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El 31 de marzo de 2020, el Brasil y el mundo enfrentan una pandemia que profundiza la enorme crisis económica que ya se avecinaba. Los ánimos están tensos, pues una aparente paradoja se impone sobre a clase trabajadora y la clase media: ¿flexibilizar las orientaciones de cuarentena y arriesgar la vida para no perder la renta y el empleo, o mantener el aislamiento para evitar muertes y después quedar arrasado financieramente?

Por: PSTU, Florianópolis, Brasil

Henrique C, comerciante de Santa Catarina, Brasil

Leo un relato en una red social donde un conocido cerrará su comercio y despedirá a sus empleados pues los clientes desaparecieron, las cuentas llegaron y la inmobiliaria no acepta negociar el alquiler. En la misma noche, un amigo me llama y cuenta una situación parecida, pero en una pequeña ciudad del interior de Santa Catarina. Luego recuerdo millares de carritos de sándwiches o pequeños barcitos y cafés, en días y noches interminables, cuyos dueños trabajan con el cuerpo y la mente día tras día, de donde sacan su sustento y el de toda la familia, la gran mayoría de las veces. Eso sin hablar de los millares de empleos que se pierden.

Si para una gran empresa automatizada, un obrero más o menos es apenas un número, en las micro y pequeñas empresas no es tan así. Las micro y pequeñas empresas, así como los microemprendedores individuales, componen lo que llamamos pequeña burguesía.

Obviamente que en las micros y pequeñas empresas existe una relación de explotación y, a veces, de opresión, típicas de las sociedades capitalistas. Pero, difícilmente, el número de trabajadores cambia, pues uno menos genera un gran desfalco. Piense en la cantidad de negocios que solo tienen un empleado, en los restaurantes ya con faltas en la cocina, o en una pequeña constructora donde el dueño es el albañil trabajando junto con dos o tres operarios.

Las crisis en el capitalismo tienden, históricamente, a poner en proceso de quiebra primero a las pequeñas empresas y a la clase media de diferentes sectores. Eso porque la disputa de mercado con los grandes monopolios se torna cada día más difícil. Marx y Engels ya alertaban en el Manifiesto Comunista:

[…] Los comunistas pueden resumir su teoría en esta fórmula única: abolición de la propiedad privada. Nos censuran, a nosotros comunistas, el querer abolir la propiedad privada personalmente adquirida, fruto del trabajo del individuo, propiedad que se declara sea la base de toda libertad, de toda independencia individual. ¡La propiedad individual, fruto del trabajo y del mérito! ¿Se pretende hablar de propiedad del pequeñoburgués, del pequeño campesino, forma de propiedad anterior a la propiedad burguesa? No precisamos abolirla, porque el progreso de la industria ya la abolió y continúa a abolirla diariamente (2010, p. 52)

La ideología del emprendedorismo oculta la naturaleza del sistema

El deseo de ascenso social orientado por la conciencia burguesa (la conciencia dominante) siempre hará –mientras exista el capitalismo– que millares se aventuren en el “emprendedorismo” apostando, muchas veces, un capital duramente conquistado. Según el propio Servicio Brasileño de Apoyo a las Micro y Pequeñas Empresas (SEBRAE), una media de 80% de las nuevas micro y pequeñas empresas no duran dos años, y 60% de las que sobran no pasan del quinto año.

La crisis económica de 2008 y la promesa de los gobiernos PT de ascenso social por el emprendedorismo se reflejan en los datos: de 2008 a 2012 la participación del Micro Emprendedor Individual (MEI[1]) en los nuevos negocios pasa de 0% para 64%, mientras de las Micro Empresas (ME[2]) cae de 89% para 33%.

Hay dos motivos alegados, con frecuencia, por las personas que acaban cerrando las puertas: el peso de los impuestos y la falta de capital para inversión. No obstante, por más que no hablen de crisis y competencia –incluso porque algunos establecimientos de hecho no sufren una presión directa de los monopolios– esa presión existe.

Según datos del SEBRAE, más de 95% de las empresas registradas en el Brasil son micro o pequeñas empresas. De esas, más de 70% se concentran en tres sectores: comercio, servicios y agropecuaria. ¡Ellas responden por solo 4% de las exportaciones, pero emplean más de 52% del total de empleos con registro! En mayo de 2019, por ejemplo, la micro y pequeño empresas generaron 38.000 empleos con registro, mientras las medias y grandes corporaciones despidieron 7.200 trabajadores, una dinámica que siguió a lo largo del año: micros y pequeñas generando empleos y medias y grandes despidiendo.

