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Muchos activistas creen que la lucha contra las opresiones es un fenómeno relativamente nuevo. Más todavía, creen que las organizaciones marxistas nunca dieron mucha importancia a eso. Al final, para un marxista lo que importaría serían las clases sociales, y todo el resto sería secundario, excepto en los últimos años cuando se hizo inevitable abordar cuestiones como opresión de género, de raza, de orientación sexual, entre otras, por la amplitud de los movimientos alrededor de estos temas.

Por: Gustavo Machado

No obstante, esa forma de comprender el desarrollo histórico del marxismo y la lucha contra las opresiones es falsa desde el comienzo hasta el final. Una vez más, esa comprensión fue producto de la contrarrevolución estalinista. Esto tiene su razón de ser.

Estalinismo y opresión en la URSS

Rusia englobaba decenas de nacionalidades oprimidas por Moscú hacía siglos. Ucranianos, georgianos, chechenos, polacos, entre otros, formaban nacionalidades oprimidas política, económica y socialmente por los rusos. Con la victoria del estalinismo, el abandono de la revolución internacional, y la teoría del socialismo en un solo país, pasó a interesar a la Unión Soviética el mismo régimen de opresión existente antes de la revolución. Bajo el control de Stalin, el gobierno soviético abandonó las luchas contra las opresiones y atribuyó a Marx una teoría que nunca existió en su pensamiento. En esa teoría, todo sería deducido de las clases sociales. Las clases sociales explicarían todo. Pero no solo eso: todo lo que no se refiriese a la noción de clase social sería reaccionario y fragmentaría la lucha por el socialismo y su liberación. Con esa teoría, la opresión de las diversas nacionalidades al interior de la URSS podría justificarse y la lucha contra esas opresiones considerarse reaccionaria.

De ahí el hecho de que gran parte de los movimientos contra las opresiones se haya desarrollado, desde entonces, de forma separada del marxismo y, muchas veces, contra él. Eso generó un problema opuesto, la mayoría de las teorías sobre las opresiones fueron tomadas en términos subjetivos, es decir, como si fuesen meros preconceptos culturales y de identidades. Sin relacionar cada opresión con la forma de sociedad dentro de la cual se desarrolla, el capitalismo consiguió domesticar tales luchas en su interior. Peor aún, al hacerlo, impidió que fuesen llevadas hasta las últimas consecuencias.

Combatir toda opresión que divide los trabajadores

Ocurre que en la concepción de Marx la cuestión de las opresiones jamás fue tomada al modo estalinista. De hecho, la unidad de la clase trabajadora para la lucha contra el capital es el nudo central de la teoría de Marx. Solamente la clase trabajadora organizada puede destruir el capitalismo. Esto es así porque esa misma clase trabajadora es la responsable por poner de pie todo el sistema. Unir a la clase trabajadora es el objetivo, el resultado que busca toda organización revolucionaria. Pero la cuestión central es justamente cómo unir a la clase trabajadora. Ora, evidentemente es imposible unir una clase social sin combatir todo tipo de opresión que la fragmenta y arroja a los estratos de la clase uno contra otro.

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Por ese motivo, Marx fue, ya a mediados del siglo XIX, puerta del frente en la lucha contra las opresiones. En El Capital, dedica decenas de páginas a la opresión del trabajo de las mujeres dentro de la fábrica. En la guerra civil norteamericana, Marx interviene directamente a favor del Norte, sector que se oponía a la esclavitud que dividía irremediablemente a los trabajadores blancos y negros en el interior de los Estados Unidos. Probablemente, en cuanto a las opresiones, la elaboración de Marx que quedó más clara fue su defensa de la independencia de Irlanda en relación con Inglaterra, en el interior de la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT).

“Por la solidaridad con las mujeres de todo el mundo” (1973).

La lucha por la independencia de Irlanda

En el siglo XIX, Irlanda era un país colonizado por Inglaterra. Sus tierras servían de pastura para abastecer carne y lana a bajos precios para la industria inglesa. Su industria fue destruida. Sin recursos y hambrienta, la población irlandesa emigraba en masa a los Estados Unidos y a la propia Inglaterra. En estos países, sufría todo tipo imaginable de opresión. Eran considerados una raza perezosa, propensa a la criminalidad, entre muchas otras cosas.

Pues bien, Marx no solo asumió la defensa de la independencia de Irlanda frente a la dominación inglesa como buscó demostrar cómo tal opresión se entrelazaba por todos los poros con la dominación de una clase sobre la otra. Este tema fue el aspecto central de la intervención de Marx en la AIT. Se dedicó a él con tal pasión que el resto de su familia se envolvió en esa lucha. La hija mayor de Marx, Jenny Marx, dedicó también una serie de artículos a la cuestión irlandesa. Veamos, entonces, cómo Marx consideró la cuestión.

