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“Marx era, antes que nada, revolucionario. Cooperar, de esta o aquella manera, en el derrumbe de la sociedad capitalista y de las instituciones del Estado por ella creadas, cooperar en la liberación del proletariado moderno, a quien él, por primera vez, había dado conciencia de su propia situación y de sus necesidades, la conciencia de las condiciones de su emancipación –esta era su real vocación de vida–. La lucha era su elemento. Y luchó con una pasión, una tenacidad, un éxito, como pocos.” (Friedrich Engels, 1883).

Por: Taylan Santana Santos

Este 5 de mayo se [cumplieron] 202 años del nacimiento del revolucionario alemán Karl Heinrich Marx. A lo largo de su trayectoria, Marx logró una monumental contribución en los múltiples ámbitos del conocimiento científico, en especial en el análisis de la realidad social. Su aporte teórico influyó de modo imprescindible en las áreas de las humanidades, como Sociología, Economía, Historia y otras. Pero fue justamente con su filosofía de la praxis, o sea, en el carácter inseparable de la teoría con la práctica revolucionaria, que Marx se destacó a lo largo de estos 202 años desde su nacimiento.

Nacido en 1818, en una familia de clase media en Alemania, Marx estuvo circunscripto en el rol de la intelectualidad moderna, cuyos estudios en el Idealismo eran predominantes en el período, a través de Hegel.

Situado en el epicentro de los profundos cambios sociales ocurridos en el siglo XIX con la consolidación del capitalismo en Europa, Marx partió de una nueva concepción sobre la dialéctica –hasta entonces influenciada por el hegelianismo–, para comprender y desenmascarar las intrínsecas contradicciones del sistema capitalista industrial.

Rompiendo con la dialéctica hegeliana que concebía las transformaciones y la relación síntesis-antítesis en el campo de las ideas, Karl Marx asienta su dialéctica en el terreno adecuado: en el terreno de la lucha de clases, en el proceso material de producción de las relaciones de existencia. En ese terreno, la sociedad burguesa produce e irrita sus propias contradicciones, y hace brotar el germen de la propia transformación social: el proletariado. Desde esa perspectiva, Marx centraliza el proletariado, la clase que vende su fuerza de trabajo, no solo en cuanto a objeto de estudio sino, sobre todo, como la clase social capaz de realizar su devenir histórico, es decir, su propia emancipación social, como obra de los propios trabajadores.

Una de las diferencias de Karl Marx con los demás pensadores del período fue su osadía al romper con la Filosofía Idealista, meramente abstracta, separada y distante de las experiencias. Ese tipo de ideología servía para escamotear, camuflar la realidad, idealizando solo su apariencia. Por su parte, el papel histórico de Marx fue mostrar la esencia destructiva del capitalismo, y proclamar la necesaria superación de ese sistema: “hasta hoy los filósofos interpretaron a su modo el mundo de diferentes formas, pero lo que interesa es transformarlo”[1].

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Como un eminente revolucionario, Karl Marx, asume otra perspectiva sobre la teoría. Recusando el elitismo que alejaba a los proletarios de la interpretación de su realidad, el alemán apunta la necesidad de que la teoría revolucionaria materialice la conciencia proletaria a través de sus acciones como clase. En ese sentido, “El arma de la crítica no puede, es claro, sustituir la crítica del arma, el poder material tiene que ser derribado por el poder material, pero la teoría también se torna poder material tan pronto como se apodera de las masas. Y la teoría es capaz de apoderarse de las masas cuando argumenta y demuestra ad hominem, y argumenta y demuestra ad hominem cuando se hace radical”[2].

Munido de la práctica revolucionaria, Karl Marx, un hombre de la teoría como de la acción, estuvo en la vanguardia de su tiempo histórico. No se abstuvo de la línea de frente en el conjunto de las luchas sociales abiertas por los antagonismos de clase. A lo largo de su trayectoria, Marx discursó junto al proletariado, panfleteó en las fábricas y organizó huelgas obreras, agitando y propagandizando el camino de la Revolución Socialista Mundial.

Fundador y dirigente de la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT), una organización socialista del proletariado, la Primera Internacional (1864), Marx reivindicó un internacionalismo revolucionario, bajo el concepto de Revolución Permanente[3].

“Es de nuestro interés y es nuestra tarea tornar la revolución permanente hasta que todas las clases propietarias en mayor o menor grado hayan sido sacadas del poder, el poder estatal haya sido conquistado por el proletariado y la asociación de los proletarios haya avanzado, no solo en un país sino en todos los países dominantes en el mundo entero, a tal punto que la competencia entre los proletarios haya cesado en esos países y que al menos las fuerzas productivas decisivas estén concentradas en las manos de los proletarios”[4].

