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Bolsonaro fue anoche, 24 de marzo, a la TV para llamar a la población a no hacer confinamiento social, ir a las calles, abrir escuelas y bares, diciendo que la pandemia de coronavirus es una “gripecita”. Ignora a propósito lo que está ocurriendo en Italia o en el Estado español. Y todavía hace alarde de que, por ser “atleta”, el virus no le causará más que un resfriado, pareciendo confesar lo que todo el mundo sospecha: Bolsonaro es uno de los dos casos de coronavirus positivo omitido por el hospital de las Fuerzas Armadas de Brasilia. De los que participaron de su comitiva a Trump, 23 dieron positivo para la infección.

Por: Redacción PSTU, Brasil

El comportamiento criminal de Bolsonaro, sin embargo, viene desde que, debiendo estar en cuarentena, participó de una manifestación en pro de la dictadura y salió apretando las manos de los presentes, faltando el respeto a todas las orientaciones sanitarias y de salud pública para evitar el contagio. No usa máscara en reuniones, en fin, ayuda a propagar la pandemia de todas las formas. Además, la noticia es que su chofer está infectado, internado y pasándolo mal.

Ya pasó de la hora sacar a Bolsonaro, Mourão y toda su troup, incluyendo especialmente al ministro de Economía Paulo Guedes, otro genocida, que se aprovecha de la pandemia para arrancar todavía más derechos de la clase trabajadora, bien al gusto de la burguesía esclavista brasileña, como los dueños de la Madero, de la Havan, los grandes industriales y banqueros de este país. Además, Bolsonaro no debe ser solo sacado de la presidencia del país, debe ser preso, porque no cumplir cuarentena, poniendo en riesgo la vida de las personas, es crimen común.

Fuera Bolsonaro y Mourão, por lo tanto, es un primer paso necesario para combatir el virus. Así, no se justifica que los que se oponen a él (como Rodrigo Maia, Dória, demás gobernadores y cía.) se nieguen a defender su salida. Menos aún se justifica la posición del PT y de la dirección del PSOL, que defienden que esperemos a 2022.

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La postura de los demás partidos burgueses, gobernadores, etc., en relación con Bolsonaro, de contraponer sus opiniones en los marcos de defender su mandato, es una demostración de la limitación y la insuficiencia de las medidas que están tomando y las deberían tomar.

Para contener el virus es preciso: 1) Parar todo (excepto los sectores esenciales para la vida de la población y el combate al propio virus), por lo tanto, también fábricas, bancos, reducir al mínimo el transporte; 2) Rever el mix de producción de algunas fábricas y ponerlas a producir ya respiradores mecánicos, lechos de terapia intensiva (UTI), alcohol en gel, y equipos de protección (máscaras quirúrgicas, guantes, etc.) para todo el sector de la salud y los que están en servicios esenciales, así como para toda la población que necesite; 3) Garantizar estabilidad en el empleo y licencia remunerada para quien trabaja; extensión del seguro de desempleo por tiempo indeterminado hasta terminar la crisis; garantizar un salario (no R$ 200) para todos los trabajadores cuentapropistas formales e informales), trabajadores de aplicativos; además de eximir de pago de luz, agua y alquiler/impuesto inmobiliario a todos los de ese sector; 4) Utilizar los inmuebles vacíos, hoteles, etc., para garantizar la cuarentena de los más vulnerables, de aquellos que viven en las periferias sin las mínimas condiciones (hoy existen prácticamente el mismo número de inmuebles vacíos, en manos de grandes constructoras y de la especulación inmobiliaria, que el número de sin techo); garantizar crédito a interés cero para el pequeño propietario.

Las medidas tomadas por los gobernadores y el Congreso Nacional son insuficientes y atrasadas. Ellos sabían de la pandemia hace tiempo. Ya podían haber provisto camas de UTI [unidad de terapia intensiva] y demás EPIs [equipamiento de protección individual] suficientes, así como ordenado parar todo. No lo hicieron, y aún lo hacen por la mitad, porque también se preocupan primero con los lucros del “mercado”, en detrimento de la población. Solo se mueven cuando perciben que serán afectados los capitalistas, las ganancias y los dividendos de los súper ricos.

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Por todo eso, la clase trabajadora no debe confiar y quedarse esperando que estos gobiernos tomen las medidas necesarias, debe tomar en sus manos la defensa de la vida contra el virus y la catástrofe social parando todo, organizando comités populares en los barrios, haciendo cacerolazos y luchando por el derrocamiento de Bolsonaro y Mourão ya.

La catástrofe sanitaria y social que se avecina desnuda lo obsoleto de este sistema capitalista. Y en el Brasil, además, revela la sumisión al capital internacional y la mezquindad de una clase dominante sumisa. Solo eso explica que se elogie a un ministro de Salud incompetente, cuyo secretario declaró a los diarios que las personas se hiciesen máscaras de paño en casa, teniendo el Brasil el parque industrial que tiene. ¡Hablemos con seriedad!

Un sistema que tiene la capacidad de producción que tiene, al existir meramente para producir ganancias y acumular capital, no consigue tener capacidad (planificación, respuesta a tiempo y a la altura) ni para producir máscaras y respiradores mecánicos que, convengamos, no exigen ninguna gran tecnología. El Brasil y el mundo tendrían todas las condiciones de tener eso en cantidad suficiente si viviésemos en un sistema en que la prioridad fueran las necesidades de las personas y no la ganancia de un puñado de multimillonarios, dueños y accionistas de enormes empresas y bancos.

Sin hablar de la destrucción y el desmantelamiento de los servicios públicos de salud, de los órganos de investigación y de la educación públicas. Precisamos, la clase trabajadora precisa, construir otro sistema: un sistema socialista, con una economía planificada, que responda a la necesidades de la humanidad, preserve el medio ambiente, garantice pleno empleo, desarrolle la ciencia y la cultura, permita la emancipación de todos los sectores oprimidos. Un país y un mundo sin explotados, sin explotadores y sin opresión, con democracia de verdad, en que podamos gobernar a través de consejos populares.

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Artículo publicado en www.pstu.org.br
Traducción: Natalia Estrada.