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Nosotros nos oponemos a la tentativa de golpe de Estado de Guaidó y a cualquier forma de intervención de los EEUU en Venezuela, en solidaridad con los trabajadores venezolanos que se organizan por su sobrevivencia y por la democracia contra el régimen de Maduro.

Por: Workers’ Voice, 30 de enero de 2019.

1. Nos oponemos a cualquier forma de intervención de los EEUU o de otro país en Venezuela y no reconocemos a Guaidó como presidente.

En setiembre de 2018, la prensa americana reveló que el gobierno Trump conspiró con miembros de las Fuerzas Armadas venezolanas para derrocar el gobierno Maduro, dando continuidad a una larga tradición de Republicanos y Demócratas de intervención imperialista en América Latina para promover los intereses geopolíticos y económicos de los EEUU (es decir, del capital).

Cuatro meses después, el 11 de enero, el recién electo dirigente de la derecha de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, anunció que estaba preparando un “plan” para asumir las “responsabilidades” presidenciales del país contra la “usurpación” de la presidencia por Nicolás Maduro, 24 horas después de que este último tomase posesión para un segundo mandato. El verdadero usurpador aquí es Guaidó, que no fue electo por ningún venezolano, y fue escogido a dedo y apoyado por el gobierno de los Estados Unidos. Esto es evidente por la velocidad de la luz con la que Trump reconoció a Guaidó, así como por el siguiente tweet, publicado por el vicepresidente Pence, el 16 de enero (más de una semana antes de la autoproclamación de Guaidó): “Ayer yo hablé con Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, y le dije que los Estados Unidos continuarán apoyando fuertemente al pueblo venezolano hasta que la democracia y la libertad sean restauradas”.

No fue una coincidencia, sino un plan predeterminado y combinado, que Guaidó desafiaría a Maduro y se proclamaría presidente durante el Foro Económico Mundial, para que 13 dirigentes mundiales, liderados por los Estados Unidos, Canadá y Brasil, apoyasen inmediatamente esta acción. Varios dirigentes mundiales ya reconocieron que sabían con antecedencia sobre la tentativa de golpe apoyado por los Estados Unidos. De hecho, la declaración emitida por la Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la Unión Europea, Federica Mogherini, había sido escrita con varias semanas de antelación.

Ni Trump ni el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, ni cualquier otro jefe de Estado tiene autoridad moral o política para declarar quién es y quién no es el dirigente legítimo de una nación soberana –muchos menos los EEUU, que actualmente apoyan regímenes brutales como los de Arabia Saudita, Israel y Egipto– y apoyaron casi todas las dictaduras latinoamericanas en los últimos cien años.

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Así, no reconocemos a Guaidó como el nuevo presidente de Venezuela, nos oponemos categóricamente a cualquier tipo de intervención militar, y exigimos el fin inmediato de todas las acciones de la CIA en el país y de las sanciones económicas que están perjudicando aún más el bienestar material de los trabajadores venezolanos. ¡El destino de Venezuela debe ser decidido por el pueblo venezolano!

2. El gobierno Maduro no es ni socialista ni democrático

Lamentablemente, el gobierno Maduro se ha vuelto cada vez más dictatorial. La cancelación del poder legislativo, el creciente control de los tribunales por el poder ejecutivo, la manipulación de las elecciones, y la amplia persecución de dirigentes de la oposición de derecha y de izquierda, son apenas las señales más obvias de que el Estado venezolano no funciona más como una democracia liberal burguesa sino como un régimen bonapartista.

Además, el país está pasando por su crisis económica más severa en la historia reciente, como resultado de la caída acentuada de los precios del petróleo en 2014, de las sanciones impuestas por los EEUU, y del hecho de que Venezuela continúa fuertemente dependiente de las exportaciones de petróleo y no fue capaz de establecer las bases de la verdadera independencia económica. La crisis, como siempre, está siendo arrojada en las espaldas de los trabajadores venezolanos, que sufren con el hambre, la escasez generalizada y la hiperinflación, mientras hay una corrupción generalizada en el gobierno y el Estado continúa haciendo pagos astronómicos de la deuda externa.

Según el FMI, la inflación en 2018 subió a 1.300% y alcanzará 10.000% en 2019. Así, a pesar de los varios aumentos de salario mínimo decretados por el gobierno Maduro, cada vez menos personas consiguen comprar el mínimo básico de alimentos para evitar el hambre. Mientras, el gobierno Maduro afirma que solo 4,4% de la población vive en la pobreza, estudios independientes dicen que la tasa de pobreza está por arriba de 48%.

