Compartir

Cada día que pasa se van acumulando más y más absurdos practicados por el gobierno Bolsonaro en medio de la catástrofe que ya afecta a nuestro país y el mundo: la pandemia de coronavirus y las consecuencias sociales que provoca, especialmente para los más pobres (despidos, fin abrupto de la única fuente de renta de los que trabajan por cuenta propia, reducción de salarios y derechos, ausencia de condiciones mínimas de atención a la salud, etc., etc.).

Por: Zé Maria de Almeida*

Ayuda para los pobres a paso de tortuga manca

Es en ese contexto que el gobierno del presidente Bolsonaro y el ministro Paulo Guedes postergó lo máximo que pudo la definición de una ayuda para los más pobres y para las personas que perdieron su fuente de renta debido a las medidas de protección a la salud de la población. Pero le pareció poco. Después que definió una ayuda por un irrisorio valor de R$ 600, da vueltas cuanto puede para no pagarla.

Todos los días asistimos en los noticieros un verdadero espectáculo de burocracia y de desorganización que tiene como único objetivo dificultar que las personas reciban la ya precaria ayuda a que les dieron derecho. Se trata de una verdadera humillación. ¡Una violencia sin tamaño para con millones y millones de personas que están sin tener qué comer en casa! Las personas están amontonadas en las puertas de las agencias de la Receita Federal y de la Caixa Econômica Federal[1] recibiendo informaciones desencontradas, o siendo orientadas a hacer cosas que les son imposibles de realizar (en la cabeza de los burócratas del Ministerio de Economía todas esas personas tienen computadora y Smartphone y saben perfectamente usar los medios digitales). Quien precisa recibir en especies, tiene que esperar a fin de mes…

Y no se trata de incompetencia, lo que ya sería inaceptable en esta situación. Es adrede la demora en hacer llegar la ayuda a quien la precisa. El presidente Bolsonaro precisa de la desesperación de esas millones de personas para justificar su defensa de que la economía tiene que volver a funcionar, que los “negocios” no pueden parar. No por la situación de esas personas más necesitadas, para las cuales él no muestra el mínimo interés, como se puede ver en sus acciones, sino, sí, para atender la saña de lucros del empresariado que lo apoya.

Para los ricos la ayuda vino en avión

Lo más indignante en todo esto es que, para ayudar a los banqueros y a los grandes empresarios, la rapidez fue impresionante. Para los banqueros, la “ayudita” fue de más de R$ 1 billón, sin hablar de tal “presupuesto de guerra” que en realidad es un presente a los banqueros y un seguro para empresarios en bancarrota. Y más centenas de miles de millones de reales para ayudar a los grandes empresarios (sí, grandes, porque los pequeños tampoco consiguen acceder a esa ayuda). Y todo eso fue inmediato.

Lea también  El Programa de Estabilización y Presupuesto Suplementario hace pagar la crisis a los trabajadores

También es impresionante la presteza de Bolsonaro y del Congreso Nacional para atacar los derechos de los trabajadores, precarizar derechos, autorizar la reducción de salarios. Eso también es para ayudar a aumentar las ganancias de las empresas y de los bancos, y fondos de inversión, que son propietarios de buena parte de ellas. Y nosotros todavía somos obligados a ver en la TV un espectáculo de hipocresía y demagogia, con una parte de esas empresas haciendo propaganda de sí mismas diciendo que están “donando”, para combatir la pandemia, cantidades que, en realidad, no pasan de una migaja de lo que roban de los trabajadores y de lo que ganan de recursos públicos repasados a ellos por el gobierno.

En este contexto, se entiende por qué Bolsonaro nombra como ministro de Salud a un ciudadano que, con la mayor “sin ceremonia”, dice que es mejor dejar morir a los más viejos para invertir en la salud de los más jóvenes, ya que el sistema de salud no puede atender a todos. No pasa por la cabeza de ese sujeto proponer que se saque dinero de los bancos, que se acabe con las ganancias astronómicas de las grandes empresas, para invertir en la salud de todos, de los más jóvenes y de los más viejos.

Eso no entra en la cabeza de nadie de este gobierno que es lacayo de banqueros y especuladores del mercado financiero que tan bien representa Paulo Guedes. Y no digo eso para defender al ministro que salió –que desde siempre defendió el desmantelamiento del Sistema Único de Salud (SUS) y la mercantilización de la salud, y que tampoco fue coherente en la defensa de la salud de la población frente a la pandemia–, lo digo porque es profundo el significado de todo esto.

No es irresponsabilidad, es la barbarie hacia donde el capitalismo empuja el mundo

Una de las diferencias más importantes del ser humano en relación con el resto de las especies del mundo animal es que nosotros protegemos a nuestros hijos y a nuestros viejos. La mayoría de las demás especies protege a sus hijos (por el instinto de sobrevivencia de la especie), pero dejan a los viejos abandonados a su propia suerte cuando no tienen más fuerzas para obtener su sustento por sus propias fuerzas. Esa es una de las diferencias que nos da el derecho de llamarnos animales racionales, civilizados. Seres humanos.

