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El avance de las milicias del Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIS, por su sigla en inglés) desde los territorios que controla en Siria hacia el noroeste de Irak y rumbo a Bagdad configura una de las crisis más agudas desde la retirada de las tropas norteamericanas de ese país en 2011.




Es un acontecimiento que, como veremos, muestra a las claras la profundidad de la derrota imperialista en la última guerra y ocupación de Irak (2003-2011) y complica al extremo sus intentos de retomar el control de esa región, sacudida por una serie de procesos revolucionarios, comenzando por la guerra civil siria.



Por la posición geopolítica de Irak esta crisis trasciende sus fronteras aumentando la inestabilidad política y económica internacional: genera un aumento del precio mundial del petróleo, con lo cual se agudiza la crisis económica mundial; abre la posibilidad de una larga guerra inter-burguesa que tome la forma de enfrentamientos confesionales y termine en la división de Irak, a partir de los intereses de las élites chiíes, suníes y kurdas; plantea también una eventual intervención imperialista, aunque limitada por las dificultades políticas de enviar tropas terrestres. Además, es sabido que cualquier crisis en Irak afecta intereses directos, por citar los más cercanos, en Siria, Irán y Turquía (sobre todo por el problema kurdo).



Por último, se presenta el problema del enorme impulso que esto está dando a una nueva configuración del yihadismo mundial, en la cual Al Qaeda está dejando de ser la referencia principal.



Irak: un infierno que no acaba para EEUU



“Estamos dejando atrás un Irak soberano, estable y autosuficiente, con un gobierno representativo que fue elegido por su pueblo”. Con estas palabras, pronunciadas en diciembre de 2011, el presidente Barack Obama anunciaba el retiro de las tropas norteamericanas de aquel país. En 2003, el entonces vicepresidente de George W. Bush, Dick Cheney, aseguraba: “Seremos recibidos como libertadores”. “No necesitaremos dejar muchos soldados en Irak después de la invasión”. “Suníes, chiíes y kurdos vivirán armónicamente en democracia”. Puras mentiras.



La realidad es que EEUU se retiró de Irak después de sufrir una durísima derrota militar y política a manos de la heroica resistencia del pueblo iraquí, que emprendió una guerra de liberación nacional que transformó en un infierno la vida del invasor. De hecho, Obama llegó a la presidencia como producto de esta derrota, prometiendo a una población estadounidense harta de las aventuras militares de Bush poner fin a esa pesadilla que costó más de un billón de dólares y en la cual murieron casi cinco mil soldados norteamericanos.



La actual “guerra relámpago” de ISIS, que en pocos días logró hacerse con un tercio del territorio iraquí ante la huida despavorida del endeble ejército de ese país –en el cual EEUU invirtió 25 mil millones de dólares en su entrenamiento y equipamiento desde 2003– es una demostración contundente de la derrota del imperialismo en toda la regla, y de su completo fracaso a la hora de “estabilizar” Irak después de la retirada de sus tropas en 2011.



Obama, tras haber anunciando el fin de la guerra de Irak y prometer la retirada de sus tropas de Afganistán para 2016, enfrenta una situación explosiva en la antigua Mesopotamia, que cuestiona toda su estrategia y viene a sumarse a la situación revolucionaria en el Norte de África y Medio Oriente.



Esta combinación entre derrotas militares en Irak y Afganistán, crisis económica mundial y revoluciones en casi toda aquella región, hace que EEUU se encuentre con un reducidísimo margen de maniobra para “apagar incendios”.



El rechazo de la población estadounidense –y de otros países aliados, como el Reino Unido y Francia– a nuevas intervenciones militares, conocido como el “síndrome de Irak”, dificulta enormemente que el imperialismo pueda mandar tropas de nuevo a Irak, opción que Obama descartó desde el comienzo.



