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El proceso revolucionario abierto en Ucrania a partir del derrocamiento de Yanukovich vive ahora su segundo acto. 

El nuevo gobierno de Yatseniuk-Turchinov, luego de firmar un acuerdo siniestro con la UE y el FMI, lanzó un ataque brutal contra los trabajadores y el pueblo de conjunto.

Frente a eso se fortaleció el movimiento separatista en el este ucraniano, apoyándose en un legítimo sentimiento de rechazo de amplios sectores de masas del sudeste al gobierno entreguista de Ucrania. Kiev reaccionó enviando tropas y tanques para reprimir a la población de la zona.

Tal como ocurrió en Maidán, donde actuaron fuerzas  de ultraderecha, neonazis y pro-imperialistas, ahora fuerzas reaccionarias del Este (chovinistas rusas y stalinistas) están desviando la necesaria lucha contra el oligárquico gobierno de Kiev hacia un movimiento separatista reaccionario que pretende la división de los trabajadores de Ucrania y la partición del país. Es preciso combatir ese movimiento para sostener la unidad de Ucrania y su clase obrera.

Tanto el nuevo gobierno ucraniano como Moscú comparten la política de descargar sobre los trabajadores la crisis que ellos provocaron y apuestan a cerrar el proceso revolucionario. Unos como otros son agentes del imperialismo. Pero, en ese marco, disputan tajadas de la cuota de explotación y saqueo de los recursos ucranianos. Y para eso han llevado al pueblo al umbral de un enfrentamiento fratricida.

La República Popular del Donetsk es un movimiento secesionista regresivo, por la “independencia”, que arrastra a parte de los trabajadores del este dividiendo al proletariado ucraniano y amenazando con una división que liquidaría a Ucrania.
Y Kiev lanza sus tanques para ahogar en sangre no solo el movimiento separatista sino toda posibilidad de reacción de la clase obrera de la región más industrial del país.

Ahora, ambos intentan frenar lo que provocaron pero la cuestión se escapó de sus manos. Solo la clase obrera organizada con sus propios métodos y lucha es capaz de enfrentar el doble ataque pro-imperialista de Kiev y de Putin.

No estamos en el campo político del gobierno de Kiev ni en el campo político de Putin y sus agentes separatistas de la República Popular del Donetsk, que son otro mecanismo para la misma colonización de Ucrania. Ninguno ofrece un futuro de independencia ni la resolución de los problemas sociales de Ucrania. Estamos en contra de la ofensiva de los tanques de Kiev así como de la separación criminal que se esconde detrás de la trampa de la República Popular del Donetsk.

Defendemos la unidad de la clase obrera ucraniana contra ambos proyectos burgueses. Estamos por una Ucrania unida, independiente, que rompa con la opresión histórica rusa y con el proyecto de colonización impulsado tanto por la UE y el FMI como por Putin.

Saludamos fervientemente el surgimiento de procesos de la clase trabajadora en las provincias del Este, que enfrentan tanto el siniestro separatismo pro-ruso como al gobierno pro-imperialista de Kiev. En ellos está la esperanza de toda Ucrania.  

Ucrania, una historia de luchas nacionales derrotadas por direcciones contrarrevolucionarias

Ucrania es uno de los países de mayor tradición de grandes luchas nacionales. Lamentablemente, también coleccionó derrotas facilitadas por direcciones contrarrevolucionarias. En la actualidad vemos una reedición de ese dilema entre revolución y contrarrevolución en pleno curso.

Sigue siendo válida la afirmación de Trotsky: “La Cuarta Internacional debe comprender claramente la enorme importancia de la cuestión ucraniana no sólo en el destino del este y sudeste europeos sino de Europa en su conjunto. Se trata de un pueblo que ha demostrado su viabilidad, numéricamente igual a la población de Francia y que ocupa un territorio excepcionalmente rico y, además, de la mayor importancia estratégica.” [1]

Fue sobre la base de la política revolucionaria de defensa de la autodeterminación nacional que los bolcheviques pudieron construir una experiencia histórica inédita con la creación de la Unión de las repúblicas Socialistas Soviéticas en 1922.  Un ejemplo para todas las nacionalidades oprimidas del mundo de cómo se podía unir libremente diversas nacionalidades en una federación con objetivos comunes por el convencimiento y no por la imposición.
 
