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Una crisis nunca antes vista se abatió sobre el mundo. Escenas inimaginables fueron vistas en el corazón del imperialismo. Fosas abiertas en Nueva York para enterrar a indigentes, filas de camiones con cadáveres en Italia. En el Ecuador, un país semicolonial, centenas de muertos sin sepultura en Guayaquil. Son más de 211.000 muertos notificados en todo el mundo, a la fecha de cierre de este texto. 21.000 muertos en el Reino Unido; 23.800 en el Estado español; los Estados Unidos ya cuentan más de 56.000 muertos, 17.000 solo en Nueva York.

Por: Jerónimo Castro

La crisis social abierta por la pandemia es acompañada por otra, económica, en números pocas veces vistos: hay una previsión de que el PIB mundial puede descender 3% (según el FMI), 7% en Alemania, 5,2% en el Japón, 9,1% en Italia y 5,9% en Estados Unidos. Solo en EEUU 22 millones de personas perdieron el empleo en una semana.

Números catastróficos en el mundo, que en el Brasil no son mejores. Ya tenemos 67.400 casos, con más de 5.000 muertos confirmados, una tasa de muertos de alrededor de 400 por día. Sabemos, sin embargo, que por cuenta de la elevada subnotificación, esos números son muy superiores.

Millares de personas ya perdieron o van a perder su empleo en los próximos días. En las condiciones del Brasil, que son estructural y cualitativamente peores que en los países que citamos (Estados Unidos, Italia, Japón y Alemania), seguramente los efectos de la pandemia serán dramáticos, una catástrofe social de grandes proporciones se aproxima.

Frente a esto, la pregunta que surge es: ¿cuál es la salida? ¿Profundizar las reformas neoliberales, disminuir aún más los cargos sociales y laborales? ¿Desobligar aún más al Estado? ¿O sería aumentar la carga tributaria de los ricos, tasar las grandes fortunas, acabar con las exenciones fiscales? ¿Cuál es el programa económico para enfrentar la crisis?

¿Y cuáles son las medidas políticas y sociales? ¿Hacer cuarentena? ¿Total o parcial? ¿Cómo garantizar la comida de los más pobres mientras ellos no trabajan? ¿Y cómo conseguir las camas hospitalarias que se necesitan?

Por fin, en esta lucha por nuestras vidas, ¿quiénes son nuestros aliados y quiénes nuestros enemigos?

El plan de Bolsonaro… y de la burguesía

Bolsonaro defiende el fin del insuficiente aislamiento social que se ha hecho: que el comercio abra, que los débiles se enfermen y mueran. Defiende aprovechar la pandemia para profundizar los ataques a los trabajadores, momentáneamente impedidos de hacer grandes acciones de masas. Quiere salvar la economía, dice que se preocupa con evitar el desempleo pero, si estuviese realmente preocupado con el empleo, podría simplemente bajar una Medida Provisoria garantizando estabilidad. En lugar de eso, hace campaña para que todo el mundo vaya a trabajar, incluso sabiendo que eso significa condenar a muchos millares a la muerte, y aún reduce los salarios y suspende los contratos de trabajo, apoyándose en empresarios que están despidiendo por doquier, como el dueño de la red de restaurantes Madero que dijo que la economía debía continuar funcionando aunque murieran 5.000 o 7.000 personas… y, después, incluso despidió a 600 empleados de una vez. Son los mismos que promueven caravanas de la muerte o en defensa de la dictadura.

La postura de Bolsonaro es tan exageradamente genocida, que incluso quien no tiene la mínima empatía con el pueblo, como Witzel (el que quería apuntar a la cabeza y conmemoró con saltos la ejecución de un joven en el puente Rio-Niterói, el que quería usar misiles contra favelas), o Doria (ambos simpatizantes del propio Bolsonaro en las elecciones) parecen ser personas sensibles al hacer por debajo de lo mínimo, pero al final hacer, para contener la pandemia.