El “síndrome de Irak”, en referencia a la situación de crisis política y de rechazo de la opinión pública norteamericana a las intervenciones militares posteriores a la estrepitosa derrota de EEUU en Vietnam, es un hecho progresivo de enorme magnitud. El imperialismo sólo pudo “superar” el “síndrome de Vietnam” después de los atentados del 11 de setiembre de 2001, para después ser nuevamente derrotado por la resistencia iraquí y afgana. Esto impuso una tremenda limitación política a la principal potencia militar del mundo, la cual, ante procesos como la revolución siria, la revolución ucraniana y lo que ahora pasa en Irak, no puede simplemente invadir con sus soldados esos países, como habría sido el caso si el proyecto guerrerista de Bush hubiese triunfado. Esto no significa, evidentemente, que el imperialismo no pueda usar drones o incluso bombardear desde el aire, como hizo en Libia y como no se puede descartar que haga ahora en Irak, pero esto, desde el punto de vista militar, es cualitativamente distinto a poder dominar el país con sus propias tropas.



En este marco, la crisis de la dominación imperialista en la región sólo se explica entendiendo la profunda derrota militar en la primera década del siglo XXI, que continúa condicionando su política ante los procesos políticos que explotan en Medio Oriente.



En este sentido, la crisis en Irak está revelando el papel de Irán. Contra la propaganda castro-chavista, que intenta presentar a Irán como parte de un “campo antiimperialista”, la política del gobierno iraní, a pesar de sus discursos, está enmarcada en el plan general de EEUU. En los hechos, ambos están actuando de forma unificada para enfrentar a ISIS y conformar un gobierno “estable”.



El gobierno de Maliki y la salida de un “gobierno de unidad nacional”

 

La derrota del imperialismo se expresa, además de la retirada de sus tropas en 2011, en el hecho de que ni siquiera pudo instaurar un gobierno enteramente conforme a sus dictados, siendo el gobierno del primer ministro chií Nuri Al Maliki producto de un acuerdo tácito entre EEUU e Irán en 2006, en el contexto de una situación ya muy complicada para el imperialismo, que en ese tiempo estaba cada vez más acorralado por la resistencia iraquí.



Maliki aparecía entonces como el hombre que mejor podría garantizar alguna “estabilidad” y podía poner algún coto a la resistencia iraquí, mayormente suní, algo que en ese momento interesaba mucho tanto a EEUU como a Irán.



Sin embargo, con el tiempo Maliki fue demostrando iniciativas propias a la hora de defender su “tajada” en los negocios petroleros, como la exacerbación de las políticas sectarias contra suníes y kurdos, las que, al contrario de atenuar, más bien acrecentaban la inestabilidad, que se acentuó con la retirada de las tropas ocupantes en 2011. Este no era el plan de los norteamericanos cuando Maliki llegó al poder, que en el marco de una situación defensiva que caminaba hacia la derrota, apostaban por un gobierno de “unidad” de chiíes, suníes y kurdos. Fue de esta política que Maliki se fue “desmarcando”.



Este “margen de maniobra” que tiene Maliki, ora aproximándose de Irán, ora de los norteamericanos, no lo hace menos sumiso al imperialismo, como quedó demostrado en sus clamores desesperados a Obama para que bombardease su propio país cuando vio su pellejo amenazado por ISIS.



Pero, como expresión de la derrota en el terreno militar, lo cierto es que Maliki no resultó ser el “virrey” que Bush esperaba al comienzo. Para empeorar las cosas al imperialismo, Maliki se fue aproximando a Irán, que lo ha apoyado todo este tiempo. Y esto cobra su precio máximo con la actual crisis, donde el primer ministro iraquí es más parte del problema que de la solución, desde la óptica imperialista.

 

Por eso, en el terreno diplomático, los esfuerzos de EEUU y la UE para que Maliki –que ahora disputa un tercer mandato después de haber sido el más votado en las últimas elecciones legislativas de abril pasado– acepte un “gobierno de unidad nacional” que integre a árabes chiíes (60% de la población) árabes suníes (20%), y kurdos (15%), hasta el momento también están fracasando. Esto demuestra el poco “control” que EEUU tiene realmente sobre un país que ocupó por casi una década.



Esto tiene que ver con la agudización de las disputas existentes entre las distintas facciones burguesas del país por el control de la producción y la renta del petróleo, siempre en el marco de ser socias menores del imperialismo. Esto es lo que está sucediendo realmente debajo del envoltorio religioso con el cual se presenta la lucha entre “suníes y chiíes”.



Maliki, representante de los sectores chiíes más fuertes, se muestra reacio a la salida “negociada” que fue a impulsar John Kerry, pues prefiere seguir gobernando de forma despótica, aferrándose a su posición privilegiada a la hora de hacer negocios con las multinacionales petroleras, para lo cual aplica una política sectaria hacia los suníes y los kurdos.



