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La vergonzosa ocupación militar de Haití por tropas de la ONU (Minustah) una vez más revela su carácter. El gobierno de ultraderecha de Michael Martelly termina su mandato el 7 de febrero en medio de una gigantesca crisis política. La tentativa de fraude en las elecciones provocó una rebelión popular que impidió la realización de la segunda vuelta el día 24 de enero, como quería Martelly. Ahora, al fin del mandato y sin sucesor electo, el gobierno maniobra para seguir en el poder o imponer un sucesor.

Una historia para ser recordada

El imperialismo y la burguesía latinoamericana hacen de todo para borrar de la memoria de los trabajadores y jóvenes la historia haitiana. En ese país se realizó la primera y única revolución de esclavos victoriosa de la historia. Los ejércitos negros de Toussaint L’Overture derrotaron a las principales potencias coloniales de la época, como Inglaterra, España y Francia (incluyendo las tropas de Napoleón Bonaparte), en la primera revolución anticolonial de América Latina, en 1804.

El imperialismo hizo de todo para que ese pueblo pagase duramente esa osadía, transformándolo en el país más pobre del continente, aislado por dictaduras brutales y ocupaciones militares extranjeras.

Hace doce años, tropas norteamericanas con apoyo francés depusieron el gobierno Aristides; Lula estuvo de acuerdo con un pedido de Bush –entonces presidente de los Estados Unidos– y envió tropas a Haití, comandando una misión militar latinoamericana para hacer el trabajo sucio al servicio del imperialismo norteamericano.

La miseria haitiana rinde grandes ganancias a las multinacionales

La disculpa para esa vergonzosa ocupación –“ayuda humanitaria”– no resiste ninguna evaluación independiente. El terremoto que se abatió sobre el país en 2010 dejó un saldo de más de trescientos mil muertos y un millón y medio de desabrigados. A pesar de los miles de millones de dólares enviados al país, no hubo ninguna reconstrucción real. Las tropas de la Minustah son acusadas por la población de violación de mujeres y adolescentes. El cólera fue reconocidamente traído de vuelta al país por soldados de Nepal.

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La miseria haitiana es también fuente de ganancias para empresas capitalistas. El sector textil, con empresas como Levis, GAP, Wrangler, produce para el mercado norteamericano en zonas francas de Haití, a una distancia cualitativamente menor que las fábricas chinas, con salarios de 70 dólares mensuales. Ese es el Plan Clinton, en aplicación en el país hasta hoy.

La ocupación militar de la Minustah tiene en realidad el objetivo de garantizar la aplicación de ese plan y mantener el país bajo control del imperialismo norteamericano.

El gobierno Martelly

El país está ocupado militarmente, y las elecciones que se realizan solo sirven para legitimar gobiernos fantoches. Aún así, son cargos que posibilitan la administración de fondos importantes y son disputados por partidos articulados a bandos burgueses mafiosos.

Antes de Martelly, el país tenía como presidente a René Prèval, que intentó mantenerse en el cargo imponiendo un sucesor (Jude Celestin) con un fraude electoral. Hubo una gran crisis política y movilizaciones en las calles, que terminaron generando la anulación de los resultados y la participación de Martelly en el segundo turno de las elecciones, vencidas por él en 2010.

Martelly era un cantor tradicional en Haití, que se presentó “contra todos los políticos”. En realidad, se trataba de una figura de la ultraderecha del país. Su gobierno trajo de regreso el duvalierismo, incluyendo al propio Baby Doc como asesor presidencial. Desde el gobierno se reactivaron grupos paramilitares semejantes a los tonton-macoutes y se generalizó la represión sistemática en los barrios populares.

El desgaste se acentuó. Ahora, al final del mandato, Martelly intentó hacer lo mismo, imponiendo el sucesor en un nuevo fraude electoral. Su candidato ganó la primera vuelta de las elecciones, pero el segundo colocado –Jude Celestin, el mismo de las elecciones anteriores– se negó a participar de la farsa del segundo turno el día 24 de enero último.

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Una rebelión en curso

Una rebelión popular tomó las calles de Puerto Príncipe, impidiendo la tentativa de fraude. El gobierno tuvo que cancelar las elecciones, dejando al país frente a un vacío institucional. Las tropas de la Minustah, junto con la policía local reprimieron duramente las movilizaciones, pero no consiguieron estabilizar la situación.

Batay Ouvriye y otras organizaciones de trabajadores y populares denuncian la violenta represión a las movilizaciones.

El gobierno haitiano apeló a la OEA para el envío de una delegación que acierte junto con los partidos burgueses una transición política en el país. Martelly no abandonó la idea de imponer su sucesor a través de un fraude, o aún, de seguir en el poder.

No está claro si el gobierno y la OEA conseguirán reencaminar el país para nuevas elecciones y un nuevo gobierno. Aún está en curso una enorme crisis política en el país.

No habrá libertad en Haití mientras las tropas extranjeras no abandonen el país. Cualquier elección en vigencia de la ocupación será ilegítima. Exigimos elecciones libres en Haití, después del retiro de las tropas. Responsabilizamos a los gobiernos latinoamericanos que mantienen tropas en Haití, y en particular al gobierno brasileño, por la represión al pueblo de ese país.

Llamamos a todas las organizaciones sindicales y políticas de los trabajadores latinoamericanos a solidarizarse en apoyo a la lucha del pueblo haitiano por su independencia y por el retiro de las tropas de la Minustah.

¡Fuera Martelly!

¡Fuera las tropas de la Minustah de Haití!

¡Por elecciones libres, sin las tropas de ocupación!