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Casi dos meses después de comenzada la ofensiva militar del Estado Islámico (EI, antes denominado Estado Islámico de Irak y el Levante) desde los territorios que actualmente controla en Siria hacia el noroeste de Irak y rumbo a Bagdad, el presidente norteamericano, Barack Obama, ha tomado la decisión de realizar “ataques limitados” aéreos contra las posiciones del EI para “proteger intereses norteamericanos” y “evitar un genocidio” contra decenas de miles de cristianos y miembros de la comunidad yazidí, que desde la última semana están sitiados en el Monte Sinjar, donde se refugiaron ante las amenazas del EI.

Desde inicio de junio, el EI se hizo con un tercio del territorio iraquí, además de pasos fronterizos con Siria y Jordania. En los últimos días, sus milicias habían tomado la presa de Mosul, ciudad controlada por el EI, lo cual reviste enorme valor estratégico, pues abastece de agua y energía a esa ciudad y a Bagdad, las dos principales del país.

Ante la desbandada del ejército iraquí, la principal contención del EI pasó a ser el ejército del Kurdistán iraquí, los llamados peshmergas. Sin embargo, los kurdos estaban en serios apuros debido la súbita superioridad militar del EI, que en su “guerra relámpago” se hizo con artillería pesada y vehículos blindados de origen norteamericano. Es así que los “yihadistas” estaban cada vez más cerca de Erbil, capital de los kurdos iraquíes.

En este contexto, al momento de escribir estas líneas, la Fuerza Aérea de EEUU, a través de aviones de combate F/A-18 y drones [aeronaves no tripuladas], ha realizado varios bombardeos contra piezas de artillería y posiciones del EI en los alrededores de Erbil, “cerca de donde se halla personal estadounidense”. EEUU también atacó a los soldados del EI que sitian a los yazidíes al pie del Sinjar.

La LIT-CI rechaza rotundamente esta agresión militar estadounidense a la soberanía de Irak y llama a todas las organizaciones sociales y de izquierda a enfrentarla con movilizaciones y una amplia campaña antiimperialista.

Las milicias del EI, efectivamente, están cometiendo atrocidades contra las minorías étnicas y religiosas, tanto en Siria como en Irak. En el caso de los yazidíes, por ejemplo, existen denuncias de que el EI asesinó alrededor de 500 personas después de tomar la ciudad, quemando o enterrando vivas a decenas de ellas. También secuestraron a unas 300 mujeres para venderlas como esclavas.

Pero estos crímenes inhumanos no son el verdadero móvil de la intervención norteamericana. Los fines de Washington no son “humanitarios”, como cínicamente proclama la Casa Blanca después de haber asesinado a más de un millón de iraquíes en la última década, un crimen que la prensa internacional simplemente omite.

EEUU retoma una agresión militar después de haber sido derrotado en Irak. La estructura político-militar que fue montada por el imperialismo para mantener su control sobre el país después de la retirada de las tropas de ocupación muestra una crisis muy profunda. Al mismo tiempo, el imperialismo se ve obligado a proteger los yacimientos de petróleo del Kurdistán iraquí, con cuyo gobierno semiautónomo las multinacionales petroleras estadounidenses mantienen excelentes relaciones desde la época de Sadam Hussein.

Por lo tanto, estamos delante de una nueva agresión armada, de intenciones saqueadoras, que atenta contra la soberanía de Irak, la cual debe ser condenada por todo activista democrático, antiimperialista y, evidentemente, por todos los luchadores revolucionarios del mundo.

Las dificultades del imperialismo

Debido a la derrota militar que los EEUU sufrieron en Irak y Afganistán a manos de la heroica resistencia armada de esos pueblos, en las cuales perdieron más de seis mil soldados, decenas de miles quedaron heridos y gastaron alrededor de 4,5 billones de dólares, se impuso en la sociedad estadounidense el denominado “síndrome de Irak”, en alusión a una situación similar a la que se generó después de la huida estadounidense de Vietnam. Esto consiste en un rechazo, sumamente progresivo, de la mayor parte de la población norteamericana –y de otros países aliados, como Gran Bretaña y Francia– a nuevas y costosas aventuras militares.

La derrota del proyecto guerrerista del “Nuevo Siglo Americano” que intentó implementar George W. Bush a comienzos de la década pasada es la principal herencia que recibió Obama, que llegó al poder justamente con la promesa de acabar con las impopulares guerras iniciadas por su antecesor y ejecutar una política exterior basada principalmente en la “diplomacia”.

