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El UTLA[1], Sindicato de los Profesores de Los Ángeles, realizó una histórica huelga de seis días, victoriosa y que movilizó a toda la ciudad. Este es el segundo mayor distrito escolar del país, con 32.000 educadores representados por el UTLA, que atienden a más de 600.000 niños, en más de mil escuelas. Esta es la primera huelga del sindicato en treinta años, y se da meses después de la impresionante ola de huelgas en los Estados de Virginia Occidental, Oklahoma, Kentucky y Arizona, del año pasado.

Por: Workers’ Voice

Una huelga por educación pública de calidad

California es la quinta mayor economía del mundo. Su presupuesto para la educación es el 41° entre los 50 Estados de los Estados Unidos. Gobernada por el Partido Demócrata desde hace décadas, California gasta solo U$S 10.291 por alumno, contra la media nacional de U$S 12.292, pero invierte U$S 75.560 por persona presa. Las escuelas tienen grupos enormes, tienen personal insuficiente, y los profesores tienen salarios muy bajos en relación con el costo de vida y vivienda, lo que lleva a una alta rotatividad.

Por lo tanto, cuando el distrito escolar de Los Ángeles, bajo la dirección del multimillonario pro privatización Austin Beutner, se negó a negociar un acuerdo justo, aunque tuviese reservas de U$S 1,8 mil millones, los profesores del UTLA dieron un basta. El objetivo de Beutner es promover la expansión de las escuelas chárter [2] y privatizar la educación. El UTLA entró en huelga no solo por aumento salarial sino por mejores condiciones de enseñanza y aprendizaje, y por la defensa de la educación pública de calidad. Luego de meses de preparación, y fuertemente influenciados por la lucha de los profesores de Chicago, ellos consiguieron el apoyo abrumador de los padres y de los barrios populares en Los Ángeles y en toda California.

La huelga de seis días fue un éxito político en términos de movilización de trabajadores, creando alianzas entre profesores, estudiantes y barrios, y planteando demandas políticas importantes alrededor de la necesidad de financiar totalmente la educación pública, tributando a los ricos. El UTLA realizó asambleas diarias con 60.000 profesores y apoyadores; la mayoría de las escuelas fue cerrada, con una gran participación de profesores en los piquetes, y consiguió el apoyo de más de 80% de la comunidad escolar.

Lo que se ganó y los límites del nuevo acuerdo

El 22 de enero, los profesores aprobaron un Acuerdo Provisorio (TA), poniendo punto final a la huelga con algunas victorias concretas importantes: aumento de 6%, límites de alumnos en las aulas, contratación de más enfermeras, consejeros y bibliotecarios, y financiamiento por 30 nuevas Escuelas Comunitarias con currículo enriquecido, mejora de los servicios de apoyo y participación de los padres y de la comunidad. Los profesores también obtuvieron acceso a un fondo de defensa de inmigrantes, cortaron los testes padronizados por la mitad y eliminaron búsquedas policiales aleatorias de estudiantes [migrantes, ndt]. Un importante acuerdo económico obtenido por la huelga fue el endoso del prefecto Garcetti a la Primera Iniciativa de Escuelas y Comunidades, una reforma de la Proposición 13 que los californianos votarán en 2020. La reforma acabará con una brecha que actualmente permite que las corporaciones paguen impuestos inmobiliarios extremadamente bajos y, por medio del aumento de esa tributación, serán recaudados U$S 11.000 millones adicionales en ingresos públicos para la educación pública y otros servicios sociales necesarios.

La reivindicación del UTLA por un techo para las nuevas escuelas chárter resultó en una victoria parcial (Los Ángeles tiene más escuelas chárter que cualquier otra ciudad del país). El Distrito Escolar de Los Ángeles (LAUSD) concordó en enviar un proyecto a la Asamblea Legislativa pidiendo un techo para nuevas chárteres. No obstante, esa reivindicación exigiría cambios en la legislación de California en relación con el crecimiento de las escuelas chárter, un proceso demorado, considerando que el Estado ya hizo 1.250 concesiones y que el techo aumenta en cien cada año. Además de un proyecto pidiendo que el Estado limite las concesiones (que concordamos sea el objetivo final), el sindicato podría haber usado la huelga para exigir la aprobación de una moratoria inmediata de las escuelas chárter por el consejo escolar de la LAUSD, que aprueba las peticiones iniciales. Con una moratoria, las nuevas concesiones tendrían que pasar por un proceso de apelación al condado de Los Ángeles, mientras los profesores continuarían construyendo las fuerzas necesarias para impedir la privatización en todo el Estado.

