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A nuestros lectores

La fecha de publicación de esta nueva edición de Marxismo Vivo coincide con la conmemoración de un hecho de hace 80 años atrás: la fundación de la IV Internacional, ocurrida el 3 de setiembre de 1938 en la pequeña ciudad de Perigny (Francia).

La fundación de la IV Internacional es un hecho desconocido por la amplia mayoría de las personas; sin embargo, es de trascendental importancia para el marxismo y para la clase obrera mundial. Por eso, nuestra Revista no podía dejar de homenajear ese gran acontecimiento.

Al frente de la tarea de fundar la IV Internacional estuvo el revolucionario ruso León Trotsky, el mismo que en su país, en la revolución de 1905, presidió el Soviet de Petrogrado; que en 1917, junto con Lenin dirigió la gran Revolución de Octubre; que en 1919 estuvo al frente de la III Internacional –el partido mundial de la revolución socialista–; y el que formó el Ejército Rojo con el cual se derrotó a los ejércitos zaristas y a los catorce ejércitos imperialistas que habían invadido el país para acabar con la Revolución.

Estas proezas de Trotsky son bastante conocidas, pero no es tan conocido el hecho de que él consideraba que la tarea revolucionaria más importante de su vida no era ninguna de estas mencionadas, sino la de haber fundado la IV Internacional. Sin embargo, no era esta la opinión de un buen número de sus aliados.

Uno de los más destacados biógrafos de Trotsky, Isaac Deutscher, decía al respecto:

… el lanzó la llamada Cuarta Internacional. Por experiencia personal sé lo grande que eran sus esperanzas depositadas en ella. Un grupo de pensadores afines, a los cuales pertenecí en la época, lo alertaron en vano que se estaba lanzando en una aventura estéril. La verdad es que la IV Internacional nació muerta…[1]

Enfrentando a sus críticos, Trotsky decía:

Los escépticos preguntan, ¿pero ha llegado el momento de crear la Cuarta Internacional? No es posible, dicen, crear artificialmente una Internacional, [esta] solo puede surgir de grandes acontecimientos, etc. (…) La Cuarta Internacional ha surgido ya de grandes acontecimientos: las mayores derrotas del proletariado en toda su historia[2].

Las derrotas a las que se refería Trotsky eran la victoria del nazismo en Alemania (por responsabilidad de la socialdemocracia y del estalinismo) y la degeneración de la URSS, lo que había llevado a la destrucción moral y física de varias generaciones de revolucionarios, y a la revisión y la falsificación del marxismo.

En la década de 1930 no eran muchos los que habían sobrevivo a estas grandes derrotas. La tarea planteada era reagrupar a los sobrevivientes alrededor de un programa y una organización internacional para poder ponerse a la cabeza de los próximos e ine­vitables combates de la clase obrera.

La tarea de construir una nueva Internacional en medio del retroceso de la clase obrera, enfrentando al fascismo, a la socialdemocracia y, fundamentalmente, al estalinismo, que tenía una política de exterminio de los revolucionarios, era muy difícil. ¿Quién se podía poner al frente de esta tarea? Por fuera de Trotsky, con su autoridad, capacidad y experiencia acumuladas, no había nadie. Por eso él decía que esa era la tarea más importante que había encarado en su vida, porque, según él, si no hubiese estado al frente de las otras grandes tareas, otros podrían haberlo hecho. Pero, en la actualidad (década del ’30), no había nadie que pudiese ocupar su lugar.

La IV, en vida de Trotsky fue una organización muy pequeña, y después de su muerte, durante la Segunda Guerra Mundial, sus escasas fuerzas se dispersaron y solo se reagruparon en 1948. Pero, pocos años después, se sucedieron las crisis y rupturas, lo que con el correr del tiempo llevó a la destrucción de la obra de Trotsky.

Sin embargo, lo ocurrido con la IV Internacional no nos puede llevar a sacar la conclusión de que los críticos de Trotsky tenían razón, de que fue un error haber construido la nueva Internacional. Todo lo contrario.

La IV Internacional no soportó la presión del estalinismo. No soportó el asesinato de sus dirigentes y particularmente el del propio Trotsky. De la misma forma que no soportó la influencia ideológica y política del poderoso aparato estalinista sobre la joven e inexperta dirección que lo sucedió. Por eso, acabó siendo destruida.

Pero, la corrección de un proyecto revolucionario no puede medirse en función de si consiguió o no sobrevivir a la presión de sus enemigos, sino por su alcance histórico.

La Comuna de París fue destruida por sus enemigos, pero fue a partir de esa experiencia que el marxismo pudo sacar sus conclusiones fundamentales en torno a la cuestión de la lucha por el poder de la clase obrera, a tal punto que los dirigentes bolcheviques, según ellos, solo consiguieron dirigir la Revolución Rusa porque estudiaron profundamente la experiencia de la Comuna.

La IV Internacional, al igual que la Comuna de París, que la II y la III Internacionales, que la Revolución Rusa… también fue destruida, pero, el alcance de ese acontecimiento ocurrido hace 80 años es histórico, porque fue la lucha por construir la IV Internacional –a partir de 1933 y su propia fundación en 1938– lo que permitió dejar sentadas las bases programáticas y metodológicas, así como la concepción de partido y de Internacional revolucionaria en continuidad con las adquisiciones de la III Internacional de sus primeros congresos. Fue lo que permitió que el marxismo, a pesar de la socialdemocracia y de las diferentes corrientes estalinistas, continuase vivo.

Marxismo Vivo no solo es el nombre de esta Revista. Es una realidad que la fundación de la IV Internacional hizo posible. Ese es el contenido de este homenaje.

Los editores

 

[1] DEUTSCHER, Isaac. Ironias da história. Civilização Brasileira, p. 207.

[2] TROTSKY, León. “El Programa de Transición para la revolución socialista”. Editora Crux, pp. 80-81.