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Un testimonio y una planilla aprehendida por la Policía Federal, según el diario Folha de S. Paulo, muestran que la campaña de Bolsonaro recibió dinero del mismo “naranjal”[2] del ministro de Turismo, Marcelo Álvaro Antonio.

Por: Mariúcha Fontana

Frente a la denuncia, el ministro de Justicia, Sérgio Moro, salió en defensa del jefe, actuando abiertamente como abogado de Bolsonaro. De “héroe” de la lucha contra la corrupción, se volvió defensor de corrupto, y ministro de gobierno autoritario, que defiende la dictadura, la censura y a los torturadores.

Después de haber actuado como juez ladrón en la Lava Jato, como muestra The Intercept, haciendo parte de la acusación y tirando para abajo de la alfombra, de forma combinada con Dallagnol[3] y el Ministerio Público Federal, ahora, la juega de abogado de defensa del clan Bolsonaro. Las organizaciones criminales que orbitan a Queiroz[4], son muy graves. Involucran milicias: esquemas mafiosos que mezclan al Estado, la policía y políticos con el crimen organizado y verdaderos escuadrones de la muerte.

Las revelaciones de The Intercept exigen la sospecha sobre Moro y el alejamiento de Dallagnol. Lula, por lo tanto, debe tener anulada la sentencia, derecho a un nuevo juicio, regular, que respete el debido proceso legal, lo que implica que él no debe continuar preso.

Libertades democráticas y corrupción

Dos problemas democráticos

Defendemos el combate a la corrupción, que es una bandera democrática. Y defendemos las libertades democráticas y las garantías individuales, como es el caso del derecho de defensa. No oponemos una cuestión a la otra.

Defender nuevo juicio para Lula, con las garantías que la ley le asegura, no puede ser confundido con la defensa de su inocencia. Nosotros no defendemos la inocencia de Lula a priori, por el contrario, creemos que los gobiernos del PT estuvieron envueltos en un mar de corrupción.

Lo que sí creemos es que él, como cualquier otra persona, tiene derecho a un juicio regular, dentro de la ley, como además lo dijimos siempre.

Los fragmentos de notas y artículos que escribimos desde 2017 muestran esa coherencia: “No es tarea de la clase trabajadora poner la mano en el fuego por la inocencia de Lula, ni impedir que sea investigado y juzgado por las denuncias de corrupción. Los trabajadores deben exigir que todos los corruptos y corruptores sean juzgados y no que Lula, si tiene denuncias, no lo sea. (…) Deben tener, sin duda, todo los derechos y garantías para su defensa que cualquiera tendría”. “Nosotros no tenemos ninguna ilusión en esta justicia de los ricos. Si no fuese así, Rafael Braga y casi la mitad de los 700.000 presos en el país (la mayoría preso sin antecedentes criminales, no solo sin pruebas sino sin juicio) no estarían en la cárcel y ninguna madame conseguiría poner en prisión a una pobre empleada doméstica por hurtar una lata de arvejas”. “Nosotos no defendemos la justicia burguesa y no la consideramos imparcial, ni exenta de arbitrariedades. Pero no creemos que los gobernantes de la burguesía no deban o no puedan ser juzgados por ella. Defender lo contrario es defender aún mayor impunidad para los de arriba. Otra cosa es defender las libertades democráticas, que conquistamos al derrocar la dictadura: los derechos civiles, las libertades de expresión, de manifestación, de organización, de prensa, y también las garantías individuales, como el derecho de defensa. Por el contrario, interesa mucho a los trabajadores la preservación de las libertades democráticas”.

Las denuncias publicadas por The Intercept atestiguan que fue negado a Lula un juicio de acuerdo con la ley. Por eso, defendemos la anulación de su condena y que él tenga otro juicio. Pero hacemos cuestión de diferenciar bien eso de la defensa a priori de su inocencia. Y lo hacemos llamando la atención para otro derecho democrático en juego en esta discusión. Se trata del derecho democrático de la población a no ser robada por sus gobernantes y empresarios. Se trata de la bandera de combate a la corrupción, otrora tan cara al propio PT.

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La defensa de la amplia impunidad para todos, que hacen el PT y sus satélites, es un verdadero escarnio con la población del país, especialmente los más pobres. Es preciso investigar, juzgar y castigar a los culpables de este crimen.

Campaña “Lula Livre” es defensa de los gobiernos del PT

Posicionarse por las libertades democráticas y el derecho a un juicio regular para Lula, lo que implica que él no debe continuar preso, así como condenar la Lava Jato en este momento, es una cosa. Es parte de la defensa de las libertades democráticas. Participar de la campaña “Lula Livre” es otra.

La campaña “Lula Livre” no es una campaña en defensa de que Lula tenga derecho al debido proceso legal, sino, sí, una campaña que certifica la inocencia de Lula, defiende los gobiernos del PT, el retorno de los gobiernos de conciliación de clases y del lulismo, encubre la corrupción y defiende, de contenido, la impunidad.

La dirección y la mayoría del PSOL afirman que eso es mentira. Pero es lo que dice la cartilla del Comité Nacional Lula Livre: “La persecución contra Lula es política. Lula fue el mejor presidente de la historia del Brasil (…) Como presidente combatió desigualdades (…) como nunca antes en nuestra historia, hizo del Brasil un país respetado internacionalmente. Su forma de gobernar el país, con un proyecto que transformó profundamente la realidad de nuestro pueblo incomodó a mucha gente (…). En el fondo esa es la razón central de su persecución”.

La verdad es que el PSOL y las demás corrienres que hoy tienen en su centro la construcción de actos “Lula Livre” se ven como parte de este mismo campo lulista de colaboración de clases. Son su ala izquierda, en los límites del orden.

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Nosotros mantenemos la misma posición que siempre tuvimos frente a los gobiernos del PT: gobernaron para los banqueros y grandes empresarios. Por eso no estamos en esa campaña. Eso no nos impide defender sus derechos democráticos.

Los trabajadores precisan constuir una alternativa suya.

Notas:

[1] En el título original, «mocinhos» es una expresión que hace referencia a los héroes de los cómics, ndt.

[2] El “naranjal del PSL” [Partido Social Liberal], que incluye al ministro de Turismo, es un esquema de corrupción que involucra candidaturas de fachada en el partido, y que originó una crisis política en el segundo mes del gobierno Bolsonaro, ndt.

[3] Deltan Dallagnol es un juez brasileño, actual Procurador de la República, que ganó notoriedad por integrar y coordinar la fuerza-tarea de la Operación Lava Jato, que investiga crímenes de corrupción de la Petrobras y otras estatales, ndt.

[4] Fabrício Queiroz es un policía militar y ex asesor parlamentario de Flávio Bolsonaro (hijo del actual Presidente, senador por Rio de Janeiro y, por entonces, diputado estadual). El Caso Queiroz se refiere a una crisis política deflagrada partir de un informe sobre movimientos atípicos en una cuenta bancaria de titularidad de Queiroz, cuando él ejercía funciones de chofer y seguridad de Flávio Bolsonaro, ndt.

Artículo publicado en www.pstu.org.br
Traducción: Natalia Estrada.