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Superando la ventaja electoral que las encuestas anunciaban hace meses, el partido Syriza salió ampliamente victorioso de las elecciones griegas.

 

El partido Nueva Democracia (ND), del actual primer ministro Andonis Samarás – principal ejecutor de los durísimos ataques económicos a la población que exige la troika (UE, Banco Central Europeo, FMI) a cambio de dos “rescates” de 240.000 millones de euros–, fue el gran derrotado.

 

Un nuevo escenario con nuevos actores políticos se ha abierto. Las urnas asestaron un duro golpe a los principales partidos tradicionales: ND y el socialdemócrata PASOK, que tras ser protagonista de la política griega durante cuatro décadas, quedó reducido a 4,6% de los votos (13 escaños).

 

El resultado electoral expresa una rotunda victoria política del pueblo trabajador griego.

 

El voto de millones de griegos a Syriza ha sido, fundamentalmente, una forma de castigar a los partidos y líderes que, al servicio de la troika y el capital financiero alemán, destruyeron el país durante los últimos seis años.

 

El voto a Syriza significa un rechazo legítimo a una situación económica desastrosa, marcada por la pérdida de 25% del PIB en un lustro; el desempleo de un cuarto de la población y más de la mitad de la juventud; un tercio de la población en la pobreza; una deuda externa colosal, que representa 177% del PIB[1], que es claramente impagable para la mayoría y que no para de crecer a pesar de los “ajustes” cada vez más duros que los gobiernos serviles han impuesto al pueblo griego[2].

 

La opción por Syriza en las urnas debe ser interpretada como un ¡basta! a los llamados “planes de austeridad” y sus partidos que, como se sabe, la clase obrera y el pueblo pobre griegos salieron a enfrentar desde sus primeras medidas, protagonizando más de 30 huelgas generales y otras innumerables luchas desde el comienzo de la crisis capitalista y la consecuente “guerra social” que impulsa la troika contra los pueblos europeos.

 

Es por eso que la campaña de Samarás que, sustentada en el miedo, casi en el terror, insistió en que lo votaran a él o sobrevendría el caos, resultó un fracaso. Después de seis años de austeridad, desempleo, hambre, destrucción de los servicios públicos, impuestazos[3], 45% de incremento de los suicidios y humillaciones de todo tipo, la mayoría del pueblo entendió que el “caos” se había instalado hace mucho y que el mayor “miedo” era que todo continuase como hasta ahora.

 

Fue en este contexto que prendió el discurso de Tsipras, quien afirmó que “la austeridad no está consagrada en ningún tratado europeo” y prometió “recuperar la dignidad nacional” de los griegos. Syriza apareció como lo “nuevo” y se hizo depositario de la justa esperanza de un pueblo que siente que no tiene mucho más para perder.

 

El ascenso electoral meteórico de Syriza, que entre 2009 y 2015 pasó de 5% a 36% de los votos, se explica, de un lado, por la crudeza de la crisis económica y las medidas draconianas de los sucesivos gobiernos; de otro lado, por la ausencia de una alternativa política revolucionaria con amplia simpatía de la clase obrera. Al mismo tiempo, el resultado griego expresa un nuevo momento para los partidos dichos “anti-capitalistas” y “a la izquierda” de la socialdemocracia tradicional y los partidos conservadores, como es el caso de Podemos en el Estado español, que podría capitalizar electoralmente una situación económica y un descontento social similar en su país.

 

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¿Qué será el gobierno de Syriza?

 

Entendemos la alegría que en este momento siente la mayoría del pueblo griego. Este sentimiento es justo y no es otro que la emoción de saberse victoriosos contra Merkel y los acreedores de la troika, una vez que derrotaron a su candidato.

 

Pero entender las ilusiones en el nuevo gobierno no exige apoyar las ilusiones mismas. Como expresamos en una declaración anterior durante la campaña electoral, la LIT-CI entendíamos que un verdadero cambio exigía que Syriza abandonara su política de acuerdos con el capital financiero y aplicara un programa de ruptura con el euro y la troika, que para nosotros es la única salida realista que tiene el pueblo griego para superar la ruina en la que está sumido.