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Hasta cierto punto, la huelga trajo más victorias políticas que económicas. El nuevo acuerdo es insuficiente para atender una de las principales necesidades de profesores y alumnos: una reducción significativa del tamaño de los grupos que mejoraría la calidad de la educación. Hubo una cantidad significativa de críticas de los profesores de LA sobre que la dirección del UTLA desperdició su poder resolviendo la disputa muy temprano, cediendo mucho y declarando una victoria antes de que los miembros tuviesen tiempo suficiente para digerir y discutir el acuerdo o antes de la votación por las asambleas. Muchos están decepcionados y frustrados por trabajar tanto durante tanto tiempo para prepararse para la huelga, después de haber pasado una semana protestando bajo la lluvia, solo para recibir un acuerdo que no resuelve totalmente los problemas de las salas de clase súper llenas, escuelas chárter y otras demandas. A pesar de esas críticas, 81% de los miembros aprobaron el acuerdo, que tiene mejoras más significativas que cualquier anterior acuerdo del UTLA.

Este acuerdo nunca podría crear las condiciones que los alumnos merecen. En general, se debe tomar en cuenta que esta es una de las primeras batallas en California, en una movilización en curso y creciente en todo el Estado y en el país por la educación pública. Una huelga prolongada no necesariamente crearía la fuerza necesaria para sostener esa movilización y reforzar la próxima batalla, pero puede enseñarnos a luchar mejor la próxima vez. Debido a la forma como el financiamiento de la educación pública está estructurado, ningún acuerdo negociado en el ámbito municipal puede atender nuestras reivindicaciones. La lucha precisa continuar en todo el Estado, y la dirección de la UTLA, la alianza CACS y el CTA precisan continuar la movilización y planificar días estaduales de lucha para este año.

La lección más importante es que, cuando los profesores y la comunidad se movilizan, pueden provocar cambios y revertir la situación de la educación pública. La huelga mostró en la práctica lo que nosotros, socialistas, siempre decimos: que los trabajadores tienen la visión de una sociedad mejor, más allá del sistema capitalista fallido en el que vivimos. Precisamos de escuelas públicas de calidad, con grupos menores y más profesores. No precisamos de multimillonarios administrando las escuelas ni de policías para controlar a los alumnos ni de testes padronizados para clasificar a alumnos o definir el pago de los profesores. Precisamos de más escuelas comunitarias que enfrenten las desigualdades sociales. Los trabajadores aprendieron que la huelga de masas es una poderosa herramienta económica y política para construir el poder y transformar la conciencia.

Tareas por delante para organizar la base de los sindicatos de profesores

Una de las razones por la cual el UTLA fue capaz de preparar y organizar una huelga tan impresionante es porque el Union Power, una organización de dirigentes de base afiliados a la red U-CORE, que asumió el cargo hace varios años, se preparó para una fuerte lucha. Ellos lo hicieron porque creen que los sindicatos precisan parar de depender del apoyo a políticos del Partido Demócrata y a miembros del Consejo Escolar en sus elecciones a cambio de favores futuros. En lugar de eso, los sindicatos deben activar el potencial político de los propios trabajadores para cambiar la sociedad, educando y organizando a los miembros para la acción colectiva. El Union Power demostró una vez más que la negociación entre bastidores no favorece a los trabajadores: solamente la acción colectiva en la forma de una huelga consigue victorias.

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La nueva dirección del UTLA, no obstante, cometió un error significativo en el final de la huelga, al dar un plazo muy corto para la realización de las asambleas de aprobación del acuerdo, especialmente por causa del texto de 40 páginas del acuerdo provisorio. Ellos deberían haber permitido un segundo día para el estudio del contrato, como fue hecho en Chicago durante la huelga de 2012. La democracia sindical no es solo un eslogan vacío, precisa ser aplicada en los momentos más críticos como este, para permitir una debate real y una evaluación de la fuerza de las bases y, si fuera la voluntad de la mayoría, organizar una campaña por el “no”.

El Union Power de Poder y todos los otros dirigentes de base que se organizaron en grupos en sus sindicatos de profesores tienen mucho que reflexionar y descubrir para continuar la lucha. Primero, es claro que la estrategia de huelga precisa ser popularizada en todos los lugares de trabajo, porque muchos sindicatos todavía usan tácticas pasivas de conciliación y la política tradicional cuando se trata de negociar acuerdos. También es importante reflexionar sobre la realización de asambleas de aprobación de la huelga y mecanismos democráticos durante el proceso de negociación, principalmente en sus momentos más decisivos. Una dirección democrática reconoce abiertamente y discute sus errores con la base, para construir relaciones de confianza y transparencia. También es necesario dejar claro para los profesores que la frustración sentida con relación a la victoria parcial sobre el tamaño de los grupos debe servir para continuar la lucha por el presupuesto total de la educación por el Estado.