El aislamiento social completamente insuficiente realizado por los gobernadores tampoco tiene razones humanitarias sino meramente económicas. Con diferencias en los detalles, estos gobernadores, y también algunos otros políticos, como el presidente del Senado Davi Alcolumbre, y el de la Cámara, Rodrigo Maia, defienden en general el mismo proyecto económico que Paulo Guedes, el Puesto Ipiranga[1] de Bolsonaro: un plan de rescate a los grandes empresarios, y un ajuste pesado contra los trabajadores.

Pero las diferencias de detalles, en una situación como la actual, significan optar por responsabilizarse o no por algunas millares de muertes y, si todo saliera mal, por la posibilidad de una convulsión social de tamaño imprevisible.

Es esta diferencia la que hace, por ejemplo, que el ex ministro Henrique Mandetta (un oligarca ligado a los latifundios de Mato Grosso do Sul, antiaborto, defensor de la privatización del Sistema Único de Salud, enemigo de las campañas de prevención a la diseminación del HIV), parezca un honesto combatiente de la defensa de la salud pública al enfrentarse con la política de barbarie explícita de Bolsonaro.

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Además, hasta Mourão (vicepresidente), que como dijo alguien el otro día, come con cubiertos frente a las visitas, incluso defendiendo al torturador Brilhante Ulstra puede parecer “civilizado” al lado de Bolsonaro.

¿Y la oposición de izquierda parlamentaria, qué?

También en las “izquierdas” parlamentarias hay debate sobre salidas y alternativas. Freixo (PSOL), el año pasado, en una entrevista a Carta Capital[2] declaró, en relación con la campaña electoral para la alcaldía de Rio: “Estamos muy avanzados con el PT y el PV, hay una gran chance con la Rede y quiero mucho que vengan también el PDT y el PCdoB”, y sigue hablando de que solo acepta ser candidato de un Frente Amplio “progresista”.

En entrevista con Sakamoto[3], recientemente declaró que creía “inadmisible que el campo progresista pierda la elección de 2022 para el bolsonarismo” y que se debía “buscar en la figura de Fernando Haddad, de Ciro Gomes, de Flávio Dino” un “programa de enfrentamiento al bolsonarismo y no a Bolsonaro”.[4]

La cuestión es qué programa es ese al que se refiere Freixo. Bien, veamos lo que estos aliados progresistas defendidos por Freixo han hecho y propuesto en relación con la más grave crisis ya enfrentada por esta generación de brasileños.

Freixo, en la entrevista mencionada con Sakamoto, se declaró contra el impeachment de Bolsonaro, porque según él paralizaría el Congreso, cuando lo más importante sería acelerar las medidas de combate al coronavirus en esta misma Casa: “el deseo de impeachment, que es correcto y comprensible, no podría ser realizado en este momento. ¿Imagine si paramos la votación de una renta mínima o una política de recursos para hospitales de campaña para tratar sobre Bolsonaro y paralizamos el país por seis meses?”[5]

Freixo aboga que el Congreso Nacional es el gran combatiente contra la epidemia y defensor del pueblo, tanto que votó a favor de la PEC [Propuesta de Enmienda Constitucional] 10/20, más conocida como PEC del Presupuesto de Guerra. Una medida que no tiene nada que ver con el auxilio irrisorio a los trabajadores, sino sí con garantizar aún más dinero a los banqueros y al sistema financiero (sepa más aquí).

Freixo conmemoró mucho la ayuda de meros R$ 600 (aprox. 100 dólares) para los desempleados, autónomos y trabajadores informales, considerando la medida una gran “victoria”, cuando todos sabemos que ese valor, muy inferior al salario mínimo, significa una rebaja de la renta media de los trabajadores informales. Y muy poco si consideramos el monto dado a un puñado de banqueros.

