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Al entrar en su tercer año, la revolución siria continúa y se agudiza al máximo. El pueblo sirio, que empuñó las armas para liberarse de la sanguinaria dictadura de Bashar Al Assad, sigue dando impresionantes muestras de heroísmo y sacrificio al enfrentar a un enemigo que detenta superioridad militar y que demostró estar dispuesto a cometer los crímenes más atroces y hasta un genocidio con tal de conservar el poder.
 

Una sangrienta guerra civil atraviesa el país. La situación de muerte y destrucción es dramática y sus consecuencias perdurarán por décadas. A simple efecto de tener un parámetro, el Observatorio Sirio de Derechos Humanos informó que la cifra de muertos desde que comenzó el conflicto armado estaría entre 94.000 y 120.000 personas. En esta estimación, que sin dudas es superada por la realidad, se cuentan 47.387 civiles, entre ellos 4.788 niños y 3.048 mujeres.
A esto se suma el drama de quienes tuvieron que huir de sus hogares por motivo del conflicto. La ONU informó que existe más de 4 millones de desplazados internos  y el número de personas que abandonó el país supera el millón y medio. Diariamente cruzan las fronteras de Siria unas 10 mil personas, de las cuales la mitad son niños. En las últimas 10 semanas lo hizo medio millón de civiles. Es común, en este penoso éxodo, que aldeas enteras lleguen a las fronteras de Líbano, Jordania, Turquía o Irak, después de varios días de caminata y de sufrir ataques por parte del ejército leal al régimen. Acogidos por estos países, les toca sobrevivir en condiciones infrahumanas, soportando el hambre y los flagelos climáticos.
 
En medio de este dantesco panorama, producto de los crímenes de Al Assad, se desarrolla la revolución y la guerra civil siria, sin dudas la punta de lanza y la principal arena donde se define la continuidad de la ola de revoluciones que sacuden el Norte de África y Medio Oriente desde finales de 2010 ¿Cuál es el curso de la situación militar y política? ¿Cuáles son los problemas que enfrenta la revolución para poder triunfar? ¿Cuáles son las perspectivas? ¿Cuál es la posición que los revolucionarios debemos adoptar frente al principal enfrentamiento de la lucha de clases en la actualidad?
 
Una contraofensiva de Al Assad con protagonismo de Hezbolá
 
Hace unos meses, el curso de la guerra civil daba cuenta de una serie de avances de las fuerzas rebeldes que, en cierto sentido, disminuyeron la enorme diferencia en cuanto a poder militar.
 
Sin embargo, en las últimas semanas, esta situación comenzó a cambiar y hoy se desarrolla una fuerte contraofensiva del ejército leal al tirano, que logró retomar puntos importantes que eran controlados por los rebeldes.
 
La contraofensiva del régimen, que parecía agotado y amargaba una serie de derrotas puntuales, se asienta en un elemento nuevo y de mucha importancia política y militar: la entrada de forma abierta y contundente de los combatientes de Hezbolá, el partido-milicia chiita libanés, en el campo militar de la dictadura siria.
 
Este no es un hecho de poca monta, pues se trata de una de las más poderosas organizaciones político-militares del Medio Oriente. De hecho, la participación de miles de combatientes de Hezbolá al servicio del régimen sirio se demostró cualitativa en Homs, uno de los centros de la revolución y la tercera ciudad en importancia del país, que está sobre asedio permanente. Sin la ayuda de Hezbolá, difícilmente la dictadura hubiera retomado, por ejemplo, Wadi Al Sayeh, un barrio estratégico. El bombardeo en Homs es incesante e infernal y está transformando esa ciudad en escombros. A la lluvia de proyectiles, le siguen incursiones terrestres, que según informes rebeldes, son lideradas por combatientes de Hezbolá. El objetivo inmediato del régimen sería recuperar el control de la carretera que conecta esa ciudad con Hama.
 
Las fuerzas de Hezbolá también tuvieron un papel de vanguardia en las victorias parciales que el régimen se apuntó en Damasco, donde reconquistó puestos de control en Zamalka y afianzó su recuperación de Qaysa, ambas ubicadas al este de la ciudad. Desde estos puntos de la periferia, que fueron defendidos a duras penas por las milicias rebeldes hasta su caída, el régimen puede ahora bloquear importantes rutas de envío de armas y suministros para el Ejército Libre de Siria (ESL).
 
De esta forma, Hezbolá, que se granjeó una importante autoridad y la admiración de miles de activistas en el mundo por haber derrotado la invasión de Israel al Líbano en 2006, en la guerra civil siria está cumpliendo un papel a todas letras contrarrevolucionario, colocando toda su autoridad política y su poder militar al servicio de sostener a la dictadura de la familia Al Assad.
 
