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Dilma cayó porque se sumaron tres cosas: bajísima popularidad, crisis política e incapacidad de construir una mayoría parlamentaria y seguir aplicando los planes económicos del gran capital y del imperialismo (reformas, ajuste fiscal y privatizaciones). Temer va a caer exactamente por los mismos motivos.

Por: André Buca, PSTU – Rio de Janeiro

Como telón de fondo de todo esto está el desarrollo de la lucha de clases. Es el avance de la lucha de clases, de la resistencia contra los ataques a los derechos sociales y laborales lo que sacó el piso debajo de los pies de Dilma y ahora empuja y profundiza la crisis política que va a derribar a Temer. La huelga general del 28 de abril, por más que los medios no lo reconozcan, por obvio, tiene mucha importancia en el diseño del escenario actual.

Aquellos que hoy presentan la retórica de que Dilma fue derribada porque de alguna forma servía a los intereses de los de abajo contra los de arriba, no consiguen explicar esto basado en los hechos.

De hecho, PT, PSDB, PMDB, PP, DEM y un largo etcétera fueron financiados por las mismas grandes corporaciones (Itaú, Bradesco [bancos], JBS, BRF [alimentos], Odebrecht, OAS [constructoras]…). La mayor parte de ellos fue aliada del PT todos estos años. Y no nos olvidemos, Temer fue vice de Dilma. Servían a los mismos intereses. Todo ellos defendieron a lo largo de los últimos años el ajuste fiscal, las reformas laboral y de la previsión, y las privatizaciones. Dilma puso a Joaquim Levi y a Alexandre Tombini, baluartes del ajuste fiscal al frente de la economía; Kátia Abreu de la UDR [Unión de Ruralistas – latifundistas] en Agricultura; Bendine en la Petrobrás, donde elaboró y comenzó a aplicar el plan de desmonte y privatización de la empresa.

A lo largo de 2015 se desarrolló en el Congreso Nacional, capitaneado por Eduardo Cunha, una ofensiva pro “impeachment” de Dilma. En aquel momento y al cabo de meses todos los representantes del empresariado y de los medios nacionales e internacionales se posicionaron contrarios al “impeachment” de Dilma.

En agosto de 2015, el diario O Globo publicó un editorial titulado: “Manipulación del Congreso sobrepasa límites”. El subtítulo de este editorial era: “En guerra particular con Dilma y PT, presidente de la Cámara, Eduardo Cunha, ayuda a desmontar base del gobierno y contribuye para agravar crisis económica”. La conclusión fue:

“Es preciso entender que la crisis política, mientras corroe la capacidad de gobernar del Planalto, acelera la crisis económica, por degradar las expectativas y paralizar el Ejecutivo. De esa forma, la nota de riesgo del Brasil irá incluso para abajo del ‘grado de inversión’, con todas las implicaciones previsibles: reducción de inversiones externas, directas y para aplicaciones financieras; por lo tanto, mayores desvalorizaciones cambiarias, cuyo resultado será nuevo choque de inflación. Luego, la recesión tenderá a ser más larga, así como, en consecuencia, el ciclo de desempleo y la caída de renta.

Todo esto debería aproximar a los políticos responsables de todos los partidos para dar condiciones de gobernabilidad al Planalto” (lea aqui).

Está claro que la preocupación fundamental presentada en el editorial era la garantía de gobernabilidad de Dilma para que ella pudiera aplicar el ajuste fiscal, garantizar la estabilidad de los negocios y aprobar las reformas y usaba tono acusador contra Cunha y sus maniobras parlamentarias. En el mismo mes fue publicada una entrevista del presidente del banco Itaú, Roberto Setúbal, cuyo título era: “No hay motivos para sacar a Dilma del cargo, dice el presidente del Itaú Unibanco”. Para él, “Sería una artificialidad querer sacar a la presidente en este momento. Crearía una inestabilidad funesta para nuestra democracia” (lea aqui).

La FIESP y la FIRJAN [Federación de Industrias de San Pablo y de Rio de Janeiro, respectivamente] hicieron también una declaración conjunta con el título: “Nota oficial –FIRJAN y FIESP en pro de la gobernabilidad del país”, en apoyo a la apelación por la unión hecha en la época por Temer, “para preservar la estabilidad institucional del Brasil. Sigue un fragmento:

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“El pueblo brasileño confió los destinos del país a sus representantes. Es hora de dejar de lado ambiciones personales o partidarias y mirar el interés mayor del Brasil. Es preciso que estos representantes cumplan su más noble papel –actuar en nombre de los que los eligieron para defender pleitos legítimos y fundados en el mejor interés de la Nación” (lea aqui).

Robson Braga Andrade, presidente de la CNI [Confederación Nacional de la Industria] declaró en la misma época, que “el Gobierno está en el camino equivocado, pero no defiendo impeachment” (lea aqui).

