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Este 15 de mayo se cumplen 70 años de la Nakba palestina, palabra árabe usada como catástrofe o tragedia. Fue lo que representó la creación unilateral del Estado de Israel en esa fecha del año 1948, mediante la planeada limpieza étnica. En aquel periodo fueron expulsados 800.000 habitantes palestinos de sus tierras –el equivalente a 2/3 de la población– y destruidas más de 500 aldeas. El movimiento sionista, que visaba la creación de un Estado judío homogéneo en Palestina, a través de la colonización, en alianza con el imperialismo del momento, consolidaba su intento. En 1967, avanzaba hacia el resto de Palestina (22% del territorio), para ocupar militarmente Cisjordania, Gaza y Jerusalén Oriental. Desde la LIT-CI llamamos a la movilización en todos los países durante los actos por estos 70 años de resistencia heroica de los palestinos.

Declaración de la LIT-CI

Llamamos al fortalecimiento de la solidaridad internacional incondicional hasta el fin del Estado racista de Israel, única solución justa, que contempla la totalidad del pueblo palestino, fragmentado desde la Nakba y cuya mayoría se encuentra fuera de sus tierras.

A 70 años, es preciso denunciar la llamada “solución de los dos Estados” –Israel y Palestina–, defendida por la mayoría de la izquierda mundial y apoyada por centenas de gobiernos. Esa propuesta no es más que la legitimación de las tierras usurpadas hace 70 años por Israel. Además de injusta desde siempre, es totalmente inviable por el avance colonial del sionismo hasta los días de hoy y por el apartheid institucionalizado.

El legítimo e inalienable derecho de retorno a sus tierras de los cinco millones de refugiados que viven en campos en los países árabes y de los millares en la diáspora solamente puede ser asegurado con un Estado único palestino, laico, libre y democrático, desde el río hasta el mar. Al final, ¿para dónde volverían los expulsados de 1948 en la propuesta de los “dos Estados”? Ese es el primer derecho rifado en lo que se denomina “solución” –como se demostró en varias “negociaciones de paz”. Los Acuerdos de Oslo firmados entre el Estado de Israel y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) en 1993, intermediados por los Estados Unidos, son llamados con razón por muchos palestinos como la segunda Nakba: la colonización de tierras se aceleró, ahora con la colaboración de la Autoridad Palestina, creada como resultado de los acuerdos, con cooperación de seguridad con Israel. Se hizo más fácil para el sionismo colonizar las tierras palestinas con un capataz para reprimir la resistencia.

Es necesario desmitificar la solidaridad expresada por sectores de izquierda que aún alimentan ilusiones en ese proceso o que solamente reconocen como válidas acciones pacíficas. Esa formulación ignora la realidad de la ocupación israelí y niega el derecho legítimo a la resistencia por cualquier medio frente a ese cuadro. Expresa, en la práctica, una capitulación al apartheid sionista, que desde siempre utiliza la falsa propaganda de “defensa” y “reacción” ante la “violencia”. Israel se vale de ese discurso incluso hasta para encarcelar por varios años a niños y adolescentes que lanzan piedras contra sus tanques. Un ejemplo de esa formulación fueron las declaraciones de Guilherme Boulos, candidato a la presidencia del Brasil por el PSOL, en su viaje a Palestina, que afirmó su “solidaridad al pueblo palestino y el apoyo a una solución pacífica del conflicto en la región”.

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La “solución de los dos Estados” ignora también a los palestinos que quedaron en los territorios de 1948 –hoy un millón y medio– sometidos a decenas de leyes racistas bajo el yugo del Estado de Israel. Y legitimaría el régimen de apartheid institucionalizado a que los palestinos bajo ocupación están sometidos cotidianamente en Cisjordania, Gaza y Jerusalén Oriental.

Complicidad de los gobiernos

En este momento, es importante aún denunciar la complicidad histórica de los gobiernos de todo el mundo con el apartheid y la colonización sionistas. La primera demostración fue dada durante la Asamblea General de las Naciones Unidas el 29 de noviembre de 1947, presidida por el brasileño Osvaldo Aranha. La sección recomendó la división de Palestina en un Estado judío y uno árabe y otorgó al colonizador prácticamente la mitad de las tierras. Una señal verde para la limpieza étnica que culminó en la Nakba, cuando el Estado de Israel se estableció en 78% de la Palestina histórica. Masacres y expulsión fueron el resultado directo de esa decisión.

Queda evidente en ese proceso, además, el papel nefasto del estalinismo. La entonces URSS fue la primera en reconocer de hecho y de derecho el Estado de Israel, enseguida después de su creación. Los Estados Unidos lo reconocieron un poco antes de hecho, pero no de derecho. Países en todo el mundo siguieron al imperialismo, avalando la consolidación del proyecto colonial sionista. El estalinismo fue más allá de su complicidad: suministró armas vía Checoslovaquia para el genocidio en 31 aldeas palestinas y para la limpieza étnica resultante durante la Nakba.