El “síndrome de Irak” es una enorme limitación política que la resistencia de los pueblos iraquí y afgano, y del movimiento de masas mundial –que impulsó movilizaciones de centenas de miles contra esas guerras– impuso a la principal potencia militar del planeta. En los hechos, esto se traduce en que el imperialismo norteamericano no puede hoy, como lo hacía antes, invadir países con sus tropas sin que esto profundice una grave crisis interna y con sus aliados tradicionales.

Este es el principal hecho que explica las “vacilaciones” en “política exterior” que los “halcones” republicanos le espetan a Obama en todo Medio Oriente (especialmente en Siria), Ucrania, Gaza y, ahora, nuevamente, en Irak.

Estas limitaciones políticas del imperialismo a la hora de usar en plenitud su incomparable poderío militar se vio con mucha claridad, por ejemplo, en la última “amenaza” de bombardeos a Siria en setiembre de 2013, la cual, por falta de sostén político necesario, acabó en un retroceso escandaloso por parte de Obama. Antes se había visto en Libia, cuando EEUU se tuvo que limitar a ataques aéreos, sin poder desembarcar tropas sobre el terreno.

Esto es también lo que sucede, al menos hasta ahora, en Irak. Desde que el EI comenzó su avance sobre aquel país, Obama descartó enviar tropas terrestres, las cuales se habían retirado en 2011.

El imperialismo afirma que los actuales ataques aéreos en el noreste de Irak son, en la propia definición de Obama, “limitados” y “puntuales”. “Soy consciente de cuántos [estadounidenses] se sienten preocupados por una acción militar en Irak, incluso ataques limitados como estos”, reconoció el presidente norteamericano. Y prometió: “Como comandante en jefe, no permitiré que Estados Unidos se vea arrastrado a luchar otra guerra en Irak (…) las tropas de combate estadounidenses no van a volver a combatir en Irak, porque no hay una solución militar estadounidense en esta crisis”.  Sin embargo, esto puede cambiar de acuerdo con la propia dinámica de la situación.

En primera instancia, se puede decir que los ataques aéreos “limitados” están enmarcados dentro de la que continúa siendo la principal táctica de EEUU en Irak: una “salida política” que pasa por establecer un “gobierno de unidad nacional” entre todas las facciones burguesas. “La única solución duradera es una reconciliación entre las comunidades iraquíes y unas fuerzas iraquíes más fuertes”, dijo Obama. [Es necesario] enfatizar la importancia de la formación de un nuevo gobierno”, secundó el vicepresidente Joe Biden.

En este sentido, el imperialismo también movió sus piezas y avaló el nombramiento de un nuevo primer ministro, el chiíta Al Abadi, por parte del presidente del país, el kurdo Fuad Masum, a pesar de la negativa inicial del ex mandatario Nuri Al Maliki a reconocer la sucesión. Presionado por EEUU y también por Irán, Al Maliki acabó por ceder, aceptar la renuncia y apoyar al nuevo premier Al Abadi.

“Ataques limitados” y “nuevo gobierno de unidad nacional”. Hasta el momento, son estas las iniciativas del imperialismo ante el avance del EI. Habrá que esperar el desarrollo de la crisis para ver si Obama es obligado a involucrarse más aún militarmente.

Ningún apoyo político al Estado Islámico

Al mismo tiempo que llamamos a contestar en las calles esta nueva agresión norteamericana, es necesario tener claridad que eso no significa, ni por un instante, solidarizarse o apoyar políticamente el Estado Islámico, una organización que, como hemos explicado en otras oportunidades, nada tiene de progresivo[1].

El EI no puede ser comparado, por ejemplo, con la resistencia popular armada que desarrolló el pueblo iraquí contra el invasor norteamericano entre 2003 y 2011.

Se trata de una organización burguesa, con un programa dictatorial-teocrático extremadamente reaccionario, que en el último año y medio echó a andar un proyecto de conquista de una determinada franja territorial –que abarca partes de Siria e Irak– con la única finalidad de controlar las reservas de petróleo de esos países y hacer negocios tanto con el régimen de Al Assad como con multinacionales petroleras, siendo estimadas en más de un millón de dólares diarios las ganancias que el EI se embolsa con la venta de crudo. No es otro el objetivo que está detrás del “Califato islámico”, recientemente proclamado.

En la guerra civil siria, el EI cumple un papel claramente contrarrevolucionario, dedicándose a combatir a los rebeldes que luchan contra el régimen de Damasco y arrebatándoles los territorios que la revolución consigue liberar del control del gobierno sirio, es decir, actuando como “quinta columna” de la dictadura genocida de Al Assad.