“En la concepción del viejo Partido Bolchevique, la Ucrania Soviética estaba destinada a convertirse en el poderoso eje en torno al cual se unirían las otras secciones del pueblo ucraniano. Durante el primer período de su existencia, es indiscutible que la Ucrania Soviética fue una poderosa fuerza de atracción en relación a las nacionalidades, así como estimuló la lucha de los obreros, los campesinos y la intelectualidad revolucionaria de la Ucrania Occidental esclavizada por Polonia. Lamentablemente, la burocratización de la URSS llevó a su transformación en una nueva prisión de los pueblos. La opresión rusa se abatió con la brutalidad stalinista sobre las otras nacionalidades de la federación, generando nuevamente fortísimas corrientes centrífugas.
“La burocracia también estranguló y saqueó al pueblo de la Gran Rusia. Pero en las cuestiones ucranianas las cosas se complicaron aún más por la masacre de las esperanzas nacionales. En ninguna otra parte las restricciones, purgas, represiones y, en general, todas las formas de truhanería burocrática asumieron dimensiones tan asesinas como en Ucrania, al intentar aplastar poderosos anhelos de mayor libertad e independencia profundamente arraigados en las masas. Para la burocracia totalitaria, la Ucrania Soviética se convirtió en una división administrativa de una unidad económica y de una base militar de la URSS.” [2]
Esas corrientes centrífugas nacionales explotaron con la caída de la dictadura stalinista que llevó a la disolución de la URSS en 1990-1991.

El momento actual es una nueva expresión de un proceso revolucionario por un lado, y de la disputa colonizadora del país por dos bloques burgueses: de un lado, el imperialista de la Unión Europea y Estados Unidos y, del otro, la opresión burguesa rusa (también pro-imperialista) con Putin, que apelan al nacionalismo para esconder su dominación.

Ninguna de esas alternativas sirve para la construcción de una Ucrania libre e independiente. Tampoco ninguna alternativa burguesa ucraniana asegura eso. Los distintos sectores de la burguesía ucraniana se dividen en torno a dos proyectos (con más o menos influencia rusa) que significan la misma dependencia. Es necesario enfrentar hasta las últimas consecuencias tanto la histórica opresión rusa como la presente avanzada de la UE-FMI. Sólo una alternativa obrera y revolucionaria puede apuntar hacia la unidad e independencia del país.

El primer momento del proceso revolucionario

La caída de Víctor Yanukovich fue la expresión del proceso revolucionario alcanzando uno de los eslabones débiles del capitalismo europeo. La crisis económica, con un cuarto de la población en la pobreza absoluta y un desempleo que alcanza a tres millones de personas, llevó a las masas ucranianas a la acción. Esa base material se sumó a los ejemplos de la revolución mundial.

La caída de Yanukovich fue una enorme victoria de la movilización revolucionaria del pueblo ucraniano, que dividió a las fuerzas represivas y llevó al colapso a las principales instituciones del poder político. Fue una doble victoria democrática. Por un lado, derrocó al gobierno y debilitó un régimen bonapartista. Por otro, derrocó a Yanukovich, un agente de la Unión Europea y de la opresión rusa, aunque al final se había inclinado por Moscú y frenado la ida hacia la UE.

Como decíamos, no podemos entender la cuestión nacional aislada del contexto internacional de la lucha de clases. Al contrario de lo que afirma la izquierda pro stalinista mundial, el repudio a la opresión rusa cumplió aquí un papel progresivo, a favor de la revolución mundial.

