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Ese proceso comenzó al día siguiente del triunfo de la revolución. Aconsejados por Fidel Castro, el Frente Sandinista formó un Gobierno de Reconstrucción Nacional (GRN) con la participación de burgueses importantes, como Violeta Chamorro.

Por: Bernardo Cerdeira

En la época, Fidel aconsejó: “Nicaragua no debe ser un nueva Cuba”. Así, el gobierno sandinista evitó tomar las empresas de los capitalistas y mantuvo los medios de producción, las fábricas y las grandes estancias en manos de la burguesía.

El objetivo del GRN, desde el principio, fue desarmar las milicias que se habían organizado en la lucha para derrocar a Somoza, para reconstruir las Fuerzas Armadas burguesas, el Estado burgués con sus poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, y subordinar a la clase obrera a la Central Sandinista de Trabajadores y al FSLN, ya transformado en partido.

De guerrilleros a burgueses sandinistas

Por años, el gobierno sandinista tuvo que enfrentar una guerra contra la guerrilla de los Contras, financiada por los Estados Unidos, no obstante, el Frente Sandinista aceptó un acuerdo de paz y realizó elecciones en 1990. En ese proceso, ellos perdieron frente a la candidata de la Unión Nacional Opositora, Violeta Chamorro, que había roto con el gobierno.

El FSLN dejó el gobierno, pero continuó controlando la institución más importante del Estado burgués, las Fuerzas Armadas, que nunca salieron de su dominio. En ese proceso, se dio un importante elemento de acumulación capitalista de los dirigentes del FSLN. Ese enriquecimiento de los sandinistas quedó conocido como La Piñata, en referencia a un juego infantil de romper muñecos llenos de dulces en las fiestas de cumpleaños. Los comandantes del FSLN se apropiaron de mansiones y otras propiedades expropiadas por la revolución, así como del dinero de la venta generalizada de armamento y equipos militares adquiridos por las Fuerzas Armadas durante la guerra.

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De esa manera, se fue formando una burguesía sandinista, a ejemplo de la burguesía bolivariana (boliburguesía) en Venezuela. Esa ala burguesa siempre controló una parte del Estado burgués. Tenía diputados, alcaldes y, principalmente, las Fuerzas Armadas.

Cuando volvió al poder en 2006, el FSLN ya era un partido burgués consolidado hacía años. Hoy, la familia Ortega posee más de 30 empresas con intereses en múltiples áreas, controlando, entre otras cosas, centenas de millones de dólares del comercio y del transporte de combustible subsidiado por Venezuela.

El FSLN hace muchos años dejó de lado cualquier vestigio de antiimperialismo, como demostró descaradamente al votar a favor del Tratado de Libre Comercio de América Central con los Estados Unidos.

En estos doce años en el poder, la familia Ortega y el FSLN pasaron a controlar, además de las Fuerzas Armadas y del Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, las Universidades y buena parte de los medios de comunicación. Utiliza ese control para presionar y reprimir las manifestaciones y organizaciones de oposición.

Ni tregua ni diálogo. ¡Fuera Ortega y Rosario ya!

Ortega está intentando no solo mantenerse en el poder sino salvar sus propiedades y su futuro político porque sabe que en el caso de que la revuelta popular triunfe, el pueblo va a querer ajustar cuentas con el FSLN y su gobierno.

Ortega comprobó que usar solo la represión, en este momento provoca una reacción popular aún más exasperada. Por eso, sin dejar de reprimir, trató de proponer un diálogo. No obstante, eso no pasa de una armadilla para paralizar la movilización e impedir que esta crezca hasta una huelga general para derrotarla.

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El diálogo es imposible, porque la reivindicación central de la revuelta popular es “Fuera Ortega”, y el gobierno se niega a renunciar. La farsa del diálogo es apoyada por la Conferencia Episcopal de la Iglesia católica y por el Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP), que agrupa a los principales empresarios del país.

Esas organizaciones, en realidad quieren que Ortega se quede en el gobierno, pues tienen miedo de que su caída desestabilice el país. Consiguieron, hasta ahora, atraer la Coordinación Estudiantil para la mesa de diálogo.

Es preciso denunciar esa farsa que puede llevar el movimiento a la derrota y a la supervivencia de Ortega y del FSLN, lo que traería más represión y el agravamiento de la dictadura.

Traducción: Natalia Estrada.