se han dedicado totalmente a la causa revolucionaria, organizando encuentros y asambleas contra la guerra: cada fábrica tiene su representante en el comité editorial de la revista, que participa de encuentros semanales para discutir las relaciones de las varias zonas. El Rabotnitsa se convierte además en un instrumento para sensibilizar principalmente las estructuras política y sindical ahora desorientadas acerca del trabajo entre las obreras. El propio Lenin en este período escribe diversos artículos sobre la necesidad de plantear nuevas estrategias y modelos organizativos para acercar a las obreras al socialismo.

En marzo de 1917 los bolcheviques hacen en Petersburgo un despacho oficial para promover el trabajo de movilización entre las mujeres: las dirigentes bolcheviques logran movilizar al conjunto del partido con la convocatoria de un congreso de obreras en Petrogrado para discutir cómo involucrar y organizar a las mujeres en el movimiento revolucionario. El congreso, que se realiza entre 1917 y 1918, es interrumpido por los choques que llevan a la toma de poder de parte de los bolcheviques. En un momento tan delicado es de gran importancia invertir en la formación: el congreso de las obreras de Petrogrado decide instituir comisiones especiales (con predominante presencia femenina) para educar a las mujeres al ejercicio de sus derechos y el nuevo grupo dirigente bolchevique recurre a una legislación avanzada que les permite, por una mayor tutela sobre el trabajo, la participación directa en la actividad política y la liberación de todos los vínculos formales y sustanciales que precedentemente las subordinaron a los hombres. Alexandra Kollontai entra en el nuevo gobierno como Comisario para los Servicios Sociales, cargo que le permite participar en la redacción de nuevas normas que reconocen a la mujer como ciudadana con iguales derechos que los del hombre.

Las comisiones establecidas en el congreso de 1917 se empeñan en favorecer la introducción rápida y la aceptación de las reformas de parte de la población que debió superar viejos prejuicios: en particular la atención de parte de muchos hombres bolcheviques hacia las problemáticas femeninas indica la importancia atribuida a este frente de intervención, no más reservado para pocas y aisladas compañeras.

En 1918, con el estallido de la guerra civil se plantea concretamente el problema de preparar a las trabajadoras para la resistencia contra el imperialismo. Las responsables del congreso de Petrogrado deciden convocar una conferencia que llame a todas las trabajadoras y campesinas (con y sin partido). El resultado de esta iniciativa es sobrecogedor: del encuentro final participan más de 1.000 delegadas, del campo y de las fábricas, número elevado si se consideran las terribles condiciones del viaje para llegar a Petrogrado desde los varios [y dispersos] distritos de Rusia. De este modo, muchas mujeres se acercan al socialismo y entran en el partido bolchevique. Vistos la participación y el gran trabajo desarrollado en este terreno, las singulares comisiones se revelan estructuras organizativas inadecuadas y, en el otoño de 1919, son reorganizadas en una sección formal del comité central, conocida como Zhenotdel.

El Zhenotdel

Abreviación de Otdel po rabote sredi ženščin (Sección para el trabajo entre las mujeres), provista de una publicación mensual, Kommunitska, el Zhenotdel o Genotdel (desde ahora indicado Z., nda) era el departamento del Comité Central para el trabajo entre las mujeres, creado en 1919 por el partido bolchevique. Con este departamento se quiere iniciar a las mujeres en la política, miembro o no del partido, dirigiéndolas hacia el trabajo del partido, de los sindicados, de los sóviets. El Z. nunca fue concebido como organización separada: Alexandra Kollontai y Lenin fueron muy claros sobre el objetivo de esta estructura que debería llevar a las mujeres hacia adentro del partido, promoviendo en los sóviets la sensibilización y la realización de las reivindicaciones específicas de las mujeres proletarias. Para alcanzar este objetivo se hicieron necesarias medidas organizativas y de propaganda especial, vista la dificultad para contactar y politizar a las mujeres, aisladas en la familia y sometidas a las violentas reacciones de maridos y parientes que difícilmente toleraban su efectiva emancipación.

La creación del Z. ha dado vida a una discusión amplia y variada dentro del partido bolchevique sobre la real necesidad de un departamento para el trabajo entre las mujeres, puesto que también hay los que creen que esta necesidad no existe o los que asumen actitudes ambiguas.

Al respecto es significativa es la inicial actitud de Konkordiya Samoilova: en 1917 cree que la creación de una sección específica de mujeres dentro del partido bolchevique pueda dar lugar a una separación por sexo en el proletariado; en 1918, sin embargo, cambia de posición y comprende la lucha de las mujeres como parte de la lucha socialista, que debería ver a los dos géneros colaborar. El debate sobre la importancia y/o la necesidad de un departamento que actúe específicamente sobre las problemática relativa a las trabajadoras y las campesinas, continuará largo tiempo dentro del movimiento obrero.

