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Una rebelión popular está naciendo en Venezuela. El país es palco de inmensas movilizaciones contra el presidente Nicolás Maduro, responsable por una catástrofe social.

Por: Redacción Opinião Socialista

Hoy, la inflación alcanzó increíbles 800% y el salario mal da para comprar alimentos de primera necesidad, pues los precios aumentan día a día. La economía del país se achicó 1/5 en un año, elevando el desempleo oficial a 30%.

La crisis del país expuso el fraude del supuesto Socialismo del Siglo XXI, inventado por Hugo Chávez, presidente de Venezuela desde 1999 hasta su muerte en 2013.

En aquellos tiempos, Chávez se aprovechó del alza de los precios del petróleo (el principal producto de exportación del país) para enriquecer a los capitalistas que lo apoyaban, llamados “boliburguesía”, mientras el pueblo vivía de programas asistenciales como el Misiones (semejante a la Bolsa Familia del Brasil).

La crisis económica mundial, sin embargo, fue implacable. Hizo caer el precio de petróleo, y hoy la población de Venezuela pasa hambre. La pobreza alcanza a 24 millones de los 30 millones de habitantes. Una multitud atraviesa las fronteras con Colombia o con el Brasil en busca de una vida mejor.

El repudio generalizado al gobierno Maduro está llevando a millones a las calles. Millares pidieron el fin del gobierno en la capital, Caracas, y en las principales ciudades del país. La respuesta del gobierno ha sido la represión policial brutal. Hasta el 25 de abril, 55 personas fueron muertas en protestas según la Procuradora General de Venezuela.

Además, el gobierno intenta descalificar las protestas sociales como “acciones de vándalos”, “actos terroristas” o “golpistas”. Así, hace como hizo la gran prensa en 1989 que, al lado del gobierno de Carlos Andrés Pérez, presidente del país en la época, también llamó “delincuentes” y “subversivos” al pueblo que salió a las calles el 27 de febrero de aquel año, dando inicio al llamado “Caracazo”.

Nueva Constituyente es una medida autoritaria

El 1 de mayo, el presidente Nicolás Maduro convocó a los venezolanos para elegir una Asamblea Nacional Constituyente para, supuestamente, preservar la paz y la estabilidad de la República. Con esta propuesta, el gobierno intenta huir de su responsabilidad en la catástrofe vivida por el pueblo venezolano.

Es una maniobra para desviar la atención de problemas como el hambre, la escasez de alimentos, la inflación y los salarios destruidos. En realidad, lo que el gobierno busca es hacer avanzar las medidas autoritarias, continuar restringiendo las libertades democráticas y reprimiendo aún más las manifestaciones. Busca así alterar las reglas del juego para permanecer en el poder mediante una Constituyente hecha a su medida.

El pueblo tiene derecho a luchar. La rebelión del pueblo debe ser independiente del chavismo y de la derecha

El pueblo tiene el derecho de protestar y de movilizarse en defensa de sus propios intereses. El pueblo venezolano es víctima de la escasez de alimentos y de remedios, de la inseguridad, de la corrupción y de sus condiciones de vida cada vez más precarias, cuestiones que son de responsabilidad absoluta del gobierno Maduro.

No obstante, la rebelión popular que se inicia en el país no posee vínculos ni identidad con la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), una coalición de partidos de derecha que desea tomar el poder para atacar los derechos de los trabajadores.

La actual rebelión es fruto de la falta de esperanza, de la indignación popular, de su rabia acumulada frente a la política traidora de aquellos que se autoproclaman “hijos de Chávez”. Por eso, esa rebelión precisa ser independiente del chavismo y de la MUD. Para conquistar la victoria, los trabajadores deben confiar solo en sus propias fuerzas.

¿Qué fue el “Caracazo”?

El 27 de febrero de 1989, frente al aumento de los precios de la gasolina y de los alimentos, del desabastecimiento, de la miseria y del hambre, el pueblo pobre de Caracas descendió de los “barios”, villas de emergencia o “favelas” que cercan la ciudad, y saqueó supermercados, negocios y centros comerciales. Frente a esta explosión espontánea de odio de las masas, el gobierno de Carlos Andrés Pérez promovió una furiosa represión con la Policía y el Ejército, que ocuparon los “barios”.

Fue una masacre: en tres días fueron muertas entre 9.000 y 11.000 personas. Decenas de miles fueron torturadas. Esta revuelta popular generalizada fue llamada de vandalismo por la TV y por el gobierno pero era la expresión de la catástrofe del país en la época, en que el 10% más pobre de la población detentaban apenas 1,6% de la renta nacional (PIB), mientras el 10% más rico se alzaba con 32%. La pobreza alcanzaba 85% de la población.

Traducción: Natalia Estrada.

Artículo publicado en Opinião Socialista, n. 536, mayo de 2017.-