Por lo tanto, en la práctica, las micro y pequeñas empresas “salvaron” la balanza de creación de empleos en 2019.

Los datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) de 2013 apuntan el perfil y el trabajo en las ME y MEI. Los hombres eran mayoría de los empresarios en todos los sectores de las micros y pequeñas empresas, siendo 67% en la industria, 66% en el comercio y 61% en los servicios, por ejemplo. El rendimiento medio del sector de servicios era de dos salarios mínimos para 22% y de dos a cinco salarios mínimos para 38%; ya en el sector comercio, era de dos salarios mínimos para 29% y de dos a cinco salarios mínimos para 44%.

La cantidad media de horas trabajadas por los empresarios micro y pequeños gira en torno de 45 horas semanales. La media más alta es observada en el comercio (46,8 horas semanales), seguido por la industria (44,7 horas semanales) y por el sector de servicios (44,5 horas semanales). Por franja de horas semanales trabajadas, 36% de los empresarios del comercio trabajan 49 horas semanales, o más. Y la gran concentración de esas micro y pequeñas empresas, de todos los sectores, se da en las regiones Sudeste y Sur, servicios 76%, comercio 67%, construcción 79% e industria 76%.

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A pesar de toda la dinámica de las micro y pequeñas empresas en la generación de empleos y en el número de establecimientos, juntas contribuyen con solo 25% del PIB. Para tener una noción del tamaño y concentración de capital, solo las 100 mayores empresas instaladas en el Brasil facturaron en 2016, ¡R$ 2,6 billones, o sea, 40% del PIB! Si ellas generan gran parte de la riqueza del país, lo mismo no ocurre con los empleos.

Resaltamos el análisis de Nazareno Godeiro: “Estas 100 empresas empleaban, en 2016, apenas 2 millones de trabajadores de los 40 millones de trabajadores formales del Brasil, esto es, apenas 5% de los empleos” (frente al 52% de los registrados en las micro y pequeñas empresas).

Lo que ocurre en el sector privado en el Brasil es una enorme concentración de capital en manos de pocos. Y, en la medida en que el número de millonarios en el país aumenta, crecen la desigualdad social, el desempleo estructural, y las condiciones de vida quedan más precarias para millones, además del total abandono del Estado en el ofrecimiento de servicios esenciales, como Salud, Educación y Seguridad.

La grandes empresas controlan el Estado y golpean a los pequeños

El poder económico controla la política que, por su parte, está en las manos del capital extranjero, desnacionalizando nuestra economía y organizando las principales ramas de la producción que tienen impacto directo sobre los costos de producción para micro y pequeñas empresas, como el control de los precios de energía, gas, combustibles, teléfono, internet, y servicios de agua y saneamiento.

La Petrobras, por ejemplo, podría ser decisiva en esta cuestión, asegurando los empleos de sus obreros y ofreciendo gas y combustibles baratos. Principalmente en una situación como la actual, marcada por una pandemia de coronavirus. Pero hoy, su principal función es generar ganancias para especuladores extranjeros.

Sigue el examen de Nazareno Godeiro, del Instituto Latinoamericano de Estudios Socieconómicos (ILAESE):

De esas 100 mayores empresas, 45 son multinacionales (por lo tanto, 100% extranjeras) y 31 empresas son de capital nacional asociadas con multinacionales y bancos extranjeros. Apenas 18 empresas privadas del total son 100% de capital nacional.

[…]

La privatización de las estatales significó superexplotación y precarización general del empleo. Basta ver que hoy el salario industrial en el Brasil es más bajo que el de China y este cambio se dio de 2005 para acá.

La privatización de las estatales significó también la desindustrialización relativa del Brasil, en la medida en que el Brasil fue reconvertido en una economía de cuño colonial.

La privatización significó desnacionalización de las empresas y el cambio de las relaciones del capital internacional que pasó a dominar las ramas principales de la economía brasileña.

Hoy está tan intrincada la unión del capital internacional con el nacional que es muy difícil la existencia de capital nacional puro.

[…]

Los grandes internacionales y fondos de inversión extranjeros dominan 57% del sistema financiero brasileño.

[…]

Las multinacionales dominan 70% del agronegocio y hasta la Petrobras tiene 36% de sus acciones en manos de grandes bancos extranjeros[3].

El poder y la concentración del gran capital (grandes empresas, bancos y multinacionales del agronegocio), cada vez más entrelazados y comandados por el capital de los países imperialistas, se refleja directamente en el acceso al crédito. Menos de 13% de participación en el total de la “cartera de crédito activa” (préstamos) del sector bancario son de micro y pequeñas empresas, crédito siempre conseguido a duras penas y condiciones.