 

Tsipras dedicó buena parte de su campaña electoral a tranquilizar a los mercados y presentarse como “confiable” ante la Europa del capital. Reiteró que su objetivo, como mucho, es “renegociar” los plazos y los intereses de la deuda que estrangula la economía del país. El vencedor de las elecciones plantea quitar un parte de la deuda nominal y, lo restante, “honrarlo” de acuerdo con el crecimiento del país. Es decir, la propuesta de Syriza, es que el pueblo griego siga pagando la deuda a los banqueros alemanes y a la troika.

 

Siguiendo este guión, los primeros pasos de Syriza van en sentido opuesto a las aspiraciones populares. Ni bien se anunció el resultado electoral, se dio a conocer el acuerdo para formar gobierno entre Syriza y el partido Griegos Independientes (ANEL, que obtuvo un 4,7%; 13 diputados), una formación burguesa contraria a la “austeridad” pero con un programa nacionalista de derecha y un discurso antiinmigrantes[4]. La alianza con ANEL, un Partido dirigido por un caudillo como Kammenos, procedente de Nueva Democracia, muy unido a la Iglesia ortodoxa, con un programa conservador reaccionario, preanuncia un curso opuesto a las expectativas de un verdadero cambio social.

 

Desde las redes sociales son ya varias las quejas que surgen (de activistas por la legalización del matrimonio homoxesual o del movimiento LGTB), temiendo que Syriza aparque sus reivindicaciones en aras de mantener el pacto con la derecha.

 

Otro hecho es que horas después de la victoria electoral, altos exponentes de Syriza, como el diputado Yanis Varufakis, posible nuevo ministro de Finanzas, dijo que hubo “un poco de pose de nuestra parte” y que el “‘Grexit’ (salida de Grecia del euro) no está sobre la mesa, no vamos a ir para Bruselas o Frankfurt con un enfoque de confrontación”[5]. Afirmó que lo que buscarán es “conectar nuestros pagos con el crecimiento”, algo que considera “positivo” para las dos partes.

 

Está por verse la postura que asumirá la troika ante el triunfo de Syriza. El segundo programa de ajustes acaba el 28 de febrero, plazo que tiene el nuevo gobierno para solicitar el último tramo de esta “ayuda”, que corresponde a 1.800 millones de euros más. ¿Qué hará Syriza? ¿Qué margen existe incluso para la tan mentada “reestructuración”? La realidad irá revelando estos interrogantes.

 

Por lo pronto, la directora del FMI, Christine Lagarde, dijo en una entrevista publicada este lunes en Le Monde, que “hay reglas internas que cumplir en la zona euro” y que “no podemos hacer categorías especiales para determinados países”[6].

 

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El presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, también advirtió que el país heleno “no puede prescindir del apoyo de un programa de ayuda, y un programa de este tipo solo puede darse cuando se cumplen los acuerdos”.

 

Sin embargo, también existen sectores que sostienen la necesidad de “reestructurar” plazos, en la perspectiva de no forzar la situación política y de garantizar la continuidad del saqueo sin convulsiones innecesarias.

 

Ahí están, para mostrar esto, las declaraciones delpresidente de la Comisión Europea, Jean-Cleude Juncker, quien aseguró hace solo un mes que en Bruselas “no gustan las caras nuevas”, pero este lunes felicitó efusivamente a Tsipras por su “éxito” electoral y le ofreció la asistencia del Ejecutivo europeo para lograr “crecimiento sostenible” y “credibilidad fiscal”.

 

Asimismo, el presidente francés, François Hollande, fue este lunes el primer dirigente europeo en felicitar a Tsipras, a quien ofreció su apoyo para “recuperar el camino de la estabilidad, el crecimiento y el espíritu de solidaridad que une a los europeos”.

 

Independientemente de los posibles vaivenes de estas negociaciones de gabinete, lo importante aquí es resaltar que el camino de la permanencia en los moldes de la UE y el pago “renegociado” a la troika no tienen nada que ver con las esperanzas de cambio que la mayoría del pueblo depositó en Syriza. Al contrario, esto solo podrá traer desilusión en amplios sectores que hoy ven a Syriza como una alternativa para mejorar sus vidas.

