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Sexto artículo de la serie “Crisis y degeneración del PT”. El objetivo es ofrecer a nuestro lector un análisis sobre la historia y los orígenes de la bancarrota del proyecto petista.

Por: Bernardo Cerdeira

El balance de los 35 años de existencia y más de 12 años de gobierno del PT es extremadamente negativo para la clase trabajadora. Y, ¿por qué negativo? Principalmente, por el PT hizo retroceder la conciencia y la organización independiente de la clase trabajadora.

Esta serie, que llega a su penúltimo artículo, tuvo como objetivo sistematizar lo que dijimos hace mucho años sobre la degeneración del PT. Es hora de sacar las conclusiones sobre este proceso y sus implicancias para la clase trabajadora.

En una de las reuniones en que discutíamos la serie, una compañera me hizo una pregunta que puede ser la duda de muchos: “Concuerdo que el PT tomó un camino oportunista, de alianza con la burguesía y se corrompió, ¿pero podría haber hecho algo diferente?” Y completaba su razonamiento así: “Todos sabemos que el PT no era, no es y nuca se propuso ser un partido revolucionario. Proponía algunas reformas en el sistema capitalista. Al integrarse al sistema, se degeneró. ¿Pero ese partido no hizo lo que era posible? ¿Las reformas hechas en estos 12 años en que gobernó el Brasil no mejoraron la vida de los trabajadores?”, preguntó.

Responder a esas preguntas es fundamental. Aun cuando el prestigio del gobierno Dilma esté en el “volumen muerto” como dijo Lula, es posible que muchos trabajadores todavía tengan una visión positiva de las reformas de su gobierno. O, incluso, confíen que una vuelta del ex presidente Lula sería una solución para la crisis del PT y del país. Nada más falso y peligroso.

Negativo para la clase trabajadora

En la primera década de su existencia, el partido cumplió un papel positivo. El PT y, principalmente la CUT, se contraponían a los partidos y organizaciones burgueses. Pero ese papel positivo era mucho meas resultado de la presión de las tremendas luchas de los trabajadores por sus derechos y contra la dictadura que la voluntad de sus dirigentes.

Luego de la derrota de Lula por Fernando Collor, en 1989, la dirección del PT, en las manos de la tendencia Articulación, aseguró el rumbo que quería dar al partido: la conciliación con partidos burgueses y con el empresariado nacional e internacional. Dio en lo que dio.

En el gobierno, el PT priorizó el apoyo al gran capital financiero internacional y nacional, esto es, a los grandes bancos, contratistas, montadoras de vehículos, empresas del agronegocio, etc. Al apoyar a los capitalistas y permitir que tuviesen enormes ganancias, fortaleció el principal enemigo de la clase trabajadora. Hoy, aprovechándose del pretexto de la crisis económica, la burguesía se apoya en el gobierno del PT para atacar violentamente a los trabajadores, retirando conquistas, bajando salarios y generando desempleo.

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Alianzas

Al hacer alianzas con partidos burgueses desprestigiados como el PMDB, el PT ayudó a la recuperación de los mismos. Ahora, los trabajadores sufren con los ataques de estos supuestos aliados que están al frente de un Congreso que es una verdadera camarilla. También fortaleció el Estado burgués y sus instituciones más reaccionarias como las Fuerzas Armadas, el Poder Judicial y la Policía Federal.

Por lo tanto, la dirección del PT viene desarmando a la clase trabajadora frente a l a clase enemiga y de sus representantes políticos y funcionarios, llevándola a creer que eran sus aliados y a confiar en ellos.

Por otro lado, convenció a os trabajadores de que la solución de sus problemas pasaba por el voto y no por la lucha permanente contra la explotación, NO sería necesario luchar, y sí votar en el PT. Como parte de ese convencimiento, vendió la idea de que las reformas sociales (Bolsa Familia, salario mínimo, vivienda y otros) eran frutos del buen gobierno del PT y no, como de hecho eran, fruto de décadas de luchas populares.

La ideología del emprendedorismo

Al mismo tiempo, la dirección del PT reforzó la ideología capitalista del supuesto progreso individual por la educación, por el trabajo duro, por el emprendedorismo o por el mérito. De esa manera, incentivó la competencia individual entre los trabajadores y la falsa ilusión de que la mayoría puede avanzar de ese modo en una sociedad en que menos de 1% acumula una tremenda riqueza basada en la explotación del trabajo del otro 99%. Así, debilitó la conciencia colectiva de clase de los trabajadores, que necesitan organizarse para luchar por sus derechos e intereses contra quienes los explotan.

