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Una inauguración fallida para Trump

La toma de posesión de Trump fue testigo de movilizaciones sin precedentes en los Estados Unidos: por primera vez en la historia, protestas espontáneas y organizadas estallaron en el país el 20 de enero. Las inauguraciones presidenciales suelen ser el momento de celebrar “la grandeza de la democracia americana”. Pero, esta vez, decenas de miles de estudiantes de secundaria, y muchos trabajadores y estudiantes universitarios protestaron. Lo más significativo es que dos sindicatos tomaron medidas laborales: ILWU Local 10 –cerrando los puertos de Bay Area– y UAW 2865, el sindicato de trabajadores académicos de la Universidad de California, que organizó decenas de enseñanzas externas (teach-out) y huelgas de cientos de miembros que participaron junto a los estudiantes.

Por: La Voz de los Trabajadores – Estados Unidos

Más allá de la “batalla de números” iniciada entre la CNN y el presidente Trump con respecto al número de personas que asistieron a la toma de posesión de Trump y el intento de despolitizar la situación actual, lejos de toda duda, Trump es el presidente menos popular y más odiado que los EE.UU. hayan nombrado.

Las encuestas de opinión demuestran que desde el día uno, Trump es el presidente menos popular que haya tomado posesión en Estados Unidos: “la encuesta CNN / ORC muestra que 53% de los estadounidenses ven a Trump desfavorablemente, mientras que solo 44% tiene una opinión favorable del nuevo presidente”. “Incluso George W. Bush – que perdió el voto popular y fue designado presidente solo después de un recuento prolongado en la Florida– tuvo 62% de calificación favorable en vísperas de su designación”. De hecho, según The Washington Post, es el candidato menos popular que haya sido investido en los últimos 40 años.

Algunas de las protestas y acciones de la toma de posesión mostraron las semillas de una movilización sostenida y de construcción de base que está tomando forma en el país. Pero, lo que también quedó claro el 20E es que el gobierno está listo para usar los métodos más brutales de represión. En Washington DC, 230 activistas fueron arrestados el día de la toma de posesión y están siendo acusados de delitos graves por disturbios, que podrían conllevar hasta 10 años de prisión y hasta 250.000 dólares en multas. Los arrestos se llevaron a cabo sin ninguna advertencia y discriminación, como se esperaba, por lo que muchos médicos, periodistas y observadores legales terminaron arrestados.

21E – La Marcha de Mujeres: un hito histórico e inesperado de la movilización de masas

El sábado 21 de enero, más de tres millones de residentes estadounidenses salieron a las calles para participar en la Marcha de Mujeres. ¡Esto la convirtió en la manifestación nacional más grande de la historia de los Estados Unidos! Estas manifestaciones fueron sin duda muy populares y muy espontáneas: la expectativa de las organizadoras (vinculadas al Partido Demócrata y a organizaciones liberales) fue superada por millones, y así también fueron las restricciones y las normas que intentaron imponer a las manifestaciones. Habían anunciado en muchas ciudades que no era pertinente ningún llamado contra Trump en la marcha, que se suponía que la marcha se refería a la “unidad”, utilizando el popular lema liberal “Love Trumps Hate”, y con muchos sombreros rosados de “pussy” como signo de desafío de las muchas “mujeres desagradables” contra la misoginia de Trump.

Sin embargo, por suerte, la participación masiva superó las capacidades de los grupos liberales para dirigir la marcha. Millones inundaron las calles con señales hechas a mano que expresaron una amplia gama de opiniones políticas: desde la esperada “Hillary “Yo estoy con ella””, “Black Lives Matter”, “¡No nos vamos! Bienvenido a tu primer día!”, “Hey-Hey, Ho-Ho, Donald Trump se tiene que ir!” Y muchas otras más.

Es importante destacar que la manifestación más grande no fue la de DC, planeada por pequeñas empresas, la DP, dirigentes laborales y múltiples organizaciones sin fines de lucro, sino la de Los Ángeles, con más de 750.000 participantes, en su mayoría familias de clase trabajadora latina. Denver, Chicago, Nueva York y Boston tenían más de 200.000, y Oakland, San Francisco, Seattle, Portland y Filadelfia alrededor de 100.000. Un total de 408 marchas de mujeres fueron realizadas en los Estados Unidos, incluso en las ciudades más pequeñas.

Las contradicciones de la Marcha de Mujeres y las tareas de los socialistas

Una de las mayores contradicciones de la marcha de las mujeres fue aquella entre su liderazgo pro-liberal y la confusión y diversidad de opiniones políticas expresadas en la multitud. A pesar de que muchos de los oradores en Washington, como Michael Moore, propusieron “asumir el control” o “renovar” el Partido Demócrata, no todos los participantes estaban allí solo para exigir un retorno al Partido Demócrata. Por eso, es muy importante para nosotros en la izquierda, que creemos en la política independiente, que queremos construir un tercer partido para los trabajadores, las familias de inmigrantes y todas las comunidades oprimidas en los Estados Unidos, que organicemos contingentes separados en las futuras manifestaciones de masas.

Queremos unirnos en acciones contra la administración Trump con todos: liberales, abstencionistas, indocumentados que no votaron, incluso con aquellos que votaron por Trump y ahora están sorprendidos de que él esté atacando sus propios derechos; pero queremos unirnos en las acciones para construir una alternativa política propia –que no es un retorno al establecimiento corrupto del 1%–, que no sea fácilmente cooptado, y que se base en la acción de masas y la movilización de la clase obrera.

Además, debemos intentar, en nuestro movimiento multifacético, responder a los muchos ataques lanzados por Trump, con una estrategia independiente, “intersectorial” y de construcción de base para la clase trabajadora. Con grandes movilizaciones también vienen grandes responsabilidades para nosotros, en la izquierda y en el movimiento socialista.

Los días de acciones masivas no serán suficientes, tenemos que construir las herramientas que permitan que la lucha continúe, sea independiente y democráticamente controlada por quienes son parte de las bases de la organización. Necesitamos estar mejor organizados. Muchos sindicalistas protestaban masivamente el 21E, pero los dirigentes sindicales estaban ausentes como tales, por lo que los derechos laborales y sindicales y la articulación de la política de clase con los temas de inmigrantes, raza y género, estaba ausente.

Es por eso que necesitamos construir coaliciones estudiantiles democráticas en todas las escuelas y universidades, construir grupos de base en los sindicatos o en colectivos intersindicales, como la nueva formación Labor Rising Against Trump en Bay Area, y comités vecinales para luchar contra las deportaciones y la brutalidad policial. ¡Necesitamos construir grupos de base de resistencia de clase ahora, y también nuestras organizaciones socialistas revolucionarias, como la Voz de los Trabajadores, que se pone al servicio de una lucha colectiva, democrática e independiente de la clase obrera!

Traducción: Amanda Aguilar.