 

Nuestra única confianza estará puesta en la lucha de los trabajadores y el pueblo griego

 

La llegada de Tsipras y Syriza al gobierno plantea, tanto a la izquierda revolucionaria griega como a la izquierda mundial, la disyuntiva entre apoyar políticamente ese gobierno y ser propagandistas de las esperanzas en él, o seguir bregando por mantener la independencia política y la movilización permanente de la clase trabajadora, como única garantía de cambio social.

 

La primera opción exige garantizarle la paz social al nuevo gobierno. La segunda, exige no bajar la guardia, depositar las únicas esperanzas de cambio en la lucha obrera y popular y exigir desde ella al nuevo gobierno un plan de rescate de los trabajadores y el pueblo, que les devuelva el empleo, salarios dignos, educación y salud pública y de calidad, pensiones con las que se pueda vivir y garantizar el derecho a la vivienda. La defensa de la soberanía nacional implica exigir del nuevo gobierno, recuperar los recursos económicos y financieros, la recuperación-nacionalización de todas las empresas privatizadas; la expropiación sin indemnización de las industrias y empresas, con control obrero, nacionalizando la banca, imprescindible para aplicar un plan de emergencia social.

 

Se trata, en esencia, de exigir aquello por lo que los trabajadores y el pueblo griego se movilizaron en estos años y llevaron a cabo 30 huelgas generales; se trata de exigir aquello por lo que se le votó: un verdadero cambio social.

 

Acabada la campaña electoral, el Gobierno de Tsipras deberá optar entre aplicar un plan de rescate de los trabajadores y el pueblo o pagar la deuda de los banqueros y especuladores. O con los trabajadores y el pueblo griego o con la troika. Ese es el dilema del que ni las frases ingeniosas ni los “significantes vacíos” se pueden escapar.

 

La campaña electoral, los continuos giros “pragmáticos” de la dirección de Syriza, los primeros pasos dados conformando gobierno con la derecha, apuntan a que el Gobierno de Tsipras no será un gobierno que responda a los intereses de la clase obrera y el pueblo pobre de Grecia.

 

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Por eso, la LIT-CI, desde el respeto a las ilusiones de los trabajadores y el pueblo griego, desde la alegría compartida por haberse quitado de encima a los ladrones y sátrapas de siempre, no depositamos ni la menor confianza política en el nuevo gobierno. Nuestra confianza y nuestras esperanzas seguirán depositadas en la lucha de los trabajadores y el pueblo griego por las mismas exigencias que ha venido manteniendo en estos años.

 

Faltar a las esperanzas de cambio manifestadas en estas elecciones, unido a la continuidad de una crisis económica y social brutal como la que vive Grecia, como demostraron otros ejemplos históricos, es abonar el camino a partidos directamente fascistas que defienden un programa de ruptura con el euro y la troika, aunque lo hagan desde una perspectiva xenófoba, ultranacionalista y de extrema derecha, como Aurora Dorada, que fue el tercer partido más votado en estas elecciones, con 6,2% de votos, que le otorgan 17 escaños.

 

La gran tarea pues es trabajar por la organización y la independencia política de la clase obrera, confiando para ello únicamente en las propias fuerzas, en la enorme capacidad de movilización que el pueblo griego demostró en estos años. En ese marco, se debe construir una organización revolucionaria en el país.

 

Porque la catástrofe social no da un solo día de tregua, la clase obrera y la izquierda revolucionaria griega no deben dar ni cien ni un solo día de gracia al nuevo Gobierno, sino exigir de él aquello por lo que se le votó; queremos un cambio social, queremos que se aplique en Grecia el único plan de rescate que está faltando, el de los trabajadores y el pueblo.

 


[1] La deuda griega asciende a 320.000 millones de euros, de los cuales 240.000 millones pertenecen a acreedores de países europeos.

[2] Según el último Eurobarómetro de la Comisión Europea, 38% estima que la situación económica ya ha llegado al límite y no puede ir peor.

[3] En 2013, los impuestos representaban casi 42% de lo que ganaba una persona con un sueldo medio.

[4] http://observador.pt/2015/01/26/gregos-independentes-quem-e-o-novo-parceiro-syriza/

[5] http://noticias.uol.com.br/ultimas-noticias/efe/2015/01/26/syriza-diz-que-partido-nao-buscara-o-confronto-e-descarta-saida-do-euro.htm

[6]http://www.europapress.es/internacional/noticia-syriza-ganado-eleccionesy-ahora-20150126143632.html