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El 4° Congreso de la CSP-Conlutas, que acabó este domingo (6/10) fue una victoria importante de esta central, que se consolida y amplía su influencia. Él expresó con todos los colores y tonos el avance de la construcción de un polo de lucha y de independencia de clase en nuestro país, involucrando a sindicatos y movimientos, de la ciudad y del campo, movimientos de lucha contra la opresión, comunidades quilombolas, indígenas y de la juventud.

Por: Zé Maria, metalúrgico y presidente nacional del PSTU Brasil

Hubo polémicas en el congreso, como es normal en cualquier organización democrática. Pero, por amplísima mayoría de los delegados y delegadas presentes en el congreso, se reafirmó el proyecto de la CSP-Conlutas como un instrumento para la lucha de la clase trabajadora contra Bolsonaro, el imperialismo y el gran empresariado; y también contra las alternativas de conciliación de clases que tantos males y sufrimiento ya trajo a la clase trabajadora y al país.

La salida para la crisis que vive el país no está en la vuelta al pasado, para las experiencias de los gobiernos petistas que, al final, ayudaron a empujar el país para donde se encuentra hoy. Está en un futuro socialista, que vendrá, construido por la lucha de nuestro pueblo que no soporta más tanta explotación y opresión del capitalismo y, también, cada vez menos, las mentiras y engaños de gobiernos de alianza con el empresariado.

Curioso fue un efecto colateral de esta victoria: la desesperación de algunos compañeros que forman parte de la central, pero no se conforman con el hecho de que ella no se aliñe a la narrativa petista del “Lula Livre”. Sí, desesperación es la única cosa que puede explicar que ellos hayan puesto a circular en las redes sociales algunos mensajes calumniosos –como si fuese noticia– así que hubo terminado el Congreso, en una tentativa de descalificar sus decisiones.

Esos mensajes contienen muchas bobadas, pero voy a atenerme aquí a dos: dicen que el congreso habría votado resolución defendiendo que Lula continuase preso. Directamente una mentira, pues eso siquiera fue propuesto, mucho menos votado (vea aquí la resolución votada sobre el asunto). Y, también, que el congreso se posicionó por el “Fuera Maduro”, pero omitiendo que la misma resolución se posiciona también contra Guaidó (y las oligarquías venezolanas que él representa) y contra cualquier intervención militar imperialista en Venezuela, defendiendo que sea el pueblo venezolano a tomar en sus manos el destino de su país (vea aquí la resolución).

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Escogí estos dos ejemplos porque son emblemáticos de los problemas de esos compañeros. Su absoluta falta de confianza en la clase trabajadora (del Brasil y de Venezuela), y de que ellas pueden sí, construir una alternativa para sus países, que sea independiente de la burguesía y del imperialismo. Ese personal fue, en su tiempo, oposición a los gobiernos del PT y a los gobiernos chavistas. Decían que ellos gobernaban al servicio de los patrones y del imperialismo.

No obstante, en la presente evolución de la coyuntura, corren nuevamente para debajo de la pollera del PT y del chavismo. Adhieren a la narrativa petista y se transforman en los más fervorosos defensores del proyecto y de la salida que este partido presenta para el país, concentrada en la bandera del “Lula Livre”.

Dicen que es la alternativa posible frente a la derecha “fascista”, como si el desastre que fueron los gobiernos de este partido no tuviesen nada que ver con el ascenso del gobierno de ultraderecha que tenemos hoy en el país. Intentan convencer a los trabajadores –que en grande escala rompieron con el proyecto petista– a volver a creer en este partido y en su proyecto. En una trágica vuelta al pasado.

Es cierto que no es fácil convencer de eso a las personas (volver a creer en el proyecto petista), especialmente en la clase obrera y en los segmentos más explotados y oprimidos de la población. ¡Más difícil es aún si aparece un sector organizado en el país –la CSP-Conlutas es la principal expresión de eso hoy– que dice no!

Un sector que trabaja incansablemente por unir a nuestra clase y a todos los sectores oprimidos en la lucha en defensa de sus derechos, de la soberanía del país y de las libertades democráticas, para derrotar a Bolsonaro y la rapiña imperialista que su gobierno ayuda a patrocinar contra nuestro país.

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Un sector que por eso mismo, defiende la unidad para luchar, el Frente Único entre todas las organizaciones de la clase trabajadora e incluso la más amplia unidad de acción contra tentativas autoritarias de este gobierno. Pero que, al mismo tiempo, sigue adelnte con todos los que quieren luchar, cuando muchas de estas organizaciones abandonan las luchas o se tornan obstáculos contra ellas. Y que, además, lucha también para desenmascarar los proyectos y alternativas políticas y electorales de conciliación de clases.

Una sector que apuesta y llama a nuestra clase a construir un futuro obrero y socialista para nuestro país, en la lucha contra Bolsonaro y su amo norteamericano, pero también contra el proyecto del PT y sus satélites, pues el proyecto de esos partidos solo lleva a la subordinación de nuestra clase a los intereses de las multinacionales, de los bancos y de las grandes empresas, como vimos en los recientes gobiernos de Lula y Dilma.

Un sector que no acepta decir al pueblo venezolano, como defienden los compañeros, que la alternativa contra Guaidó y su amo imperialista del norte es apoyar una dictadura que –para defender los intereses de los sectores burgueses que representa– condena al pueblo de aquel país a la miseria, el hambre, y masacra violentamente sus protestas en las calles. No, la clase trabajadora de Venezuela puede, y va a aconstruir también en aquel país una alterantiva obrera y socialista. Contra el imperialismo y Guaidó, pero que precisa comenzar por derrotar la dictadura del chavismo que gobierna hoy el país.

Contentarse con menos que eso es abdicar de la lucha para acabar con la explotación y la opresión de nuestra clase, que no ocurre solo bajo gobiernos como el de Bolsonaro y de Trump, sino también en gobiernos del PT y de Maduro. Estos gobiernos de conciliación de clases son gobiernos capitalistas y, como tal, atienden los intereses de los capitalistas, no de la clase trabajadora.

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Comprendo la desesperación de estos camaradas. Solo me deja indignado con las calumnias típicas del estalinismo, como arma de lucha política. Entiendo que faltan argumentos serios –es difícil de verdad defender la política de los camaradas– pero nada justifica usar mentiras para descalificar lo que quiera que sea.

Sepan los camaradas que la CSP-Conlutas sigue adelante, y se fortalece cada vez más.

Es, y seguirá siendo, parte importante de la lucha por un futuro socialista para nuestro país, comenzando por el desafío presente: fortalecer la lucha para defender los derechos de nuestra clase que están siendo atacados, y para derrotar a Bolsonaro. ¡En las calles, y ya! No solo en 2022.

Traducción: Natalia Estrada.