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La infeliz intervención del ya ex secretario de Cultura, Roberto Alvim, plagiando al ministro de propaganda nazi, recibió en tiempo el repudio que merecía. Y, lógico, frente a la referencia nazista, la reacción obvia de todo el mundo fue mirar para la comunidad judaica aguardando una manifestación. Incluso hubo gente que ya salió a denunciar a Davi Alcolumbre –judío y presidente del Senado– por apoyar al gobierno y no manifestarse sobre la barbaridad. De hecho, la declaración es una ofensa sin precedentes. La comunidad judaica debe repudiar vehementemente. Es lo que se espera de cada judío honesto.

Por: Jorge Mendoza, 18/1/2020

Parece una inmensa contradicción. Nos preguntamos: ¿cómo puede el gobierno Bolsonaro, que tanto idolatra y adula a Israel, nombrar un secretario como Alvim?

Entonces.

Un arte heroico, imperativo, romántico y ligado al destino de nuestro pueblo. Voy a aprovechar para decir que esa concepción de arte no es exclusividad del gobierno miliciano de Bolsonaro ni de la Alemania nazista. La idea de un arte instrumentalizado como propaganda de proyectos totalitarios y nacionales fue compartida por mucha gente en el comienzo del siglo XX. Incluso por el sionismo –los ideólogos de la fundación del Estado de Israel–. Y con todo a lo que tenía derecho: romanticismo, imperatividad, mitos nacionales, etc.

Israel fue fundado en 1947 bajo la ideología de la formación de un Estado-nación para un único pueblo, homogéneo étnicamente, en un lugar que remontase tanto al “pasado glorioso” y al futuro promisor de la “tierra prometida”. Son innumerables las referencias en la propaganda sionista a los macabeos (ejército rebelde judío que luchó por la independencia de Judea en 37 a.C.) o la idea de que Israel era la Nueva Canaam bíblica, la tierra prometida. Todo eso, digamos, forma parte de los “mitos nacionales” sionistas.

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La defensa que sectores evangélicos conservadores en el Brasil hacen hoy del Estado de Israel está básicamente apoyada en esa mitología bíblica. No es, de hecho, una comprensión geopolítica sobre el papel de Israel en Medio Oriente.

Lo bizarro del proyecto sionista era tal que en 1933 la Federación Sionista de Alemania cerró un acuerdo con el gobierno nazi –el Acuerdo de Ha’avarah– que funcionó hasta 1938. Frente a la persecución, el acuerdo establecía criterios que favoreciesen la emigración de judíos para Palestina a cambio de importaciones de la Alemania nazi. O sea, aprovecharon la persecución nazi para fortalecer el proyecto de colonización racista de Palestina.

Este tipo de “arte-propaganda” existía antes de la Alemania nazi y, con su caída, acabó por ganar fuerza. El sionismo, que apretó las manos nazistas en 1933, salió aún más fortalecido con el fin de la Segunda Guerra Mundial. Al final, fueron las grandes víctimas. Dos años después de la Guerra se funda el Estado de Israel y se formaliza la ocupación racista de Palestina por la ONU. La política de asentamientos se fortalece y junto con ella la propaganda heroica, de refundación del pueblo, de autosacrificio y de ligazón emocional en pro de ese proyecto de Estado-nación.

De entonces hasta aquí lo que vimos es la consolidación de un proyecto de apartheid. Checkpoints para todos lados, limpieza étnica, persecución, prisiones en masa, tortura, una economía nacional basada en la industria bélica, la cultura como instrumento de propaganda. Ese es el Estado racista de Israel hoy.

En 2018, el Estado de Israel financió el bloque entero en la Parada Gay de San Pablo. El bloque se llamaba Tel Aviv Israel y su embajador fue nada menos que el estilista Alexandre Herchcovitch. ¿Sabe por qué un país financia un bloque en una parada gay de otro continente? Porque instrumenta manifestaciones culturales como propaganda del Estado. Israel paga por un bloque en la segunda mayor parada gay del mundo porque hace de sí un discurso como “única democracia” en Medio Oriente. Lo que es una gran mentira y no pasa de propaganda. Mitología pura.

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También tenemos el caso de Gal Gadot, la actriz que interpreta a la Mujer Maravilla, que participó de un ensayo para la revista Maxim con el tema “Mujeres del Ejército Israelí”. Pura propaganda. Machista en la forma y “romántica” en el sentido estético, de “exaltación de la raza y del pueblo”.

Particularmente, no creo correcta la comparación entre la Alemania nazi e Israel. Son cosas diferentes, y cuando comparamos apagamos las diferencias. Pero tampoco es incomprensible que alguien lo haga.

Entonces, mis queridos, queda respondida la pregunta. Por lo menos tratándose de arte, Bolsonaro puede apoyar al proto-nazistita de Roberto Alvim y al mismo tiempo apoyar el Estado de Israel. La contradicción es solo aparente. Los proyectos tienen similitudes. Sionismo y nazismo apretaron las manos en 1933 y compartían la misma concepción de “arte-propaganda”.

El estalinismo y su realismo socialista también compartían esa misma concepción. Es todo muy parecido y, particularmente, gusto de encuadrar todo eso en la idea de realismo heroico. Pero el estalinismo queda para después.

Y, solo para adelantar antes de que me llamen antisemita: libertad religiosa es una cosa, proyecto racista de limpieza étnica, otra.

Artículo publicado originalmente en www.pstu.org.br

Traducción: Natalia Estrada.