En todos los territorios que controla, actualmente comprendidos en el nuevo “Califato”, el EI ha instaurado una terrible dictadura teocrática, imponiendo el terror más completo a las poblaciones locales a través de, entre otras atrocidades, ejecuciones sumarias (decapitaciones, crucifixiones), “impuestos” a las minorías religiosas por permanecer en sus comunidades, además de la ablación [mutilación genital], casamientos forzados a miles de niñas y mujeres y, como vimos, entierros de personas vivas.

No es por otro motivo que, ante el avance de los “milicianos de negro”, al menos 600.000 personas han huido del noroeste de Irak. Sólo en la última semana, unos 100.000 cristianos huyeron de Qaraqosh, la principal ciudad asociada a esa religión, después de que esta fue tomada por el EI. “Hay un parque en Mosul donde (el EI) decapita sistemáticamente a los niños y pone sus cabezas encima de palos. Cada vez más niños están siendo decapitados; sus madres son violadas y asesinadas. A sus padres los están colgando”, denunció a la CNN Mark Arabo, líder cristiano[2].

Los socialistas revolucionarios, al tiempo que rechazamos la intervención imperialista, debemos oponernos al avance del EI y a los terribles métodos que utiliza para atacar a las poblaciones cuyos territorios conquista.

¡Defender el territorio Kurdo! ¡Armas para el Kurdistán iraquí!

Como hemos manifestado anteriormente, en medio de estas disputas inter-burguesas, la única lucha justa es la reivindicación del derecho de autodeterminación nacional (independencia y creación de un Estado propio) de toda la nación kurda, que actualmente se halla dispersa en territorios que corresponden a Turquía, Irak, Irán y Siria.

En este sentido, el Kurdistán iraquí está defendiendo su territorio de la ofensiva criminal del EI. Los kurdos de Siria también defienden sus ciudades de los milicianos del nuevo “Califato”. Cientos de kurdos de Turquía han cruzado la frontera para sumarse a la lucha junto a sus pares iraquíes. La lucha contra el EI ha unificado a casi todas las poblaciones kurdas. Es imperioso solidarizarse con esta justa lucha y exigir a todos los gobiernos el envío inmediato de armas pesadas y la apertura de todas las fronteras para garantizar el libre paso de voluntarios contra las terribles hordas del EI.

En el marco de esta ubicación militar, se debe combatir la posición sumisa al imperialismo y vacilante en cuanto a la autodeterminación nacional de toda la nación kurda, que sostienen los dirigentes del Kurdistán iraquí, que limitan sus tímidas exigencias nacionales al actual territorio iraquí y se “olvidan” de los kurdos diseminados en los demás países.

¡Fuera manos imperialistas de Irak! ¡Por una salida independiente! ¡Contra el Estado Islámico y contra el gobierno iraquí!

El pueblo iraquí debe luchar con todas sus fuerzas para derrotar esta nueva agresión de los bandidos imperialistas, tal como lo hizo en la década pasada. Para acometer esta tarea antiimperialista y democrática de primer orden, se impone la más amplia unidad de acción, manteniendo siempre la más completa independencia política de la clase trabajadora y el pueblo.

En el enfrentamiento militar existente entre el Estado de Irak (actualmente comandado por Al Abadi) y el Estado Islámico, nada tienen que ganar las clases explotadas. Ni el gobierno iraquí ni el EI pueden ser depositarios de ningún tipo de apoyo político y militar. Lo que estamos presenciando es una lucha entre ladrones capitalistas por el control del petróleo, siempre en el marco de ser “socias menores” de las multinacionales imperialistas. Es una pelea, además, entre promotores de regímenes despóticos y sectarios, que, en mayor o menor grado, niegan cualquier tipo de libertades democráticas al pueblo trabajador iraquí y buscan dividirlo a partir de diferencias confesionales. Por eso, apoyamos la posición de sectores obreros, con base en el sur de mayoría chiíta, como es el caso de la Federación de Consejos de Trabajadores y Sindicatos (FWCUI), que se oponen al EI pero al mismo tiempo llaman a combatir su gobierno y no caen en el llamado sectario que hacen los gobernantes, con respaldo del ayatollah Sistani y de Irán, para poner a los chiitas en contra de los sunitas.

Por ello es fundamental oponer a estas fuerzas reaccionarias una salida obrera e independiente y combatir tanto al EI, que aterroriza e impone una feroz dictadura confesional en lo que ahora denomina el “Califato islámico”, como al represivo gobierno iraquí.

En este marco, la lucha contra el imperialismo y contra todas las facciones burguesas, para ser completamente victoriosa, debe estar ligada a la lucha por un gobierno obrero, campesino y popular, asentado en las organizaciones democráticas que el propio pueblo iraquí construya, y que comience la edificación del socialismo en Irak y toda la región.

SI

16 de agosto de 2014


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