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Petroleros terminan la mayor huelga del sector desde 1995. La huelga petrolera llegó a su fin luego de innumerables maniobras de la Federación Única de los Petroleros (FUP), ligada a la CUT. Es hora de que el sector saque las lecciones de la lucha, fortalecer la Federación Nacional de los Petroleros (FNP) como alternativa de dirección del movimiento petrolero, y superar el oficialismo de la FUP.

Por: Atnágoras Lopes, de la CSP-Conlutas, y Matheus Ribeiro, de Macaé (Rio de Janeiro)

En 1995, el PT, en oposición al gobierno de Fernando Henrique Cardoso (FHC), dirigía la mayor huelga de la categoría petrolera. Dos décadas después, los petroleros hicieron su mayor huelga desde entonces y enfrentaron justamente al gobierno del PT, responsable de llevar adelante la privatización de la mayor empresa de América Latina.

La Federación Única de los Petroleros (FUP), ligada a la CUT, que en el pasado encabezó históricas huelgas, esta vez fue responsable por desmontar la movilización. Hizo de todo para acabar con el movimiento y preservar el gobierno.

Aún así, los petroleros consiguieron importantes victorias. Dijeron no al retiro de derechos del Acuerdo Colectivo de Trabajo (ACT) y demostraron que no aceptarán las maniobras de la dirección oficialista.

Pasaron por encima de la indicación del fin de la huelga cuando la paralización estaba en su auge y llegaron a mantener la huelga en diez de los diecisiete sindicatos petroleros del país.

Ruptura con Dilma

Con todo, son más de 300.000 petroleros y petroleras en el país. Aun después de las decenas de miles de despidos de los últimos doce meses, los llamados “carnets verdes” empleados directos de la Petrobras, fueron los protagonistas de la huelga. Estos, aproximadamente 80.000, son hoy un grupo compuesto por obreros, técnicos e ingenieros con larga experiencia en la compañía, que dividen las investigaciones, explotación, producción, refino y distribución con una camada de jóvenes obreros que estuvieron al frente de los piquetes, asambleas y negociaciones.

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La ruptura con el gobierno petista, bien visible entre los tercerizados, era perceptible en la mayoría de los más jóvenes durante toda la huelga. Ese hecho ya no se escondía más, incluso en sectores que, más allá de ya haber dedicado décadas de sus vidas a la construcción de la Petrobras, también lo hicieron en la construcción del PT. Obviamente, en estos últimos, no se trata de sentir placer en enfrentar a un gobierno que antes tuvieron como suyo, sino de seguir la coherencia clasista de la defensa de uno de los más estratégicos patrimonios de nuestro pueblo, así como la necesaria búsqueda de mejores condiciones de derechos y de salarios.

A pesar del oficialismo

la FUP juega para el gobierno, la FNP con los trabajadores

Fue en las bases de los cinco sindicatos afiliados a la Federación Nacional de los Petroleros (FNP) que, desde setiembre, comenzó la movilización de la categoría. Primero, realizando días de paralizaciones. Después, iniciando, tres días antes de las direcciones de los sindicatos de la FUP, la huelga que se tornaría la mayor de la categoría desde 1995, cuando los petroleros enfrentaron la brutalidad del gobierno FHC-PSDB.

Desde el inicio, el foco de la FNP fue el llamado a la unidad de las dos federaciones, de los 17 sindicatos, una mesa única de negociación y la creación de comandos de huelga por la base, así como la lucha por el avance del Acuerdo Colectivo de Trabajo (ACT) como parte de la lucha contra la política de desinversión de Dilma y de Ademir Bendine, presidente de la Petrobras.

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A todos estos llamados, la FUP respondía con un sonoro silencio y negación explícita.

La maniobra de la dirección de la FUP fue llamar a luchar y a hacer huelga contra la privatización de la compañía. Al mismo tiempo, la FUP apuntó el presidente de la empresa como único responsable por el desmonte de la estatal, intentado hacer que la categoría petrolera olvidase de que quién nombró a Bendine fue Dilma.

La FUP ignoró completamente la pauta por mejores condiciones de trabajo y mejores salarios. Incluso se recusó a discutir el ACT con la empresa, facilitando, así, el avance de la empresa sobre los derechos de los trabajadores, el desmonte y la destrucción.

La huelga, sin embargo, se impuso con fuerza para superar las sucesivas tentativas de golpes de la federación oficialista que, a toda hora, defendía las propuestas del gobierno y el fin del movimiento. No daba resultado. ¡La categoría resistía!

Resistencia heroica

El gobierno no cedió con relación a las amenazas de castigo a los huelguistas, al corte de puntos en mitad de los días de huelga, en su plan de privatización. Aún así, la FUP, desesperada, intentó aprobar la indicación de aceptación de la propuesta de la empresa que ofrecía nada más que un Grupo de Trabajo (GT).

En ese momento, la huelga ya había conquistado el monto por la inflación y la mantención de los beneficios históricos del ACT. Eso demostraba que la lucha podía arrancar más conquistas si fuese más unitaria.

Era en eso que insistía la FNP. Contra esto, la dirección de la FUP-CUT fue sufriendo derrotas abrumadoras en varias de sus bases, destacándose los trabajadores de Ceará, del Norte Fluminense y de Espírito Santo. El oficialismo, no obstante, consiguió interrumpir el movimiento con golpes, maniobras y desmoralización de la categoría.

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Artículo publicado en Opinión Socialista n.° 509, noviembre/diciembre de 2015.-

Traducción: Natalia Estrada.