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Antonio Donizete da Silva, el «Doni» fue el primer militante que recibió la noticia del asesinato de Rosa y José Luis Sundermann. En las primeras horas de la mañana del 12 de junio de 1994, él estaba en casa cuando recibió la noticia. «Quedé desesperado», recuerda. El había convivido con la pareja, militado a su lado en la Convergencia Socialista y, desde hacía una semana, en el recién fundado PSTU. En esta entrevista, Doni cuenta sobre la militancia de la pareja, habla sobre la imagen que guarda de cada uno, de la campaña y de cómo São Carlos recuerda todos los años a los dos luchadores.


 


¿Cómo conociste a Rosa y Zé Luis?


A inicio de los años 80, cuando entré en la Convergencia Socialista. Los dos eran de São Carlos (interior Del estado de  San Pablo) y vivían aquí con sus dos hijos. El era empleado de la Universidad Federal de São Carlos (UFSCAR). Rosa no militaba en esa época. Zé ya era de la Convergencia. Luis era un dirigente reconocido no sólo en São Carlos. Tenía participación directa en el movimiento nacional de los trabajadores de las universidades e integraba la federación (Fasubra). Algunos años más tarde, Rosa comienza a militar también y participa del núcleo de empleados de la universidad. En todas las manifestaciones en la Universidad, Rosa se hacía presente, desde las huelgas contra la dictadura. Por esa actuación, ella conquista el reconocimiento del sector.


 


¿Cómo era la militancia de ellos con otros sectores, como los trabajadores rurales?
La actuación de los excedía la universidad. Rosa comienza a tener una actuación junto a los trabajadores de la ciudad de Tabatinga, un pequeño municipio de la región. Los recolectores de naranjas iniciaron una huelga y Rosa, junto con o sindicato y un trabajador que era militante, comienza a tener una presencia en la región. Rosa lidera las huelgas de los peones rurales, en especial las de los naranjeros, que reunían cerca de 500 trabajadores. Esto ya en el final de la década de 1980.


En 1987, estuvo la huelga general contra el Plan Verano del gobierno Sarney y los naranjeros paran. Fue una huelga bastante difícil, con mucha represión de la policía. Rosa consiguió hacer que los trabajadores adhieran a aquella huelga general. Fue un hito en aquel período que esos trabajadores hayan cruzado los brazos en aquella huelga nacional.  Ella, de hecho, lideraba a los trabajadores. También porque, un poco antes, habían hecho una huelga victoriosa, enfrentando a los patrones por salario y condiciones de trabajo. Con eso, incluso no siendo parte de este sector, Rosa gana mucho respeto entre los trabajadores.


 


¿Cómo era la vida de esos trabajadores?


Ellos reivindicaban mejores condiciones de trabajo, equipamiento de protección y, naturalmente, salario. Ellos cobran por  caja cosechada y el precio que se pagaba era ridículo. Las huelgas hicieron que subiese el valor pagado por caja.


 


¿Estaban registrados?


No. El horario de almuerzo era reducido, los trabajadores no podían enfermarse porque las empresas no aceptaban los certificados médicos. Y comenzaron a surgir las «cooperativas», una forma disfrazada de flexibilizar los derechos, ya en aquella época.


 


¿Cómo era la relación de ellos con los activistas y con el partido?


Eran realmente dirigentes. En la universidad no solo estaban los empleados que estaban próximos al partido o eran militantes, también existía la juventud, los estudiantes. Zé y Rosa impulsaban la construcción del partido, los debates regionales. Todo tenía la participación de los dos. Ellos tenían un papel partidario muy importante aquí en São Carlos. No sólo aquí, tanto que Rosa es electa para la dirección nacional del PSTU.


 


¿Cómo fue la huelga de los cañeros de la Ipiranga?


Fue en 1993, aquí en un municipio vecino. Zé Luis y Rosa se juegan de cabeza en esa huelga, así como fue con los naranjeros. Colocan su casa a disposición de esos trabajadores. La casa se vuelve el cuartel general de la huelga. Era el punto de encuentro, de reuniones. En el auge de la huelga, muchas dirigentes terminaban durmiendo ahí.


 


Hay indicios de que la ejecución puede haber sido en represalia por esta huelga…
Sí. Los indicios son muy fuertes. La policía se rehusó en todo momento a hacer careos.
Las declaraciones no coinciden. El del comandante de la policía, que estaba al servicio de la empresa  para reprimir la huelga, los de los representantes de la empresa, etc. Uno habla una cosa, otro habla otra. La policía jamás hizo un careo. Toda la investigación está viciada.