No obstante, el debilitamiento de la opresión rusa no resuelve la cuestión nacional del país. El resultado de las movilizaciones fue profundamente afectado por la ausencia de dirección revolucionaria. Su dirección fue ocupada por otros sectores burgueses pro-imperialistas y también por corrientes fascistas. El heroísmo de las masas ucranianas fue empañado por las esperanzas en la Unión Europea. El resultado de la primera etapa del proceso revolucionario llevó contradictoriamente a un gobierno de otra camarilla burguesa, aún más pro-imperialista. Cayó el gobierno de Yanukovich pero siguió el régimen bonapartista –aun debilitado– bajo el gobierno provisorio de Yatseniuk. La acción revolucionaria de las masas debilitó la dominación rusa pero,  contradictoriamente, se intensificó la dominación imperialistadirecta, ahora bajo las órdenes de la UE y del FMI.

El gobierno provisorio de Yatseniuk firmó un acuerdo con el FMI que es un paso cualitativo en la colonización del país y su sumisión a la UE. El plan incluye un durísimo ataque contra el pueblo ucraniano, así como la recomposición de sus fuerzas armadas directamente por la CIA, creando la Guardia Nacional, que incorpora al aparato represivo estatal las hordas nazis que actuaron en Maidán.

La cuestión nacional no fue resuelta. Por el contrario, se agravó con una colonización mucho más directa de la Unión Europea y el FMI sin que dejasen de existir fuertes elementos de dominación rusa sobre zonas de Ucrania.

No obstante, el balance de este primer momento no puede limitarse a eso. Lo más importante es que se inició un proceso revolucionario que el nuevo gobierno no puede contener. Las masas entraron en acción, con sus gigantescas confusiones, con el vacío de dirección revolucionaria. Pero se acabaron los tiempos de estabilidad. Revolución y contrarrevolución ahora se enfrentan de forma compleja y confusa, pero con una intensidad inédita. Hace muchos años que no se veía esto, no sólo en Ucrania sino en toda Europa.
 
El episodio de Crimea

La caída de Yanukovich significó también una derrota directa de Putin, en la medida en que el ex presidente ucraniano, sin dejar de ser un agente oligárquico pro-imperialista, devino en un agente directo del Kremlin en ese país. Putin reaccionó con una agresión militar a la soberanía ucraniana, invadiendo con sus tropas la península de Crimea, donde miles de soldados rusos tomaron aeropuertos, edificios públicos, y cercaron las principales bases militares ucranianas.

La península de Crimea es, en realidad, un enclave ruso. Existió una rusificación brutal de la región, impulsada por Stalin con una limpieza étnica de los tártaros, la población histórica de la península. Fueron deportados más de 190.000 tártaros a Uzbekistán, Mari, Kazakistán y otros oblasts [provincias] rusos. La población tártara en Crimea fue diezmada y expulsada de su propia tierra, para después ser sustituida por colonos rusos. Por lo tanto, podemos afirmar que la actual “mayoría” rusa en Crimea viene del proceso de rusificación iniciado a finales del siglo XVIII y, especialmente, del atroz genocidio de 1944-1945.

Se trata de una región de enorme importancia para Moscú, tanto económica (gasoductos y turismo interno masivo) como militar. Allí se encuentra la gigantesca base naval de Sebastopol, sede de la Flota del Mar Negro. Apoyado en esa base social rusa y en la agresión militar, Putin impone la farsa de un referendo que llevó a una separación de Crimea de Ucrania, y su anexión a la Federación Rusa.

La cuestión “nacional” de Crimea, utilizada por Putin, no cumplió ningún papel progresivo. Fue una respuesta reaccionaria a la derrota de Maidán, apoyada en la base social de un enclave sin ningún derecho a la autodeterminación.

El segundo momento del proceso revolucionario
 
Al descargar la profunda crisis económica en que está sumergido el país sobre las espaldas de los trabajadores, el gobierno de Kiev mostró su cara y abrió un nuevo momento en la lucha de las masas.

Aunque la campaña de desinformación de la prensa caracterice a la movilización en el sudeste de Ucrania como un movimiento dirigido por las “fuerzas separatistas” y “pro-rusas”, la verdad es que estamos frente a un movimiento mucho más complejo.

El sudeste ucraniano es la región más industrializada del país, particularmente la provincia (oblast) de Donetsk. Desde la minería, pasando por las industrias metalúrgicas, químicas, y la más importante concentración obrera del país.