Peor aún, promovió un enorme retroceso en la organización de los trabajadores, Primero, estimuló la creación de una enorme burocracia sindical en la CUT. Después, atornilló a la CUT, el MST y la UNE al gobierno, cooptando sindicalistas como ministros o en millares de puestos de confianza. Los gobiernos del PT destinaron parte del impuesto sindical a las centrales sindicales para crear organizaciones oficialistas domesticadas. Con esas medidas, el papel de los sindicatos pasó a ser el de defender totalmente las políticas de gobierno y no los intereses de la clase trabajadora.

Por fin, provocó un tremendo daño en la confianza de la clase trabajadora en sus propias organizaciones, al involucrarse en la corrupción que siempre caracterizó al régimen político burgués, especialmente en el Brasil.

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La propaganda y la acción política del PT llevan a la misma conclusión: el capitalismo sería un sistema nacional e internacional inevitable, imposible de superar. Por lo tanto, resta a los trabajadores someterse a las normas y leyes del capitalismo. O sea, según esa visión, la clase trabajadora no puede gobernar el Brasil ni ningún país del mundo y, luego, precisa aceptar la explotación, las reglas del mercado, las políticas neoliberales y mantener buenas relaciones con las potencias imperialistas.

Por todo eso, al respuesta a la duda de la compañera es clara: la acción política y la propaganda del PT causaron un enorme daño a la clase trabajadora, mucho mayor que cualquier reforma. Además, como si no bastase, esas mismas reformas están siendo, actualmente, destruidas por el propio PT.

¡Es preciso un partido revolucionario y socialista!

La clase trabajadora brasileña está viviendo el fin de una era: durante 35 años construyó el PT y la CUT. Esas organizaciones y su máximo dirigente, Lula, fueron la dirección reconocida de los trabajadores.

Ahora, millones se desilusionaron con ese partido y se sienten traicionados. Frente a las medidas del gobierno Dilma contra el pueblo y de las evidencias de corrupción, muchos llegan a repudiarlo.

El PT aún va a recibir muchos votos y todavía mantendrá alguna fuerza, pero su proyecto de crear un gran partido que fuese la principal alternativa política de la clase trabajadora está siendo cuestionado por todos lados. Esta nueva situación abre un período de dudas y confusiones para millones de trabajadores.

Nuevos partidos se lanzan para disputar la simpatía y las atenciones de esos trabajadores. Surgen alternativas basadas en los viejos “pelegos”, como la Solidariedade, dirigido por los líderes de la Fuerza Sindical. Otros se presentan como oposición de izquierda al gobierno del PT, como el PSOL.

Estamos viviendo uno de esos momentos históricos en que la clase trabajadora está descartando nuevas herramientas. Pero, para la construcción de un nuevo instrumento sea exitosa, es preciso extraer lecciones de la experiencia con el PT.

Partidos como el PSOL, a pesar de colocarse en oposición al PT, repiten la misma estrategia y la misma política: priorizar la elección de diputados y no la participación en las luchas sociales y en la movilización popular, limitarse a la lucha por reformas, adaptarse a las instituciones del capitalismo y conciliar con la burguesía. Y e resultado puede ser peor de lo que fue para el PT, porque al PSOL le falta la base obrera y sindical que aquel tenía.

Opuesto al PT

Un partido de la clase trabajadora, para que sea digno de ese nombre, tiene que ser lo opuesto del PT. Debe rechazar cualquier ilusión de reforma del capitalismo. Debe buscar dirigir a la clase obrera para que ella luche por instalar un gobierno de trabajadores que acabe con la explotación y construya una sociedad socialista.

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Para alcanzar este objetivo, ese partido debe buscar organizar y estimular la lucha cotidiana y permanente de la clase trabajadora y de los explotados y oprimidos. Y buscar unificar y politizar la lucha hasta crear las condiciones para una revolución socialista, única forma de acabar con el Estado burgués corrupto y opresor y con el sistema capitalista explotador.

Pero no basta a un partido de y para los trabajadores tener un objetivo y un programa correctos. Es necesario, también, que su organización, su democracia interna, su moral, la integridad y la honestidad de sus dirigentes y militantes sean impecables. Ningún privilegio político o material para los dirigentes. Los parlamentarios tienen que ganar el mismo salario que recibían como trabajadores. La base debe controlar a los dirigentes, y todos deben estar obligados a cumplir las decisiones democráticas de los organismos del partido. Plena libertad de discusión y decisión de las principales políticas del partido. Esos son algunos fundamentos para rescatar la confianza de los trabajadores y en su organización política. Esa es la gran tarea de los revolucionarios en esta época de cambios.

Traducción: Natalia Estrada.

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