Sin duda, ese dinero, aún siendo poco, es importante para quien está pasando hambre. Pero ni siquiera así los R$ 600 están siendo garantizados: ni la mitad de los deberían tener derecho los recibieron. El papel de la izquierda, en este sentido, debería ser el de exigir más, hacer pagar, y denunciar que están escondiendo la montaña de dinero que están dando a los bancos.

Por su parte, el PT, en la figura de sus dirigente Jilmar Tatto, fue por el mismo camino. Para él, pedir el Fuera Bolsonaro ahora, léase impeachment, paralizaría la lucha contra el coronavirus. Y esta tiene que ser la prioridad ahora.

Dijo al diario Vale: “Bolsonaro no sirve para el país, no tiene más condiciones de gobernar, está aislado. Pero ahora el pueblo no está en la calle, porque no puede. El Congreso no se está reuniendo”. Y después completó: “Tenemos que pedir que el gobierno implemente las propuestas del Congreso. Que dé crédito a las pequeñas y medianas empresas. Salvar vidas es la mayor preocupación. Y que las personas tengan lo mínimo para comer”[6].

Ciro Gomes, en entrevista a Carta Capital, fue más lejos todavía y se dice irritado con el PT, que propuso en una reunión que se garantizase una renta mínima por el valor de un salario mínimo para los trabajadores. En su opinión, eso es irrealizable ahora.

En la entrevista, él dijo: “Tuvimos una reunión ayer (martes 24/4). Estamos discutiendo una cosa seria, haciendo simulaciones. ¿Qué sería posible pagar a ese contingente de trabajadores informales, aquellos obligados a quedarse en casa, y bajo riesgo de perder el empleo? ¿800?, ¿500 reales? Una renta mínima mensual para posibilitar que los brasileños atraviesen esta crisis. Ahí, el PT sale de la reunión y anuncia un programa de un salario mínimo, sin hacer cuentas, sin preocuparse con las consecuencias. Y Bolsonaro agradece”.

Otro que viene demostrando mucha “responsabilidad” y “preocupación” en este momento es el gobernador del Maranhão, Flávio Dino (PCdoB), que dijo que, si Bolsonaro entregase el poder a Mourão, “el Brasil llegará a 2022 en mejores condiciones”.

Flávio Dino recientemente intentó desalojar a toda la comunidad del Cajueiro, una comunidad quilombola[7], lo que le valió una larga nota en The Intercept, donde el sitio lo acusa de estar mancomunado con grandes empresas chinas, además de haber entregado la Base Militar de Alcântara[8] a los Estados Unidos.

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Estos representantes de la “izquierda” buscan construir un frente amplio electoral para 2022 y, en principio, no luchan para que Bolsonaro salga del gobierno antes de esa fecha. Por eso, incluso ahora, cuando la crisis del gobierno es aguda, siguen como apéndice de Rodrigo Maia. Y, en caso de que la propia clase dominante, debido a la crisis, busque alejarlo, actúan en el sentido de mantener el status quo, el actual orden vigente, la democracia de los ricos y el sistema capitalista. Sus programas proponen “concesiones” mínimas a los de abajo, mientras sigue operando el sistema, la acumulación de capital, y la economía volcada a la ganancia. Lo que lleva, en el caso del PCdoB, hasta el absurdo de elogiar como propuesta “Mourão presidente” y defender la construcción de una “unidad nacional” de toda la burguesía, en la práctica con un frente junto a todo el mundo (incluso MDB, PSDB, etc.).

Freixo, aún en entrevista a la UOL, defiende medidas como una renta básica y otras como la exención del pago de agua y luz a los pobres, y la disponibilidad de cuartos de hotel para el aislamiento de los moradores contaminados en las comunidades. Él es también autor de la propuesta de tasación de las grandes fortunas que, según sus cálculos, daría algo como R$ 159.000 millones (32.000 millones de dólares, aprox.).

