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No es novedad que el mundo atraviesa por la crisis migratoria más dramática desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Según datos de organismos capitalistas como la ACNUR, esta crisis abarca a aproximadamente 68 millones de personas, la mitad de ellas menores de 18 años. A cada 30 minutos una persona se ve forzada a desplazarse de su hogar o lugar de origen por motivos económicos, sociales, culturales, por persecución política, religiosa, o por el desastre causado por las guerras.

Por LIT-CI

El fenómeno de los flujos migratorios forzosos no es nuevo. Pero se agravó al máximo con la crisis mundial y evidente descomposición del sistema capitalista imperialista. Al mismo tiempo, como no podía dejar de suceder, este problema ha sido un elemento importante que alimenta la polarización socio-política tanto en países imperialistas como en países semicoloniales.

Actualmente, existen dos focos principales. La “ruta” de África y Medio Oriente hacia los países más desarrollados de Europa, que alcanzó sus niveles más alarmantes entre 2015-16 pero que sigue dejando su rastro de muerte en el Mediterráneo; y, más recientemente, las sucesivas caravanas de miles de familias migrantes centroamericanas que lo dejan todo y arriesgan sus propias vidas en una caminada de más de 3 mil kilómetros hasta los EEUU. No se puede dejar de mencionar, como parte de esta tragedia social, a los millones de venezolanos que huyen de la miseria y de la represión provocadas por la dictadura capitalista de Maduro y buscan refugiarse en distintos países sudamericanos, principalmente en Brasil o en Colombia. Lo mismo debe decirse de los miles de haitianos que buscan en otros países del Cono Sur americano.

La migración forzosa no muestra otra cosa sino la barbarie capitalista. Y los gobiernos burgueses, con discursos más o menos atroces, responden con más barbarie.

La criminalización de la migración forzosa por parte de los gobiernos burgueses

Recientemente, la foto de Oscar y de su pequeña hija Valeria, que se ahogaron abrazados en el río Bravo, dentro de los límites de la ciudad de Matamoros, estado de Tamaulipas en México, conmocionó al mundo. Es una imagen atroz, que desnuda el verdadero rostro del imperialismo y de sus gerentes, como Trump.

No hace falta recordar que el tema del “peligro de la inmigración ilegal” ha sido siempre una de las banderas electorales del actual presidente estadounidense. Y ahora no es diferente. Trump no escatima diatribas contra los migrantes, a quienes tacha de terroristas, bandidos, traficantes. Pero no solo ha respondido con discursos xenófobos y racistas, sino con medidas grotescas, como mandar tropas a la frontera sur, aumentar las detenciones, separar a los niños de sus madres, segregar a las personas en campos de concentración inhumanos y, como es sabido, con la insistencia de construir un muro a lo largo de la frontera con México.

Sin embargo, se engañaría el que piense que con Obama era diferente. Sin apelar a discursos agresivos como los de Trump, el gobierno demócrata de Obama fue el que más personas deportó hasta ahora: más de 3 millones de inmigrantes. Así, republicanos y demócratas pueden diferir en la retórica o las maneras, pero están de acuerdo en lo central: reprimir a los migrantes.

Pero las caravanas también muestran la calamidad que provocan dictaduras serviles al imperialismo, como las de Daniel Ortega en Nicaragua, Juan Orlando Hernández [JOH] en Honduras, o Maduro en Venezuela. Lo mismo se puede decir de los gobiernos de Guatemala, Costa Rica, El Salvador, y el vergonzoso papel de “filtro policial” del gobierno mexicano de López Obrador, que capituló en toda la línea al chantaje de Trump y destinó tropas a la frontera con Guatemala para contener a las caravanas, y “cazar” a los migrantes. Y lo más indignante: el gobierno mexicano disfraza su acción represiva con un discurso de “respeto a los derechos humanos”. Cuando en realidad, después de su acuerdo con Trump del 7 de junio, las zonas de frontera se han convertido en campos de concentración de los migrantes devueltos desde EEUU y estacionados en México hasta que se resuelvan sus pedidos de asilo en EEUU. Son casi 17 mil en lo que va de este año.