Esa complicidad infelizmente permanece, en todo el mundo. El Mercado Común del Sur (Mercosur, formado por Paraguay, Uruguay, Argentina y Brasil) firmó en 2007 el Tratado de Libre Comercio con Israel, el cual está vigente desde 2010. Lamentablemente, el Brasil dio el primer paso en esa dirección. Y durante los gobiernos Lula/Dilma se volvió uno de los cinco mayores importadores de tecnología militar israelí –y esos acuerdos siguen avanzando con el gobierno Temer–. A partir de ahí, se abrieron las puertas de América Latina a la industria bélica israelí –que testa sus “productos” para exportación en sus cobayas: los palestinos. Tecnologías que también están en manos de las policías que reprimen, criminalizan y promueven el genocidio de los negros y pobres en los Estados brasileños y de otros países. A 70 años, es necesario fortalecer el llamado de la sociedad civil palestina por BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones) a Israel y exigir el fin de esos acuerdos.

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Enemigos de la causa

Es necesario aún, a 70 años, desenmascarar a los enemigos históricos de la causa palestina: la burguesía palestina, los regímenes árabes, el imperialismo y el sionismo.

Inaugurado hacia finales del siglo XIX y decidiendo por Palestina como lugar para la creación del Estado de Israel en su Primer Congreso de Basilea, el sionismo tenía desde siempre el proyecto de conquista de la tierra y del trabajo en alianza con el imperialismo del momento. Primero consiguió el aval de Gran Bretaña, que quedó con mandato sobre Palestina luego de la Primera Guerra Mundial y a quien interesaba la alianza con el sionismo en una región estratégica.

Después de la Segunda Guerra, el bastón pasó a manos de los Estados Unidos. De ninguno de ellos vendrá la paz, obviamente, ya que les interesa mantener un enclave colonial y militar en el Medio Oriente y el Norte de África.

Tampoco vendrá de los regímenes árabes, que usan la causa palestina para continuar oprimiendo y explotando a la población en sus países. Los regímenes árabes jamás promoverán acciones concretas por la liberación de Palestina; por el contrario. Prometieron evitar la Nakba, pero no empeñaron esfuerzos para eso. Antes, justamente con la burguesía local, actuaron para la derrota de la revolución de 1936 a 1939 contra el mandato británico y la colonización sionista –momento en que los trabajadores y campesinos palestinos llegaron más próximos de la liberación de sus tierras–. Esa derrota fue determinante para la Nakba años después, una vez que los líderes palestinos habían sido ejecutados, exilados, o estaban presos, y la población completamente desarmada.

La burguesía palestina, en aquel momento como ahora, por sus intereses de clase, tampoco merece que se le deposite confianza como líder en un proceso de liberación nacional. La liberación vendrá de manos de los trabajadores unidos a los campesinos, bajo una dirección revolucionaria.

Por una alternativa revolucionaria y socialista

Fundada en 1964, la OLP cumplió un papel decisivo al centralizar la resistencia palestina. No obstante, luego de la firma de los Acuerdos de Oslo en 1993, dejó de hacerlo. Su principal organización, Fatah, preside hoy la OLP y la Autoridad Palestina con una política de colaboración con el apartheid israelí.

Hamas, principal partido de oposición a Fatah, integra la resistencia palestina. No obstante, su carácter burgués lo empuja en dirección a una acomodación con el Estado de Israel, expresado en la actualización de su manifiesto.

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El Frente Popular por la Liberación de Palestina (FPLP), principal organización de izquierda, también integra la resistencia palestina, pero capitula a la dirección de la OLP y de la Autoridad Palestina. Además, el FPLP dio la espalda a las revoluciones árabes, apoyando la mantención del dictador sanguinario sirio Bashar al Assad.

Es necesaria la construcción de una alternativa revolucionaria y socialista para unir a las masas palestina y árabes en la perspectiva de una Palestina laica y democrática, en la que finalmente la población palestina pueda decidir sobre su destino, en la perspectiva de integrar una federación de repúblicas árabes socialistas.

Solidaridad con Palestina

Es menester levantar bien alto la bandera de la solidaridad efectiva y activa a la causa palestina, símbolo de las justas luchas contra la explotación y la opresión, en todo el mundo. E inspirarse en la resistencia heroica de los palestinos, hoy demostrada en la Gran Marcha del Retorno, a partir de Gaza. Los 45 asesinados y los más de 5.500 heridos por el Estado de Israel en las protestas no terminan ahí. Son aquellos que no tienen nada que perder, cuyos derechos humanos fundamentales les son negados hace 70 años. Para los palestinos resistir es existir.

¡Todos/as a los actos por los 70 años de la Nakba! ¡Boicot a Israel!

¡Por Palestina libre, desde el río hasta el mar, fin del Estado racista de Israel!

¡Por la construcción de una alternativa revolucionaria y socialista en Palestina!

Traducción: Natalia Estrada.