Todavía en agosto de 2015, la Folha publicó un artículo titulado: “Grandes empresarios aún prefieren evitar impeachment de Dilma” (lea aqui). Esa opinión también era compartida por el diario estadounidense The New York Times (lea aqui).

Recordemos que en aquel momento la popularidad de gobierno Dilma ya era muy baja (8%). Pero, ¿qué cambió para que todo el gran empresariado cambiase de opinión y postura y pasase a apoyar el “impeachment” de Dilma? Simplemente [ella] no conseguía más garantizar el control de la situación política y el apoyo en el Congreso Nacional para aprobar los planes de ajuste, las reformas y las privatizaciones que la gran burguesía exige para lidiar con la crisis económica vigente. Llegó un momento en que la parálisis del gobierno lo volvió disfuncional para el gran empresariado. De ahí el giro de la gran prensa y de las entidades empresariales, entre ellas la FIESP.

La FIESP abandonó la defensa de la gobernabilidad y adhirió al “impeachment” en diciembre de 2015. Según las declaraciones de Paulo Skaf, presidente de la FIESP, al diario O Estado de São Paulo:

“Esa posición oficial fue tomada debido al momento al que nosotros llegamos”, dijo el empresario Paulo Skaf, presidente de la entidad. Entre los motivos, él enumeró el ajuste fiscal ‘que fue anunciado a lo largo del año, pero no fue hecho’, la ‘perspectiva de estallido del presupuesto en el próximo año’, y la ‘total falta de credibilidad del gobierno’.” (lea aqui).

O sea, no fueron las pedaleadas fiscales o algo de ese estilo, fue simplemente que el gobierno perdió su autoridad para seguir gobernando para el gran empresariado y la situación de desgobierno lo volvió disfuncional.

El editorial de O Globo del 04/12/2015, concluye con las siguientes palabras:

“El país vuelve a debatir un impeachment de presidente 23 años después de la destitución de Collor. En la época, llegó a haber algún temor con la estabilidad institucional. Nada ocurrió de negativo, y las instituciones republicanas, reconstruidas después de la dictadura militar concluida hacía apenas siete años, resistieron y se fortalecieron.

Hoy, el escenario es aún más tranquilo, iniciado el ritmo del proceso, hay la esperanza de que, independientemente del desenlace, él consiga romper la preocupante parálisis que tomó cuenta del país, en función de las incertezas. Definir el futuro político del gobierno Dilma será algo positivo”.

Eso muestra que la preocupación fundamental era con la parálisis y las incertezas, que tendrían que ser superadas con la definición sobre el gobierno Dilma (sale o se queda). Entonces, O Globo no se posicionaba favorable o contrario al “impeachment”. Su preocupación era que la situación se definiese para un lado o para el otro y que se rompiese la parálisis (lea aqui).

En el período siguiente, cuando quedó claro que la situación política se deterioraba y el gobierno quedaba sin sostén, es que los editoriales de este diario pasaron a hacer campaña abiertamente por el “impeachment”. La pérdida de control de la base por parte del gobierno hacía del “impeachment” la vía más adecuada para intentar contornear la crisis política y dar continuidad a las reformas. Una vez instalado el gobierno Temer, la Globo dio total apoyo a la agenda de reformas y al gobierno.

Algunas personas se extrañaron de que la Globo divulgara la grabación sobre Temer, y comenzaron a aparecer teorías de las más diversas. La Globo solo publicó la grabación de Temer porque no tenía otra alternativa. Al tener acceso privilegiado a una filtración de esta naturaleza, si no la publicaba otros lo harían antes, y esta se desmoralizaría. La Globo no podía dejarse desmoralizar a ese punto, pues con eso perdería el poder que tiene de influenciar en los acontecimientos y ser relevante en la elección de la salida política. Pero al publicarla pasó a no tener otro remedio que pedir la caída de Temer, porque no pedir eso también sería una desmoralización y porque la noticia estremeció profundamente la base de sustentación política de Temer, dejándolo como mínimo tan disfuncional como Dilma.

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Pero la razón principal para que la Globo haya soltado el audio y pasado a pedir la salida del gobierno es porque llegó a la conclusión de que Temer había perdido las condiciones de aprobar las reformas y garantizar la estabilidad de los negocios. Insisto, la huelga de abril fue más importante de lo que parece. Refleja que la clase trabajadora y los demás sectores populares ya no aceptan pasivamente el andar de las votaciones en el Congreso. La comprensión que tiene la mayoría de la población es que esas reformas son para quitar derechos y están siendo votadas por un bando de corruptos que solo defienden los intereses de las grandes corporaciones, y sus propios bolsillos.