Los profesores de California pueden tornarse el motor de un cambio social y político mayor para todos los trabajadores. Movilizando sus sindicatos para unir las luchas en las calles y realizar huelgas como la de Virginia Occidental, que asumió las reivindicaciones de otros sectores. Pero, para alcanzar ese objetivo, los profesores más activos y conscientes precisan organizarse en los sindicatos, los grupos de activistas precisan crecer y desarrollar un programa claro de lucha por la educación totalmente pública e ir más allá. Por lo tanto, la huelga del UTLA y las próximas acciones y movilizaciones precisan traducirse en un crecimiento real y rápido de los grupos de base conectados a la red del Levante de los Educadores de California[3], un crecimiento en número y calidad, pues la experiencia de la huelga del UTLA es muy rica en lecciones concretas de organización de la lucha.

Próximo pasos: continuar la lucha en todo el Estado y crear alianzas intersectoriales

Entonces, ¿cómo vamos a conseguir las escuelas que nuestros alumnos merecen, no solo en Los Ángeles sino en todo el país? Nuestra lucha está lejos de terminar, y debemos ampliarla en dos direcciones: construir un movimiento estadual de educación pública y unir las diferentes luchas de los trabajadores en nuestro Estado y nacionalmente.

Primero, a fin de conseguir el dinero para todas las reivindicaciones no atendidas, precisamos organizar la lucha en todo el Estado, como la Alianza de California por las Escuelas Comunitarias[4] y la base del Levante de los Educadores de California están proponiendo. El dinero está en los bolsillos de corporaciones y multimillonarios que pagan impuestos muy bajos, y precisamos obtenerlo a través de la acción directa colectiva para implementar la tributación progresiva.

Como mencionamos arriba, una iniciativa importante será votada en 2020, la Ley de Financiamiento de Escuelas y Comunidades Locales de California (CSLCFA). Eso cerraría la brecha de la tributación sobre la propiedad comercial de California en la Proposición 13 y “restauraría U$S 11.000 millones para escuelas, facultades comunitarias y otros servicios vitales de la comunidad, incluyendo servicios de respuesta a emergencias, parques, bibliotecas, clínicas de salud, centros de trauma, viviendas accesibles, servicios para desamparados, y rutas”[5].

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Una campaña tradicional no será suficiente para derrotar el contraataque inminente de los multimillonarios. Para ser aprobada, esta iniciativa deber estar fundamentada en movimientos de masas que demuestren su importancia para las camadas más amplias de la sociedad. Las huelgas de los profesores de California y de los Estados “rojos”[6] son fuertes ejemplos de cómo cambiar la opinión pública y forzar a los demócratas y a los republicanos a realizar las reformas reales. Es por eso que precisamos construir y organizar días de acción estaduales, incluyendo ausencias en masa, paralizaciones, actos y movilizaciones para apoyar la iniciativa y otras reformas necesarias.

En segundo lugar, sabemos que el programa político de este movimiento no puede basarse solo en las mejoras de la educación; casi todas las cuestiones sociales se cruzan e influencian la educación. El fracaso académico de los estudiantes está ligado a la pobreza, viviendas inadecuadas, falta de vivienda, y la creciente crisis de la salud pública y de la inmigración. Para los estudiantes negros y latinos, la educación viene después, en importancia, de la sobrevivencia al terror de una “batida” del ICE[7] o al constante asedio y los asesinatos indiscriminados por la policía. La lucha por la educación pública precisa construir puentes con otros trabajadores públicos y de servicios sociales. Debe hacer el puente con la lucha contra el encarcelamiento y las deportaciones en masa, y por un camino legal por la ciudadanía para todos. La huelga del UTLA mostró que nuestra clase es más fuerte cuando estamos unidos. Cuando otros sectores entran en huelga, traen sus reivindicaciones y educan a otros trabajadores.

La única estrategia viable para poner fin a la crisis de la educación pública, pero también a la crisis habitacional y ambiental, es construir nuestro propio poder de clase, para obtener los recursos que precisamos por medio de medidas socialistas, medidas que ponen a las personas por encima de las ganancia, y el control de la economía en las manos de la clase trabajadora. ¡Vamos a construir acciones y huelgas del sector público en todo el Estado con ese punto de vista amplio, y a construir los puentes y alianzas necesarios dentro de nuestra clase para luchar realmente contra el capitalismo! Un mundo mejor es posible si salimos a las calles y luchamos por él.

[1] UTLA – United Teachers Los Angeles.

[2] Escuelas públicas administradas por empresas privadas.

[3] California Educators Rising.

[4] California Alliance for Community Schools

[5] https://schoolsandcommunitiesfirst.org

[6] Se refiere a los Estados con mayoría electoral republicana (rojos; los demócratas son azules) donde ocurrieron huelgas victoriosas el año pasado.

[7] Immigration and Customs Enforcement – Departamento de Inmigración y Fronteras.

Traducción del original en inglés: Marcos Margarido.

Traducción al castellano: Natalia Estrada.