Además, el ayatolá Alí al Sistani, principal clérigo chií de Irak, llamó abiertamente a sus fieles para que se levanten en armas contra los “suníes” de ISIS. Miles han concurrido a su convocatoria, estimulados por el gobierno y apoyados por Irán, que ya mandó asesores militares y armamento para ayudar a Maliki, del cual es aliado[1].



Los capitalistas suníes, que dominaban en tiempos de Sadam Hussein, vieron reducida su parte de las ganancias con la caída del régimen del ex dictador, y están dispuestos a retomar aquella posición manteniendo una base social a partir de azuzar las diferencias confesionales, acrecentadas por las persecuciones que vienen del gobierno chií pos ocupación norteamericana.



Por otra parte, los líderes kurdos, representantes de una nacionalidad oprimida que ocupa el noreste de Irak, no aceptan un “gobierno de unidad nacional” por la simple razón de que vieron en la crisis actual una posibilidad excepcional para reivindicar su independencia y el derecho a un Estado propio.



Desde la huida del ejército iraquí ante el avance yihadista, los kurdos controlan las reservas petroleras de Kirkut, las segundas más importantes del país, a partir de que sus tropas, los peshmergas[2], con más de 50.000 combatientes bien disciplinados, constituyen la fuerza más poderosa sobre el terreno y la única que está impidiendo a ISIS el control total del norte del país. De esta forma, los kurdos se abrieron el camino para exportar crudo directamente a Turquía, sin compartir los dividendos con el “Estado federal” controlado por Bagdad.



En suma, tanto desde el punto de vista militar como político-diplomático, los hechos en Irak están mostrando un fracaso del imperialismo en toda la línea.



El avance de ISIS es reaccionario

 

La marcha de ISIS está siendo avasalladora. Al momento de escribir estas líneas, había tomado casi toda la franja de territorio en el norte y oeste del país, lo cual abarca cinco provincias, incluyendo la segunda ciudad más importante, Mosul. También ocuparon Tikrit, cuna del ex dictador Hussein.



Están disputando el control de la principal refinería del país, en Baiji, que suministra un tercio del combustible refinado de Irak y que ya dio lugar al racionamiento de gasolina en todo el norte del país. Los combates llegaron a Baquba, a 60 km de Bagdad. Esta ofensiva, sin embargo, tiene sus antecedentes más recientes desde enero, cuando ISIS tomó Faluya y Ramadi, a 60 y 100 km de la capital, respectivamente.Además, se hicieron con el control de los pasos fronterizos hacia Siria (Al Qaim) y Jordania (Traibil).

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Este avance militar de ISIS [EIIL] no tiene absolutamente nada de progresivo. No estamos ante un proceso de lucha popular que estaría siendo encabezado por una dirección burguesa y contrarrevolucionaria sino ante el avance de una organización político-militar que pretende hacerse con los recursos naturales de Siria e Irak, aplicando para ello métodos fascistas, en el marco de un programa teocrático y dictatorial.




Por lo tanto, el papel de ISIS no puede ser comparado, por ejemplo, con la resistencia iraquí de la década pasada, la cual, a pesar de tener direcciones burguesas y teocráticas, cumplió un papel progresivo, de lucha de liberación nacional, al enfrentar a las tropas de ocupación imperialistas.



ISIS es una organización burguesa con un programa ultra reaccionario, dictatorial y teocrático. Es un frente que agrupa varios sectores, que incluye a ex militares baasistas como los “Hombres del Ejército de la Orden de los Naqshabandi”, el brazo armado del ilegalizado partido Baaz[3], jefes tribales sunitas y otras fuerzas yihadistas[4], pero su núcleo duro proviene de una ruptura disidente de Al Qaeda.



Surgieron en Irak en 2004 y dos años después pasaron a llamarse “Estado Islámico de Irak”. En abril de 2013, comenzaron a operar en la guerra civil siria y añadieron a su nombre “y el Levante” (Siria), dando inicio al conflicto con la cúpula de Al Qaeda, que exigía que ISIS se limitase a Irak, reconociendo como su extensión en Siria solamente al Frente Al Nusra.