No es secreto para nadie los acuerdos que la burguesía tiene y [de los] que usa y abusa en la captación de crédito con bajos intereses, plazos interminables, renegociaciones, subsidios, exoneraciones, y la cantidad que juzga necesario. Sin contar que esas empresas poseen capacidad de financiación junto a bancos internacionales, con intereses aún más atractivos o, incluso, cuando a pesar de todo no cumplen con los debidos pagos, poseen toda ayuda política para nunca salir perjudicadas.

Es una situación completamente diferente de la de las ME y MEI, que tienen que transferir inmuebles y correr detrás de garantes, donde una cuota atrasada significa el infierno en la Tierra. ¡Recordemos que Luciano Hang, dueño de la Havan, tuvo deudas parceladas en 115 años! ¡Un pequeño negocio, si no paga sus préstamos en día, pierde el negocio y tiene sus bienes confiscados!

Hay una enorme desigualdad también en el pago de tributos. Un estudio económico de 2018 divulgado por el site Gazeta do Povo trajo como resultado algo que los micro y pequeños empresarios brasileños sienten en el propio bolsillo:

Cuanto menor la empresa más impuesto es pagado proporcionalmente. La investigación “Un problema tributario: el impacto del impuesto sobre las pequeñas empresas” fue hecho por la Sage, multinacional británica de software de gestión, en asociación con la Plume Consulting, con participación de tres mil empresas en once países –Brasil, Inglaterra, Estados Unidos, África del Sur, Francia, Irlanda, Australia, Canadá, Singapur, Estado español y Alemania–. De acuerdo con el informe, microempresas con hasta cinco empleados pagan cerca de 65% de su facturación en impuestos. Las pequeñas (de cinco a diecinueve empleados) pagan 42%, y las medias (20 a 199), 30%. Entre los once países analizados, las microempresas del Brasil son las más gravadas[4].

Mientras millones de empleos se encentran en las micro y pequeñas empresas, es para las grandes corporaciones que los gobiernos siempre publican “Medidas Provisorias” para eximir de impuestos, ayudando al gran capital a mantener ganancias exorbitantes, sin que haya ninguna contrapartida impidiendo despidos. Fue durante la crisis de 2008 que Lula (PT) permitió la exención de más de R$ 6.000 millones para montadoras y fabricantes de autopiezas, siguiendo las orientaciones imperialistas, siendo que solo la GM Brasil, en aquel año, facturó más de R$ 8.000 millones. Y nada de eso impidió que estas fábricas despidiesen por miles. Fue Dilma (PT), en 2015, que publicó el Programa de Protección al Empleo (PPE), que no protegía nada, no tenía una cláusula sobre estabilidad y contra despidos, y aún permitía reducción de jornada de trabajo con reducción de salarios, muy parecido con las propuestas defendidas ahora por Jair Bolsonaro.

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La economía brasileña es dominada por capitales de países imperialistas. O sea, un puñado de burgueses que, sea del sector industrial o del financiero, elaboran todo el programa económico que será implementado por los gobiernos de turno y aceptado y llevado adelante por la burguesía nacional.

La burguesía nacional es cada vez más decadente, parasitaria y satisfecha con el papel meramente servicial al capital extranjero. Por lo tanto, hay una enorme diferencia cuando hablamos de micro y pequeños negocios y de la gran burguesía.

Ser un gran accionista o latifundista es diferente a ser dueño de un lugar, un taxi o una pequeña panadería: mientras el gran propietario vive del trabajo ajeno y solo finge que trabaja, el pequeño propietario, o “pequeñoburgués” es obligado a trabajar de verdad para mantener su pequeño negocio.

El pequeñoburgués muchas veces también explota el trabajo de uno o más trabajadores, pero el tamaño reducido de su propiedad, la inestabilidad de su situación económica, y la lucha permanente contra la competencia por parte del gran capital no le permiten parar de trabajar. Así, al contrario de la gran burguesía, la pequeña burguesía es una clase productiva, o sea, que contribuye con el aumento de la riqueza social[5].

Los aliados de la pequeña burguesía y de la clase media son los trabajadores

Las condiciones materiales de la pequeña burguesía y de la clase media los aproximan a la clase trabajadora y no a la burguesía, una clase social cada vez menor en número y cada vez mayor en acumulación de riqueza y en capacidad de destrucción. Al final, como vimos, la burguesía golpea los pequeños negocios y usa al Estado para tener más beneficios y sobrecargar a los pequeños y a la clase media.