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Las caravanas de migrantes centroamericanos, de los cuales decenas de miles son  detenidos en las fronteras y centenas mueren, como Oscar y Angie, son producto de la combinación de la brutalidad imperialista y de décadas de aplicación de políticas de saqueo y de represión por parte de los gobiernos de la región, como el tratado del Triángulo del Norte o los conocidos TLC, que ahondaron las medidas de privatización, flexibilización laboral, entrega de recursos naturales a las multinacionales, desempleo masivo y miseria generalizada; un cóctel perfecto para llevar a un sector de la clase trabajadora a una situación de completa pauperización y desesperación.

En Honduras, por ejemplo, la pobreza llega al 64% de la población, hay 350 mil desempleados, y 70% malvive en el sector informal. En ese mismo país, 63% de los graduados decide migrar y 23 niños abandonan la escuela por día. Además, los sucesivos gobiernos hondureños privatizaron 66% del sistema de electricidad. lo que generó aumentos de hasta 20% en el costo de ese servicio esencial. En El Salvador, casi 30% de la población reside en EEUU. El caos económico hace que las remesas de dinero enviados por los que lograron migrar alcance 20% del PIB del país. Una situación que no difiere mucho en los demás países de Centroamérica ni de México, donde las remesas de los migrantes –36 mil millones de dólares anuales– son el segundo mayor ingreso de divisas del país.

Sin embargo, entre la clase trabajadora de estos países, no solo existen sectores desesperados. Existen procesos de levantamiento popular muy fuertes en contra las dictaduras en Nicaragua, Honduras, Venezuela, contra gobiernos como el de Jinmy Morales en Guatemala y contra los planes neoliberales de Alvarado en Costa Rica. En estas luchas, el heroísmo de las masas es impresionante; los muertos, heridos y presos se cuentan por centenas; la brutalidad de los gobiernos es abierta; y el papel traidor de las direcciones burocráticas y tradicionales se hace cada vez más evidente.

El Mediterráneo se ha convertido en un enorme y profundo cementerio

El fenómeno de las caravanas de migrantes no es algo nuevo ni propio de los centroamericanos. Lo vimos en Europa, sobre todo entre 2015-16, cuando miles de familias salían de África y de países de Medio Oriente, como Siria o Irak, y se dirigían rumbo a Europa.

Desde la costa en Libia, un país destruido y en medio del caos más completo, miles intentan atravesar el Mediterráneo en condiciones peligrosísimas rumbo a puertos europeos, como el italiano de Lampedusa. Solo en 2018, más de 2 mil personas murieron tratando de completar esa travesía. Si llegan a suelo europeo, la mayoría es detenida en campos de concentración, perseguida o deportada. Hay campos de concentración en el que miles de familias son detenidas en EEUU, Francia, en el Este europeo, y en la Turquía dominada por Erdogan, país al que la Unión Europea paga seis billones de euros para que actúe como “muro” contra los migrantes. Solo una pequeña porción de los migrantes, generalmente la fuerza de trabajo más calificada, es “admitida” por los gobiernos de la “democrática” Unión Europea mediante un sistema repulsivo de “cuotas”.

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El caso de la capitana alemana Carola Rackete, una joven de 31 años que rescató en su embarcación a 40 migrantes en el Mediterráneo, ilustra lo atroz de la política migratoria en Europa. Después de dos semanas esperando autorización, Carola decidió asumir el riesgo de llegar a puerto como sea. Al llegar, fue detenida y enjuiciada. El ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, conocido político de extrema derecha, la acusaba de cometer un “acto de guerra”. Una crisis con el gobierno alemán permitió que la capitana sea liberada, pero el hecho de que salvar vidas sea considerado un “acto de guerra” debe ser comprendido por la clase obrera como una lección clara de cómo piensan y actúan los “civilizados” gobiernos europeos.

La gran tarea: solidaridad con los migrante y combate frontal contra los gobiernos

Desde la Liga Internacional de los Trabajadores-Cuarta Internacional sostenemos que la principal tarea de las organizaciones sindicales, sociales, estudiantiles y políticas de izquierda es cercar de solidaridad a todos los migrantes forzosos, en cualquier país.

¡Ningún ser humano es ilegal! Para el capital no existen fronteras, pero sí para el trabajo. Eso es inaceptable. Si familias enteras ponen en riesgos sus vidas para llegar a EEUU, Europa, o al país que sea, es porque en sus propios países no pueden garantizarse condiciones dignas de vida.

