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Las gigantescas movilizaciones ocurridas en el Brasil en junio de 2013, que abrieron una nueva situación política en el país, continúan suscitando polémicas hasta los días de hoy, en especial con los políticos que fueron los más directamente afectados por la furia de las masas en las calles, que acuñaron el grito: “¡no nos representan!”

Por: José Eduardo Braunschweiger, Rio de Janeiro

En entrevista reciente, concedida a TeleSUR e informada por la revista Fórum, el ex presidente Lula, al ser cuestionado sobre las manifestaciones contra el neoliberalismo que sacudieron a Chile, Colombia y Ecuador este pasado fin de año, acusó a los Estados Unidos de promover las manifestaciones de junio de 2013 con el objetivo de derrocar a Dilma y, así, ser parte del golpe contra el PT.

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Ora, no es creíble la teoría del ex presidente. Lo que provocó los primeros actos de junio de 2013 en San Pablo fue el aumento de las tarifas y las pésimas condiciones de los transportes públicos que eran de responsabilidad de la prefectura de San Pablo, dirigida por Haddad del PT, y del gobierno estadual, gobernado por Alckmin, del PSDB. La brutal represión de la Policía Militar de San Pablo al acto del día 13 de junio desató las mayores manifestaciones de calle de la historia del Brasil, superiores a la campaña de las ¡Directas Ya! Y al ¡Fuera Collor!, y ya no restrictas al aumento de tarifas sino contra todos los gobiernos y el régimen.

Las protestas de junio expresaron de forma generalizada el repudio de las masas a los políticos, a los grandes partidos, y a esa falsa democracia de los ricos.

Las movilizaciones se chocaron directamente con los gobiernos federal, estaduales y municipales, por ejemplo el de Cabral (PMDB) de Rio de Janeiro y el de Rosalba (DEM) de Rio Grande do Norte. Palacios de gobiernos, Congreso Nacional, asambleas estaduales y cámaras municipales fueron blanco de la ira de los manifestantes en actos y ocupaciones.

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La reducción de las tarifas se garantizó a través de la movilización y no de las Cámaras o Asambleas Legislativas, que son un antro de corruptos controladas por la mafia de las empresas de transportes.

Fueron huelgas como las de los garis (trabajadores de limpieza de calles) de Rio de Janeiro o la de los metroviarios de San Pablo que garantizaron aumentos salariales, y no los tribunales. El TRT-SP, que rápidamente se reunió un domingo en razón de la huelga de los metroviarios de San Pablo, antes no había recibido siquiera una vez a los empleados del Poder Judicial en un mes de huelga.

Revolución en Túnez, 2011.

Aquí y en todo el mundo

Junio de 2013 no fue un proceso aislado, sino que se inserta en un contexto mundial de luchas de los trabajadores y de la juventud a las consecuencias de la crisis económica global iniciada en 2007-2008.

Principalmente en 2011, específicamente a partir de la revolución en Túnez, la Primavera Árabe barrió dictaduras en el norte de África y en Medio Oriente. Huelgas generales en Grecia pusieron en jaque el gobierno y desenmascararon la Troika. El movimiento de los Indignados tomó las calles en el Estado español, mientras en EEUU el Occupy Wall Street cuestionaba uno de los mayores símbolos del capital financiero.

En realidad, las declaraciones de Lula son una tentativa más de rehabilitación que la dirección del PT busca hacer luego del profundo rechazo de las masas a la grave crisis económica-política-social que se instaló en el país como fruto de la política de colaboración de clases emprendida por los gobiernos del PT, que posibilitó ganancias multimillonarias para banqueros y constructoras y desempleo y ajuste para los trabajadores y el pueblo pobre.

El crecimiento económico de los años anteriores no acabó con la desigualdad social en el país, e incluso la ampliación de la clase trabajadora en ese período se dio sobre la base de la precarización de las condiciones de trabajo.

El empeoramiento de la economía brasileña y de los demás países emergentes en un escenario de incertidumbre de la economía mundial aumentaron los elementos de inestabilidad que antes no existían. La desaceleración de la economía brasileña combinada con el retorno de la inflación y el endeudamiento cada vez mayor de las familias generaron contradicciones que ampliaron la percepción en las masas del fin de la “sensación de bienestar”. La inflación y la carestía corroyeron el poder de compra de los salarios que ya era muy bajo. El endeudamiento ya era enorme, con 44% de la renta de las familias destinados al pago de deudas.

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PM durante acto en junio de 2013. Foto Erick Dau.

La clase trabajadora daba señales

La enorme insatisfacción de las masas vista en las calles en 2013 ya podía ser sentida en 2012 en las revueltas de los obreros de las Obras del PAC, en la huelga de los empleados públicos federales, que derrotó la política de reajuste salarial cero del gobierno Dilma, y en el récord de huelgas ocurridas ese año, solo comprable con el ascenso sindical ocurrido en los años de 1980. En 2012, un crecimiento de 58% de las huelgas en las que la clase obrera estuvo a la vanguardia daba señales de la nueva situación que se abriría en junio del año siguiente.

Desde entonces hasta acá, los gobiernos no oyeron la voz de las calles. Dilma, después de electa al prometer no tocar los derechos, practicó un estelionato electoral y perdió apoyo popular. Bolsonaro surfeó en la ola anti-PT, se eligió presidente y quiere aplicar una política de guerra a los trabajadores y el pueblo pobre. Para eso, defiende el aumento del autoritarismo, el ataque a las libertades democráticas, la criminalización de los activistas, y el encarcelamiento y genocidio de la juventud pobre y negra de la periferia, como previsto en el “paquete anti-crimen” de Moro, aprobado con la participación del PT, PCdoB y PSOL.

Es preciso unificar las luchas de los trabajadores y el pueblo para derrotar ya a Bolsonaro-Mourão-Guedes. Los cambios que el pueblo quiere no vendrán del parlamento o de los tribunales. Las necesidades de la población solamente serán atendidas a través de la organización y movilización de los trabajadores y la juventud. En ese proceso es preciso construir una alternativa socialista de los trabajadores para que procesos como el de junio de 2013 no se interrumpan y puedan garantizar empleos, salud, educación, transportes, vivienda, a partir de la suspensión del pago de la deuda a los banqueros, el fin de exenciones fiscales para las grandes empresas, el fin de las privatizaciones, la reforma agraria, la defensa del medio ambiente, de la soberanía nacional, y el fin de la violencia a los pobres, negros, mujeres, indígenas, LGBTIs, entre otras medidas.

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No será a través de frentes con la burguesía, como nuevamente proponen el PT, PCdoB y PSOL, que vamos a derrotar a Bolsonaro. La unidad es para luchar y no para conciliar. Las alianzas con los empresarios y corruptos propuestas por Lula y por el PT solo llevarán a nuevas derrotas y desmoralización de la clase trabajadores, pues van contra la movilización de los trabajadores, la revolución y el socialismo.

Artículo publicado en www.pstu.org.br

Traducción: Natalia Estrada.