Con el resquebrajamiento de la economía ucraniana la moneda nacional perdió más de 50% de su valor en dos meses, eso por sí solo representó una profunda pérdida en los ya bajos salarios. La crisis profundizó el desempleo, y el paquete de medidas exigido por el FMI y aplicado por el servil gobierno de Kiev, que aumenta el precio del gas en 50%, congela los salarios de los empleados públicos, y está llevando a un aumento de precios generalizado. Esa fue la chispa que amenazaba con explotar la lucha popular, con importante participación obrera.

El aumento en el precio del gas –que mantiene templadas las casas en una región donde las temperaturas llegan a -20°C– significa la frontera entre la vida y la muerte para muchas familias.

Este es el plan de fondo que pone en movimiento a las masas. Según un corresponsal de prensa: “En Donetsk, los protagonistas son los ingenieros de las fábricas en paro por falta de pedidos, los mineros de las minas que cierran o se derrumban. Por eso, una de las principales reivindicaciones es la nacionalización de la industria y el reciente paquete del gobierno tiende a profundizar aún más el descalabro social.”[3]

Después de la restauración capitalista y el pillaje de la propiedad estatal, la región también dio lugar para las principales fortunas del país. Rinat Akhmetov, el hombre más rico de Ucrania y con una de las mayores fortunas de Europa, construyó su imperio industrial apropiándose de las minas estatales, y luego abrió camino para la industria metalúrgica y bancos.

Existe una división en la burguesía ucraniana: los grandes oligarcas del Este y del Oeste. Algunos propietarios de las grandes empresas no se interesan por la anexión a Rusia, porque sus empresas son las competidoras directas de Rusia, en especial en los sectores agro-alimenticios, químico, de la construcción automovilística y de la metalurgia. Eso explica el hecho de que aun un oligarca pro-ruso como Akhmetov, miembro del mismo partido que Yanukovich, haya rechazado integrar la Unión Aduanera propuesta por Rusia dejando correr libremente la campaña por el acuerdo con la UE. La posibilidad de asociarse a los capitales imperialistas sobre la base de la destrucción del país le parecía más atractiva.
 
Una trampa nacionalista obstaculiza una necesaria y progresiva rebelión obrera

Hay una lucha nacional progresiva de Ucrania como nación oprimida, tanto contra la opresión rusa histórica como contra el imperialismo mundial. Esa lucha debe continuar, y se expresa hoy en el enfrentamiento al gobierno de Kiev y a las políticas de la UE-FMI y de Moscú.

Eso nada tiene que ver con el actual intento secesionista expresado por la República Popular del Donetsk y el criminal intento separatista encabezado por las organizaciones que realizaron el referéndum del 11 de mayo, que debe ser rechazado por la clase trabajadora ucraniana y del mundo.

Entre la radicalización política contra o gobierno de Kiev y la lucha por la unidad de la clase obrera ucraniana se interponen varios obstáculos. Otras fuerzas políticas, tan reaccionarias como las que se apropiaron del resultado de la movilización popular en el Maidán de Kiev, entraron en acción y canalizaron la rabia y el odio de la clase contra el gobierno de Kiev.

La cuestión nacional en el este de Ucrania es en este caso una trampa para desviar un profundo problema social. El proletariado ucraniano necesitaba salir a la lucha contra el gobierno pro-imperialista de Kiev y el proyecto de colonización del FMI.

Pero ese odio social es desviado hacia una cuestión nacional pro-rusa. En esa región, cerca de 70% de la población usa la lengua rusa. Los rusos no pueden ser considerados una nacionalidad oprimida en Ucrania. Al contrario, son una nacionalidad opresora. El marxismo revolucionario defiende, en general, la autodeterminación de las nacionalidades oprimidas, no de las opresoras.

No obstante, la victoria revolucionaria de Maidán no llevó al gobierno una dirección que buscase incorporar al conjunto del pueblo ucraniano. Al contrario, Yatseniuk combinó un durísimo ataque social con el plan del FMI con una medida bonapartista y provocadora contra la nacionalidad rusa, anulando el uso de ese idioma como segundo idioma oficial del país. Antes de esas medidas, las corrientes separatistas de esa región no tenían peso de masas. Fueron esas medidas las que arrojaron a un sector del proletariado hacia la reaccionaria causa separatista.