Nosotros siempre culparemos, en primer lugar y por arriba de todo, al sistema económico imperialista por la subyugación de economías semicoloniales como la de Venezuela, y luchamos contra la súper explotación de los trabajadores venezolanos y el pillaje continuo de lso recursos naturales de sus países. Los EEUU hicieron de todo por estrangular la economía nacional venezolana, pero hacen negocios secretamente con ella: importan entre 13.000 y 23.000 barriles de petróleo todos los meses y, en 2018, importó 11.000 millones de dólares en productos venezolanos.

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Pero no podemos olvidar que, a pesar de su retórica antiimperialista, el gobierno Chávez nunca nacionalizó completamente las compañías petrolíferas extranjeras, ni tampoco cortó lazos comerciales con EEUU, estableció una participación público-privada en la que la PDVSA, la compañía estatal de petróleo, detenta 60% de los activos, dejando 40% para corporaciones multinacionales como Chevron (EEUU), Eni (Italia), BP (Reino Unido) y Total (Francia).

Habiendo dejado el FMI en 2007, Venezuela se vio forzada a buscar otros acreedores cuando llegó la crisis de 2014. Enseguida, se volvió para otros regímenes nacionalistas burgueses en ascenso, como la China de Jinping y la Rusia de Putin. El gobierno venezolano hizo una elección política pro-capitalista para pagar la deuda externa creciente de Venezuela (U$S 23.000 millones debidos a China y U$S 8.000 millones a Rusia), en lugar de la compra de alimentos y remedios para su pueblo. En noviembre del año pasado, Maduro afirmó claramente: “nuestra estrategia es renegociar y refinanciar toda la deuda”.

Esto ocurre porque Maduro no es el dirigente de una economía socialista planificada y democráticamente controlada por los trabajadores venezolanos; él es el representante de una burguesía bolivariana y de una burocracia estatal corruptas que se torna más represiva y autoritaria al agarrarse desesperadamente al poder.

Entonces, sí, es posible oponerse simultáneamente a la intervención imperialista en Venezuela, a la oposición neoliberal de derecha apoyada por los Estados Unidos; y al gobierno de Maduro, y las tentativas de China y de Rusia de controlar el destino de Venezuela. De hecho, esa es la única postura de principio de los socialistas, y la única alternativa para los trabajadores del país.

3. La clase trabajadora y el movimiento popular deben derrocar a Maduro, y no Guaidó y sus apoyadores de Estados Unidos

La cuestión no es si, sino cuándo y cómo el régimen de Maduro caerá. Por más desesperante que sea la situación, la oposición de derecha en Venezuela –la oligarquía tradicional que gobernó el país como una república de bananas (o de petróleo) por 200 años– solo puede ofrecer más explotación y sufrimiento al pueblo venezolano. Si ellos retornan al poder a través de un golpe militar apoyado por Estados Unidos, ciertamente profundizarán los ataques que Macri y Bolsonaro están imponiendo en la Argentina y en el Brasil.

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Pero hay también una opción de izquierda al régimen de Maduro, aunque es relativamente pequeña, que se organiza para canalizar las movilizaciones hacia un programa que exige la revocación de las medidas de austeridad, el fin del pago de la deuda externa, y el uso de esos recursos para importar bienes básicos y reactivar la producción, así como la nacionalización de la industria del petróleo, sin socios transnacionales y privados. Antes de la proclamación de Guaidó, Venezuela pasó por varios meses de creciente movilización, que vio la formación de la alianza Intersectorial de Trabajadores Venezolanos (IVT). La IVT reúne varios sindicatos en el país, basados en el poder de los trabajadores y una clara independencia de los sectores burgueses. La tarea de la izquierda de EEUU es apoyar a esos camaradas. La posibilidad de librar al pueblo venezolano de su sufrimiento dependerá del carácter político y programático del movimiento que derrocará a Maduro.

¡Saquen las manos de Venezuela!

¡Por el fin de toda intervención de EEUU y de las sanciones económica contra Venezuela!

¡Guaidó no es el presidente de Venezuela!

¡Todo el apoyo a los movimientos independientes de trabajadores y del pueblo contra Maduro!

Traducción: Natalia Estrada.