Esta “desobediencia” terminó en ruptura y la crisis derivó en enfrentamientos armados entre Al Nusra e ISIS en Siria, que se dan desde enero de 2014 y en los cuales ya murieron más de cuatro mil soldados de ambos bandos.



El objetivo declarado por ISIS es crear un emirato islámico, un califato, en los actuales territorios de Siria, Irak, Jordania, Líbano y la Palestina histórica.



En verdad, lo que persiguen con este “califato” es el control directo, por la vía militar, de las ricas reservas petroleras toda esa región, imponiendo en ellas dictaduras feroces basadas en una interpretación literal de la ley islámica (Sharia), incluso más brutal que la que hacen sus progenitores de Al Qaeda.



ISIS se atribuye 15.000 milicianos activos, la mayoría reclutados en los últimos tres años y que indican que está desplazando a Al Qaeda como referencia internacional del yihadismo. Puede parecer un número pequeño, pero hablamos de soldados muy disciplinados, con mucha experiencia de combate y, sobre todo, con un programa político claro.



ISIS es la expresión de sectores burgueses que, en medio del caos de la guerra y la inestabilidad en Irak, buscan su propio espacio y fuente de negocios. Según sus propios informes, financian sus actividades militares y políticas a partir de extorsiones, robos y secuestros[5]. Esto se suma al financiamiento que reciben, si bien aparentemente no de fuentes directamente gubernamentales, de poderosos sectores burgueses suníes de los países de la península arábiga, como Arabia Saudita y Qatar. Todo esto, ahora dio un salto con el control directo de territorios y reservas de petróleo en los territorios sirio e iraquí.



En Siria, como hemos explicado en otras oportunidades, ISIS cumple un papel contrarrevolucionario, concretamente de “quinta columna” de Al Assad pues, en lugar de combatir a la dictadura, se enfrentan con los rebeldes sirios. Allí controlan amplias zonas en el noreste del país, como Raqqa y Deir es Zor, esta última con importantes reservas de petróleo. ISIS también tiene presencia en Idlib y partes de Aleppo, donde implanta terribles dictaduras teocráticas aplicando métodos que buscan infundir el terror más completo entre la población civil, como decapitaciones, crucifixiones y fusilamientos masivos de activistas, milicianos del ELS [Ejército de Liberación Sirio] y cualquier persona que ellos consideren “infiel”.



Sus movimientos militares indican claramente su estrategia de unir ambos territorios sobre su dominio. La toma de la fronteriza Al Qaim (que los conecta directamente con Deir es Zor) y la lucha para conquistar Tal Afar, que une Mosul con Siria, además de las localidades de Anah y Rawah, en la carretera que conecta Bagdad con Damasco, confirman esta estrategia.



En este sentido, cualquier fortalecimiento militar de ISIS en Irak representa un fortalecimiento de un sector contrarrevolucionario, que actúa en Siria en contra de los rebeldes que combaten contra Al Assad.



De hecho, ISIS está teniendo progresos importantes en este sentido. Además de estar “unificando” los frentes de combate y abriendo pasos entre las fronteras, facilitando el libre suministro de armas y abastecimientos, no es posible cuantificar el tremendo arsenal (en su mayor parte norteamericano) del cual ISIS se apoderó ante la huida del ejército iraquí. Todo ese armamento pesado y tecnología militar será usado también en Siria, para aplastar la revolución. Por otra parte, ni hablemos de lo que proviene del saqueo de las ciudades iraquíes que caen en sus manos. Por ejemplo, de un solo golpe, ISIS se llevó unos 500 millones de dólares de la sucursal del Banco Central en Mosul[6].



La causa de los kurdos es justa

 

En medio de estas disputas, los revolucionarios debemos apoyar incondicionalmente el derecho a la autodeterminación nacional (separación y creación de un Estado independiente) de la nacionalidad kurda. Los kurdos, como se sabe, representan una de las mayores naciones oprimidas sin Estado propio, con una población de cerca de 40 millones de personas diseminada en territorios de cuatro Estados (Turquía, Irán, Irak y Siria); de la cual 30% se encuentra en Irak y Siria.



En este sentido, la lucha de los kurdos en contra de ISIS y Al Maliki es una lucha justa y progresiva a pesar de su dirección burguesa, la cual debe ser combatida por las clases explotadas, en el marco de la lucha por su autodeterminación no sólo en Irak, sino en Turquía, Irán y Siria.