Este elemento nos lleva a reafirmar una conclusión: a esta altura de la guerra civil, la dictadura se mantiene en el poder fundamentalmente debido al apoyo externo que recibe, como es sabido, no sólo de Hezbolá sino también del régimen teocrático y reaccionario de Irán, que le proporciona misiles y especialistas militares; Rusia, que le provee de modernas armas y dispositivos antiaéreos, además de toda la labor diplomática y el peso de su base naval en Tartus; y de países como la Venezuela gobernada por el chavismo, que le suministra una parte del combustible que utiliza la aviación del régimen para bombardear a los rebeldes y la población civil.
 
Intensificación de los métodos genocidas
 
A todo este apoyo externo, nada despreciable, se suma una política de intensificación del uso del terror y de promoción de las masacres contra la población civil por parte del régimen. Hace pocas semanas, en la zona costera, cuna de la familia Assad, las tropas de la dictadura y sus bandas de shabihas (matones a sueldo del régimen) cometieron atroces matanzas en las localidades de Banias y Baydas, en la provincia de Tartus, donde los mercenarios de Bashar entraron casa por casa para saquear, degollar y violar a más de 150 personas en cada lugar, muchas de ellas mujeres y niños.
 
En el marco de esta dinámica genocida, los rebeldes denuncian que Al Assad emplea contra las milicias y la población civil letales armas químicas, sobre todo el gas sarín. De hecho, no es secreto que Al Assad dispone de uno de los mayores arsenales de armas químicas de la región. Se trata, nada menos, de 1.000 toneladas de gas sarín, gas mostaza y el agente nervioso VX, además de cianuro, almacenados en al menos 17 puntos diferentes del país (El País).
 
La política del imperialismo…
 
En este marco, analicemos cuál es la política que aplica el imperialismo, en el marco, claro está, de su estrategia de derrotar a la revolución y estabilizar el país y la región, para lo cual necesita sacar a Al Assad del poder, antes que sean las masas insurrectas quienes lo hagan y, con su acción victoriosa, insuflen aún más la situación revolucionaria en una región central para los intereses de las grandes potencias.
 
Las denuncias formales sobre la utilización, por parte de Al Assad, de armas químicas crearon un clima de presión en el sentido de una intervención militar estadounidense en Siria, puesto que Obama había anunciado, meses atrás, que esa sería la “línea roja” para emprender una acción militar de su gobierno contra el régimen de Damasco.
 
Sin embargo, la política del imperialismo no pasa por una intervención militar con sus tropas sobre el terreno. No solamente debido a la crisis económica, a la falta de consenso internacional y a la fortaleza relativa del ejército de Al Assad (superior al de Gadafi), sino fundamentalmente por razones políticas, que tienen relación con la derrota militar del imperialismo norteamericano en Irak y Afganistán (con efectos dentro de la propia sociedad estadounidense) y la necesidad de moverse con cautela en una región que vive un fuerte proceso revolucionario que EE.UU pretende contener.
 
En este sentido, el propio Obama fue enfático al declarar: “No puedo imaginar un escenario en el que la presencia de tropas norteamericanas pudiera ser provechosa ni para Siria ni para Estados Unidos” (El País). En este sentido, complementó diciendo que no actuará al precio de “provocar un caos” en toda la región. Si bien habló que no podría descartar “otras acciones militares” menos “arriesgadas”, es claro que, debido a su costo político, una invasión con tropas sobre el terreno no figura entre sus opciones actuales.
 
Tampoco está en los planes del imperialismo, por ejemplo, armar a todas las milicias rebeldes con lo que necesitan para vencer (aviones, antiaéreos, tanques, etc.), pues sabe que estaría armando y fortaleciendo una revolución popular que amenaza sus intereses. A lo sumo, a través de Catar, Arabia Saudita y otros países del Golfo, se envían armamentos leves a ciertos sectores y brigadas rebeldes, sobre todo aquellas ligadas a un islamismo salafista, según denuncian activistas sirios y confirma El País; exactamente porque estos son los sectores más afines a esas petromonarquías y que, si bien ahora enfrentan al régimen, tienen una visión de que la lucha es sectaria, confesional-religiosa, entre chiitas-alauitas y sunitas y no del pueblo sirio contra la tiranía del Baath.
 
De esta forma, dividiendo y alejando a otros sectores étnicos y religiosos de la lucha revolucionaria, milicias como el Frente Al Nusra (que declaró fidelidad a Al Qaeda y supuestamente financiado por Catar) terminan haciéndole el juego a la dictadura. Entonces, no es casual que ellos reciban más armas y apoyo que los sectores laicos, como el ESL, que combate con muchas más dificultades para abastecerse.
 
