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Mientras los ojos del mundo se vuelven a Italia, España y Estados Unidos, el continente africano sigue siendo afectado por los impactos de la pandemia del coronavirus, pero sin gran repercusión mediática. La pregunta que hacemos es: ¿vidas negras importan?

Por: PSTU, Piauí-Brasil

Según el Sindicato de los Metalúrgicos de África del Sur (NUMSA), ya son más de 709 sudafricanos infectados y el gobierno de Cyril Ramaphosa no ha tomado acciones efectivas de protección para los trabajadores y los más pobres. Además del NUMSA, el movimiento de Moradores de Favelas del País (ABM) también denunció al gobierno por ignorar la realidad vivida por las personas en la periferia, que la mayoría de las veces no tienen agua y jabón para higienizarse las manos. Falta saneamiento básico así como viviendas, toda vez que muchas personas viven en cabañas improvisadas y sin ninguna asistencia social.

De acuerdo con los datos del Centro para Prevención y Control de Enfermedades (CDC) de la Unión Africana, en el continente ya son 58 los muertos por el Covid-19 y casi 2.000 casos de infectados en casi todos los países, un número alarmante que solo tiende a aumentar.

El continente africano, que en los años 2014 y 2016 vio gran parte de su población devastada por el ébola (fueron más de 11.000 muertos), y que tiene países que viven la dura realidad de la proliferación de malaria, ahora está también teniendo que encarar los impactos del coronavirus. Así como en el Brasil, son los más oprimidos y explotados los que más sufrirán con esta pandemia, pues es exactamente en momentos como este que el capitalismo muestra su cara más cruel y deshumana, donde las ganancias importan más que las vidas, y entre las vidas, las negras, que importan siempre menos.

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Los gobiernos, como comités ejecutivos de la burguesía, toman actitudes de proteger y blindar bancos, empresarios y industriales, mientras la población queda a merced de su propia suerte. En el África, así como en Italia y en el Brasil, ningún gobierno cerró las fábricas como política de contención del virus y protección de los trabajadores, y las medidas que están siendo tomadas son ineficientes y muestran cuál es el verdadero objetivo: ¡salvar la economía y no las vidas!

En el Brasil, a través de los movimientos populares y sociales, como Luta Popular, mujeres, negros, pobres, están denunciando que los testes de Covid-19 no han sido hechos en todos. La medida de aislamiento social no ha ocurrido en las periferias y ocupaciones, primero porque quien no sale para trabajar no tiene qué comer, ya que el gobierno no garantiza salario ni seguro de desempleo. Segundo, porque muchas personas viven en una misma casa, pues el gobierno tampoco garantiza vivienda digna a los trabajadores. Tercero, porque los trabajadores continúan aglomerándose en el transporte público, toda vez que los patrones y gobiernos siguen alineados en dejar establecimientos abiertos y no garantizando que los trabajadores se queden en sus casas con estabilidad en el empleo y salario integral.

En el Brasil, el presidente tuvo la osadía de hacer una medida provisoria (MP) en la que permitía que los trabajadores se quedasen cuatro meses sin salario, pero en razón de la reacción al proyecto tuvo que retroceder. El gobierno federal en conjunto con los parlamentarios visan sacar 20% de los salarios de los servidores públicos, y en pronunciamiento oficial, en horario noble, Bolsonaro minimizó los efectos del Covid-19, faltó el respeto a todas las orientaciones de la OMS, y quiere empujar a los trabajadores a la tumba. Como lacayo de la burguesía, mostró que no es loco, pero sí para quien gobierna. ¡Es un genocida! Así como todos los gobernantes que sufriendo con la presión de los privilegiados muestran la cara más depravada y perversa del capital, que en detrimento de la salud y de la protección de las personas, escogen proteger y garantizar las ganancias.

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Los grandes medios no muestran que negros y negras, en el Brasil, en el África, en Europa y en los Estados Unidos continúan muriendo a manos de la policía. No muestra que en Italia, por ejemplo, los decretos de Salvini, que cerró centros de asistencia social, dejaron a millares de inmigrantes en las calles, sin acceso a la salud y sin ninguna protección. Que en los Estados Unidos, con un sistema de salud privado, la población afroamericana no tendrá siquiera cómo hacerse los testes de Covid-19. Que en muchos países africanos, millares morirán por no conseguir camas en hospitales.

Así como fue con el ébola, de nuevo, África pasa por un silenciamiento. Nadie llora por los cuerpos negros muertos, porque el racismo es ese sistema ideológico que deshumaniza, que segrega, que inferioriza, y que el capitalismo se apropia para generar división en la clase. Al final, todos nosotros de la clase trabajadora, estamos sufriendo ahora y vamos a sufrir después con el aumento de las desigualdades sociales. Entonces ¿por qué no #SomosTodosÁfrica? Porque hasta en el momento en que ocurre una pandemia, la burguesía no deja de hacer uso de sus ideologías para cegarnos y separarnos.

Si en los países imperialistas las consecuencias del coronavirus ya son devastadoras, imagine en países que aún hoy pagan (literalmente) por el colonialismo, por la esclavitud y por toda la explotación de siglos. De una vez por todas: “de pie, oh víctimas del hambre, de pie”, ¡es preciso rebelarse!

Frente a todo el caos social, es necesario que los gobiernos se responsabilicen. Para frenar el virus tenemos que reclamar un programa para los trabajadores y los más oprimidos. ¡Vidas negras importan, sí!

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¡Para frenar el capitalismo y la barbarie, precisamos de una revolución socialista!

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Artículo publicado en: www.pstu.org.br
Traducción: Natalia Estrada.