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¡Nuestra bandera nunca será roja” fue la frase repetida de forma exhaustiva por Bolsonaro y sus seguidores durante la campaña electoral. Obviamente, no hizo ninguna consideración a una rayitas blancas como las de la bandera de los Estados Unidos, la misma para la cual él prestó continencia durante una visita a Miami cuando aún era candidato. Por detrás del discurso nacionalista y del omnipresente verde-amarillo está el gobierno más entreguista de la historia, obstinado en hacer retroceder al Brasil a la condición de colonia de Trump.

Por: Diego Cruz

Bolsonaro dio luz verde a la venta de la Embraer [aviones] a la norteamericana Boeing, deshaciéndose de una de las pocas, si no la única, empresa brasileña de tecnología de punta. Una ex estatal construida con dinero público, privatizada durante el gobierno FHC, y ahora entregada definitivamente a los Estados Unidos. Bolsonaro vendió la BR Distribuidora, la lucrativa y principal subsidiaria de la Petrobras. Anunció la venta de ocho refinerías, abriendo el camino para la privatización de la propia Petrobras. Anunció incluso la venta de los Correos. Pretende entregar la Amazonia a las mineras norteamericanas, al mismo tiempo que, de forma hipócrita, denuncia a las ONGs extranjeras y el interés de Macron y de Francia en la región.

El proyecto de Bolsonaro prevé el desmantelamiento y la entrega de estatales y de los recursos naturales a los Estados Unidos y al capital extranjero, en un nivel sin precedentes. Es una política más abierta y peor que la que siempre fue implementada en el Brasil, en el que la cobarde burguesía nacional se contentó con el papel de socia menor o “pibe de los mandados” del imperialismo, abriendo mano de cualquier tipo de proyecto nacional que no sea la completa sumisión a cambio de migajas. Por eso, la entrega del país es hecha junto con la destrucción de la pesquisa y de la educación: ¿para qué sirve eso si vamos a servir solo para proveer ganado, soja y minerales?

Bolsonaro no ama el Brasil sino a Trump, por quien se declaró “cada vez más apasionado”.

Recolonización: el gobierno quiere entregar la Petrobras

Petroleiro na entrada da refinaria Alberto Pasqualini, em Canoas (RS) 30/5/2018 REUTERS/Diego Vara

 

En julio, Bolsonaro vendió el control de la BR Distribuidora, mayor subsidiaria de la Petrobras y mayor empresa de distribución, con más de ocho mil puestos extendidos en los 26 Estados y en el Distrito Federal. El gobierno Temer abrió mano de la empresa y Bolsonaro concluyó la venta, pasando al capital privado extranjero más de 70% de sus acciones y, en consecuencia, su control. La venta fue coordinada por los bancos JP Morgan, junto con los bancos Citi, Merrill Lynch, Credit Suisse, Itaú y Santander. Las acciones habrían ido para 160 inversores de países como el Reino Unido, Canadá y los Estados Unidos.

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En junio ya había liquidado la TAG Transportadora de Gas S.A. La empresa, dueña de una inmensa red de gasoductos (más de 4.500 kilómetros), fue vendida a una empresa francesa, la Engie, y a un fondo canadiense. La venta tuvo una ayuda especial del Supremo Tribunal Federal (STF), que decidió que el gobierno puede vender empresas estatales subsidiarias sin tener que pasar por el Congreso Nacional o incluso por licitación, en una especie de privatización expresa.

Las empresas ya vendidas este año y las refinerías previstas para ser entregadas hacen parte de un plan mayor que es simplemente liquidar el patrimonio nacional para cubrir la pérdida fiscal (léase, para pagar la deuda a los banqueros). El llamado “plan de desinversión” de la Petrobras prevé la venta del sector de refino y distribución, restando al Estado solo la extracción y la venta del petróleo bruto, sin valor agregado. En un segundo momento, luego de ese desmonte, será vendida la propia Petrobras.

Pieza clave en la recolonización

El desmonte de la Petrobras tiene un papel clave en el proyecto del gobierno Bolsonaro para revertir la condición del Brasil al papel de colonia de las grandes potencias, principalmente de los Estados Unidos. Primero, por el papel simbólico que tiene la empresa, creada luego de una amplia movilización de masas que exigía la nacionalización del petróleo, la campaña “El Petróleo es Nuestro”, en los años 1950. Pero principalmente por lo que ella representa en dinero.

La Petrobras es la mayor empresa de América Latina y corresponde a casi 7% del PIB del Brasil según datos del Instituto Latinoamericano de Estudios Socioeconómicos (Ilaese). El valor generado por su cadena productiva alcanza, de forma indirecta, 20% del PIB, o sea, un quinto de todo lo que el Brasil produce en un año depende de la Petrobras. Sus reservas son evaluadas entre U$S 5 y 10 billones. Es mucho dinero para que el imperialismo norteamericano y los banqueros internacionales dejen a cargo de intermediarios.