La política del imperialismo para derrotar la revolución siria continúa siendo impulsar una salida negociada, que aparte a Al Assad del poder (garantizándole impunidad) y que salve lo esencial del régimen y logre estabilizar el país y la región. Esto se resume, en palabras del secretario de Estado estadounidense, John Kerry, que desea que “todas las partes se sienten a la mesa y se pueda establecer un gobierno de transición con el consentimiento de ambas partes, lo que, a nuestro juicio significa claramente que, el presidente Al Assad no formará parte del mismo” (ABC).
 
Con este objetivo, la diplomacia estadounidense se reunió con el presidente ruso Vladimir Putin y, posteriormente, con el primer ministro británico David Cameron. La orientación acordada fue concretar una “conferencia de paz” sobre Siria a inicios de junio próximo, donde, según declaró Obama: “Reuniremos a miembros del régimen y la oposición en Ginebra para llegar a un acuerdo sobre un Gobierno transitorio que pueda tomar el poder después de [la partida de Bachar Al] Asad” (El País).
 
…y los ataques de Israel
 
Es en el marco de esta política que, a nuestra opinión, debemos enmarcar los recientes ataques aéreos de Israel contra instalaciones militares sirias. En primer lugar, tales agresiones sionistas no merecen sino nuestra más rotunda condena y oposición.
 
También es importante aclarar que, si bien debilita en cierta medida el potencial militar de Al Assad, no pueden ser vistos por los luchadores sirios ni por un segundo como una “ayuda” a la causa revolucionaria, pues Israel es uno de los más interesados en derrotar a la revolución, no solo en Siria sino en toda la región.
 
Tampoco, por estos hechos, Al Assad, como él mismo y la mayoría de la izquierda lo hace, puede ser presentado – o defendido- como un “luchador anti sionista”, pues hace 40 años no dispara un tiro ni ha hecho nada contra Israel para recuperar los Altos del Golán (territorio sirio ocupado por los sionistas en 1967), ni lo piensa hacer ahora.
 
Tal como señala la declaración del Consejo Militar Revolucionario de Damasco, importante organización rebelde  “(…) enfatizamos que nuestra lucha contra el régimen de Assad no nos ha hecho y no nos hará olvidar a nuestro mayor enemigo, Israel (…) A la luz de esto, inequívocamente condenamos la reciente agresión israelí en el territorio sirio y la consideramos una violación de la soberanía de nuestro país Siria. Y hasta que el Ejército Sirio vuelva a ser patriótico después del derrocamiento de la mafia de Assad, nuestra respuesta a cualquier ataque israelí son actos, no palabras que es lo que el régimen de Assad acostumbra a hacer sin ninguna acción consecuente”(http://syriafreedomforever.wordpress.com/2013/05/09/statement-of-the-revolutionary-+-council-in-damascus-on-the-israeli-aggression/).
 
En este sentido, nos parece que, al analizar los motivos de los ataques sionistas, sería superficial detenerse en el supuesto envío de armas sofisticadas (misiles iraníes) por parte de Al Assad para Hezbolá, como dicen Israel y la prensa internacional. Sobre todo porque, en medio de una guerra civil donde el régimen se juega la vida o la muerte, es difícil que el régimen se despoje y mande afuera armas de este tipo, cuando las necesita dentro del país.
 
Por eso, profundizando el tema, es posible que los ataques selectivos de Israel (que tampoco está interesada en una guerra con el régimen de Al Assad), estén al servicio de la política general del imperialismo, es decir, en el sentido de forzar al régimen a negociar una transición. Sería un “estate quieto”, sobre todo en momentos en que Al Assad, envalentonado por sus avances militares y por el apoyo material de sus aliados externos, se resiste a sentarse a negociar, ni siquiera pretende asistir a la mentada “conferencia de paz”.
 
En síntesis, el imperialismo, imposibilitado de intervenir militarmente, hace un juego en el que, por un lado se ubica al lado a la oposición al régimen, sobre todo de la moderada Coalición Nacional Siria, pero condicionándole hasta sus autoridades así como no está dispuesto a armar a los rebeldes para derrocar a Al Assad y, por otro, tampoco puede permitir un aplastamiento militar de los rebeldes a manos de la dictadura; un delgado equilibrio que apunta a un desgaste general que fuerce una salida negociada. Para eso se valió de la fuerza militar de su enclave dentro de la región, Israel, para demostrar a Al Assad y su guardia pretoriana que la mejor solución al conflicto sería seguir el camino que  Estados Unidos y sus aliados están trazando: un acuerdo por arriba para evitar un triunfo revolucionario de las masas sirias.
 
¡Todo para que la revolución triunfe! ¡Participemos del Día Global de Solidaridad con la Revolución Siria!
 
En momentos en que el régimen de Al Assad emprende una brutal contraofensiva, con la colaboración de Hezbolá y con armas y asesores militares de Irán y Rusia, una ofensiva asentada en acciones genocidas contra el pueblo sirio, como masacres atroces y el uso de gases tóxicos, reiteramos que no existe tarea más urgente que rodear de todo el apoyo y la solidaridad activa a la causa de la revolución siria.
 