Entre las dirigentes de mayor nivel en el trabajo entre las mujeres, además de partidaria y dirigente hasta la muerte del Z., debe ser mencionada Inessa Armand: ella introdujo en la práctica del Z. un método realmente eficaz e innovador en su tiempo, que se volvieron los instrumentos principales utilizados por los bolcheviques para movilizar a las masas femeninas y conquistarlas para la revolución. En las asambleas de delegados y en las conferencias de mujeres sin partido, las representantes del Z. les pidieron a las mujeres explicar qué cosas querían principalmente y qué cosas creían eran más urgente para realizar. Luego, con la ayuda del partido, construyeron centros de infancia, cocinas comunitarias, lavanderías, centros de alfabetización y escuelas, y controlaron su correcto funcionamiento. Un par de millones de trabajadoras y campesinas fueron movilizadas en este trabajo.

El departamento también se ocupaba de otras actividades como la agitación política, la organización de conferencias y la propaganda, con la publicación de artículos semanales y del mensual Kommunistka, con el objetivo de alcanzar a un gran número de mujeres trabajadoras, campesinas o amas de casa, no organizadas en el partido.

En 1920, la Armand, con el seudónimo de Héléne Blonina, pública un artículo en el número 17 del Boletín comunista con el título “La obrera en la Rusia soviética”, en el que explica detalladamente cómo se ha modificado después de la revolución la condición de la mujer rusa y cuál es el papel que cumple el partido bolchevique en tal cambio, en particular con respecto al trabajo desarrollado por los militantes del Z.: “Podemos decir sin alguna exageración (…) que el resultado obtenido en este año superó nuestras expectativas. Hace un año no existía más que un pequeño grupo de obreras conscientes; el estado de ánimo del resto de la masa obrera era revolucionario, pero todavía instintivo, inconsciente, desorganizado. Ahora, se han formado cuadros suficientemente numerosos de obreras conscientes – miembros del partido comunista”.

Las resoluciones de la Tercera Internacional y la cuestión de la mujer

El programa de la Tercera Internacional respecto de la cuestión de la mujer incorpora la experiencia soviética. Adoptada en junio de 1921, la Tesis sobre el trabajo de propaganda entre las mujeres remarca “que no hay cuestiones femeninas particulares”, o sea, que no hay problemas que preocupen a la mujer que no sean al mismo tiempo una cuestión social más vasta, de interés vital para el movimiento revolucionario, por el que tienen que combatir tanto los hombres como las mujeres.

Son aprobadas por el movimiento comunista femenino las normas que prevén una organización nacional e internacional de las bolcheviques tales que “Las mujeres pertenecientes al partido comunista de un dado país no tienen que ser reunidas en asociaciones particulares sino inscritas como miembros efectivos con igualdad de derechos y deberes en las organizaciones regionales del partido, y llamadas a colaborar en todos los organismos y en todas las instancias del partido. El Partido Comunista adopta todavía medidas particulares y crea órganos especiales que se encargarán de la agitación, de la organización y del adiestramiento de las mujeres”.

Se dispuso entonces un “comité de agitación femenina” en cada organización regional y del distrito con la tarea de promover la inscripción y la actividad de las mujeres en el partido, en el sindicato y en todas las organizaciones de lucha del proletariado; de proveer a la formación teórica y política de los miembros del partido; de organizar movilizaciones y conferencias. Cada comité tiene que trabajar en estrecho contacto con la dirección del partido, a cuya aprobación están vinculadas todas las medidas y resoluciones. En la dirección nacional del partido es prevista la presencia de un comité de agitación nacional y de un secretariado femenino nacional, que se empeñan en garantizar contactos constantes y regulares con los comités de los distintos niveles en el territorio.

Respecto de la organización internacional, la resolución afirma que “La dirección del trabajo de los partidos comunistas de todos los países para unificar las fuerzas de las obreras en torno a las tareas planteadas por la Internacional Comunista y reclutar mujeres de todos los países y pueblos a la lucha revolucionaria por el poder de los sóviets y la dictadura de la clase obrera a escala mundial es la responsabilidad del Secretariado Internacional de la Mujer de la Internacional Comunista”.

Este acontecimiento, de importancia histórica para el movimiento socialista mundial, trazó un programa y una orientación para el trabajo entre las mujeres, que, por su claridad y coherencia con los principios del marxismo, hasta hoy día no ha sido superado por ninguna otra organización obrera. Es por eso que continúa siendo válido.

Traducción del original en italiano: Natalia Estrada.