Es verdad que la ideología individualista y mezquina en el capitalismo nos hace pensar que el único medio de mejorar la vida es facturar ríos de dinero, por más honesto que ese proceso aparente ser. Además de un pensamiento egoísta y de no resolver los problemas de la humanidad, la propiedad privada de los grandes medios de producción está a disposición para solo 0,1% de la sociedad y de forma cada vez más concentrada. Esa lógica es resultado de un largo proceso histórico de acumulación de capital.

La lucha por el fin del sistema capitalista, o sea, por el fin de la gran propiedad privada de los medios de producción, es la lucha más importante planteada para la humanidad. La burguesía nos niega la ciencia y la salud y nos entrega guerras, crisis y violencia.

¿Qué vemos en este momento? Un virus con una relativa baja tasa de mortalidad, pero alta tasa de diseminación, se tornó un estorbo de proporciones globales. Las medidas de combate a la pandemia son mucho más económicas que la salud y siempre van en el sentido de ayudar al gran capital y no de salvar empleos y a pequeños comerciantes.

En este momento, vemos claramente para quién gobierna Bolsonaro. Esto es, cuando Bolsonaro dice que quiere salvar a los empresarios, no se refiere al pequeño burgués de una microempresa, un micro emprendedor individual, o a los trabajadores asalariados. Por el contrario, Bolsonaro quiere proteger las ganancias de las grandes empresas y de los banqueros mientras ataca sin piedad a los trabajadores y a la pequeña burguesía.

¿Por qué la salida para la pequeña burguesía es el socialismo?

El derrumbe del capitalismo y la construcción del socialismo significan una lucha contra la explotación y la opresión, o sea, una lucha contra la gran propiedad privada de los medios de producción y contra toda forma de preconcepto y violencia contra las mujeres, negros, LGBTs e inmigrantes.

En otras palabras, socialismo no es el sistema que va a tomar una casa o un automóvil de la pequeña burguesía, tampoco una panadería o un puesto de panchos [hot dogs]. Cuando hablamos de socialismo estamos hablando de colectivizar los grandes medios de producción en manos de la clase trabajadora: las montadoras de automóviles, el agronegocio, las empresas de petróleo y sus plataformas, etc.

La clase trabajadora destruirá el Estado burgués y toda su corrupción y desperdicio, y creará un nuevo tipo de Estado volcado a atender los intereses de la clase trabajadora, de los trabajadores del campo, y del pueblo pobre.

Eso tendrá impacto directo sobre los dichos “micro y pequeños empresarios”. Pues la única manera de no ser arrastrados a las filas de la miseria y tener derecho a una vida digna para sí y para sus familiares, es aliarse a la lucha de los trabajadores. Al final, la lucha contra la pequeña propiedad, como dijera Marx, ya es entablada por el gran capital. Y es el gran capital que viene venciendo, arruinando micro y pequeñas empresas, y confiscando sus bienes a través de sus bancos y del control que posee sobre el sistema judicial.

La revolución socialista expropiará inmediatamente los bancos, las grandes empresas, la tierra, las multinacionales, controlará el comercio exterior y, además del programa socialista para la clase trabajadora, tiene un claro programa de transición para las micro y pequeñas propiedades y empresas.

Defendemos:

  • Una reforma tributaria que sea progresiva para el gran capital y regresiva para los trabajadores y los micro y pequeños negocios;
  • Tasación y confiscación de las grandes fortunas;
  • Suspensión inmediata del pago de la “deuda” pública y prohibición de remesas de lucros hacia el exterior;
  • Expropiación del sistema bancario. Creación de un banco público único, con gestión hecha por los propios trabajadores y fiscalizado solo por la clase trabajadora;
  • Más crédito, con subsidios, intereses bajos, carencia, mejores plazos y menos burocracia, sin alienaciones o garantías. Que sea concedido tanto para los trabajadores como para las micro y pequeñas empresas que estén con dificultades o queriendo mejorar la producción o el inmueble;
  • Para enfrentar la crisis y la pandemia del nuevo coronavirus exigimos que todo aquel encuadrado en la MEI y la ME y los autónomos deben recibir un salario mínimo del Dieese [Departamento Intersindical de Estadística y Estudios Socioeconómicos] durante la pandemia, que hoy es calculado en R$ 4.500 ¡para ayudar en los negocios y en la renta familiar! ¡R$ 600 es una miseria que no alcanza para nada!
  • Congelamiento de los alquileres y de los cobros de préstamos y exención de los cobros de las cuentas de luz, agua, internet y teléfono durante la pandemia!
  • Extensión de tiempo del seguro de desempleo a los desempleados, para dos años;
  • Garantizar el derecho de los trabajadores a quedarse en cuarentena, con el mantenimiento de sus salarios y estabilidad en el empleo, incluyendo a los trabajadores tercerizados;
  • Estatización completa de la Petrobras y de toda la industria del ramo de energía, comunicación y saneamiento básico, con cobro progresivo para las familias millonarias y tasación de precios bajos para los trabajadores y los pequeños productores. Estatización bajo control y gestión directa de los propios trabajadores con fiscalización por el conjunto de la clase trabajadora;
  • Estatización de las grandes empresas, nacionales y extranjeras, que comandan verdaderos monopolios. Un plan nacional de empleos, con escala móvil de horas de trabajo y salarios, para generar renta y luchar contra el desempleo, impulsando la vida económica del país. Estatización esta bajo el control, la gestión y la organización de los propios obreros del sector y con fiscalización hecha por el pueblo trabajador;
  • Un plan nacional de obras públicas para suplir necesidades urgentes, elaborado conforme la necesidad de cada región, para construcción de guarderías, pre-escuelas, escuelas, centros tecnólogos y de tecnología, universidades, centros de investigaciones, bibliotecas, cines, teatros, hospitales, puestos de salud, laboratorios, centro clínicos, etc., generando empleo y renta. Todo tocado conforme defina la clase trabajadora organizada, debatiendo en consejos populares. Donde esos consejos sustituyan las actuales instituciones;
  • Expropiación de los grandes capitalistas de todo medio de transporte, con fuerte inversión en transporte colectivo de calidad y con precio cero, ayudando a los trabajadores en su desplazamiento diario, previniendo la naturaleza y alivianando las rutas;
  • Expropiación de la tierra de las manos de las multinacionales del agronegocio. Desarrollo de un plan para repensar el uso de defensivos y transgénicos. Aplicación de técnicas que ya funcionan en pequeña escala para grandes escalas. Producción en masa de alimento barato y saludable para el pueblo brasileño, con subsidios de créditos y máquinas y pesquisas junto a las universidades, y respeto al medio ambiente. Generando renta, respeto al hombre de campo y la naturaleza, e insumos de materia prima más baratos;
  • ¡Por un Sistema Único de Salud (SUS) gratuito y con recursos! ¡Estatización completa de la gran industria farmacéutica, de los hospitales, clínicas, laboratorios y farmacias! ¡Fin de los planes de salud! ¡Creación de un complejo industrial de la salud! ¡Salud pública, de calidad y gratuita para todos!
  • Por un proyecto de desarrollo: ¡Cultura y Educación! ¡Expropiación de los monopolios educacionales! ¡Inversión masiva en ciencia y tecnología! ¡Educación para todos con calidad y gratuita!
  • Que todo electo para representar a los trabajadores y los sectores de la pequeña burguesía en las nuevas instituciones, instituciones socialistas: los Consejos Populares, tengan un salario igual al de un obrero o profesor, ¡y que el cargo sea revocable en cualquier momento, sin precisar esperar elecciones, si así lo desean los representados!
  • ¡Liberación total del porte de armas! ¡Todo trabajador debe portar un arma! ¡Creación de milicias obreras en cada barrio!
  • ¡Fuera Bolsonaro! ¡Fuera Mourão! ¡Por un gobierno socialista de los trabajadores y del pueblo pobre, apoyado en Consejos Populares.
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 Notas:

CANARY, Henrique. O que é… Conceptos elementales de política, economía y sociedad. San Pablo: Sundermann, 2012.

MARX, Karl; ENGELS., Friedrich. El Manifiesto Comunista, San Pablo: Boitempo, 2010.

[1] Es un tipo de empresa con facturación igual o inferior a R$ 81.000 por año, no puede tener socio y solo es permitido un empleado que gane hasta un salario mínimo.

[2] Empresas que poseen facturación igual o inferior a R$ 360.000/año.

[3] Ver: https://www.pstu.org.br/o-dominio-das-multinacionais-sobre-economia-brasileira/.

[4] Ver, en: https://www.gazetadopovo.com.br/economia/micro-e-pequenas-empresas-do-brasil-sao-as-que-mais-pagam-impostos-no-mundo-8oleksytdzmc41h6boqqeobzt/.

[5] Ver, en: https://www.pstu.org.br/o-que-e-burguesia/.

Traducción: Natalia Estrada.