La necesaria lucha del principal sector del proletariado ucraniano –en unidad con el conjunto de los trabajadores del país– contra un gobierno apoyado por todo el imperialismo europeo y norteamericano fue desviada hacia la falsa política de que la solución para sus vidas es la independencia de su región y la separación de Ucrania, el referendo y la fundación de la RPD, e incluso la política de anexión a Rusia y no la unidad del proletariado contra el gobierno de Kiev.

Las ilusiones de la movilización popular en Maidán, sobre que el tratado con la UE mejoraría sus vidas, tiene un correspondiente en el Este, sobre que Rusia puede ser una alternativa. Se trata de ideologías reaccionarias que atentan contra la necesidad de lucha conjunta del proletariado ucraniano contra el gobierno de Kiev.

En el Este ucraniano actúan organizaciones de nacionalistas pro-rusos de ultraderecha y antisemitas, como Oplot, que disputan a las masas bajo la denominación zarista de esa región como Novorusia, desviándolas hacia una causa reaccionaria, suicida, como la separación. En Maidán actuaron organizaciones como Svoboda y Pravy Sektor, las organizaciones de ultraderecha pro-Kiev, que tuvieron que montarse sobre una movilización progresiva, que tiró abajo a Yanukovich, para después evitar que esa movilización continuara contra los oligarcas. Ahora, sus hermanas gemelas pro-Rusia disputarán palmo a palmo la conciencia de los trabajadores para impedir que los tiros sean disparados contra los verdaderos enemigos: la burguesía ucraniana, rusa y el imperialismo mundial.

El Acuerdo de Ginebra en abril, entre los jefes de la diplomacia norteamericana, la UE y Rusia demostró que Putin tiene una preocupación central por mantener la conquista de Crimea y busca negociar alrededor del Este de Ucrania. Por eso, el acuerdo determinó la desactivación del conflicto y el fin de las ocupaciones de los edificios públicos, o sea, la retirada de los combatientes en el Este. Por la misma razón, Putin propuso “postergar” el referendo por la independencia en la región y no interferir en las elecciones del 25 de mayo en Kiev.

Putin no puede actuar en el Este ucraniano como en Crimea porque tiene miedo de que el proceso revolucionario allí desatado contamine la situación rusa, también afectada por la crisis económica. Pero, por la misma razón, no logra controlar lo que pasa en la región: no hubo desarme ni desocupación de los edificios, y el referendo fue realizado en las dos regiones más importantes del Este.

El referendo de Donetsk y Lugansk fue una iniciativa de los sectores separatistas –expresión de sectores burgueses menores que dependen para sus negocios de las relaciones de dependencia para con Rusia– para desviar la lucha social de las masas contra el gobierno de Kiev.

De acuerdo con sus organizadores –lo que es imposible de verificar– contó con una masiva participación–, cerca de 70 a 80% de la población, que manifestó una posición ampliamente mayoritaria (hablan de 90%) a favor de la independencia de las regiones. La pregunta (en contra o a favor de la independencia) no define, a propósito, cómo se concretaría esa independencia, porque el apoyo a la anexión es minoritario. Fue un referendo tramposo, porque consultaba por sí o no a la “independencia” pero, una vez conocidos sus resultados, la dirección pro-rusa de la RPD manifestó su intención de ir hacia la unidad con Rusia, lo que, de acuerdo a encuestas, no estaba en las intenciones de la mayoría[4].

Con ese referendo, las direcciones pro-rusas fueron ganando a las masas para una posición reaccionaria independentista, dejando de lado la necesaria unidad del proletariado ucraniano para combatir al gobierno pro-imperialista de Kiev. Es necesario rechazar con todas las fuerzas ese referendo tramposo, que esconde una política criminal para los trabajadores ucranianos.

