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Nuestra opinión sobre las manifestaciones que están siendo realizadas en varias regiones del país con esa reivindicación.

Por: Zé Maria

El gobierno del presidente Bolsonaro lanzó una campaña en la más absoluta contramano de todo lo que el país y la población precisan en este momento. El objetivo es acabar con la cuarentena que busca proteger a la población de una mayor proliferación del coronavirus, para asegurar la salud y la vida de las personas. La campaña es organizada por el clan de los Bolsonaros con el apoyo más directo de empresarios como los dueños de Riachuelo (Flávio Rocha), Havan (Luciano Hang), Madero (Junior Dursky), entre otros. Pero encuentra eco en otros sectores del empresariado, como certifica la nota divulgada por la FIERGS (Federación de las Industrias de Rio Grande do Sul) y tiene, como mínimo, la complicidad del sistema financiero, fondos de inversiones, accionistas de bolsas de valores, etc.

Con el eslogan “El Brasil no puede parar”, la campaña, difundida por un ejército de robots pagos para difundir fake news por internet y gastando 4,8 millones del dinero público, trata de estimular la organización de manifestaciones de comerciantes medios por el país, y busca arrastrar también a los pequeños y micro comerciantes y empresarios, trabajadores autónomos, cuentapropistas (formales e informales), y aquellos que dependen de hacer pequeñas “changas” para sobrevivir, etc. Se apoya en el hecho de que una amplia parcela de este sector queda sin ninguna fuente de renta debido a la cuarentena, para intentar arrojarla contra el resto de la sociedad. Aquí aparece con nitidez el carácter criminal y la metodología típica de las cuadrillas de milicianos que caracteriza a este gobierno.

No son los intereses de esos sectores pequeños –que con toda la razón del mundo quieren una respuesta, una solución para su situación– que Bolsonaro quiere resolver. Comprueba esa afirmación el hecho de que depende justamente del gobierno de Bolsonaro tomar las decisiones que permitan destinar recursos públicos para socorrerlos en este momento. Medidas para garantizar la renta para los autónomos y para los pequeños comerciantes (como eximir de impuestos, ofrecer crédito de verdad y a interés cero, arcar con los salarios de los trabajadores de pequeños establecimientos, con hasta 20 empleados, por ejemplo), garantizar la renta para todos los trabajadores por cuenta propia, todos los desempleados y todos lo que no tengan cómo obtener renta en este período. El gobierno Bolsonaro no hace eso, no cumple con su obligación y con eso genera el caos en la vida de las personas, para después usarlos como carne de cañón.

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El gobierno tiene dinero para atender las necesidades de los pequeños y micro comerciantes, de los autónomos, de todos los que necesitan en este momento. Y no es con cantidades ridículas (R$ 600) como las que fueron aprobadas en la Cámara de Diputados este jueves. No. El año pasado, el gobierno Bolsonaro destinó a los bancos R$ 561.000 millones (aprox. 110.000 millones de dólares) entre amortización e intereses de la deuda pública (una deuda absolutamente inexistente: se trata de transferencia de recursos públicos para enriquecer banqueros). Lo mismo está previsto para este año. Además, el Brasil tiene más de 300.000 millones de dólares en el llamado Fondo Soberano (garantía que el gobierno mantiene por imposición de bancos internacionales, para permitir que especuladores retiren miles de millones de dólares del país).

Usando apenas una parte de esos recursos podríamos atender perfectamente las necesidades de todos los pequeños empresarios, pequeños comerciantes y trabajadores autónomos que existen en el país, y aún garantizar una renta básica a los desempleados. Hablamos de crédito a interés cero y también de apoyo financiero puro y simple para aquellos que ya endeudados no soportan más préstamos. Dinero a fondo perdido, sí, pues es dinero bien gastado, para ayudar a la población.

El gobierno no lo hace porque no quiere dejar de dar dinero a los banqueros que, además, fueron beneficiados nuevamente, ahora con más un billón de reales (aprox. 180 millones de dólares) (con la liberación de los depósitos compulsivos) y, en medio de esta crisis, están aumentando los intereses para prestar a quien precisa.

Bolsonaro, entonces, lanza esta campaña, no para defender a los pequeños empresarios, comerciantes o trabajadores autónomos. Lo hace para defender los intereses inconfesables de grandes empresarios y banqueros, que no quieren que paren las industrias o sus negocios porque así no paran sus lucros. De empresarios a los que no les importa si con el fin de la cuarentena van a morir decenas o centenas de millares de personas, en tanto continúen contando más y más millones de reales para sus fortunas multimillonarias.

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Por lo tanto, no podemos concordar con las manifestaciones que están siendo organizadas en general por medianos y grandes empresarios (como el multimillonario dueño de la Havan), buscando usar al pequeño como carne de cañón, pidiendo el fin de la cuarentena y que todo vuelva, ya, a la normalidad. Pues de la misma forma que hacen caravanas en sus automóviles, no irán a trabajar, se quedarán en sus casas, mientras sus trabajadores se exponen. Es un error grave apoyar a Bolsonaro y su troupe en la cruzada que hacen contra la cuarentena que está protegiendo la salud de la población.

Sobre eso, es emblemático el testimonio del prefecto de Milán, en Italia. Él hizo esa misma campaña ahora estimulada por Bolsonaro y los capitalistas, y el resultado son miles y miles de muertos.

Creemos que, sí, los pequeños empresarios y comerciantes deben manifestarse, deben luchar. Pero no en apoyo, y sí contra Bolsonaro y el favorecimiento indecente que su gobierno hace a los banqueros y a los fondos de pensión, a los grandes empresarios y a Trump y empresas de los Estados Unidos, atacando a los trabajadores y también a los pequeños propietarios. Entonces, es preciso exigir de él, Bolsonaro, que destine recursos –¡que el país tiene!– para atender las necesidades de todos y todas los que, con las medidas para defender la salud pública, se quedaron sin su fuente de sustento. Para esta lucha tendrán todo nuestro apoyo y, con certeza, el de toda la clase trabajadora.

El proyecto de país que el gobierno Bolsonaro representa, al contrario de lo que él mismo alardea, no representa los intereses de los pequeños empresarios, de los pequeños comerciantes, de los pequeños emprendedores y autónomos. Por el contrario, representa los intereses de los bancos y de los grandes empresarios. Y ellos, además de espoliar a la clase trabajadora, no van a titubear en arruinar cada vez más a los pequeños comerciantes, pequeños emprendedores y autónomos para aumentar su riqueza.
La salida para este sector está en la alianza con la clase trabajadora. Para luchar contra el gobierno y el sistema que nos explota y oprime a todos. Y para construir una sociedad socialista, donde todas y todas que viven de su trabajo y esfuerzo puedan tener una vida digna.

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Zé Maria es metalúrgico y presidente nacional del PSTU Brasil.
Artículo publicado en www.pstu.org.br
Traducción: Natalia Estrada.