Bolsonaro, Paulo Guedes, Mourão, toda esa gente que está en el gobierno, está por detrás de eso. Y no se trata de irresponsabilidad o burrada. Esa gente es la cara (sin disfraz) de la gran burguesía de nuestro país, una elite esclavista y reaccionaria a más no poder. No es casual que esa elite siga apoyando a Bolsonaro y su ministro de Economía. De la misma forma que es autoritaria, preconceptuosa y violenta contra los trabajadores y los pobres, es cobarde y sirviente en relación con el capital internacional y el imperialismo, del cual es socia menor en la rapiña de los recursos y de las riquezas de nuestro país.

Lea también  Chile | ¡Viva la huelga de los mineros de Guanaco! ¡Por el cumplimiento de todas las demandas de los trabajadores!

Eso es el capitalismo, y en este sistema no hay ningún pudor en exponer a la contaminación y a la muerte a millares de personas, millones de ellas, si eso fuese necesario para mantener funcionando las fábricas, los negocios, o sea, para mantener la ganancia de los bancos y de las grandes empresas.

Por eso, si nuestra lucha más inmediata es acabar con este gobierno antes de que él acabe con nuestro país, precisamos comprender desde ahora que esa lucha tendrá que seguir adelante hasta que reunamos las condiciones para acabar con este sistema.

Si en este momento queda más claro la falta de humanidad de este sistema, no podemos olvidarnos que esa es su marca registrada de todos los días en el trato con la clase obrera, con los negros y negras, las mujeres, las personas LGBT, con todos los sectores explotados y oprimidos.

¡Fuera Bolsonaro! ¿Qué falta para que la “oposición” se sume a esta lucha?

El Congreso Nacional y la cúpula del Poder Judicial, de la misma forma que los gobernadores, rezongan contra las medidas tomadas por el gobierno Bolsonaro pero se niegan a actuar para poner fin de inmediato a esta verdadera tragedia.

Son también representantes de los intereses de la misma burguesía a quien Bolsonaro obedece. Son, en última instancia, harina del mismo saco.

La pregunta que no quiere callar, frente a todo esto, es por qué la dicha oposición a este gobierno (PT, PCdoB, PSOL, PSB, PDT) se niega a levantar la bandera del Fuera Bolsonaro. ¿Qué están esperando? ¿Que alguien la diseñe? Estos partidos están, en mayor o menor medida, tan integrados, tan adaptados a este sistema, que no consiguen representar mínimamente los intereses de los trabajadores.

¿Por qué las grandes centrales sindicales, frente a tantos y tan graves ataques a los derechos de los trabajadores no tratan de organizar para la lucha a los trabajadores que representan? ¿Por qué no consiguen siquiera sumarse a la voz de los millones de brasileños y brasileñas que gritan Fuera Bolsonaro (!) desde su ventanas, ante la imposibilidad de ir a las calles?

¡Fuera Bolsonaro, Mourão y Paulo Guedes! Por una alternativa socialista para nuestro país

Cabe a los trabajadores, al pueblo pobre, a los explotados y oprimidos de este nuestro país, levantarnos y dar un basta en todo esto. Y la primera tarea es poner fin a este gobierno genocida que controla hoy nuestro país. No nos ilusionemos, las instituciones que pueden adoptar medidas para apartar a Bolsonaro y su troupe del gobierno solo lo harán si el pueblo fuera a las calles a exigirlo. Si en este momento no podemos ir a las calles, precisamos tener creatividad para demostrar nuestro repudio.

Lea también  Perú | Mientras morgues colapsan por Covid-19, Vizcarra protege a las empresas y no combate el coronavirus

Pero en esa lucha contra el gobierno Bolsonaro y en defensa de los derechos e intereses de los trabajadores, es necesario que avancemos en la organización y en la movilización de la clase trabajadora para acabar con todo este sistema.

Precisamos de una revolución socialista, que ponga en el gobierno de nuestro país a los trabajadores y el pueblo pobre. Solo así podremos cambiarlo, y librar a nuestro pueblo de toda forma de explotación, opresión, discriminación, violencia y humillación que es solo lo que nos reserva la sociedad en la vivimos hoy. Solo así podremos vivir, al fin, como seres humanos que somos, y no como esclavos de banqueros que es lo que el capitalismo hace de todos nosotros.

Notas:

[1] Receita Federal o Departamento Especial de Ingresos Federales del Brasil es la agencia de servicios de ingresos del Brasil y una secretaría del Ministerio de Finanzas, que administra la recaudación de impuestos y las aduanas del país. Por su parte, la Caixa Econômica Federal es una institución financiera, con forma de empresa pública, del gobierno federal brasileño, con patrimonio propio y autonomía administrativa, vinculada al Ministerio de Hacienda del país, ndt.

*Zé Maria de Almeida es metalúrgico y presidente nacional del PSTU, Brasil.

Artículo publicado en www.pstu.org.br
Traducción: Natalia Estrada.