O gobierno pro-imperialista de Kiev intentó una ofensiva militar contra el Este rebelado, que fue un monumental fracaso. Las fuerzas regulares del Ejército se negaban a disparar  entregaban sus armas al pueblo. No obstante, el ejército fue sustituido por las nuevas fuerzas de represión (la Guardia Nacional y la División Alpha), reorganizadas con la ayuda del imperialismo y reclutadas entre las filas de las organizaciones neonazis.

Las operaciones militares volvieron a la carga de forma redoblada, y el cerco de las ciudades rebeladas fue también redoblado. Debemos rechazar, asimismo, la posibilidad de que el aparato represivo de Kiev lance una masacre contra las poblaciones del Este.
 
Incipientes procesos obreros: una esperanza para el futuro de la revolución en Ucrania
 
Sin embargo, no son estas las únicas fuerzas que se están moviendo. Existen expresiones de que hay espacio en la clase obrera para una postura distinta a la del nacionalismo pro-ruso, y de unidad de la clase obrera ucraniana para el enfrentamiento con el régimen de Kiev. Los trabajadores de las minas de Kryvyi Rih (en ruso, Krivoy Rog), que apoyaron Maidán, ahora reivindican un “Maidán obrero”. Se han manifestado en las calles hasta la administración de EVRAZ Sukha Balka plc[5] y han hecho llover monedas de bajo valor como protesta contra el “aumento salarial” ficticio del pasado abril.

Hicieron también un llamado: “Al mismo tiempo, pedimos a las autoridades que legitimen la autodefensa de los mineros y que armen a las brigadas de mineros. La organización de los trabajadores, y la autodefensa de los trabajadores son el factor estabilizador que puede prevenir el ascenso de la violencia en Ucrania. En aquellos lugares donde los trabajadores organizados están controlando la situación, la acción de las masas no se traduce en asesinatos masivos. Los trabajadores defendieron el Maidán en Kryvyi Rih.”[6] Y el Sindicato Independiente de Mineros de Ucrania ha hecho una convocatoria a los obreros británicos para realizar una campaña internacional[7].

No son el único caso. Así como em Kryvyi Rih organizaron la autodefensa, en zonas como Cherno Hrad –distrito de Lviv– los trabajadores nacionalizaron de hecho la central eléctrica que pertenece al oligarca Rinat Akhmetov. Y en Krasnodon –distrito de Lugansk–, en huelga general regional, los mineros se hicieron del control de la ciudad, se negaron a aliarse a los separatistas y a apoyar a los oligarcas de Kiev. Pusieron en pie su propio Maidán de los trabajadores, con sus propias reivindicaciones de justicia social: aumento de salarios, fin de la subcontratación de trabajadores, y con un movimiento político que planteaba la unidad de los trabajadores de diferentes sectores, con fuerza tal que tomó la ciudad sin un solo disparo y sin que nadie se resistiera, ni siquiera pasivamente[8].

Como expresión de otro proceso, entraron en movimiento los obreros metalúrgicos de las fábricas de Akhmetov, que emplean 280.000 obreros en el Este ucraniano. Aparentemente, bajo las órdenes del gran burgués, que tiene miedo de perder sus mercados caso se imponga la separación del Este, los obreros tomaron cinco ciudades del Este, incluyendo Mariupol, corriendo a las milicias pro-rusas que las controlaban. Para eso, formaron piquetes que fueron expulsando a los separatistas –al menos en Mariupol–, limpiando las calles de barricadas y “restableciendo el orden”.

No existe ningún futuro para el proletariado ucraniano bajo el mando de Putin, o de Yatseniuk-FMI, ni tampoco de Akhmetov. Pero esos movimientos son importantes para ver que no está consolidada en el proletariado del Este ucraniano la dirección reaccionaria pro-rusa. Y, más en general, estos hechos demuestran que está planteada una posibilidad real de que los trabajadores tomen en sus manos las cosas, enfrentando a los separatistas pro-rusos y al gobierno pro-imperialista de Kiev.

¡¡¡NO a la partición de Ucrania ni la entrega al FMI!!
¡Ni UE-FMI ni Putin! ¡Por la unidad de la clase obrera ucraniana!
¡Por una Ucrania independiente y socialista!
 