Evidentemente, estamos de acuerdo con estas medidas, y serían importantes en una situación de grave crisis social y sanitaria. El problema es que ellas son extremadamente insuficientes para combatir la catástrofe que el país vive hoy, y ni qué decir de la histórica desigualdad social del Brasil.

Para resolver los problemas urgentes, para garantizar la vida, el empleo y la renta de los trabajadores durante la crisis de coronavirus, son necesarias medidas que ataquen las ganancias y la propiedad de los grandes capitalistas. Es necesario, por ejemplo, estatizar la red privada de salud para garantizar tratamiento a quien lo necesita, redireccionar la producción industrial para abastecer los hospitales con respiradores (y a la población con alcohol en gel, máscaras, etc.), forzar la suspensión de las actividades de los sectores no esenciales, prohibir los despidos, además de parar de pagar la deuda a los banqueros para proveer renta a los millones de informales y desempleados, y garantizar el combate a la pandemia y la catástrofe económica y social.

Las medidas defendidas por los que componen el frente amplio, por el contrario, son medidas cosméticas que no alteran en nada la situación de la gran masa de trabajadores, pobres y miserables. Es un programa como el del PT, que después de 13 años en el poder no resolvió ni el problema del saneamiento básico, dejando a la mayor parte del pueblo aún más vulnerable ahora, con la pandemia.

Creen que es posible hacer pequeñas reformas y transformaciones a través de este parlamento corrupto, cuya composición hoy cuenta con una “izquierda” y “centro-izquierda” de 130 diputados divididos entre PT (53), PSB (30), PDT (28), PSOL (10), PCdoB (8) y REDE (1). O sea, algo muy distante de poder aprobar o reprobar cualquier medida seria en defensa de los trabajadores en esta Casa. Por otro lado, la banca de los empresarios cuenta con 217 diputados, la de los hacendados con 153, la de los evangélicos con 75, y las mujeres son apenas 15%. E Parlamento es una institución para administrar el sistema capitalista, por eso es imposible de ser controlado por los de abajo.

Lo que proponemos nosotros

Como ya afirmamos, defendemos las medidas como el auxilio de emergencia (pero incluso creemos que es muy poco, debería darse por los menos 2,5 salarios mínimos), y la tasación de las grandes fortunas. Otra cosa es creer que eso resuelve de hecho la situación de la clase trabajadora y de la población pobre y marginal de este país. No resuelve, es preciso ir mucho más allá de eso. Pero está en el límite de las medidas en que actúan los partidos y sectores del llamado frente de izquierda, con una perspectiva electoral.

Esta propuesta de un frente amplio, una reedición de lo que fueron los gobiernos del PT de 2003 a 2016, o sea, un frente entre diversos partidos de “izquierda”, “centro-izquierda” y “derecha”, sinceramente, creemos nosotros que es un desastre.

Lula y el PT consiguieron, por algunos años, y gracias a la coyuntura excepcional, hacer pequeñas concesiones parciales (como la Bolsa Familia) mientras atacaban la previsión, el seguro de desempleo, vendían partes de la Petrobras, y no resolvían ningún problema estructural del país. Esta coyuntura económica mundial que permitió al PT hacer pequeñas concesiones a los más pobres –mientras los banqueros ganaron dinero como nunca– difícilmente se repetirá en los próximos años.

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Dejar para las elecciones de 2022 la tarea de sacar a Bolsonaro significa dejarlo seguir saboteando el combate al coronavirus, con una política genocida como la de continuar llamando a romper la cuarentena, diseminando mentiras y boatos que obstruyen el combate a la pandemia.

En segundo lugar, significa dejar a Bolsonaro en el principal cargo de la República, aplicando una guerra social contra los trabajadores y de entrega del país, un proyecto de hambre, superexplotación y semiesclavitud; articulando con milicianos [parapoliciales], lúmpenes, aventureros y militares la tentativa de un golpe que los ponga en condición de llevar adelante su proyecto de dictadura, esclavitud y, ahora, genocidio.