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La actualidad de Marx

La concepción revolucionaria de Karl Marx también está ligada al estallido de las crisis sistémicas del capital, y estas ratifican la vitalidad de la teoría social marxista. A lo largo de la Historia Contemporánea, el crash de la Bolsa de Valores de Nueva York en 1929, y la explosión de la burbuja financiera de Wall Street en 2008, son algunos de los innumerables ejemplos de crisis que irritan la contradicción estructural del capitalismo, desnudada por Marx: la lucha de clases entre explotadores y explotados, la burguesía versus el proletariado.

Frente a colapsos históricos como el que vivimos ante la pandemia de coronavirus, las alternativas para la resolución de esa crisis no se encuentran en los marcos del capitalismo. Por dentro de este sistema, solo resta la barbarie. En contrapartida, Marx despunta como incontornable, y su teoría sigue no solo relevante sino insuperable, aun transcurridos más de 200 años de su nacimiento.

Eso se explica por el mantenimiento del propio cimiento que constituye la sociedad moderna y contemporánea. Con determinados matices, la naturaleza de explotación del sistema capitalista sigue siendo el mismo. No obstante, el capitalismo no se constituye como un sistema ad eternum. Por el contrario, en la misma medida en que el capitalismo ascendió y se consolidó, de igual forma también lanzó para sí sus bases de superación. El capitalismo crea su propia tumba, o como diría Marx: “la burguesía no solo forja las armas que han de darle la muerte, sino que, además, pone en pie a los hombres llamados a manejarlas: estos hombres son los obreros, los proletarios.”[5].

De esa su convicción inquebrantable, Marx perduró como irreductible e irreconciliable a cualesquiera seducciones de adaptación y condescendencias al capitalismo. Radical en el sentido de “agarrar las cosas por la raíz”, Marx entabló una batalla teórica fulminante con[tra] los socialistas utópicos, los reformistas y los socialdemócratas.

Combatiendo toda suerte de liberales, los apologistas del sistema, Marx concluyó que “no se trata de modificar la propiedad privada sino de aniquilarla, no se trata de camuflar las contradicciones de clase sino de abolir las clases, no se trata de mejorar la sociedad vigente sino de fundar una nueva”[6].

Para los comunistas, marxistas revolucionarios herederos de la tradición política de Marx, sigue imprescindible en los tiempos actuales la enseñanza de Marx.

“Los comunistas no tienen por qué guardar encubiertas sus ideas e intenciones.  Abiertamente declaran que sus objetivos solo pueden alcanzarse derrocando por la violencia todo el orden social existente. Tiemblen, si quieren, las clases gobernantes, ante la perspectiva de una revolución comunista.  Los proletarios, con ella, no tienen nada que perder, como no sea sus cadenas.  Tienen, en cambio, un mundo entero que ganar. ¡Proletarios de todos los Países, uníos!”[7].

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¡Viva los 202 años de Marx! ¡Viva la Revolución Socialista Mundial!

Notas:

[1] Karl Marx, en la XI Tesis sobre Feuerbach.

[2] MARX, Karl, Crítica de la filosofía del derecho de Hegel. San Pablo: Boitempo, 2005, p. 157 (destacado nuestro, traducción tomada de latinta.com.ar).

[3] Vale resaltar que León Trotsky, dirigente bolchevique de la Revolución Rusa (1917) y fundador de la IV Internacional (1938), fue el que sistematizó la Revolución Permanente en el contexto del siglo XX, cuya teoría permanece vital. Ver más en “Especiales 80 años de la Cuarta”: https://litci.org/es/menu/teoria/78-anos-del-asesinato-leon-trotsky-la-actualidad-la-revolucion-permanente/

[4] MARX, Karl; ENGELS, Friedrich. “Mensaje del Comité Central a la Liga” (de los comunistas), en: Lucha de clases en Alemania. San Pablo: Boitempo, 2020, p. 64 (traducción nuestra)

[5] MARX, Karl; ENGELS, Friedrich. Manifiesto del Partido Comunista, cap. I “Burgueses y Proletarios”, tomado de: https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm

[6] Ídem nota [4], p. 65 (traducción nuestra).

[7] Ídem nota [5], cap. IV “Actitud de los comunistas ante otros partidos de la oposición”, tomado de https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm

Traducción: Natalia Estrada.