Ucrania es un país históricamente oprimido por Rusia. En función de su decadencia económica despierta fuerzas centrífugas entre sectores burgueses que se orientan en dirección a diferentes variantes: sobre un acuerdo de mayor dependencia al imperialismo, se acercan o se alejan de Rusia.

En el primer acto de este proceso revolucionario, las masas corrieron a la camarilla burguesa que controlaba el aparato estatal sometido a Rusia.

Ahora, en el segundo acto, el proletariado del Este necesita enfrentar la trampa separatista de la RPD, para avanzar en la unidad de la clase obrera ucraniana y luchar contra el gobierno de Kiev y contra toda opresión, y lograr una Ucrania unida e independiente.

Apoyamos la lucha de los trabajadores ucranianos del sudeste del país contra el nuevo gobierno y sus medidas dictadas por el FMI. Defendemos su derecho a mantener su idioma ruso, al mismo tiempo que luchamos por la unidad de la clase obrera ucraniana y contra la división del país.

Pero no defendemos la independencia ni consideramos que esté en juego un derecho a la autodeterminación nacional, pues tiene en su base una mayoría rusa, que no es una nacionalidad oprimida en Ucrania. Por eso rechazamos la RPD y el referendo del 11 de mayo.

La cuestión nacional, una vez más, sólo puede ser entendida a la luz de la situación internacional de la lucha de clases.

La victoria del separatismo y la partición de Ucrania sería una indudable derrota para los trabajadores del país y la nación oprimida, que destruiría toda posibilidad de una Ucrania independiente y fortalecería la dependencia de cada parte al imperialismo en su conjunto, además de fortalecer la continuidad de la opresión rusa sobre el Este del país.

Una unidad conseguida a través de una masacre de los tanques del gobierno de Kiev, sería una indudable derrota del proletariado ucraniano y europeo. Fortalecería a los gobiernos de Alemania y Francia (además de Obama), apoyadores incansables de Yatseniuk-Turchinov. Ayudaría en la colonización del país, con la imposición del plan del FMI.
 
La revolución ucraniana pasa por la unidad de su proletariado.  La contrarrevolución tiene dos cabezas: los dos campos burgueses de la UE y Putin.

¡Fuera UE, Estados Unidos y Putin de Ucrania!
¡No a la separación del Este, no a la RPD! ¡Enfrentar a los secesionistas!
No a la federalización ni la separación ni la anexión a Rusia
¡Abajo el paquete FMI-Yatseniuk! ¡Fuera el gobierno pro-imperialista!
¡Por la nacionalización de las empresas y minas!
¡Por una Ucrania unida, independiente!
¡Por una Asamblea Nacional Constituyente que decida de forma democrática la organización del país y de las regiones!
¡Por un gobierno obrero y socialista!

Lea también  ¡Por un 1° de Mayo clasista, de lucha contra los gobiernos y sus agentes!¡En defensa de la Revolución Socialista!

[1] “La cuestión ucraniana”, 1939.
[2] Ídem.
[3] Ver: http://internacional.elpais.com/internacional/2014/05/05/actualidad/1399319384_585225.html
[4] Ver: http://elcomercio.pe/mundo/actualidad/ucrania-podria-perder-185-su-territorio-mayo-noticia-1726191: Según una encuesta del Instituto para la Investigación Social y Análisis Político, divulgada por el diario británico “The Guardian”, solo un 27% de la población está a favor de unirse a Rusia de alguna forma .
[5] Corporación multinacional siderúrgica y minera, con sede en el Reino Unido y operaciones en Rusia y Ucrania, entre otros países.
[6] Ver: http://observerukraine.net/2014/05/12/appeal-of-the-kryviy-rih-basin-miners-to-the-workers-of-europe/
[7] Ver: http://observerukraine.net/tag/kryviy-rih-miners/
[8] Declaración de la Oposición de Izquierda – 16-5-14. Ver: http://observerukraine.net/2014/05/08/for-an-independent-social-movement-for-a-free-ukraine/