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Esta es la consigna que pregonan en coro centenas de trabajadores de los servicios públicos en huelga, el pasado 8 de noviembre frente al aposento del PS.

Por LCT, Bélgica

En ese momento ya se desarrollaba el descontento en las redes sociales en Francia respecto al impuesto al diésel. Y en víspera de la enorme movilización ciudadana del sábado 17 de noviembre el movimiento desbordó de la frontera en Valonia.

El movimiento de los Chalecos Amarillos estuvo concentrado inicialmente en el rechazo al impuesto sobre el combustible, y en particular al elevado precio del diésel. Esto nos recuerda esta otra movilización con la misma recriminación. El martes 5 de setiembre 2000 en Liège, unos 300 militantes de la FGTB y de la CSC se reunieron frente las puertas del puerto petrolero de Wandre. Ellos venían de Cockerrill, de la FN, del sector educación, del GB y estaban acompañados por desempleados y pensionados. El 8 de setiembre, militantes bloquean la fábrica petroquímica de Total, en Feluy.

En el instante, la primera reivindicación era “el petróleo en el índice”. Y de esta manera, la movilización estuvo de golpe concentrada contra toda la política de austeridad del Gobierno de Verhofstadt. El lunes 25 de setiembre, hay huelga en la Poste (en frente común, contra la reestructuración que generaba la supresión de 10 000 empleos), en Belgacom (FGTB) y en Sabena. El 28 de setiembre huelga de la CGSP-ARL en toda Valonia.

Actualmente también, la rebelión de los Chalecos Amarillos se expandió rápidamente más allá de la única cuestión el precio del diésel, como expresión del hartazgo generalizado contra toda la política de austeridad, en Francia como en Bélgica. Sin embargo, debemos precisar otro aspecto. Esta rebelión refleja, por poco la desconfianza, -por no decir ruptura- hacia los partidos políticos y las organizaciones sindicales. Y su carácter informal, no estructurado, permitió rápidamente a los enemigos de nuestra clase infiltrarse. Debemos estar organizados y echar a los fachos de este movimiento. Evidentemente los medios de comunicación se focalizarán únicamente en los “disturbios”, pero estos son la expresión de la rabia legítima frente a la violencia que inflige todos los días el sistema capitalista.

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La desconfianza hacia la política, y en particular hacia las direcciones sindicales no es nueva. El 5 de setiembre 2000, la FGTB et la CSC anunciaron una manifestación para un mes más tarde, y la preocupación de Michel Nollet (FGTB) era evitar “el desorden social” en sus palabras: “es hora de que la patronal baje de su balcón, sino, vendrá el desorden social que podría despuntar en las próximas semanas.” En cuanto a reintroducir el petróleo en el índice, para Joly Piette (CSC), “no podemos poner el índice sobre la mesa al riesgo de verlo desmantelado por los patrones, el Gobierno y Europa.” Esto será un gran cartel de los trabajadores de Feluy que pondrá finalmente la manifestación del 3 de octubre al Cincuentenario bajo el estandarte El petróleo en el índice. Actualmente, esta desconfianza hacia la burocracia sindical ha subido como la espuma.

Este sistema que es insoportable, es un sistema magistralmente descrito hace 170 años por dos jóvenes revolucionarios, el capitalismo, donde una ínfima minoría decide a su grado de medios para producir la riqueza y acapara el grueso de esta, como un patrón de bpost que acapara 94 000 euros por mes, o accionistas que disponen de un patrimonio embolsándose millares de euros, mientras que la inmensa mayoría no tiene otra posibilidad para sobrevivir más que intentar de encontrar un puesto en la galera para recolectar migajas: dos clases sociales con intereses abiertamente irreconciliables. Marx y Engels proponen una alternativa, el socialismo, donde la producción no está más orientada según el beneficio de esta minoría, pero sí hacia el bienestar del conjunto de los humanos.

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Y para llegar al socialismo, nuestra clase debe en primer lugar tener el timón de la máquina del Estado, mediante sus propias organizaciones. Actualmente, el Estado está al servicio exclusivo de la clase dominante que nos explota. Los Chalecos Amarillos reflejan un primer paso esencial del antecedente “¡no soportamos más!” sin embargo, debemos avanzar. Una iniciativa reciente nos muestra el camino. El pasado 20 de noviembre, el personal de Mécamold en Herstal decidió ir a huelga contra una reestructuración que dejaría a 42 camaradas en la cuerda floja, y el 22 un grupo de Chalecos Amarillos llegaron al piquete. En Francia la convergencia de las luchas de entrada inició bien.

La única perspectiva reside en la organización de nuestra clase, en los lugares de trabajo, en nuestros barrios, en nuestras escuelas. Robert Verteneuil (FGTB) se limita a llamar a una jornada de acción nacional para el viernes 14 diciembre, y lejos de consultar a los trabajadores y de prepararla, él precisa que “no dirá nada” hasta que el día haya llegado, 3 mientras que para los Chalecos Amarillos la comunicación hacia la base está en el ADN. Una tarea central, es entonces luchar por la organización democrática de nuestra clase, junto a los Chalecos Amarillos, reconquistar el control de los sindicatos por la base, contra la burocracia sindical. Esto comienza por organizar juntos una verdadera huelga general y la parálisis del país: ¡contra el Gobierno de Michel, todos juntos!