 


El asesinato de los dos fue en la madrugada del día 12. ¿Como llegó la noticia?
Del partido, la noticia me llegó a mí. Estaba en casa y recibí la llamada de un empleado Del sindicato que vivía al lado de Zé Luis. El dice que los dos habían sufrido un accidente en la carretera, como si fuese un choque de autos. Pero él ya sabía que habían muerto. El susto era muy grande. Inmediatamente, salgo de casa y voy para el domicilio de ellos, que no era lejos. Me encuentro con los cuerpos en el piso, una escena muy fuerte, y también a la Policía Militar ya dentro da casa. La Policía había llegado después del aviso de Duda, que fue quien encontró a los padres muertos en la sala. Primero, él llamó a los bomberos, cuya sede era próxima, y los bomberos llamaron a la policía. No hubo  preservación del lugar del crimen. Eso es parte de lo que denunciamos en el proceso, porque dificulta el trabajo de la pericia.


 


¿Cómo fue la reacción ante el asesinato?


Fue de desesperación y revuelta. Fue de mucha sorpresa y de indignación en la ciudad. Nadie se conformaba. El partido sintió el ataque, el clima era de revuelta y también de inseguridad en parte de los militantes. El partido acababa de ser fundado. Muchos ya eran parte de la Convergencia, pero otros no tenían la experiencia de la dictadura, de vivir bajo un régimen de represión. El asesinato mostró como actúa el capital, desenmascaró la democracia de los ricos.

Aun con el choque, hice un esfuerzo brutal para intentar mantener una aparente tranquilidad para hacer lo que precisaba ser hecho. Cuando se recibe la noticia de que Zé Luis y Rosa habían sido ejecutados, las personas directamente relacionaban con todos los enfrentamientos de la región en que ellos participaron.
Evidentemente que el susto es muy grande. Nos esforzamos al máximo para mantenernos firmes, incluso por las ansias que todos teníamos de descubrir a los autores del crimen.


 


Una de las cosas interesantes de aquellos días es que muchos trabajadores de la universidad buscaron al sindicato, para dar solidaridad y apoyo. Una parte de esos compañeros, que no eran militantes, después entran al partido. Algunos están hasta hoy. O sea, aquel momento fue muy difícil, pero no enfrió al partido, al contrario. Mostró que la lucha de Zé y Rosa continúa.

El congreso de fundación del PSTU había sido la semana anterior y Rosa había sido elegida para la dirección. ¿Como fue la solidaridad y la campaña?


Recibimos muchas delegaciones del partido. Vino gente de todo Brasil, hicimos marchas por la ciudad. Recibimos cartas de apoyo de diversos países: Suecia, Estados Unidos…  De lugares que ni nos imaginábamos llegaron mensajes exigiendo el esclarecimiento. Se formó un comité nacional por el esclarecimiento. Tuvimos audiencias con dos ministros, en el  gobierno de Itamar Franco y en el de Fernando Henrique Cardoso. Prometieron, pero no hicieron nada.

¿Cómo es recordado hoy el crimen, 14 años después?


Fue muy impactante y está presente hasta hoy. Esta semana, por la proximidad de la fecha, las personas me llaman y preguntan si hay alguna novedad, cómo están las cosas. La memoria de los dos aún está bastante presente aquí. El Sindicato de los Trabajadores de  la universidad lleva el nombre de los dos. Ahora, la Cámara de Concejales está discutiendo un proyecto para dar su nombre a una calle. São Carlos es una ciudad mediana, con cerca de 200.000 habitantes y siempre, el 12 de junio, intentamos recordarlos, yendo a los diarios  y a las radios, exigiendo el fin de la impunidad.


 


¿Qué se hará este año?


Todos los años, hacemos alguna actividad, en general en la universidad. Y combinamos eso con las huelgas, con el clima de lucha. Este año, vamos a estar en un debate entre las listas para la rectoría de la universidad para recordar el crimen. Vamos a contar esa historia para las nuevas generaciones, entregar un documento y distribuir rosas a los presentes, para exigir el esclarecimiento  y recordar a Rosa y Zé Luis.


 


¿Cuál es la imagen que conservas de ellos?


La imagen es de todo el período en que estuve con ellos. Rosa, además de ser una aguerrida militante, también era una mujer muy solidaria con los compañeros. Todos los problemas que teníamos, que precisasen de una opinión, de un apoyo, ella estaba presente. Siempre sonriente. Rosa era luchadora pero preservaba un tono suave. En eso contrastaba con Zé Luis. El era muy aguerrido, muy enfático y, a veces, nervioso. Con El, las cosas iban directamente para el enfrentamiento. Con la rectoría, con los gobiernos. Y con la felicidad de que, en la mayoría de las veces, siempre salíamos victoriosos. Esta semana, una persona que me encontró recordaba: «¡Mira, Zé Luis era realmente un gran tipo!» Digo que la pareja siempre completó lo que precisábamos para poder acertar en la política. Dieron una contribución inestimable. No sólo como militantes, sino como personas.