Por fin, significa que, incluso si esta política da resultado, o sea, que se forme un frente amplio que gane las elecciones en 2022, tendremos un gobierno de alianza con la burguesía para aplicar el mismo proyecto de ajuste contra los trabajadores, que los gobernadores de la oposición ya aplican hoy, que no difiere en casi nada del proyecto de Rodrigo Maia y Cía.

Frente a la mayor crisis del sistema capitalista que todos nosotros ya vivimos, limitar nuestros horizontes políticos a la reedición de una experiencia tantas veces fracasada, y que nos llevará exactamente al punto de partida de la crisis que vivimos hoy, no nos parece una opción válida.

Apostar en la clase trabajadora y los sectores populares, su autoorganización y su poder

Nuestra estrategia está volcada hacia un norte muy diferente del propuesto por los defensores del frente amplio. Proponemos que, en el combate al coronavirus, se oiga y se organice a los trabajadores y el pueblo pobre, se desarrollen experiencias como la de Paraisópolis, donde a población se está organizando, o la del movimiento Lucha Popular, que está junto con a los asentamientos organizados por la CSP-Conlutas en el campo, organizando la entrega de comida a la población más carenciada.

Defendemos que se desarrolle la experiencia de centenas de personas que hoy voluntariamente hacen máscaras para distribuir, o la fabricación de viseras de protección vía impresoras 3D para donar a los profesionales de la salud.

Pero, más que estas iniciativas, podríamos reconvertir y controlar fábricas para que hiciesen respiradores, máscaras, alcohol 70°, y tantas otras cosas.

Las medidas económicas contra el coronavirus deben herir de muerte el centro de la economía capitalista, los ricos deben pagar la cuenta de esta crisis, y eso comienza por el sistema financiero: parar inmediatamente de pagar la deuda pública, sobretasar las ganancias de las grandes empresas, y si fuera necesario confiscarlas, prohibir la remesa de lucros al exterior, confiscar las reservas en dólar de las empresas y los grandes empresarios, controlar la producción de las empresas poniéndolas bajo control de los trabajadores serían algunas de las medidas que irían contra la lógica del capital y no en la lógica de defenderlo o reformarlo.

Notas:

[1] Puesto Ipiranga es una alusión a una propaganda sobre que en los puestos de dicha marca de combustibles se consigue y se resuelve todo, ndt.

[2] https://www.cartacapital.com.br/politica/marcelo-freixo-tem-o-desafio-de-liderar-uma-frente-progressista-em-2020/

[3] Leonardo Moretti Sakamoto es un periodista brasileño, doctorado en Ciencias Políticas en la Universidad de San Pablo, que cubrió diversos conflictos armados y de falta de respeto a los derechos humanos (Timor del Este, Angola y Pakistán), retratando con reportajes por cada país los problemas sociales que padecen.

[4] https://noticias.uol.com.br/colunas/leonardo-sakamoto/2020/03/26/pedir-o-impeachment-de-bolsonaro-agora-e-fazer-o-jogo-dele-afirma-freixo.htm

[5] https://noticias.uol.com.br/colunas/leonardo-sakamoto/2020/03/26/pedir-o-impeachment-de-bolsonaro-agora-e-fazer-o-jogo-dele-afirma-freixo.htm

[6] https://valor.globo.com/politica/noticia/2020/04/09/pt-decide-no-aderir-ao-fora-bolsonaro-em-meio-pandemia-do-coronavrus.ghtml?

[7] La comunidad quilombola (descendientes de esclavos) de Cajueiro, amenazada de desalojo de las 500 familias que la componen, con el objetivo de construir un puerto, en asociación con capitales chinos.

[8] Centro de lanzamiento de cohetes de la Fuerza Aérea Brasileña.

Artículo publicado en www.pstu.org.br
Traducción: Natalia Estrada.