Compartir

El 31 de marzo pasado muchísimos trabajadores y trabajadoras -si bien no organizados-, de distintos sectores, salieron a expresar su rabia en las calles, esto fue reflejo del gran descontento hacia un gobierno que profundiza la miseria, mientras los de siempre se enriquecen cada día más.

Se ha creado una distorsión en torno a los hechos que se dieron en el marco del repudio a la reelección vía enmienda que intentaron imponer vía atraco el gobierno, el FG y el Llanismo. Esta distorsión respecto a los protagonistas de la enorme movilización se construyó en base a mentiras, señalando que la enorme mayoría de manifestantes eran solo adeptos al Efrainismo u otros sectores que juegan cínicamente de opositores en esta coyuntura.

Si bien el inicio de la manifestación fue protagonizada por sectores del PLRA, en las horas sucesivas, miles de personas descontentas e indignadas por lo sucedido salieron a expresar su repudio en las calles. Éstas no tenían ninguna dirección más que el impulso de su odio hacia los representantes de este Estado criminal, quienes confabulados en torno a sus intereses mezquinos ponen en serio peligro las mínimas garantías y derechos que tiene el pueblo trabajador para organizarse y salir a luchar. Ante un claro advenimiento de un régimen político de tinte dictatorial las masas respondieron en las calles.

Esta tergiversación no sólo fue construida por los medios empresariales de comunicación y el oficialismo, sino también, vergonzosamente, por la “izquierda luguista”. Todos en coro tildan de vándalos a los que enfrentaron la represión policial y movidos por la rabia contenida, destrozaron y prendieron fuego esa cueva de ladrones que es el congreso nacional.

Luego de la represión, la cacería en las calles, las detenciones ilegales, el asesinato de un dirigente del PLRA en su local partidario, continúa la criminalización con los procesamientos penales. El fin es siempre el mismo, desmovilizar a la gente, desarticular sus organizaciones, meter miedo e intentar disciplinar al conjunto de los “vandálicos/as” que salieron a repudiar a todos estos corruptos que se disputan la administración de sus negocios vinculados al estado.

La quema del Congreso tiene una enorme carga simbólica, expresa la frustración y el cansancio de las grandes mayorías del pueblo trabajador que observan día tras día como un grupo de VÁNDALOS nos roban descaradamente. Los vandálicos de siempre, los pacifistas acomodados, fueron presos el 31 de marzo de la reacción popular, en el terreno más democrático que tenemos las y los trabajadores, las calles donde salimos a luchar.

Comité Ejecutivo Nacional
Partido de los Trabajadores
Abril de 2017