En primer lugar, sería más fácil movilizar a los trabajadores irlandeses, ya que en Irlanda no se trata solo de una “cuestión económica sino, al mismo tiempo, una cuestión nacional”. La opresión nacional de un país sobre otro se une a la explotación económica de una clase sobre la otra. Por eso, en Irlanda, los propietarios ingleses son “opresores de la nacionalidad, odiados hasta la muerte”. Como se ve, la agitación por la independencia de una nación puede, en ese caso, ser combinada con la explotación económica, potenciando una a la otra.

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A pesar de la distorsión estalinista, el tema de las opresiones era recurrente en las propagandas soviéticas. Afiche: “Trabajadores de todos los países e colonias oprimidas, levanten la bandera de Lenin” (1932).

Preconcepto: dividir para reinar

Además, Marx explica que, al arrojar a los trabajadores irlandeses a la emigración, incluso en Inglaterra, Irlanda proveía continuamente un gran número de trabajadores para el “mercado de trabajo inglés, reduciendo, así, los salarios y deteriorando la situación material y moral de la clase trabajadora inglesa”. Así, la opresión de Irlanda no perjudicaba solo a los trabajadores irlandeses sino también a los trabajadores ingleses, haciendo bajar la media salarial general. La opresión nacional y, en ese caso también racial, se tornaba una herramienta que permitía al conjunto de la clase dominante explotar mejor a los trabajadores tanto ingleses como irlandeses.

El tercero y, según Marx, el más importante de todos los factores es el siguiente: “los centros industriales y comerciales de Inglaterra poseen ahora una clase obrera que está dividida en dos bandos enemigos: proletarios ingleses y proletarios irlandeses”. Al final, el “obrero inglés odia al irlandés como un competidor que hace bajar los salarios y el nivel de vida”. No sin razón, tiene “por él antipatías nacionales y religiosas. Lo considera casi con los mismos ojos con que los blancos pobres de los Estados del Sur de América del Norte consideraban a los esclavos negros”.

Y no es solo eso. Los obreros ingleses se sienten, frente al irlandés, miembros de la nación dominante. Por eso, “se transforman en instrumento de sus capitalistas contra Irlanda”. Ora, al dividir a la clase obrera en obreros ingleses, de un lado, y obreros irlandeses, de otro, el fuego revolucionario de ambos estratos de la clase no se ligan. Al contrario, en todos los grandes centros industriales de Inglaterra tenemos un profundo antagonismo entre el obrero irlandés y el inglés. Esa división, por su parte, lleva a otros tipos de preconceptos, como los religiosos, ya que Irlanda es un país católico e Inglaterra es protestante.

Como se nota, los preconceptos nacionales y religiosos poseen una base social y objetiva. La desigualdad real entre obreros ingleses e irlandeses dentro de Inglaterra alimenta todo tipo de preconcepto religioso, cultural, y así sucesivamente. Por eso, la “burguesía alimenta y conserva artificialmente este antagonismo entre los trabajadores incluso dentro de Inglaterra. Sabe que en esa división del proletariado reside el auténtico secreto de la mantención de su poder”.

Como podemos ver, la defensa de la independencia de Irlanda no es considerada por Marx una reivindicación nacionalista separada de las clases sociales. Tampoco existe la idea de que partiendo de las clases sociales toda opresión puede ser explicada. En la definición de Marx, solo con la liberación irlandesa sería posible quebrar las barreras que impedían la unidad de la clase trabajadora en el interior de la propia Inglaterra.

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Marcha por la huelga general en la Avenida Paulista, San Pablo, 18 de mayo de 2017.

Unir a la clase trabajadora para derrotar el capitalismo

La unidad de la clase para enfrentar el capitalismo es el principal objetivo de Marx. Sin embargo, son palabras vacías si no tomamos en cuenta todos los factores nacionales, raciales, de género o de orientación sexual que actúan como barreras que impiden que esa unidad se produzca. Así, no es cuestión de elegir cuál factor es primario o secundario. Individualmente, muchas opresiones son con certeza más repulsivas que la explotación económica, pero no se trata de una cuestión moral. Para Marx, la cuestión es vincular cada aspecto particular a la necesidad de organizar a la clase para enfrentar el capitalismo. Si una organización marxista no consigue hacer eso, sus consignas no encontrarán ningún eco.

No sin razón, siguiendo las enseñanzas de Marx, la lucha contra la opresión nacional tuvo un papel central en la Revolución Rusa de 1917. Vinculando tal opresión con la necesidad de unir a la clase trabajadora para derrotar el capitalismo, millones de integrantes de nacionalidades oprimidas adhirieron a los bolcheviques y al programa de la clase trabajadora contra el programa nacionalista de sus burguesías nacionales.

Como se ve, en el bicentenario del nacimiento de Marx, una de las cuestiones centrales planteadas para una organización revolucionaria es rescatar su pensamiento, sepultado por más de medio siglo de control estalinista sobre el movimiento obrero. Con la caída del Muro de Berlín y la derrota del estalinismo, estamos frente a una oportunidad única. Tratemos de aprovecharla.

Artículo publicado en www.pstu.org.br, 17 de enero de 2019.-

Traducción: Natalia Estrada.