 

Nuestra posición

 

1-    La actual crisis en Irak demuestra de manera categórica la profundidad de la derrota militar y política del imperialismo de conjunto en la última guerra de Irak y Afganistán.

La importancia de estas derrotas militares, sólo comparables con la que sufriera en Vietnam, demuestran toda su magnitud cuando se ve a un Obama casi paralizado, sin poder mandar tropas sobre el terreno para “estabilizar” el país, y con sus intentos diplomáticos de conformar un “gobierno de unidad nacional” empantanados.


2-    Huelga decir que estamos en contra y rechazamos cualquier tipo de intervención militar que el imperialismo pueda realizar ante la crisis desatada en Irak por el avance de ISIS, sea por tierra, aire o mar. En este sentido, rechazamos el envío de los 300 “asesores militares” que Obama ordenó hace pocos días para ayudar al gobierno de Maliki.


3-    La clase trabajadora y el pueblo iraquí no tienen nada que ganar ante la agudización de una guerra civil inter-burguesa, presentada como un choque entre las confesiones suní y chií. Esta es una pelea entre capitalistas por el control de los negocios del petróleo, agudizada por el caos político provocado por la guerra y ocupación imperialistas. En el enfrentamiento entre ISIS y las tropas de Maliki, la clase obrera y el pueblo iraquíes no pueden alinearse política y militarmente con ninguno de ellos.


4-    Tanto Maliki como ISIS proponen salidas dictatoriales, sectarias y sumisas ante el imperialismo. Avivando una guerra civil, amenazan llevar mayores penurias al pueblo iraquí, después de haber perdido más de un millón de vidas a manos de los genocidas imperialistas y sufriendo tasas de desempleo superiores a 60%[7].


El gobierno de Maliki ha mostrado sus políticas dictatoriales, con sus medidas de persecución a los suníes y kurdos. ISIS lo ha hecho con su actuación en Siria y con las ejecuciones sumarias y todo tipo de atrocidades cometidas durante su avance en el noroeste de Irak, que ya cobró la vida de 1.300 civiles.


5-    La única salida progresiva en esta crisis será producto de la acción independiente de la clase obrera y el pueblo iraquíes, tomando inclusive la forma de autodefensas, unidos en la lucha tanto contra el gobierno sectario, corrupto y despótico de Maliki como contra las fuerzas reaccionarias y teocráticas de ISIS, en la perspectiva de independizar el país del imperialismo, retomando el control de los recursos naturales al servicio del pueblo. Esto sólo será posible a través de un gobierno obrero, campesino y popular, que sirva de punta de lanza para el apoyo a todas las revoluciones en Medio Oriente, la causa palestina, la expulsión del imperialismo del área y la construcción del socialismo en aquella región.
 
¡Fuera manos imperialistas de Irak!
¡Rechazo a la ofensiva de ISIS!
¡Ningún apoyo político y militar al gobierno de Maliki!
¡Por la defensa del derecho de autodeterminación del pueblo kurdo en Irak, Turquía, Irán y Siria!
¡Por la lucha independiente del pueblo iraquí, contra Maliki y contra ISIS, en la perspectiva de un gobierno obrero, campesino y popular!


Secretariado Internacional
25 de junio de 2014


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[1] http://www.elmundo.es/internacional/2014/06/25/53ab058022601db5658b45a1.html?rel=rosEP
[2] Literalmente, “aquellos que enfrentan la muerte”.
[3] http://www.abc.es/internacional/20140625/abci-leales-saddam-toman-armas-201406241847.html?utm_source=abc&utm_medium=rss&utm_content=uh-rss&utm_campaign=traffic-rss&rel=rosEP
[4] http://www.lemonde.fr/proche-orient/article/2014/06/20/ces-alliances-heteroclites-qui-renforcent-l-eiil-en-irak_4441067_3218.html
[5] http://internacional.elpais.com/internacional/2014/06/19/actualidad/1403210110_042938.html
[6] http://internacional.elpais.com/internacional/2014/06/16/actualidad/1402946776_690141.html
[7] A esto se deben sumar las consecuencias de las 1.620 toneladas de residuos radioactivos (uranio empobrecido) que fueron detonadas en suelo iraquí por aquellos que fueron a buscar “armas de destrucción masiva”.