Se trata del principal enfrentamiento, actualmente, de la revolución y la contrarrevolución mundial. Una victoria o una derrota en Siria tendrían impactos muy fuertes en la región de Medio Oriente y en el mundo. No es un combate lejano, sin relación con la realidad de los demás países, es parte de una lucha global de los oprimidos contra los opresores.
 
Sin embargo, infelizmente y a diferencia de los anteriores procesos de Egipto o Túnez, la revolución siria (como fue con la revolución libia), se encuentra aislada, pues la mayoría de la izquierda mundial (capitaneada por la influencia del castro-chavismo), de forma criminal se coloca al lado del dictador y en contra las masas que lo cuestionan. Para justificar este crimen político, usan argumentos tan falaces como estos dictadores sanguinarios serían líderes “antiimperialistas” o “anti sionistas” víctimas de una “conspiración internacional”; cuando lo que sucede en verdad es que hace décadas se han postrado y entregado todo al imperialismo y ahora enfrentan (o enfrentaron, en el caso de Gadafi) la lucha de sus pueblos, a los que siempre han oprimido y reprimido de forma brutal.
 
Ante esta traición de la mayoría de la izquierda, es imperioso romper el aislamiento político y militar que afecta a la revolución siria, expresando un apoyo incondicional a la lucha del pueblo para derrocar a la dictadura asesina de Al Assad.
 
Desde la LIT-CI, como lo hacemos desde el inicio de la revolución, expresamos un apoyo sin condiciones a la revolución siria, dirija quien la dirija, y sostenemos que la consigna central de los activistas y luchadores/as honestos/as y la izquierda debe ser, más que nunca: ¡Fuera Al Assad, NO a la intervención imperialista y sionista! ¡Todo el apoyo para que triunfe la revolución!
 
En este sentido, es necesario exigir a todos los gobiernos del mundo, empezando por aquellos países de la región que son parte de la revolución, como Egipto, Túnez o Libia, que rompan relaciones diplomáticas y comerciales con la dictadura de Al Assad y que envíen aviones, tanques y armas pesadas, medicamentos, alimentos y todo tipo de apoyo concreto, material para que sean controladas por las milicias rebeldes y éstas puedan derrotar y acabar con este régimen que oprime al pueblo sirio y se mostró como fiel garante de los intereses de Israel y los Estados Unidos.
 
En este sentido, estamos en contra del criminal embargo de armas para los combatientes rebeldes en Siria, que impone la Unión Europea y la ONU.
 
Es urgente organizar una fuerte campaña internacional, lo más amplia posible, de apoyo a la revolución siria. En esta línea, está siendo organizado y convocado por el Movimiento Global de Solidaridad, una red de activista de varios países, un Día Global de Solidaridad con la Revolución Siria marcado para el 31 de mayo. En esta fecha, la intención es promover todo tipo de acciones: marchas, actos frente a las embajadas de Al Assad, eventos culturales, debates, etc., para colocar la discusión sobre la necesidad de apoyar a la revolución siria y colectar apoyo material para sus combatientes.
 
Este es el camino por el que, en nuestra opinión, debemos avanzar las organizaciones socialistas revolucionarias y cualquier organización que defienda las libertades democráticas, la libre organización y expresión y esté en contra de las tiranías en el mundo. El camino de la solidaridad activa, militante, internacionalista con las luchas y revoluciones de los pueblos contra sus gobiernos y contra el imperialismo. El pueblo sirio y sus combatientes, sus milicias populares, no pueden saber o sentirse abandonados por la izquierda internacional, pensando que la “izquierda” está con los dictadores, debido al nefasto papel del castro-chavismo y el stalinismo en todas sus variantes. Es necesario que la izquierda mundial y todo el movimiento sindical, social, popular, estudiantil y de DD.HH tomen una posición clara de apoyo a la victoria militar rebelde y se unan para realizar lo que sea necesario realizar con el objetivo de ayudar a que la revolución siria triunfe. 

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Es en esta tarea que, en su modestia pero con mucha convicción, la LIT-CI está embarcada. Luchamos para que el pueblo sirio derroque, con sus armas y movilización, a la dictadura de Al Assad, lo cual sería un enorme triunfo revolucionario de los sirios y de todos los pueblos del mundo y un impulso poderoso para el avance de la revolución socialista. La revolución siria debe triunfar y no detenerse en la caída del tirano; debe avanzar hasta la toma del poder por la clase trabajadora y el pueblo sirios, iniciando así la construcción de una Siria socialista, como parte de la lucha por una Federación de Repúblicas Socialistas de Medio Oriente y el Norte de África.