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Temer y este Congreso corrupto, en medio de su más completa impopularidad,  prometen seguir emitiendo decretos, medidas provisorias y votando medidas que atacan nuestros derechos y la soberanía del país.

Por PSTU-Brasil

Es lo que intentaron y continúan queriendo hacer con el decreto que extingue la Reserva Nacional de Cobre y sus asociadas -creada en 1984 (RENCA), liberando un territorio mayor al de Suiza para la explotación mineral en la Amazonía. O con la ofensiva contra las tierras ocupadas por indígenas y quilombolas.

O  con la propuesta de un paquete contra los funcionarios públicos y de confiscación de R$ 10.00 (US$ 3.24) del salario mínimo. Sigue amenazando poner en votación la reforma de la Previsión Social, si no entera, a por partes.

Todo eso forma parte de una guerra social contra los trabajadores y la soberanía del país.

Parte de estas iniciativas, como el paquete de privatizaciones (la venta de 57 estatales) y la extinción de la RENCA (Reserva Nacional de Cobre y Asociados), no dejan de ser, también, una acción desordenada para hacer caja a cualquier costo, en el intento de cubrir el agujero monumental en las cuentas del gobierno y garantizar más dinero para los banqueros.

Temer sigue en el cargo, a pesar de la crisis, porque la burguesía, ahora dividida, hace el cálculo entre costo y beneficio para mantener este gobierno hasta el 2018. Ella sabe de su fragilidad y situación inestable. Pero piensa que cambiar de presidente antes del 2018 puede significar incluso una mayor turbulencia. Y tiene el apoyo de la mayoría de la oposición y de los aparatos burocráticos de la clase a favor de que Temer se quede hasta el 2018.

La verdad es que hay, por parte de casi toda la superestructura, una anticipación de la disputa electoral del 2018. En tanto, las investigaciones apuntan a un rechazo creciente a los políticos en la población: donde prácticamente todos los “presidenciables” presentan un índice de rechazo superior a 50%, en la superestructura, en donde las elecciones del 2018 son el centro.

Las caravanas de Lula, la ofensiva de Bolsonaro en los medios, las disputas internas del PSDB, o el lanzamiento de “Vamos”, el programa del PSOL en TV, diciendo que el Congreso puede estar lleno de buenos diputados, son todas iniciativas marcadas por las elecciones del año que viene.

En la base, después del freno de la Huelga General por las cúpulas de las centrales, las luchas siguen dispersas y la indignación es grande.

La necesidad de una acción política unificada, como la Huelga General, contra el ajuste, el gobierno y el régimen, continúa existiendo.

Las direcciones mayoritarias, sin embargo, actúan en otro sentido. Las cúpulas de las centrales están comprometidas en la negociación de un sustituto del impuesto sindical, y los partidos de oposición están focalizados en las elecciones del 2018, presentando, además, programas que no confrontan ni el orden, ni el sistema.

Pero, expresando el descontento entre los de abajo, se va armando y unificándose la resistencia. La unidad de acción, forjada a partir de los sindicatos de los metalúrgicos de todo el país, señala el camino: unificar las luchas para impedir las reformas y los ataques. Este camino posibilita construir una palanca que reposicione la Huelga General en el orden del día.

Apostando a fondo a ese camino, organizando la lucha y sabiendo hacer la más amplia unidad de acción para luchar; construyendo, también, los instrumentos de lucha, como el 3º Congreso de la CSP-Conlutas, debemos batallar para organizar un campo de la clase en la lucha.

Es necesario debatir y defender una salida obrera y socialista para la crisis. Un proyecto para el país realmente diferente de todo lo que existe.

Por empleo, derechos, jubilaciones, salario, vivienda, salud y educación; el fin de la violencia, del machismo, del racismo y de la LGBTfobia, queremos la anulación de la reforma laboral, el fin de las tercerizaciones, tirarse abajo las reformas de la Previsión, política y la ley de las tercerizaciones; por la reglamentación de las tierras indígenas y titulación de las tierras quilombolas.

Para garantizar todo eso, necesitamos tomar medidas que enfrenten a los capitalistas y al capitalismo y poner un gobierno socialista de los trabajadores, que gobierne a través de consejos populares.

Traducción Laura Sánchez