Es tarea de la clase obrera organizada y de todos los sectores que se reclaman democráticos dar un combate sin cuartel a la xenofobia y el racismo. La burguesía utiliza estos prejuicios para dividirnos como clase trabajadora y, así, aumentar su tasa de lucros y super explotar más a los indocumentados. Rechazamos los discursos y medidas xenófobas, y decimos que nacional o extranjera, somos la misma clase obrera.

La otra tarea es el enfrentamiento a los gobiernos.  Es urgente movilizarnos en contra de la política represora del gobierno Trump y de los gobiernos serviles de la región centroamericana; asimismo, hay que denunciar y rechazar los crímenes de la Unión Europea contra los migrantes africanos y de Medio Oriente.

Exigimos el retiro inmediato de las tropas, la apertura total de cualquier frontera, el fin de cualquier muro o cerca, para que cualquier persona pueda ingresar libremente a cualquier territorio del planeta. Este es un derecho humano y democrático fundamental. Exigimos papeles y trabajo digno para todos y todas en cualquier país. A igual trabajo, igual salario

En Centroamérica, más que nunca defendemos la necesidad de derrocar mediante lucha y movilización a las dictaduras de Daniel Ortega en Nicaragua y JOH en Honduras, principales impulsores de las políticas de Trump en la región que generan las oleadas migratorias, tanto a EEUU como hacia Costa Rica. Gobiernos oligarcas y corruptos como el de Jimmy Morales de Guatemala, el de Alvarado en Costa Rica, o bien el gobierno del FMLN de El Salvador (y ahora el de Nayib Bukele), son tan responsables como Trump de las penurias y de la muerte de miles de migrantes.

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La tarea es romper con el imperialismo, derrotar su ofensiva y su política recolonizadora en los países semicoloniales. Y eso pasa por enfrentar a sus gobiernos serviles. Eso pasa por enfrentar a las burguesías nacionales. En los países imperialistas, la tarea es impulsar la solidaridad con los inmigrantes, por el libre acceso y papeles, por trabajo digno, educación y derechos para todas las familias. La tarea es, también, luchar contra Trump y los gobiernos europeos, que tienen sus manos manchadas con la sangre de nuestra clase.

En cada país, es necesario organizar a los inmigrantes para que se defiendan, en todos los terrenos, de los ataques de los gobiernos y, donde esté planteado, de los sectores de extrema derecha.

Hacemos un llamado a las organizaciones del movimiento de masas a organizar una jornada internacional de lucha contra las políticas xenófobas y a favor de la libre inmigración en todos los países; una campaña en la que la clase obrera organizada y los demás sectores explotados y oprimidos deben ponerse a la cabeza.

Por una respuesta anticapitalista al drama de los refugiados y inmigrantes

La resolución final de esta lucha solo puede alcanzarse en el marco de una revolución socialista que lleve a la clase obrera al poder. En los países semicoloniales, la disyuntiva “revolución socialista o colonia” está más que planteada para impedir la barbarie, la pobreza, el desempleo y el poder del narcotráfico. En los países imperialistas, para derrotar la guerra social de los gobiernos contra la clase trabajadora nativa o extranjera. Lejos de ser una utopía, la revolución socialista es una necesidad apremiante para todos los pueblos.

La LIT-CI, con sus diferentes secciones, se pone al servicio de la construcción de una alternativa de dirección política que lleve a cabo esta tarea, tanto en los países semicolonizados como en los países imperialistas en los cuales tenemos presencia.

¡La clase obrera no tiene fronteras! ¡Ningún ser humano es ilegal! ¡No a la criminalización de la migración!

¡Asilo y acogida digna para todos los migrantes! ¡Abran las fronteras ya!

¡Los sindicatos y movimientos sociales tienen que organizar acciones de solidaridad con los migrantes de ambos lados de las fronteras!

¡Fuera el imperialismo estadounidense de Honduras, El Salvador, Guatemala, Costa Rica, México, y de toda Centroamérica!

¡Toda la solidaridad con los pueblos que luchan contra dictaduras como las de Maduro, JOH, y Ortega!

¡Abajo los gobiernos y dictaduras serviles a Trump y a la Unión Europa!