El hecho de no tener apoyo popular, de que haya movilizaciones de la clase trabajadora, de que haya un giro de las clases medias a la oposición, todo eso, dejó muy debilitado el gobierno Dilma y hoy ocurre lo mismo con el gobierno Temer. El único punto de sostén de esos gobiernos son las alianzas partidarias en el Congreso Nacional, que garantizan el sostenimiento del gobierno por el empresariado. Cuando comienza a derretirse la base en el Congreso, se inicia un período de parálisis en el gobierno y eso se vuelve intolerable a una burguesía que busca competitividad en medio de la crisis económica internacional.

Toda la línea de la gran burguesía está vinculada a la aprobación de las reformas, cueste lo que cueste. Su principal preocupación es que un gobierno sin base de sustentación no consiga aprobar las reformas, el ajuste fiscal, viabilizar las privatizaciones, y que no garantice la estabilidad de los negocios. Por eso, incluso el PSDB y la DEM aguardan antes de desembarcar del gobierno. Intentan hallar un nombre y hacer una transición que mantenga la base oficialista en condiciones de seguir aprobando sus proyectos, aunque sea con repudio de la población.

En editorial del 19/05/2017, el diario O Globo defiende la renuncia de Temer. Veamos un fragmento de ese editorial:

“Este diario apoyó desde el primer instante el proyecto reformista del presidente Michel Temer. Creyó y cree que, más que suyo, el proyecto es de los brasileños, porque solamente él hará al Brasil encontrar el camino del crecimiento, fundamental para el bienestar de todos los brasileños. Las reformas son esenciales para conducir el país a la estabilidad política, a la paz social y al normal funcionamiento de nuestras instituciones. Tal proyecto hará que el país llegue a 2018 maduro para hacer la elección del futuro presidente del país en un ambiente de normalidad política y económica” (lea aqui).

El editorial de O Estado de São Paulo no pide la salida del presidente. Su preocupación fundamental, citando las varias entidades empresariales, es que cualquiera sea la alternativa, las reformas deben ser votadas:

“De ese modo, la agenda de reformas no pertenece al presidente. Es del país. Los graves problemas jurídicos que Temer enfrenta no pueden servir para desmoralizar los cambios constitucionales. Al contrario: es en este momento de profunda confusión que los líderes políticos responsables precisan venir a público a manifestar inequívoco apoyo a las reformas, pues, al fin y al cabo, la profundización de la crisis económica solo interesa a los que no tienen compromiso con el Brasil” (lea aqui).

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No hubo “golpe” contra Dilma y no habrá “golpe” contra Temer. Un golpe es una ruptura institucional que lleva a cambio en el régimen político. El “impeachment” es el mecanismo creado dentro del actual régimen político justamente para que la burguesía pueda tener una salida controlada para ese tipo de crisis sin que el pueblo tenga cualquier participación en el proceso. Por eso, el “impeachment” es un juzgamiento que no es apenas jurídico sino, sobre todo, político. Quien conduce el “impeachment” no es el Poder Judicial sino el Congreso Nacional, entidad eminentemente política. El régimen político no quedó más antidemocrático de lo que ya era. Decir lo contrario es lo mismo que embellecer la democracia burguesa como si ella fuese el reino de la libertad y de la participación popular y afirmar que luego del “impeachment” acabaron las libertades y la democracia.

No hubo golpe en las “instituciones democráticas”, como alegan algunos, sino la aplicación de las reglas de esas instituciones, que siempre fueron democráticas apenas en la fachada. La institucionalidad vigente recolecta el voto de las personas de dos en dos años para dar la apariencia de alguna participación política en las decisiones, pero el sistema de hecho es blindado en relación con la voluntad popular. Al punto que los medios de comunicación presentaron como positivo que un gobierno aplique un plan o un Congreso vote leyes que van contra la opinión de la mayoría de las personas. Son las famosas “medidas impopulares”.

Es perfectamente aceptable, en este régimen, que una presidente (y su vice) sea electa por 54 millones de votos prometiendo mantener las obras, defender los derechos laborales, proteger la Petrobrás, no vender el presal, etc., y después de electa haga todo lo contrario. O sea, se puede cometer estelionato electoral a voluntad y el pueblo no tiene un mecanismo para deponer a quien mintió para elegirse. Solo quien tiene el poder de deponer al presidente es el Congreso Nacional, que fue electo con el mismo sistema antidemocrático de financiamiento de campaña, de tiempos desiguales de televisión, y de estelionato electoral. El “impeachment” es apenas una válvula de control político para que, cuando las cosas se salen de control, los de arriba puedan dar una salida sin ruptura institucional.

El “impeachment” de Dilma y la salida de Temer (por la renuncia, por “impeachment”, o por la casación de la lista por el Tribunal Superior Electoral [TSE]) obedecen a la misma lógica política y a los mismos intereses económicos. Al final, como definieron Marx y Engels en el Manifiesto Comunista, el Estado no es más que “un comité para administrar los negocios de la burguesía”.

Traducción: Natalia Estrada (incluidas las traducciones de las citas).

Artículo publicado en www.pstu.org.br, el 29 de mayo de 2017.-