Fueron sucesivos ataques desde el avance del neoliberalismo. Fernando Henrique Cardoso (FHC) acabó con el monopolio de la estatal, y el control accionario de la empresa fue siendo pasado a los accionistas extranjeros. Hoy, la mayor parte de la empresa ya está en manos de grandes inversores en la Bolsa de Nueva York. Ellos son los que lucran con el aumento de la gasolina y del gas de cocina. Los gobiernos del PT profundizaron ese proceso, y Dilma tuvo la honra de hacer la mayor privatización de la historia: el remate de los megacampos de Libra.

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Bolsonaro y Guedes ahora quieren liquidar la factura y vender por completo la Petrobras.

Petroleros preparan huelga

Mientras avanza en la privatización de la Petrobras, Bolsonaro ataca los derechos y los salarios de los petroleros, a fin de aumentar más las ganancias de los grandes accionistas. Presentó una propuesta de acuerdo colectivo que rebaja salarios y derechos, pero viene enfrentando gran resistencia de la base petrolera. A pesar del asedio sistemático por parte de la dirección de la estatal, los trabajadores realizan asambleas masivas. El 1 de agosto, las dos federaciones, FNP y FUP, realizaron un seminario para la preparación de la huelga, que tiene la defensa de la estatal 100% nacional como bandera principal.

Energía: Eletrobrás en la cesta de la feria

 

En el plano de entrega de Bolsonaro, la Eletrobrás está en la cima. La empresa es la mayor en generación y transmisión de energía eléctrica de América Latina, respondiendo a un tercio de la capacidad instalada en el país. La idea es privatizar vía la venta de acciones, teniendo la BR Distribuidora como modelo. El valor previsto con la venta, R$ 16.000 millones, ya fue incluido en el Plan de Presupuesto para 2020, enviado al Congreso Nacional.

El mercado, por su parte, se refriega las manos para ponerlas en la estatal. En el segundo trimestre, la Eletrobrás tuvo una ganancia tres veces superior que en 2018. Con eso, el alza en las cuentas de luz se va a transformar en ganancia para inversores extranjeros, como ocurre hoy con el petróleo.

En la mira: Correos va a ser la próxima

“La lista del Programa de Parcerías [Asociaciones] de Inversiones para el proceso de privatización comienza por los Correos, el resto no recuerdo de cabeza”. Bolsonaro se refería a la lista de 17 estatales que el gobierno pretende vender en el próximo período. No es en vano que Correos fue la única empresa que Bolsonaro recordó “de cabeza” [de memoria].

Así como la Petrobras, los Correos son un símbolo, con más de tres siglos de existencia. Con 105.000 empleados, la estatal atiende casi todos los municipios brasileños, alcanzando regiones que ninguna empresa privada tendría interés en alcanzar. Con la privatización, la universalización del servicio postal sufre grave riesgo.

En el proceso de desmonte que enfrenta desde hace años la estatal, los trabajadores son los más afectados, con una precarización absurda. La dirección de la empresa lanza varios ataques para reducir el costo de mano de obra para vender más fácil. Mientras cerrábamos esta edición, los trabajadores de los Correos discutían la realización de una huelga el 10 de setiembre.

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Derrotar al imperialismo. Por una verdadera independencia

La historia del Brasil es la historia del saqueo y de la rapiña imperialistas. Son 519 años de sumisión a los intereses de las grandes potencias. Ahora, con el gobierno Bolsonaro-Mourão, el proyecto es profundizar de forma acelerada el proceso de recolonización de los gobiernos anteriores, haciendo que el país retroceda a la condición de mera colonia exportadora de materias primas.

Es un proyecto impuesto por Trump y el gobierno Bolsonaro, aliado a la patética burguesía brasileña, que se coloca como lacayo del imperialismo. En medio de la crisis económica internacional, el plan es raspar los tachos de nuestras riquezas y del patrimonio nacional hasta el fondo. Por eso la urgencia en aprobar la reforma de la previsión, el desmonte de la CLT [Consolidación de las Leyes del Trabajo], y el brutal ajuste fiscal que alcanza de forma dramática a la Educación. Es todo dinero desviado para los grandes banqueros vía el pago de la falsa deuda pública.

Y en ese proyecto se insertan las privatizaciones y la entrega de la soberanía. Es el avance de la barbarie y de la explotación.

Es imposible cambiar las condiciones de vida de los trabajadores y de la mayoría de la población sin atacar los intereses del imperialismo y sin parar el robo y la transferencia en masa de riquezas. Eso nunca lo hará la burguesía brasileña. Es necesario un programa de los trabajadores que derrote este proyecto.

Artículo publicado en www.pstu.org.br

Traducción: Natalia Estrada.